
AMARTE ES MI PECADO
Cintia Vanesa Barros Freile · Completado · 301.3k Palabras
Introducción
Allí vive Camila, su madre, cirujana de éxito, y Alexander Valverde, su padrastro: arquitecto famoso, viudo joven, 42 años, magnético, peligroso y casado con Camila desde hace cinco.
Lo que empezó como miradas robadas y roces “accidentales” explotó una noche en que Camila estaba de viaje: una pasión sin límites, sexo salvaje en el sótano y la promesa tácita de que sería solo eso… placer prohibido, sin sentimientos.
Pero los sentimientos llegaron igual.
Y con ellos los celos, la culpa y una obsesión que ninguno de los dos controla.
Elena intenta huir: alcohol, salidas con otros chicos, planes desesperados. Alexander la reclama en cada rincón oscuro de la oficina, en su propia casa, en su alma. Cada encuentro es más intenso, más destructivo. Cada “es la última vez” es mentira.
Destrozada, acepta la propuesta loca de su mejor amigo Marcos: un matrimonio de conveniencia para que él salve la herencia millonaria que su abuelo le impuso y ella escape de la mansión y del hombre que la está matando en vida.
Pero Alexander no está dispuesto a dejarla ir.
Y donde el amor más grande siempre viene con el precio más alto.
Capítulo 1
POV Elena.
Sus manos me agarraron por la cintura en cuanto la puerta del sótano se cerró con un clic seco. Ni un «hola», ni una caricia suave. Solo un gruñido ronco, animal, pegado a mi cuello:
—Te he estado esperando toda la puta semana, Elena. Me tienes loco.
Y yo me dejé. Porque soy una imbécil. Porque lo necesito como necesito respirar.
Me estampó contra la pared de piedra fría, la falda del vestido negro subiéndose de un tirón hasta la cintura. Sentí sus dedos rasgando mis bragas de encaje negro con tanta rabia que el tejido se desgarró como si fuera papel de regalo.
«Esto es un error, Elena. Es tu padrastro, joder. Vas a pagar muy caro este pecado», chilló la última neurona cuerda que me quedara. Pero esa voz se apagó del todo cuando Alexander metió dos dedos dentro de mí de golpe, profundo, curvándolos justo ahí, donde sabe que me deshago.
—Joder… estás chorreando —masculló contra mi boca, mordiéndome el labio hasta que noté el sabor metálico de la sangre—. Dime que lo quieres tanto como yo, pequeña. Dímelo ya.
—Te quiero dentro —supliqué, con la voz rota, odiándome por sonar tan desesperada, tan puta, tan suya.
Me levantó en volandas como si no pesara nada. Mis piernas se enroscaron en su cintura por instinto, mis tacones arañando su espalda. Sentí su polla dura como una barra de acero contra mí, enorme, palpitando a través del pantalón. Con una sola mano me sostuvo contra la pared y con la otra se bajó la cremallera. Ni se molestó en quitarse el bóxer del todo; solo la sacó, gruesa, caliente, venosa, y me la clavó de una embestida brutal que me arrancó un grito.
Él me tapó la boca con la suya, tragándose el grito, follándome contra la pared con embestidas salvajes que me hacían rebotar como una muñeca. Cada golpe era más profundo, más rápido, más sucio. El sonido de su pelvis chocando contra la mía retumbaba en el sótano como un tambor de guerra.
—Más fuerte, Alexander… rómpeme —jadeé, arañándole la nuca, clavándole las uñas hasta hacerle sangre.
Y él me rompió. Me bajó al suelo de golpe, me giró de cara a la pared, me dobló sobre la vieja mesa de herramientas. El metal helado contra mis pezones me hizo gemir como una loca. Me levantó el culo con las dos manos y volvió a entrar desde atrás, tan hondo que vi estrellas y creí que me partía en dos.
—Vas a sentirme cada segundo del día —gruñó, agarrándome el pelo y tirando hacia atrás hasta arquearme como un arco—. Cada vez que te sientes, cada vez que camines, cada vez que respires… vas a recordar quién te folla así, quién te hace gritar.
Una mano bajó entre mis piernas y empezó a masturbarme el clítoris con círculos rápidos, brutales. Yo empujaba hacia atrás como una posesa, encontrándome con cada estocada, el sonido de piel contra piel, sudor, deseo, pecado puro.
—No pares… Dios, no pares nunca…
—Nunca pararía contigo, Elena —dijo, y por primera vez su voz tembló, rota, como si él también estuviera cayendo al mismo abismo.
Me corrí tan fuerte que me temblaron las piernas, que tuve que morderme el antebrazo para no gritar su nombre y despertar a medio barrio. Él me siguió dos segundos después, clavándose hasta el fondo, derramándose dentro de mí con un rugido largo y animal que vibró contra mi espalda. Sentí cada chorro caliente, cada pulsación, cada gota, y me odié por desear guardarlo todo dentro de mí para siempre…
Abro los ojos de golpe, empapada en sudor, el corazón en la garganta y el sexo latiéndome como si acabara de correrme de verdad.
No es un sueño.
Fue real. Hace cuatro noches.
Me siento en la cama, jadeando, con la mano temblando entre mis muslos. Todavía estoy mojada. Todavía lo siento.
Son las 06:12. En menos de una hora tendré que bajar a desayunar con mi madre y fingir que no me he pasado la noche soñando que su marido me destroza.
Me meto en la ducha, agua hirviendo, frotándome como si pudiera borrar su olor. No funciona. Salgo, me seco, me pongo el uniforme de secretaria buena: falda lápiz gris, camisa blanca entallada, pelo recogido en una coleta alta. Maquillaje perfecto para tapar las ojeras y las marcas leves del cuello.
Bajo a la cocina a las 07:25. Mamá está de espaldas, sirviendo café. Alexander está sentado a la isla, con el traje gris marengo impecable, leyendo el periódico. Levanta la vista cuando entro y me clava esos ojos negros que me atraviesan.
—Buenos días, hija —dice mamá, alegre, sin notar la tensión que corta el aire—. ¿Has dormido bien?
—Perfectamente —miento, forzando una sonrisa mientras me sirvo café.
Alexander no dice nada. Solo me mira por encima del borde de la taza. Y cuando mamá se gira hacia la vitro, él desliza la mirada por mi cuerpo, deteniéndose en mis piernas, en mis labios. Me guiña un ojo, casi imperceptible. Y yo siento que me mojo otra vez.
Desayuno de pie, contando los segundos para salir huyendo.
A las 08:10 ya estoy en el coche rumbo al despacho. Pongo música a todo volumen para no pensar. No funciona.
Llego a la oficina a las 08:40. Mi mesa está justo frente a su puerta de cristal opaco. Él llega a las 08:55, pasa por mi lado sin rozarme siquiera, pero deja caer un pósit en mi teclado:
«Reunión privada. 09:15. Trae el café solo y sin azúcar.»
A las 09:15 entro con la bandeja temblando. Cierro la puerta con pestillo. Él ya está de pie junto a la ventana, de espaldas.
—Cierra las persianas —ordena sin girarse.
Obedezco. Cuando me doy la vuelta, ya me tiene atrapada contra el escritorio. Me besa con hambre, me sube la falda, me baja las bragas hasta los tobillos y me penetra de pie, sin preliminares, sin condón. Me tapa la boca con la mano para que no grite.
—Esto es lo que querías toda la mañana, ¿verdad? —susurra mientras me folla rápido y duro—. Sentirme otra vez.
Asiento, llorando de placer y de culpa.
Se corre dentro en menos de cinco minutos. Me besa la frente, me baja la falda y vuelve a su silla como si nada.
—Gracias por el café, Elena. Ahora vuelve a tu puesto.
Salgo con las piernas flojas y el alma en pedazos.
El resto de la mañana es una tortura lenta: reuniones, llamadas, correos… y cada vez que paso por su despacho, nuestras miradas se cruzan y me quema.
Últimos capítulos
#240 Capítulo 240 Capítulo 240: Amarte es mi redención
Última actualización: 5/3/2026#239 Capítulo 239 Capítulo 239: Cinco años después
Última actualización: 5/3/2026#238 Capítulo 238 Capítulo 238: El tío Mateo
Última actualización: 5/3/2026#237 Capítulo 237 Capítulo 237: Noches sin dormir
Última actualización: 5/3/2026#236 Capítulo 236 Capítulo 236: La familia completa
Última actualización: 5/3/2026#235 Capítulo 235 Capítulo 235: Camila Alexandra
Última actualización: 5/3/2026#234 Capítulo 234 Capítulo 234: Ocho meses
Última actualización: 5/3/2026#233 Capítulo 233 Capítulo 233: Noche de bodas
Última actualización: 5/3/2026#232 Capítulo 232 Capítulo 232: La boda
Última actualización: 5/3/2026#231 Capítulo 231 Capítulo 231: Propuesta
Última actualización: 5/3/2026
Te podría gustar 😍
Cómo No Enamorarme de un Dragón
Por eso fue más que un poco desconcertante cuando llegó una carta con mi nombre ya impreso en un horario de clases, una habitación en el dormitorio esperándome y las materias elegidas, como si alguien me conociera mejor de lo que me conozco yo misma. Todo el mundo conoce la Academia, es donde las brujas afilan sus hechizos, los cambiaformas dominan sus formas, y toda clase de criatura mágica aprende a controlar sus dones.
Todos menos yo.
Ni siquiera sé qué soy. No hay cambio de forma, ni trucos de magia, nada. Solo una chica rodeada de personas que pueden volar, conjurar fuego o sanar con un toque. Así que me siento en las clases fingiendo que encajo, y escucho con atención cualquier pista que pueda decirme qué es lo que llevo escondido en la sangre.
La única persona más curiosa que yo es Blake Nyvas, alto, de ojos dorados y, definitivamente, un dragón. La gente susurra que es peligroso, me advierten que mantenga las distancias. Pero Blake parece decidido a resolver el misterio que soy, y de algún modo confío en él más que en nadie.
Tal vez sea imprudente. Tal vez sea peligroso.
Pero cuando todos los demás me miran como si no perteneciera a este lugar, Blake me mira como si fuera un acertijo que vale la pena resolver.
Emparejada con su Instructor Alfa
Semanas después, nuestro nuevo instructor Alfa de combate entra al salón. Regis. El tipo del bosque. Sus ojos se clavan en los míos, y sé que me reconoce. Entonces el secreto que he estado ocultando me golpea como un puñetazo: estoy embarazada.
Él tiene una propuesta que nos ata más que nunca. ¿Protección… o una jaula? Los susurros se vuelven venenosos, la oscuridad se cierra sobre mí. ¿Por qué soy la única sin lobo? ¿Es mi salvación… o me arrastrará a la ruina?
El Amor No Dicho del CEO
Antes de que pudiera responder, se acercó más, de repente alzándose sobre mí, su rostro a centímetros del mío. Sentí que mi respiración se detenía, mis labios se separaban por la sorpresa.
—Entonces este es el precio por hablar mal de mí con otros —murmuró, mordisqueando mi labio inferior antes de reclamar mi boca en un beso real. Comenzó como un castigo, pero rápidamente se transformó en algo completamente diferente cuando respondí, mi rigidez inicial derritiéndose en cumplimiento, luego en participación activa.
Mi respiración se aceleró, pequeños sonidos escapando de mi garganta mientras exploraba mi cuerpo. Sus caricias eran tanto castigo como placer, arrancando estremecimientos de mí que pensé él sentía reverberar a través de su propio cuerpo.
Mi camisón se había subido, sus manos descubriendo más de mí con cada caricia. Ambos estábamos perdidos en la sensación, el pensamiento racional retrocediendo con cada segundo que pasaba...
Hace tres años, para cumplir el deseo de su abuela, me vi obligada a casarme con Derek Wells, el segundo hijo de la familia que me había adoptado durante diez años. Él no me amaba, pero yo lo había amado en secreto todo el tiempo.
Ahora, el matrimonio contractual de tres años está a punto de terminar, pero siento que algún tipo de sentimiento se ha desarrollado entre Derek y yo que ninguno de los dos está dispuesto a admitir. No estoy segura de si mis sentimientos son correctos, pero sé que no podemos resistirnos físicamente...
Déjalos Arrodillarse
Expulsada por su manada. Olvidada por los licántropos.
Vivía entre humanos —callada, invisible, oculta en un pueblo en el que nadie se fijaba dos veces.
Pero cuando su primer celo llega sin previo aviso, todo cambia.
Su cuerpo se enciende. Sus instintos gritan. Y algo primitivo se agita bajo su piel—
invocando a un gran y temible Alfa que sabe exactamente cómo apagar su fuego.
Cuando él la reclama, es éxtasis y ruina.
Por primera vez, cree que ha sido aceptada.
Vista.
Elegida.
Hasta que él la deja a la mañana siguiente—
como un secreto del que nunca se debe hablar.
Pero Kaelani no es lo que ellos creían.
No carece de lobo. No es débil.
Hay algo antiguo en su interior. Algo poderoso. Y está despertando.
Y cuando lo haga—
todos recordarán a la chica a la que intentaron borrar.
Especialmente él.
Ella será el sueño que él no dejará de perseguir... lo único que alguna vez lo hizo sentir vivo.
Porque los secretos nunca permanecen enterrados.
Y los sueños tampoco.
Esta Vez Él Me Persigue Con Todo
Afuera del salón de baile, ella se acercó a él mientras fumaba junto a la puerta, con la intención de, al menos, darle una explicación.
—¿Todavía estás enojado conmigo?
Él tiró el cigarrillo y la miró con abierto desprecio.
—¿Enojado? ¿Crees que estoy enojado? Déjame adivinar: Maya por fin descubre quién soy y ahora quiere "reconectar". Otra oportunidad ahora que sabe que mi apellido viene acompañado de dinero.
Cuando ella intentó negarlo, él la interrumpió.
—Fuiste algo pasajero. Una nota al pie. Si no hubieras aparecido esta noche, ni siquiera me habría acordado de ti.
Las lágrimas le escocieron en los ojos. Estuvo a punto de hablarle de su hija, pero se detuvo. Él solo pensaría que estaba usando a la niña para atraparlo y quedarse con su dinero.
Maya se lo tragó todo y se marchó, segura de que sus caminos nunca volverían a cruzarse... pero él continuó apareciendo en su vida, hasta que fue él quien se rebajó, rogándole humildemente que lo aceptara de vuelta.
Elegida por el Rey Alfa Maldito
—Pero yo sobreviviré.
Lo susurré a la luna, a las cadenas, a mí misma—hasta que lo creí.
Dicen que el Rey Alfa Maximus es un monstruo—demasiado grande, demasiado brutal, demasiado maldito. Su cama es una sentencia de muerte, y ninguna mujer ha salido viva de ella. Entonces, ¿por qué me eligió a mí?
La omega gorda e indeseada. La que mi propia manada ofreció como basura. Una noche con el Rey despiadado se suponía que acabaría conmigo. En cambio, me arruinó. Ahora ansío al hombre que toma sin piedad. Su toque quema. Su voz manda. Su cuerpo destruye. Y sigo regresando por más. Pero Maximus no ama. No tiene compañeras. Él toma. Él posee. Y nunca se queda.
—Antes de que mi bestia me consuma por completo—necesito un hijo que tome el trono.
Qué lástima para él... no soy la chica débil y patética que tiraron. Soy algo mucho más peligroso—la única mujer que puede romper su maldición... o destruir su reino.
Vendida al Señor de la Noche
La última oportunidad de la luna morbosa
Pero todo cambió el día que me dijeron que mi loba se había quedado dormida. El doctor me advirtió que si no marcaba o rechazaba a Alexander dentro de un año, moriría. Sin embargo, ni mi esposo ni mi padre se preocuparon lo suficiente como para ayudarme.
En mi desesperación, tomé la decisión de dejar de ser la chica dócil que ellos querían que fuera.
Pronto, todos me llamaron loca, pero eso era exactamente lo que quería—rechazo y divorcio.
Lo que no esperaba era que mi antes arrogante esposo un día me rogara que no me fuera…
Mi profesor vampiro
De hecho, era hábil y muy sexy. Dejé efectivo y me escapé a la mañana siguiente.
Más tarde, me topé con el «chico de compañía» en mi clase y descubrí que, de hecho, era mi nuevo profesor. Poco a poco, me di cuenta de que había algo diferente en él...
«Olvidaste algo».
Me regaló una bolsa de la compra delante de todos los que tenían cara de póker.
«Qué...»
Empecé a preguntar, pero ya se estaba alejando.
Los demás estudiantes de la sala me miraban fijamente, preguntándose qué me acababa de entregar.
Eché un vistazo al interior de la bolsa y la cerré al instante, sintiendo que la sangre salía de mi cuerpo.
Era el sujetador y el dinero que había dejado en su casa.
Paraíso Cruel - Un Romance Mafioso
Llamar por accidente a tu jefe...
Y dejarle un mensaje de voz subido de tono cuando estás, eh... «pensando» en él.
Trabajar como la asistente personal de Ruslan Oryolov es un trabajo infernal.
Después de un largo día satisfaciendo cada capricho del multimillonario, necesito liberar estrés.
Así que, cuando llego a casa esa noche, eso es exactamente lo que hago.
El problema es que mis pensamientos siguen estancados en el imbécil de mi jefe que me está arruinando la vida.
No pasa nada; porque de todos los muchos pecados de Ruslan, ser guapísimo podría ser el más peligroso.
Esta noche, fantasear con él es justo lo que necesito para llevarme al límite.
Pero cuando bajo la mirada hacia mi teléfono, aplastado a mi lado,
Ahí está.
Un mensaje de voz de 7 minutos y 32 segundos...
Enviado a Ruslan Oryolov.
Entro en pánico y lanzo mi teléfono al otro lado de la habitación.
Pero no hay forma de deshacer el daño causado por mi muy sonoro orgasmo.
Entonces, ¿qué puedo hacer?
Mi plan era simplemente evitarlo y actuar como si nunca hubiera pasado.
Además, nadie tan ocupado revisa sus mensajes de voz, ¿verdad?
Pero cuando programa una reunión a solas conmigo de exactamente 7 minutos y 32 segundos,
Una cosa es segura:
Lo.
Escuchó.
Todo.
El Latido Prohibido
La mía cambió en el tiempo que tomó abrir una puerta.
Detrás de ella: mi prometido Nicholas con otra mujer.
Tres meses hasta nuestra boda. Tres segundos para verlo todo arder.
Debí haber corrido. Debí haber gritado. Debí haber hecho cualquier cosa excepto quedarme allí como una tonta.
En cambio, escuché al mismísimo diablo susurrar en mi oído:
—Si estás dispuesta, podría casarme contigo.
Daniel. El hermano del que me advirtieron. El que hacía que Nicholas pareciera un niño de coro.
Se apoyó contra la pared, observando cómo mi mundo se desmoronaba.
Mi pulso retumbaba. —¿Qué?
—Me escuchaste. —Sus ojos se clavaron en los míos—. Cásate conmigo, Emma.
Pero al mirar esos ojos magnéticos, me di cuenta de algo aterrador:
Quería decirle que sí.
Que comience el juego.
El Arrepentimiento del CEO: Los Gemelos Secretos de Su Esposa Perdida
Aria Taylor despierta en la cama de Blake Morgan, acusada de seducirlo. ¿Su castigo? Un contrato matrimonial de cinco años—su esposa en papel, su sirvienta en realidad. Mientras Blake presume a su verdadero amor, Emma, en las galas de Manhattan, Aria paga las facturas médicas de su padre con su dignidad.
Tres años de humillación. Tres años de ser llamada la hija de un asesino—porque el coche de su padre "accidentalmente" mató a un hombre poderoso, dejándolo en coma y destruyendo a su familia.
Ahora Aria está embarazada del hijo de Blake. El bebé que él juró que nunca querría.
Alguien quiere matarla. La encerraron en un congelador, sabotearon cada uno de sus pasos. ¿Es porque su padre está despertando? ¿Porque alguien tiene miedo de lo que él pueda recordar?
Su propia madre intenta desconectarlo. La perfecta Emma de Blake no es quien aparenta ser. Y esos recuerdos que Aria tiene de salvar a Blake de un incendio? Todos dicen que son imposibles.
Pero no lo son.
A medida que los ataques se intensifican, Aria descubre la traición definitiva: La mujer que la crió podría no ser su verdadera madre. El accidente que destruyó su vida podría haber sido un asesinato. Y Blake—el hombre que la trata como propiedad—podría ser su única salvación.
Cuando su padre despierte, ¿qué secretos revelará? ¿Descubrirá Blake que su esposa lleva a su heredero antes de que alguien la mate? Y cuando él sepa quién realmente lo salvó, quién realmente lo drogó, y quién ha estado cazando a su esposa—¿se convertirá su venganza en su redención?












