
El contrato con el Diablo
Macarena.R · En curso · 37.3k Palabras
Introducción
Hasta que el imperio de su familia se derrumbó y el único hombre capaz de salvarlos fue el mismo que todos temían: Viktor Sokolov.
El jefe de la Bratva en Nueva York.
Frío. Letal. Implacable.
El contrato era simple: ella se convertiría en su esposa y, a cambio, su familia sobreviviría.
Lo que Alessandra no sabía era que Viktor la había estado observando durante años… y que ese matrimonio no era un trato.
Era una sentencia.
Ahora está atrapada en su mundo de sangre, lujo y secretos.
Él no le pide amor.
Le exige obediencia.
Y, poco a poco, algo mucho más peligroso: su alma.
Porque cuando el diablo te firma un contrato…
nunca te deja ir.
Capítulo 1
Contrato con el diablo
La lluvia no caía. Golpeaba. Como si Brooklyn entero quisiera entrar a la fuerza en el apartamento de tres habitaciones que olía humedad y a desesperación.
Alessandra Genovese apagó el portátil a las 1:47 a.m. El último diseño de packaging para una marca de café de segunda había sido enviado, aprobado y cobrado. Mañana tenía que pagar la factura del hospital de su madre y comprar algo que no fueran fideos para Matteo. Otra semana más. Otra semana respirando por la boca para no oler el miedo. La vida no había sido nada fácil en el último tiempo y el cansancio ya empezaba a afectar de maneras que jamás imaginó.
Se levantó. El cajón de la cocina chirrió. Medio cartón de leche, un trozo de queso tan seco que podría usarse de arma y el cuchillo afilado que escondía detrás de los platos. Estaba acostumbrada. Desde que el apellido Genovese dejó de abrir puertas y empezó a cerrarlas, “lujo” se había convertido en una palabra extranjera.
Tres golpes secos en la puerta la sobresaltaron, por un instante se quedó quieta en su sitio, cada músculo de su cuerpo tensandose.
Los golpes no eran tímidos. A esa hora no sería un vecino. Tampoco de un repartidor repartidor. Los golpes eran precisos, medidos, de alguien que ya había decidido que la puerta se abriría a como de lugar.
El corazón le dio un vuelco tan fuerte que le dolió el pecho. Miró por la mirilla.
Dos hombres. Vestidos de negro de arriba abajo. La lluvia empapándoles los hombros. El de la izquierda tenía el cuello tatuado hasta la mandíbula, una cruz ortodoxa retorcida entre serpientes. El de la derecha miraba directamente a la mirilla, como si pudiera ver a través del cristal y de su alma.
—Señorita Genovese —voz grave, acento ruso apenas disimulado—. Cinco segundos. Después entramos.
Alessandra retrocedió. Su mano ya estaba en el cajón. El cuchillo pesaba poco. Demasiado poco.
—¿Quiénes son?
—Enviados de Viktor Sokolov.
El nombre cayó como un cuerpo al vacío. El ruso. El que los italianos evitaban nombrar en voz alta. El que convertía deudas en cadáveres y promesas en sangre.
—No tengo nada que ver con él. Váyanse.
El del tatuaje sonrió. Una sonrisa lenta, casi cariñosa.
—Cuatro.
Miró el pasillo oscuro. Matteo dormía. Dieciséis años. Todavía creía que algún día todo volvería a ser como antes, cuando su padre aún era alguien y no un fantasma borracho.
Tres.
Descorrió el pestillo.
El frío entró primero. Después ellos. La miraron de arriba abajo como quien evalúa mercancía. El abrigo negro que llevaba puesto —el último decente que le quedaba— se sintió de pronto demasiado fino.
—Viene con nosotros. Ahora.
—¿Adónde?
—Donde el señor Sokolov la espera. Y si grita, el chico del fondo se despierta… y no se vuelve a dormir.
No gritó.
Se puso el abrigo. Bajó las escaleras entre ellos. Afuera, un Maybach negro con cristales opacos esperaba con el motor ronroneando. El interior olía a cuero caro, a vodka caro y a algo más oscuro: peligro con precio.
Nadie habló durante el trayecto. Brooklyn se convirtió en Manhattan. Las luces se volvieron más brillantes y más lejanas. Alessandra apretó los puños dentro de los bolsillos hasta que las uñas se le clavaron en la piel. ¿Qué podía querer el Bratva de una diseñadora gráfica que vivía de encargos nocturnos y de la caridad de su propio orgullo?
El edificio del Upper East Side era de cristal y acero. Ascensor privado. Un solo botón. El del ático.
Las puertas se abrieron a un salón que parecía diseñado para intimidar: techos altísimos, ventanales del suelo al cielo, la ciudad a sus pies como una ofrenda. Olía a madera oscura, a whisky y a metal frío.
Y entonces lo vio.
Viktor Sokolov de pie frente a la ventana más grande, de espaldas. Camisa negra arremangada hasta los codos. Hombros anchos. Espalda tensa. Incluso sin verle la cara, el aire a su alrededor pesaba distinto.
Los hombres desaparecieron. El ascensor se cerró.
Solo quedaron ellos dos.
Se giró con una calma que helaba.
Ojos azul hielo. Casi transparentes. Cabello oscuro peinado hacia atrás. Una cicatriz fina que le cruzaba la ceja izquierda como un recuerdo que no se había molestado en borrar. Mandíbula marcada. Expresión vacía… hasta que sus ojos bajaron por ella, lentos, deliberados, y algo oscuro se movió detrás de esa máscara.
—Alessandra Genovese —dijo. Voz grave, acento suavizado a propósito—. Por fin tengo el privilegio de verte frente a frente.
No contestó, realmente no encontró las palabras adecuadas. El abrigo lo llevaba todavía puesto, tenía las manos escondidas y el pulso martilleándole en la garganta.
Caminó hacia una mesa de mármol negro. Había una botella de vodka. Dos vasos. Un contrato grueso, perfectamente alineado.
—Siéntate, por favor.
—Prefiero quedarme de pie. —Respondió con voz temblorosa.
Él arqueó una de sus cejas. Casi, casi, divertido.
—Como quieras, aunque la silla no muerde,— la burla en su voz era algo evidente.
Sirvió dos vasos de vodka. No se los ofreció. Tomó el contrato y se lo extendió.
—Firma. —Fue una orden seca.
—¿Qué es eso? —Tomó el contrato y sus manos temblaban.
—Un contrato de matrimonio. Tú te conviertes en mi esposa. A cambio, tu madre recibe el mejor tratamiento que el dinero puede comprar. Tu hermano queda bajo mi protección personal. Y tu padre… no muere esta semana.
El silencio fue tan denso que oyó su propia sangre.
—Estás loco.
Viktor sonrió. No llegó a los ojos.
—Estoy siendo generoso. Podría haberme limitado a borrar lo que queda de los Genovese. En cambio, te ofrezco una solución… y un anillo.
Se acercó. Un paso. Otro. Hasta que el calor de su cuerpo la envolvió aunque no la tocara. Olió a madera, a frío y a algo metálico que le erizó la piel de los brazos.
—¿Por qué yo?
—Porque te he estado mirando durante dieciocho meses —respondió con total naturalidad—. Porque sé que trabajas hasta las tres de la mañana para que tu hermano no note que la nevera está vacía. Porque sé que odias a tu padre por haber destruido todo… y aun así no lo abandonas. Porque cada vez que bajas la mirada cuando un hombre te mira demasiado tiempo, me pregunto cómo sonaría tu voz cuando dejas de fingir que no tienes miedo.
Alessandra sintió que el aire se le atascaba.
—¿Me has estado vigilando?
—Sí.
La simpleza de la respuesta le robó el aliento. Él dio un paso más. Ahora estaban tan cerca que ella tenía que levantar la barbilla. Sus ojos bajaron a la boca de ella, se detuvieron un segundo de más, y luego subieron otra vez.
—Firma, Alessandra. O mañana por la mañana tu hermano encontrará a tu madre muerta en esa cama de hospital. Y después encontrará el suyo propio… con mi firma encima.
Ella miró el documento. Las cláusulas danzaban: matrimonio indefinido, obediencia, silencio, exclusividad, derecho de posesión. La convertían en propiedad. En esposa. En suya.
Las manos le temblaban. Pensó en la tos de su madre. En Matteo, que todavía escondía dibujos de cuando eran felices. En el cuchillo que no le habría servido de nada.
Extendió la mano.
Viktor le ofreció un bolígrafo negro. El metal estaba frío. Ella firmó. El trazo salió torcido, pero legible.
Alessandra Genovese.
Él tomó el contrato, lo revisó con calma casi ofensiva y lo dejó sobre la mesa. Después la miró. Realmente la miró. Y por primera vez desde que había entrado, algo vivo —y peligroso— se encendió en esos ojos de hielo.
Se inclinó. No la besó. Solo acercó la boca a su oído, tan cerca que el aliento le rozó la piel y le provocó un escalofrío que no tuvo nada que ver con el miedo.
—Bienvenida a tu nuevo hogar, esposa.
Alessandra sintió que el suelo se movía. Acababa de venderse al diablo.
Y el diablo, por fin, sonrió de verdad… mientras su mano, grande y caliente, se cerraba con delicadeza brutal alrededor de su muñeca, como si ya estuviera midiendo el tamaño exacto de la cadena.
Últimos capítulos
#23 Capítulo 23 Capítulo 23
Última actualización: 9/6/2026#22 Capítulo 22 Capítulo 22
Última actualización: 9/5/2026#21 Capítulo 21 Capítulo 21
Última actualización: 9/4/2026#20 Capítulo 20 Capítulo 20
Última actualización: 9/4/2026#19 Capítulo 19 Capítulo 19
Última actualización: 9/4/2026#18 Capítulo 18 Capítulo 18
Última actualización: 9/4/2026#17 Capítulo 17 Capítulo 17
Última actualización: 9/4/2026#16 Capítulo 16 Capítulo 16
Última actualización: 9/4/2026#15 Capítulo 15 Capítulo 15
Última actualización: 9/4/2026#14 Capítulo 14 Capítulo 14
Última actualización: 9/4/2026
Te podría gustar 😍
El CEO Sobre Mi Escritorio
—Sé que sí.
—¿Y si no quiere este tipo de protección?
—La querrá —digo, bajando un poco la voz—. Porque necesita a un hombre que pueda darle el mundo.
—¿Y si el mundo arde?
Mi mano se tensa sutilmente en la cintura de Violet.
—Entonces le construiré uno nuevo —respondo—. Aunque tenga que quemar el viejo yo mismo.
No trabajo para Rowan Ashcroft.
Trabajo bajo él.
Desde mi escritorio, decido quién obtiene acceso al CEO más implacable de la ciudad y quién no pasa del lobby. Gestiono su tiempo, su silencio, sus enemigos. Mantengo su mundo en marcha mientras el mío se derrumba en silencio bajo facturas impagas, una madre internada en rehabilitación y un hermano que desapareció sin despedirse.
Rowan Ashcroft es poder envuelto en un traje a medida.
Frío. Intocable. Implacable.
No coquetea. No sonríe. No ve a las personas, solo su utilidad.
Y durante mucho tiempo, yo solo fui útil.
Hasta que empezó a observarme.
Al principio, el cambio en su atención es sutil. Una pausa demasiado larga. Una mirada que se queda. Órdenes que me acercan en vez de alejarme. El hombre que está de pie frente a mi escritorio empieza a controlar más que mi agenda, y me doy cuenta demasiado tarde de que llamar la atención de Rowan Ashcroft es mucho más peligroso que ser ignorada.
Porque los hombres como él no ansían afecto.
Ansían posesión.
Esto se suponía que era un trabajo.
No una prueba de mis límites.
No una lenta y deliberada caída en su autoridad.
Pero si Rowan Ashcroft decide que pertenezco bajo su escritorio, que así sea.
Sobrevivir tiene un precio, y las facturas no se preocupan por cómo las pago.
Renacimiento: Actriz Estrella
Pero lo que nunca esperé fue que la razón por la que me buscaron era para mi médula ósea... ¡Querían usarla para salvar a otra persona!
Mi corazón se rompió. ¿Cómo podían ser tan crueles unos padres?
Desilusionado con el mundo, caí del balcón y morí.
Pero para mi sorpresa, ¡renací!
Esta vez, ¡viviría para mí mismo! ¡Aquellos que me habían hecho daño pagarían el precio!
Guerreros de la luna azul
Deseando al tío multimillonario de mi ex
«¿Lindo? ¿Tu nombre?»
«Tú».
De repente, se enderezó e inclinó toda la parte superior de su cuerpo hacia él, con la mirada fija. «¿Crees que soy hermosa?»
Él rió suavemente, inclinándose más cerca, ella podía sentir su aliento en sus labios.
«Eres etéreo».
Ella cogió su corbata y lo acercó más. «Entonces, ¿te gustaría dormir conmigo?»
Elaine Rock había pasado toda su vida construyendo su empresa hasta que se convirtió en una de las mejores. Pero sus años de arduo trabajo se derrumbaron cuando la acusaron de presionar a su hermana para que intentara suicidarse, y como si la angustia no fuera suficiente, también descubrió que su novio de dos años se iba a casar con su hermana. En su momento más oscuro y desesperado, alguien apareció y no era cualquiera, era Xavier Romano, el multimillonario de 30 años, y el tío de su ex. Sin embargo, quería algo a cambio para ayudar a que su empresa volviera a funcionar. ¡Matrimonio!
Pero no es solo un contrato para Xavier. Quiere su corazón, su cuerpo y su alma. Él tenía la misión de malcriarla estúpidamente.
UN HOMBRE CORRUPTO Y UNA MUJER INGENUA
¡Vendida! Al Don Grizzly
Vender su virginidad en línea es una forma segura de asegurarse de que El Oso cancele el acuerdo, y cuando le informa a su padre que la ha vendido al mejor postor y nunca obtuvo su nombre real, el contrato se termina, pero también lo hace su relación con su propia familia.
Seis años después, ya no es la querida principessa de la familia Mariani, sino la madre soltera de un niño de cinco años que tiene un parecido asombroso con el hombre a quien vendió su inocencia.
Torquato Lozano ha buscado a la mujer que lo dejó plantado después de una increíble noche de pasión hace casi seis años. Cuando se topa con ella en una empresa recién adquirida, trabajando como técnica de IT, se sorprende al descubrir que es la mujer con la que su familia arregló su matrimonio hace tantos años. Una revisión de su expediente le revela que no se fue de su encuentro todas esas noches atrás con las manos vacías. Su pequeño hijo es la viva imagen de él, hasta en su tamaño imponente.
Cuando la familia de Alcee se da cuenta de que están perdiendo una lucrativa alianza financiera de la que deberían haber sido parte, comienza una guerra. Con enemigos apareciendo en cada esquina, Alcee y Torquato necesitarán dejar el pasado atrás y trabajar juntos para mantener a su hijo con vida. Su pasión se reavivará mientras luchan por mantener a su familia a salvo y forjar un nuevo poder para tomar el control del inframundo criminal de Nueva York.
Cuando los Contratos se Convierten en Besos Prohibidos
Cuando Amelia Thompson firmó ese contrato de matrimonio, nunca supo que su esposo era un agente encubierto del FBI.
Ethan Black se acercó a ella para investigar el Grupo Viktor—la corporación corrupta donde trabajaba su difunta madre. Para él, Amelia era solo otra pista, posiblemente la hija del conspirador que estaba jurado a destruir.
Pero tres meses de matrimonio lo cambiaron todo. Su calidez e independencia feroz desmantelaron cada defensa alrededor de su corazón—hasta el día en que ella desapareció.
Tres años después, ella regresa con su hijo, buscando la verdad sobre la muerte de su madre. Y él ya no es solo un agente del FBI, sino un hombre desesperado por recuperarla.
Un Contrato de Matrimonio. Una Herencia que Cambia la Vida. Una Traición que Rompe el Corazón.
¿Podrá el amor sobrevivir esta vez a la máxima decepción?
Amor prohibido, venganza perfecta
Pero un día, al regresar a casa antes de lo previsto, descubre una traición desgarradora: Emma, su hija adoptiva, a quien había criado y amado como si fuera de su propia sangre, anuncia que está embarazada de su esposo.
Las dos personas en las que más confiaba le clavan el puñal por la espalda. Sin embargo, cuando conoce al misterioso novio de Emma, un joven cuya mirada ardiente e indebida la consume, solo un pensamiento invade su mente: traición con traición se paga.
La Noche Antes de Conocerlo
Dos días después, entré a mi pasantía y lo encontré sentado detrás del escritorio del CEO.
Ahora le traigo café al hombre que me hizo gemir, y él actúa como si yo hubiera cruzado la línea.
Empezó con un reto. Terminó con el único hombre que nunca debería desear.
June Alexander no planeaba acostarse con un extraño. Pero en la noche que celebra haber conseguido su pasantía soñada, un reto salvaje la lleva a los brazos de un hombre misterioso. Es intenso, callado e inolvidable.
Pensó que nunca lo volvería a ver.
Hasta que entra en su primer día de trabajo—
Y descubre que él es su nuevo jefe.
El CEO.
Ahora June tiene que trabajar bajo las órdenes del hombre con quien compartió una noche imprudente. Hermes Grande es poderoso, frío y completamente prohibido. Pero la tensión entre ellos no desaparece.
Cuanto más cerca están, más difícil se vuelve mantener su corazón y sus secretos a salvo.
Adonis Tatuado - Romance de la Mafia
En el que digo que quiero treparlo como a un árbol.
Y él. Acaba. De contestar.
En realidad, es culpa del perro.
Si este gran danés sin entrenar que estoy paseando tuviera algo de modales, nunca habría acabado así:
Con la correa enredada alrededor del hombre más guapo que he visto en mi vida.
Por suerte para mí, el chico se lo tomó con humor.
(Aunque su broma de que los perros se parecen a sus dueños resulta demasiado acertada cuando Rufus empieza a montarle la pierna).
Me deja su tarjeta de presentación y una sonrisa que me afloja las rodillas.
Todavía me estoy pellizcando cuando mi mejor amiga y yo retomamos el paseo.
—Se me hace que te gustó un poquito —me acusa.
Sin pensar y un poco alterada por toda la experiencia, respondo:
—Le enredaría las piernas en la cintura más fuerte que esa correa.
AHÍ es cuando revela que estaba grabando mi respuesta.
AHÍ es cuando me dedica la sonrisa más maliciosa que he visto en mi vida y dice:
—De nada.
Y AHÍ es cuando me pasa mi teléfono y me muestra...
Que le envió la grabación a él.
Siento el corazón en la garganta mientras aparecen esos tres puntitos...
Y luego, un mensaje.
—DEMUÉSTRALO.
Juego del Destino
Cuando Finlay la encuentra, ella está viviendo entre humanos. Él está cautivado por la obstinada loba que se niega a reconocer su existencia. Puede que no sea su compañera, pero él quiere que sea parte de su manada, lobo latente o no.
Amie no puede resistirse al Alfa que entra en su vida y la arrastra de vuelta a la vida de manada. No solo se encuentra más feliz de lo que ha estado en mucho tiempo, su lobo finalmente viene a ella. Finlay no es su compañero, pero se convierte en su mejor amigo. Juntos, con los otros lobos principales de la manada, trabajan para crear la mejor y más fuerte manada.
Cuando llega el momento de los juegos de la manada, el evento que decide el rango de las manadas para los próximos diez años, Amie necesita enfrentarse a su antigua manada. Cuando ve al hombre que la rechazó por primera vez en diez años, todo lo que pensaba que sabía se pone patas arriba. Amie y Finlay necesitan adaptarse a la nueva realidad y encontrar un camino hacia adelante para su manada. Pero, ¿los separará esta nueva situación?
La Última Cláusula del Multimillonario
Tres años de matrimonio terminaron con una línea y una pluma que le temblaba en la mano. No eran los papeles lo que dolía: era la forma en que él ni siquiera se inmutó cuando ella sí lo hizo.
Amelia Hart salió del penthouse de él esa noche sin nada más que una maleta y el corazón hecho pedazos. Se lo había dado todo a Daniel Sterling —su amor, su identidad, su devoción silenciosa—, solo para que la desecharan en el momento en que se volvió inconveniente.
Pero cuando el imperio que él construyó empieza a derrumbarse, cuando el CEO frío que jamás miró atrás de pronto necesita a la mujer que tiró a la basura, regresa con las mismas manos que una vez la soltaron, ahora extendiéndose hacia lo que destruyó.
Solo que esta vez hay una cláusula que él no leyó…












