
El millonario y la bailarina cautiva
flormurdaneta · En curso · 35.4k Palabras
Introducción
Capítulo 1
Cada vez que me miro al espejo, desconozco a la mujer que se refleja en él. He perdido mi esencia, mi humanidad. Rogué durante años por un milagro, pero dejé de creer que existiera un Dios al que pudiera pedirle algo como lo que yo necesito.
Debería rendirme, dejar de luchar por seguir viviendo, o mejor dicho, sobreviviendo, pero no puedo. Simplemente, no tengo más opción que seguir adelante.
Esta noche, me siento especialmente ansiosa sin saber por qué. He hecho esto por años, ya debería estar acostumbrada a mostrar mi cuerpo a cada desgraciado que paga la cuota, pero es inevitable. El asco y la vergüenza siempre arderán en mis venas. Creo que a pesar de todo, no he perdido toda mi humanidad; aún queda algo de mí salvable ¿habrá alguien que lo vea?
Me quito la bata negra de seda y la dejo en el respaldo de la silla antes de salir a escena. Tomo una profunda inhalación y vacío mis pulmones con una exhalación pausada, intentando relajarme.
—Solo sal ahí y actúa. Eres la mejor actriz de este jodido mundo —recito, enfrentando mi reflejo en el espejo.
Salgo del camerino y camino por el estrecho pasillo que me conduce a una puerta negra. Vuelvo a exhalar antes de entrar en el personaje que le hace ver a los hombres una sensualidad que aborrezco. Porque, más allá de lo que ellos pueden ver, hay una chica asustada que perdió sus sueños, que sufre y llora, que no quiere esta vida… Pero a ellos no les importa lo que puedan decirles mis ojos, solo vienen por mi cuerpo.
Con la habitación en penumbras, camino lentamente por una pasarela angosta de lustroso suelo negro. A mi paso, las bombillas incrustadas a los lados se encienden.
El olor a perfume llega a mí antes de poder ver al cliente de esta noche. Es exquisito, varonil y muy costoso. Ninguna fragancia barata podría inundar esta habitación, nunca había pasado.
Al alcanzar el pequeño escenario, descubro la presencia de un hombre apuesto y joven, más de lo que esperaba. Por lo regular, mis clientes son viejos, huelen a alcohol y a tabaco. Sus ojos son de un celeste claro que resaltan en medio de la escasa iluminación y, por un segundo, me pierdo en ellos. Es la primera vez que soy yo la que disfruta viendo, que en realidad me interesa mirar. Su cabello es oscuro y lleva una perfecta barba tipo candado muy prolija. Es muy atractivo.
En su ficha de cliente dice que es voyerista. Dudo de que sea verdad. Su mirada no es como la de los otros. No sé cómo explicar lo que sus ojos claros me están trasmitiendo. Es atemorizante sentirse tan vulnerable.
Mientras me desvisto lentamente, veo crecer el deseo en él. Es hombre, es lógico que reaccione así, pero por alguna extraña razón, la forma en la que me observa me hace querer saber más de él, saber qué piensa de mí. ¿Solo ve a una stripper o encuentra en mis ojos mi verdad?
No te hagas ilusiones, Melissa. Eres lo que eres y ninguno de esos hombres es distinto a Steven. Estás tan deseosa de libertad, que ves espejismos. Concéntrate en bailar, solo hazlo.
El hombre se remueve inquieto en el sofá, luchando con el deseo de llegar a mí y poner sus manos en mi cuerpo. Él tardó un poco más que los otros. Para este momento, ellos ya estarían masturbándose en su asiento.
¿Por qué él solo me observa? Hay algo extraño en ese hombre y no sé qué es. ¿Qué vino a hacer realmente aquí?
Con un movimiento rápido, recoge su saco y desliza un papel blanco sobre la piel del sofá. Su voz gruesa y varonil pronuncia tres palabras «Léelo, por favor». Me paralizo al instante. Quizás sorprendida por su profunda mirada o absorta por su poderosa voz.
Mis ojos deambulan entre él y la nota en el sofá, de forma itinerante. No entiendo. ¿Por qué me deja una nota? Le hago la pregunta con mis ojos, porque mis palabras quedaron atascadas en algún lugar entre mi cerebro y la punta de mi lengua. No logro decir ni pío.
Mientras se aleja, observo su espalda ancha, oculta tras una camisa blanca –que sin duda goza de una perfecta musculatura–; su andar seguro y masculino y esa curva abultada en su trasero que invita a ser tocada, y descubro que estoy extrañamente atraída hacia él.
¿Quién es ese hombre?
Me toma un par de minutos abandonar el escenario y buscar la nota que dejó en el asiento. Su perfume sigue danzando en aquel espacio y me encuentro inhalando profundamente, llenándome de aquel olor a almizcle, madera y hombre. Sí, un verdadero hombre que me ha dejado anonadada, no sé por qué. Desde Steven, ningún hombre había llamado mi atención. Es más, los repudiaba a todos.
¿Qué significa esto?
Dejo la interrogante en el aire y me preocupo primero por resolver el enigma que significa este papel. Lo desdoblo lentamente y encuentro una invitación. Mi corazón se desalienta por unos segundos al pensar que se trata de otro más pidiéndome un revolcón en algún motel, o quizás en el puesto trasero de su auto, pero no había desdoblado la nota correctamente y leo el mensaje completo. «Te esperaré mañana a las seis treinta en el Café Ragazzi. No es lo que piensas. Te ofrezco la oportunidad de dejar atrás La Perla y de cumplir tus sueños. Sinceramente, John».
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