
El vecino del 4B
Kandy Orta · En curso · 141.7k Palabras
Introducción
Su vecino, Seth Beckett, es el tipo de hombre que parece tenerlo todo; atractivo, seguro y con un misterio que se percibe incluso a través de las paredes.
Al principio, entre ellos solo hay ruido, las noches de Seth son tan escandalosas como irresistibles, y aunque Eden intenta ignorarlo, termina atrapada entre la curiosidad y el deseo.
Lo que comienza como una provocación a distancia se convierte en un juego peligroso cuando él decide romper la barrera del silencio y entrar en su vida.
Seth es un productor de cine acostumbrado a dominar cada escena, pero con Eden pierde el control por primera vez.
Y ella, que solo quería paz, se encuentra deseando al hombre que más debería evitar.
Entre puertas entreabiertas, noches en vela y verdades a medio decir, ambos descubren que el deseo no siempre se elige… pero sí puede consumirlo todo.
Capítulo 1
Había pasado todo el día desarmando cajas. Cajas con platos envueltos en periódicos viejos, con libros de cocina que pesaban más que mis ganas de seguir de pie, y con un millón de cosas que no recordaba haber guardado.
Cuando por fin terminé, mi nuevo departamento parecía una mezcla entre almacén y campo de batalla. Me dolían los brazos, los pies y hasta el alma. Lo único que quería era una ducha caliente y dormir por doce horas seguidas.
Pero cuando salí del baño, envuelta en una toalla, vi la botella de vino que me habían regalado mis compañeros del restaurante para darme la bienvenida. Decidí que merecía una copa.
Me serví el vino y me senté en el suelo, apoyada contra una de las cajas todavía cerradas. El silencio del edificio me pareció extraño. Estaba en Los Ángeles, pero el vecindario era tan tranquilo que apenas se escuchaba el tráfico lejano. Respiré hondo y disfruté el silencio de mi nuevo hogar. Hasta que mi apartamento se llenó de ruido.
Al principio fue un golpe suave, como si alguien hubiera cerrado una puerta. Luego, otro. Más rítmico. Más… constante. Fruncí el ceño, intentando entender qué era. Y, como si estuviera en una película porno barata, escuché un gemido ahogado, femenino, seguido de una voz masculina, grave, que murmuró algo que no logré distinguir.
Me quedé helada. El sonido venía del otro lado de la pared. De mi vecina o vecino para ser exacta.
Me llevé una mano a la boca, sin saber si reír o esconderme bajo la manta. No podía ser. Pero sí lo era.
Los gemidos siguieron, cada vez más claros, y el golpeteo de las caderas del chico contra el culo de la chica marcaba un ritmo imposible de ignorar. Ella estaba en cuatro, eso era más que evidente.
—Dios... —susurré, mirando mi copa de vino—. ¿Esto es una broma?
Intenté concentrarme en otra cosa, pero el ruido era demasiado fuerte. El hombre o mujer del 4B, quienquiera que fuera, no parecía conocer el concepto de discreción. Ni el de piedad.
Y lo peor, no paraba. Cinco minutos. Diez. Tal vez quince. Con cada golpe, con cada sonido ahogado, la temperatura en mi cara subía más. No sabía si era vergüenza o curiosidad. No le conocía, ni siquiera sabía su nombre, pero ya lo había bautizado en mi mente como el Imparable.
Di un largo trago de vino. Me reí sola.
Cuando me fui a la cama, los gemidos se intensificaron y sentí cómo un escalofrío me recorría la espalda. Me quedé quieta un instante, conteniendo la respiración, y de pronto mi mente empezó a vagar. Lo imaginé alto, rubio, con hombros anchos y un culo perfecto… exactamente como mi ex. Cada movimiento que me imaginaba me hacía morderme el labio, deseando, sintiendo, recordando.
Cerré los ojos, dejando que cada sonido me envolviera. Lentamente, llevé mi mano al muslo y la subí despacio, dejando que la piel se me erizara con cada gemido que llegaba desde la pared. Cerré los ojos y lo visualicé allí, tan perfecto y provocador, tan similar a él, y no pude evitar que un calor intenso se apoderara de mí.
Tomé mi vibrador del cajón y lo encendí. El zumbido suave me hizo temblar, y lo presioné contra mí despacio, primero por encima de la ropa interior, dejándome sentir cada pulso, cada vibración, mientras mi imaginación corría salvaje. Cada gemido que llegaba del otro lado hacía que me presionara más fuerte, imaginando sus manos, su cuerpo, cómo sería sentirlo encima de mí, cómo se movería, cómo me miraría…
Me abandoné completamente a la fantasía y al placer. Mis dedos recorrían mi cuerpo mientras el vibrador trabajaba sobre mí, y cada sonido, cada imagen, me llevaba más profundo. Sentía el calor subir por mis piernas, cómo se me aceleraba el corazón, cómo la excitación me consumía. No había vergüenza, no había límites; solo yo, mi vibrador y la imagen de alguien que se parecía demasiado a mi ex, llenando mi mente y mi cuerpo de deseo.
Respiraba entrecortadamente, mordiendo mi labio, dejando que los sonidos y la vibración me llevaran hasta que finalmente me entregué por completo a mi propio placer, sola, intoxicada por la imaginación, por la memoria y por el sonido prohibido que había cruzado la pared.
Cuando llegué, el ruido se volvió ensordecedor, tanto que interrumpió mi paz, esa paz que solo se obtiene después del orgamo. ¿Cuánto tiempo podrían seguir follando y gritando? Me levanté, crucé el salón y golpeé la pared con la palma de la mano.
—¡Algunos queremos dormir tranquilos! —grité sin pensarlo.
Lo que siguió después fue silencio.
Por un segundo, creí que me había escuchado. Pero entonces llegó una carcajada baja, masculina, que atravesó la pared como una provocación. Me quedé quieta, con el corazón latiendo fuerte y el rostro ardiendo. Apreté los labios. No sabía si quería matarlo… o si quería escucharlo de nuevo.
Me serví otra copa de vino, pero ni eso ayudó porque esa noche dormí poco, pero no porque el ruido continuara. Dormí poco porque, cada vez que cerraba los ojos, los gemidos graves del vecino del 4B volvía a mi cabeza.
La mañana siguiente llegó rápida y casi cruel. Dormí poco y mal; me desperté con el ritmo de la respiración todavía desordenado, las manos torpes buscando el móvil y el estómago pidiendo algo que no fuera café negro. Me vestí a toda prisa, vaqueros, una camiseta limpia, el cabello recogido a medias y el uniforme de cocina doblado dentro de la mochila. Tenía que estar en el restaurante antes de las ocho y ya iba justa de tiempo.
Pasé por la cocina a recoger mi abrigo y el timbre sonó...
Últimos capítulos
#124 Capítulo 124 Epílogo
Última actualización: 2/28/2026#123 Capítulo 123 Capítulo 123. El fin
Última actualización: 2/28/2026#122 Capítulo 122 Capítulo 121 y 122
Última actualización: 2/28/2026#121 Capítulo 121 Capítulo 121. Seth y yo
Última actualización: 2/28/2026#120 Capítulo 120 Capítulo 120. ¿Quieres ser mi novio?
Última actualización: 2/28/2026#119 Capítulo 119 Capítulo 119. Esto no le vi venir.
Última actualización: 2/28/2026#118 Capítulo 118 Capítulo 118. Las cosas van tomando su curso
Última actualización: 2/28/2026#117 Capítulo 117 Capítulo 117. El pacto de las nueve y media
Última actualización: 2/28/2026#116 Capítulo 116 Capítulo 116. La madrugada que no fue silencio
Última actualización: 2/28/2026#115 Capítulo 115 Capítulo 115. La segunda cita (y la primera verdad compartida)
Última actualización: 2/28/2026
Te podría gustar 😍
Invisible para su Matón
De mejor amigo a prometido
Una semana de boda en New Hope. Una mansión llena de invitados. Y una dama de honor muy resentida.
Para sobrevivir, Savannah lleva una cita —su encantador y pulcro mejor amigo, Roman Blackwood. El único hombre que siempre la ha apoyado. Le debe un favor, y fingir ser su prometido? Fácil.
Hasta que los besos falsos empiezan a sentirse reales.
Ahora Savannah está dividida entre mantener la farsa… o arriesgarlo todo por el único hombre del que nunca debió enamorarse.
Después de Una Noche con el Alfa
Pensé que estaba esperando el amor. En cambio, fui tomada por una bestia.
Mi mundo debía florecer en el Festival de Luna Llena de Moonshade Bay—champán burbujeando en mis venas, una habitación de hotel reservada para Jason y para mí, finalmente cruzar esa línea después de dos años. Me había puesto lencería de encaje, dejé la puerta abierta y me acosté en la cama, con el corazón latiendo de emoción nerviosa.
Pero el hombre que se subió a mi cama no era Jason.
En la habitación completamente oscura, ahogada en un aroma embriagador y especiado que me mareaba, sentí manos—urgentes, ardientes—quemando mi piel. Su grueso y palpitante miembro presionó contra mi húmeda entrepierna, y antes de que pudiera jadear, él empujó fuerte, desgarrando mi inocencia con fuerza despiadada. El dolor ardía, mis paredes se contraían mientras arañaba sus hombros de hierro, ahogando sollozos. Sonidos húmedos y resbaladizos resonaban con cada golpe brutal, su cuerpo implacable hasta que tembló, derramándose caliente y profundo dentro de mí.
—Eso fue increíble, Jason—logré decir.
—¿Quién diablos es Jason?
Mi sangre se volvió hielo. La luz iluminó su rostro—Brad Rayne, Alfa del Clan Moonshade, un hombre lobo, no mi novio. El horror me ahogó al darme cuenta de lo que había hecho.
¡Corrí por mi vida!
Pero semanas después, me desperté embarazada de su heredero.
Dicen que mis ojos heterocromáticos me marcan como una verdadera pareja rara. Pero no soy lobo. Soy solo Elle, una nadie del distrito humano, ahora atrapada en el mundo de Brad.
La mirada fría de Brad me clava: —Llevas mi sangre. Eres mía.
No hay otra opción para mí que elegir esta jaula. Mi cuerpo también me traiciona, deseando a la bestia que me arruinó.
ADVERTENCIA: Solo para lectores maduros
El Ascenso de la Loba Desterrada
Ese rugido me robó mi decimoctavo cumpleaños y destrozó mi mundo. Mi primera transformación debería haber sido gloriosa—la sangre convirtió la bendición en vergüenza. Al amanecer me habían marcado como "maldita": expulsada por mi manada, abandonada por mi familia, despojada de mi naturaleza. Mi padre no me defendió—me envió a una isla desierta donde los marginados sin lobos eran forjados en armas, obligados a matarse entre ellos hasta que solo uno pudiera irse.
En esa isla aprendí los bordes más oscuros de la humanidad y cómo enterrar el terror en los huesos. Innumerables veces quise rendirme—sumergirme en las olas y no salir jamás—pero los rostros acusadores que atormentaban mis sueños me empujaban hacia algo más frío que la supervivencia: venganza. Escapé, y durante tres años me escondí entre humanos, recopilando secretos, aprendiendo a moverme como una sombra, afilando la paciencia hasta convertirla en precisión—convirtiéndome en una espada.
Luego, bajo una luna llena, toqué a un extraño herido—y mi lobo regresó con una violencia que me hizo completa. ¿Quién era él? ¿Por qué podía despertar lo que yo creía muerto?
Una cosa sé: ahora es el momento.
He esperado tres años para esto. Haré que todos los que me destruyeron paguen—y recuperaré todo lo que me fue arrebatado.
Sobornando la Venganza del Multimillonario
Su vida es perfecta hasta que su castillo de cristal se derrumba. Su esposo admite haber sido infiel con nada menos que su propia hermana, y hay un hijo en camino. Liesl decide que la mejor manera de sanar su corazón destrozado es destruyendo lo único que él valora más que cualquier otra cosa: su carrera.
Isaias Machado es un multimillonario de primera generación estadounidense; él conoce el valor del trabajo duro y de hacer lo necesario para sobrevivir. Toda su vida ha estado orientada al momento en que pueda arrebatar la compañía McGrath de las manos de los hombres corruptos que una vez dejaron a su familia sin hogar.
Cuando Liesl McGrath se acerca al multimillonario para sobornarlo con información destinada a arruinar a su exmarido, Isaias Machado está ansioso por tomar todo lo que los McGrath valoran, incluyendo a Liesl.
Una historia de amor, venganza y sanación necesita comenzar en algún lugar, y el dolor de Liesl es el catalizador para la montaña rusa más salvaje de su vida. Que comience el soborno.
Elegida por el Rey Alfa Maldito
—Pero yo sobreviviré.
Lo susurré a la luna, a las cadenas, a mí misma—hasta que lo creí.
Dicen que el Rey Alfa Maximus es un monstruo—demasiado grande, demasiado brutal, demasiado maldito. Su cama es una sentencia de muerte, y ninguna mujer ha salido viva de ella. Entonces, ¿por qué me eligió a mí?
La omega gorda e indeseada. La que mi propia manada ofreció como basura. Una noche con el Rey despiadado se suponía que acabaría conmigo. En cambio, me arruinó. Ahora ansío al hombre que toma sin piedad. Su toque quema. Su voz manda. Su cuerpo destruye. Y sigo regresando por más. Pero Maximus no ama. No tiene compañeras. Él toma. Él posee. Y nunca se queda.
—Antes de que mi bestia me consuma por completo—necesito un hijo que tome el trono.
Qué lástima para él... no soy la chica débil y patética que tiraron. Soy algo mucho más peligroso—la única mujer que puede romper su maldición... o destruir su reino.
El regreso de la princesa de la mafia
Después de la aventura: En brazos de un multimillonario
En mi cumpleaños, la llevó de vacaciones. En nuestro aniversario, la trajo a nuestra casa e hizo el amor con ella en nuestra cama...
Descorazonada, lo engañé para que firmara los papeles de divorcio.
George permaneció indiferente, convencido de que nunca lo dejaría.
Sus engaños continuaron hasta el día en que se finalizó el divorcio. Le lancé los papeles en la cara: —¡George Capulet, a partir de este momento, sal de mi vida!
Solo entonces el pánico inundó sus ojos mientras me suplicaba que me quedara.
Cuando sus llamadas bombardearon mi teléfono más tarde esa noche, no fui yo quien respondió, sino mi nuevo novio Julian.
—¿No sabes —rió Julian en el receptor— que un exnovio decente debería estar tan callado como los muertos?
George rechinó los dientes: —¡Ponla al teléfono!
—Me temo que eso es imposible.
Julian dejó un suave beso en mi forma dormida, acurrucada contra él. —Está agotada. Acaba de quedarse dormida.
Papis Alfa y su Criada Innocente (18+)
—¿De quién fue la polla que te hizo llorar más fuerte esta noche?— La voz de Lucien era un gruñido bajo mientras me sujetaba la mandíbula, obligándome a abrir la boca.
—La tuya— jadeé, mi voz destrozada de tanto gritar. —Alpha, por favor—
Los dedos de Silas se clavaron en mis caderas mientras se hundía de nuevo en mí, rudo e implacable. —Mentirosa— gruñó contra mi espalda. —Ella sollozó en la mía.
—¿Deberíamos hacer que lo demuestre?— dijo Claude, sus colmillos rozando mi garganta. —Átenla de nuevo. Que suplique con esa boquita bonita hasta que decidamos que ha ganado nuestros nudos.
Estaba temblando, empapada, usada— y todo lo que pude hacer fue gemir, —Sí, por favor. Úsenme de nuevo.
Y lo hicieron. Como siempre lo hacen. Como si no pudieran evitarlo. Como si les perteneciera a los tres.
Lilith solía creer en la lealtad. En el amor. En su manada.
Pero todo fue arrancado.
Su padre—el difunto Beta de Fangspire— murió. Su madre, con el corazón roto, bebió acónito y nunca despertó.
¿Y su novio? Encontró a su pareja y dejó a Lilith atrás sin una segunda mirada.
Sin lobo y sola, con una deuda hospitalaria creciendo, Lilith entra en el Rito—un ritual donde las mujeres ofrecen sus cuerpos a los Alphas malditos a cambio de oro.
Lucien. Silas. Claude.
Tres Alphas despiadados, malditos por la Diosa Luna. Si no marcan a su pareja antes de los veintiséis, sus lobos los destruirán.
Lilith se suponía que era un medio para un fin.
Pero algo cambió en el momento en que la tocaron.
Ahora la quieren—marcada, arruinada, adorada.
Y cuanto más la toman, más la desean.
Tres Alphas.
Una chica sin lobo.
Sin destino. Solo obsesión.
Y cuanto más la prueban,
Más difícil es dejarla ir.
En la Cama con su Jefe Idiota
Una noche. Eso es todo lo que se suponía que iba a ser.
Pero a la fría luz del día, alejarse no es tan fácil. Roman no es un hombre que suelta—especialmente no cuando ha decidido que quiere más. No solo quiere a Blair por una noche. La quiere a ella, punto.
Y no tiene intención de dejarla ir.
Le Di una Bofetada a Mi Prometido—Luego Me Casé con su Némesis Multimillonario
Técnicamente, Rhys Granger era mi prometido ahora—millonario, increíblemente atractivo y un sueño húmedo de Wall Street. Mis padres me empujaron hacia el compromiso después de que Catherine desapareciera, y honestamente? No me importó. Había estado enamorada de Rhys durante años. Esta era mi oportunidad, ¿verdad? ¿Mi turno de ser la elegida?
Error.
Una noche, me abofeteó. Por una taza. Una estúpida, rota y fea taza que mi hermana le dio hace años. Fue entonces cuando me di cuenta—él no me amaba. Ni siquiera me veía. Solo era un reemplazo cálido para la mujer que realmente quería. Y aparentemente, ni siquiera valía tanto como una taza de café glorificada.
Así que lo abofeteé de vuelta, lo dejé y me preparé para el desastre—mis padres perdiendo la cabeza, Rhys teniendo una rabieta de millonario, su aterradora familia planeando mi prematura desaparición.
Obviamente, necesitaba alcohol. Mucho alcohol.
Entra él.
Alto, peligroso, injustamente atractivo. El tipo de hombre que te hace querer pecar solo por existir. Lo había conocido solo una vez antes, y esa noche, él simplemente estaba en el mismo bar que mi yo borracha y compadeciéndose de sí misma. Así que hice lo único lógico: lo arrastré a una habitación de hotel y le arranqué la ropa.
Fue imprudente. Fue estúpido. Fue completamente desaconsejado.
Pero también fue: El. Mejor. Sexo. De. Mi. Vida.
Y, como resultó, la mejor decisión que había tomado.
Porque mi aventura de una noche no es solo un tipo cualquiera. Es más rico que Rhys, más poderoso que toda mi familia, y definitivamente más peligroso de lo que debería estar jugando.
Y ahora, él no me va a dejar ir.
Empezar de Nuevo
© 2020-2021 Val Sims. Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta novela puede reproducirse, distribuirse o transmitirse de ninguna forma ni por ningún medio, incluidas las fotocopias, la grabación u otros métodos electrónicos o mecánicos, sin el permiso previo por escrito del autor y los editores.












