
Embarazándome del CEO
Jade F. C. J · En curso · 102.3k Palabras
Introducción
Roberta y Ricardo prefieren dejar esa noche en el pasado, pero entre trabajar juntos y chocar con sus personalidades se va dando una atracción entre ambos que no puede ser porque Ricardo está comprometido con otra mujer y se casará en dos meses.
Sin embargo, Roberta se da cuenta de que está embarazada de su jefe y no tiene ni la menor idea de cómo afrontarlo.
Capítulo 1
—¡No lo puedo creer! —chillé como una loca.
—¿Que? —Tara me preguntó. Estábamos en la exposición de arte de un famoso pintor cuando me llegó la notificación de trabajo a mi celular.
—Me aceptaron en la empresa —susurré.
—¿A cual de todas?
—A la empresa Grayson —leí la carta. Decía que me presentara mañana mismo porque el jefe estaba necesitando a su secretaria urgentemente. —Mañana mismo a trabajar —la miré con horror, esta gente no da tiempo de nada.
—Así son en esas empresas. He escuchado un poco sobre la empresa Grayson, según dice la maneja un hombre joven y guapo pero que es muy malhumorado.
—No me importa quien la maneje, tengo trabajo, Tara, por fin podré salir de esa miseria —alardeé. Si, estaba harta de que en mi casa me hicieran menos y que por eso se podían meter en mi vida y decirme lo que se les diera la gana.
—Felicidades, amiga. Lo mereces al fin.
—Necesito ropa —le dije como sorprendida—no tengo ropa para ser una secretaría en una empresa tan importante.
—Estamos en la exposición, espera que termine.
—Hmm no creo, mejor vámonos.
—Pero la universidad... —la jalé del brazo y nos escabullimos hacia la salida.
—Luego le preguntamos a Mario que tal fue, ya vez que esta que babea por ti y hace cualquier cosa para verte contenta.
Ella rodó los ojos.
—Creo que ir de traje sería bueno. De esos que son muy femeninos pero a la vez juveniles.
—Hmm no creo. Mejor cómprate vestido adheridos al cuerpo que lleguen a las rodillas. Así he visto en las películas —se encogió de hombros mientras caminábamos por las calles de Seattle.
—Quizás tengas razón. Al fin y al cabo solo seré secretaria.
Ella asintió.
—Mira, esta tienda se ve bien —le digo, tomándola del brazo para ir dentro—estoy emocionada —comenté—por fin tendré algo fijo y seguro.
—Y de seguro te pagarán bien. Muy bien.
—Eso creo. Ojalá. Espero que si.
Me medí muchos vestidos, gasté mis ahorros en verme bien para esa empresa así que espero que valga la pena. Me compré varios vestidos bonitos y sexis a la vez, compré zapatos de tacón. En mi primer pago me compraré más cosas.
—Creo que me quede sin algo de dinero —reí nerviosa.
—¿Que te parece si vamos a celebrar esta noche?
—¿De fiesta? Pero mañana tengo que trabajar.
—Lo sé pero hace mucho que no vamos a fiestas y esta es una buena excusa para ir. Anda di que si.
—Pero no voy a tomar —le advertí con mi dedo.
—Nooo —salimos de la tienda y nos fuimos a casa.
•
Noche de la fiesta, 9:30 PM
—¡Otro! ¡Otro! —gritaban para que me tomara otro shot más, tuve que hacerlo. Ya llevaba como cinco con este, debería de parar.
Tara estaba en su mundo, buscando con quien bailar, coqueteando con el bartender y dejándome a mi sola. A la par mía se puso un chico bastante guapo, usaba traje, su corbata estaba deshecha como si el mismo se la quisiera arrancar. Pidió una botella de whiskey mientras se llevaba las manos a la nuca. Tenía bonito perfil. La verdad es el hombre más guapo que han visto mis ojos. Dios, que manos.
—¡Roberta, ya vuelvo! —me dice, señalándome al chico que estaba junto a ella. Claro, se va con un hombre y me deja sola. Que buena amiga la que tengo.
—Dame un jugo por favor —le dije al chico. Estaba muy cerca del hombre guapo junto a mi, me estaba poniendo nerviosa porque podía distinguir su perfume varonil entre tantos olores. Carraspeé porque no sabía que más hacer. Quería hablarle.
El chico me dio mi jugo y tomé un poco. Miré al hombre junto a mi tomar su whiskey, se miraba pensativo o preocupado.
—¿Oye estás bien? —quise saber. En ese momento en que se giró a verme me quedé estática ante lo que veía. Madre mía, era el hombre más perfecto que había visto. Su cabello negro estaba despeinado y eso le daba un mejor toque, sus ojos eran negros y sus labios se curvaron en una sonrisa. Las mangas de su camisa estaban recogidas hasta los codos. Su porte, ese sí era un verdadero hombre. ¿Como será en la cama? Me quise abofetear por pensar esas cosas.
—Lo estoy —respondió.
—Es que te veías medio preocupado —le sonreí nerviosa. Ni siquiera sabía que hacer.
—¿Así que te preocupas por un desconocido? —murmura.
—Eso creo. A veces es mejor platicar con una desconocida que con alguien que ya conoces, ¿no crees?
—Quizás tengas razón. ¿Crees que tengo problemas?
—No lo sé —me acerqué—¿Los tienes?
—Quizás. —se acercó peligrosamente—Pero quizás puedas ayudarme de otra forma.
—¿De que forma?
—Si vamos arriba lo averiguarás —me dijo, sabía a lo que se refería. Este hombre guapo y atractivo me estaba haciendo una propuesta indecente. No lo conocía y probablemente jamás lo volvería a ver de nuevo. Entonces, ¿por qué frenarme? Yo quiero y tal parece que el también quiere.
—Creo que aceptaré tu propuesta —sonreí malévola. El chico me tomó de la mano y ambos nos levantamos del asiento. Subimos las escaleras y nos metimos a un cuarto que parece conocía muy bien. Encendió la luz y lo primero que hizo fue besarme.
Sus labios, sus labios cabían perfectamente con los míos. Eran apetecibles y nuestros movimientos coordinados. Me sorprendió cuando metió su lengua si. Nos quitamos la ropa desesperados, el chico me lanzó a la cama, en su mirada había deseo puro. Se subió a mi y me siguió besando el cuello, hasta llegar a los pechos.
Una verdadera noche de pasión.
•
A la mañana siguiente desperté en mi casa, en mi cuarto. La alarma sonó a las seis de la mañana. Mi cabeza me dolía y no me quería levantar para nada. Casi no recordaba como llegué a casa, solo recordé la noche de pasión que tuve con ese hombre misterioso que lastimosamente jamás volvería a ver. ¿Será que frecuenta mucho ese bar? Quizás me de una vuelta por allí el sábado. Pero era lunes y tenía trabajo que hacer. Me levanté y me duché rápidamente. Cuando salí me puse uno de los vestidos que había comprado, me alisé el pelo y me lo amarré en una coleta alta. Me puse los tacones, me maquillé, tomé mi bolso y salí. En mi casa vivíamos todos, estaban mis abuelos, primos y tíos. La verdad no me llevaba con ninguno y solo quería salirme de allí algún día. Salí de casa sin decirles nada y busqué un taxi rápidamente. Tenía hambre, ni siquiera desayuné.
—A la empresa Grayson por favor —le dije al taxista. En mi mente solo estaba lo que ese hombre y yo hicimos anoche. Jamás lo olvidaré. Ese sí es un verdadero hombre.
Momentos después el taxi se estacionó y bajé. Frente a mi estaba un enorme edificio. Jamás había venido por aquí. Avancé hasta llegar al ascensor, según tenía que ir hasta el octavo piso. Cuando llegué al octavo piso no sabía a dónde ir.
—Hola, —le dije a una chica en un escritorio—Soy Roberta White y vengo para el puesto de trabajo.
—¿Secretaria? —quiso saber la chica, muy elegante y bonita por cierto.
—Si, ese.
—Ven conmigo por favor —se levantó de su asiento y caminó por un pasillo hasta llegar a otra oficina. Las puertas eran grandes y afuera había un escritorio vacío. —el señor Grayson está necesitando con urgencia a una chica y por eso te hemos llamado. Este será tu escritorio pero ahora te tendrás que reportar con el señor Grayson quien será tu jefe. Suerte.
—Gracias.
Me acomodé la ropa y toqué la puerta de la oficina.
—Adelante —escuché decir del otro lado. Abrí la puerta y avancé dentro. La oficina era grande, espaciosa, lujosa y muy bonita. Olía muy bien. Había un hombre de pie hablando por teléfono mientras veía por el vidrio hacia los edificios vecinos. Me daba la espalda así que no podía distinguirlo bien. —Si, te estaré llamando para cualquier cosa. Vale, te llamo luego, adiós. —colgó la llamada y se giró a mi.
Ambos quedamos de piedra al vernos.
No. Puede. Ser.
Mi corazón latió más a prisa al ver al hombre con quien pase la mejor noche de mi vida frente a mi, con un traje perfectamente planchado y su cabello ordenado.
—¿Tú? —inquiere.
Salí de mi trance y reaccioné.
¡Que incómodo!
—Si, yo —reí nerviosa. —lo siento, no es ninguna trampa ni nada por el estilo. Yo recibí la confirmación de trabajo ayer y por eso estoy aquí hoy.
El chico pareció estar pensativo, me miró de arriba abajo con descaro y después avanzo hasta la silla de su escritorio.
—Siéntate —me dice.
Me senté un poco incómoda. Las imágenes de lo que hicimos anoche empezaron a bombardearme la mente. Mi mente me está traicionando.
Piensa en la biblia, Roberta, piensa en la biblia.
—Bueno, si es cosa de trabajo está bien. ¿Trajiste tu currículum?
Asentí, dándole los papeles. Estaba tan serio, no parecía el hombre salvaje y romántico de ayer.
Me mordí el labio inferior tan fuerte que casi lo hago sangrar.
—Deja tu labio en paz —me dice y lo miré rápidamente.—Oye, se que es raro e incómodo pero estamos aquí para trabajar y la verdad hay mucho que hacer. Lo que pasó anoche fue solo eso un momento de una noche. Ambos estuvimos de acuerdo, ¿no?
Medio asentí.
Quisiera repetirlo, quise decirle pero me echaría.
—Tengo muchos papeles que arreglar —me dice, dándome unas carpetas. La secretaria de Daniela te guiará estos días lo que tienes que hacer.
Asentí de nuevo.
—Soy Ricardo Grayson.
—Yo soy Roberta White.
—Roberta... —saboreó mi nombre-... bueno, tu escritorio está afuera.
—Si, claro —me puse de pie, tomando las carpetas.
—Aguarda —Ricardo también se puso de pie y vino hacia mi, tenerlo tan cerca. Su olor, ere olor que me vuelve loca. —No pido que olvidemos lo que pasó anoche porque fue muy bueno, solo quiero que quede en el pasado. Soy tu jefe y tu mi secretaria.
Quería decirme que jugáramos en la cama a ser el jefe y la secretaria pero no me atreví. Es que anoche el me hizo sentir tan bien, tan confiada.
—Claro, no te preocupes —reí—no fue nada. Estaré afuera por si me necesita, jefe.
Me giré sintiendo su mirada en mi espalda o en mis glúteos. Abrí la puerta y salí. Dios, ¿en que me vine a meter? Puse las cosas en el escritorio y tomé algo de aire. Noté que a la par había un garrafon de agua así que agarré un vaso y me tomé dos vasos de agua. Sentía mi garganta seca.
Según Ricardo tengo que ir donde Daniela, quien supongo que es la chica que vino hace rato para que ella me asesore.
—¿Como te fue? —Daniela apareció en mi escritorio y se sentó en la silla de mi lado.
—Bien, el me dijo que me asesorarías.
—Si, por eso estoy aquí —tomó los papeles y empezó a explicarme las cosas que tenía que hacer. Mi mente estaba dividida entre aprender y Ricardo. En eso una mujer alta, esbelta, delgada y muy guapa apareció por el pasillo.
—¿Ricardo está en su oficina? —le preguntó a Daniela.
—Si, señora Leticia.
—¿Y ella quien es? —me miró a mi.
—Es la nueva secretaria del señor Grayson.
—Hmm —parece que no le dio nada de gracia que yo fuera su secretaria. Abrió la puerta sin tocar y se metió a la oficina de Ricardo. Me cayó súper mal. La sentí con aires de grandeza y así.
—¿Quien es ella?
—Es accionista de la empresa y prometida del señor Ricardo —me dijo. Y fue como si me echaran un balde de agua fría.
Ricardo está comprometido. No puede ser porque anoche pasábamos la mejor noche de nuestras vidas juntos, bueno, no se si la de el fue la mejor pero para mi lo fue. Ricardo se va a casar y no se por que me sentía triste al saber eso.
Últimos capítulos
#55 Capítulo 55 Menta
Última actualización: 4/14/2026#54 Capítulo 54 Viaje
Última actualización: 4/14/2026#53 Capítulo 53 Evitar
Última actualización: 4/14/2026#52 Capítulo 52 Espectáculo
Última actualización: 4/14/2026#51 Capítulo 51 Enamorada
Última actualización: 4/14/2026#50 Capítulo 50 Cosas
Última actualización: 4/14/2026#49 Capítulo 49 Vida juntos
Última actualización: 4/14/2026#48 Capítulo 48 Desayuno
Última actualización: 4/14/2026#47 Capítulo 47 Cocina
Última actualización: 4/14/2026#46 Capítulo 46 Sueño
Última actualización: 4/14/2026
Te podría gustar 😍
Cómo No Enamorarme de un Dragón
Por eso fue más que un poco desconcertante cuando llegó una carta con mi nombre ya impreso en un horario de clases, una habitación en el dormitorio esperándome y las materias elegidas, como si alguien me conociera mejor de lo que me conozco yo misma. Todo el mundo conoce la Academia, es donde las brujas afilan sus hechizos, los cambiaformas dominan sus formas, y toda clase de criatura mágica aprende a controlar sus dones.
Todos menos yo.
Ni siquiera sé qué soy. No hay cambio de forma, ni trucos de magia, nada. Solo una chica rodeada de personas que pueden volar, conjurar fuego o sanar con un toque. Así que me siento en las clases fingiendo que encajo, y escucho con atención cualquier pista que pueda decirme qué es lo que llevo escondido en la sangre.
La única persona más curiosa que yo es Blake Nyvas, alto, de ojos dorados y, definitivamente, un dragón. La gente susurra que es peligroso, me advierten que mantenga las distancias. Pero Blake parece decidido a resolver el misterio que soy, y de algún modo confío en él más que en nadie.
Tal vez sea imprudente. Tal vez sea peligroso.
Pero cuando todos los demás me miran como si no perteneciera a este lugar, Blake me mira como si fuera un acertijo que vale la pena resolver.
Emparejada con su Instructor Alfa
Semanas después, nuestro nuevo instructor Alfa de combate entra al salón. Regis. El tipo del bosque. Sus ojos se clavan en los míos, y sé que me reconoce. Entonces el secreto que he estado ocultando me golpea como un puñetazo: estoy embarazada.
Él tiene una propuesta que nos ata más que nunca. ¿Protección… o una jaula? Los susurros se vuelven venenosos, la oscuridad se cierra sobre mí. ¿Por qué soy la única sin lobo? ¿Es mi salvación… o me arrastrará a la ruina?
El Amor No Dicho del CEO
Antes de que pudiera responder, se acercó más, de repente alzándose sobre mí, su rostro a centímetros del mío. Sentí que mi respiración se detenía, mis labios se separaban por la sorpresa.
—Entonces este es el precio por hablar mal de mí con otros —murmuró, mordisqueando mi labio inferior antes de reclamar mi boca en un beso real. Comenzó como un castigo, pero rápidamente se transformó en algo completamente diferente cuando respondí, mi rigidez inicial derritiéndose en cumplimiento, luego en participación activa.
Mi respiración se aceleró, pequeños sonidos escapando de mi garganta mientras exploraba mi cuerpo. Sus caricias eran tanto castigo como placer, arrancando estremecimientos de mí que pensé él sentía reverberar a través de su propio cuerpo.
Mi camisón se había subido, sus manos descubriendo más de mí con cada caricia. Ambos estábamos perdidos en la sensación, el pensamiento racional retrocediendo con cada segundo que pasaba...
Hace tres años, para cumplir el deseo de su abuela, me vi obligada a casarme con Derek Wells, el segundo hijo de la familia que me había adoptado durante diez años. Él no me amaba, pero yo lo había amado en secreto todo el tiempo.
Ahora, el matrimonio contractual de tres años está a punto de terminar, pero siento que algún tipo de sentimiento se ha desarrollado entre Derek y yo que ninguno de los dos está dispuesto a admitir. No estoy segura de si mis sentimientos son correctos, pero sé que no podemos resistirnos físicamente...
Déjalos Arrodillarse
Expulsada por su manada. Olvidada por los licántropos.
Vivía entre humanos —callada, invisible, oculta en un pueblo en el que nadie se fijaba dos veces.
Pero cuando su primer celo llega sin previo aviso, todo cambia.
Su cuerpo se enciende. Sus instintos gritan. Y algo primitivo se agita bajo su piel—
invocando a un gran y temible Alfa que sabe exactamente cómo apagar su fuego.
Cuando él la reclama, es éxtasis y ruina.
Por primera vez, cree que ha sido aceptada.
Vista.
Elegida.
Hasta que él la deja a la mañana siguiente—
como un secreto del que nunca se debe hablar.
Pero Kaelani no es lo que ellos creían.
No carece de lobo. No es débil.
Hay algo antiguo en su interior. Algo poderoso. Y está despertando.
Y cuando lo haga—
todos recordarán a la chica a la que intentaron borrar.
Especialmente él.
Ella será el sueño que él no dejará de perseguir... lo único que alguna vez lo hizo sentir vivo.
Porque los secretos nunca permanecen enterrados.
Y los sueños tampoco.
Esta Vez Él Me Persigue Con Todo
Afuera del salón de baile, ella se acercó a él mientras fumaba junto a la puerta, con la intención de, al menos, darle una explicación.
—¿Todavía estás enojado conmigo?
Él tiró el cigarrillo y la miró con abierto desprecio.
—¿Enojado? ¿Crees que estoy enojado? Déjame adivinar: Maya por fin descubre quién soy y ahora quiere "reconectar". Otra oportunidad ahora que sabe que mi apellido viene acompañado de dinero.
Cuando ella intentó negarlo, él la interrumpió.
—Fuiste algo pasajero. Una nota al pie. Si no hubieras aparecido esta noche, ni siquiera me habría acordado de ti.
Las lágrimas le escocieron en los ojos. Estuvo a punto de hablarle de su hija, pero se detuvo. Él solo pensaría que estaba usando a la niña para atraparlo y quedarse con su dinero.
Maya se lo tragó todo y se marchó, segura de que sus caminos nunca volverían a cruzarse... pero él continuó apareciendo en su vida, hasta que fue él quien se rebajó, rogándole humildemente que lo aceptara de vuelta.
Elegida por el Rey Alfa Maldito
—Pero yo sobreviviré.
Lo susurré a la luna, a las cadenas, a mí misma—hasta que lo creí.
Dicen que el Rey Alfa Maximus es un monstruo—demasiado grande, demasiado brutal, demasiado maldito. Su cama es una sentencia de muerte, y ninguna mujer ha salido viva de ella. Entonces, ¿por qué me eligió a mí?
La omega gorda e indeseada. La que mi propia manada ofreció como basura. Una noche con el Rey despiadado se suponía que acabaría conmigo. En cambio, me arruinó. Ahora ansío al hombre que toma sin piedad. Su toque quema. Su voz manda. Su cuerpo destruye. Y sigo regresando por más. Pero Maximus no ama. No tiene compañeras. Él toma. Él posee. Y nunca se queda.
—Antes de que mi bestia me consuma por completo—necesito un hijo que tome el trono.
Qué lástima para él... no soy la chica débil y patética que tiraron. Soy algo mucho más peligroso—la única mujer que puede romper su maldición... o destruir su reino.
Vendida al Señor de la Noche
La última oportunidad de la luna morbosa
Pero todo cambió el día que me dijeron que mi loba se había quedado dormida. El doctor me advirtió que si no marcaba o rechazaba a Alexander dentro de un año, moriría. Sin embargo, ni mi esposo ni mi padre se preocuparon lo suficiente como para ayudarme.
En mi desesperación, tomé la decisión de dejar de ser la chica dócil que ellos querían que fuera.
Pronto, todos me llamaron loca, pero eso era exactamente lo que quería—rechazo y divorcio.
Lo que no esperaba era que mi antes arrogante esposo un día me rogara que no me fuera…
Mi profesor vampiro
De hecho, era hábil y muy sexy. Dejé efectivo y me escapé a la mañana siguiente.
Más tarde, me topé con el «chico de compañía» en mi clase y descubrí que, de hecho, era mi nuevo profesor. Poco a poco, me di cuenta de que había algo diferente en él...
«Olvidaste algo».
Me regaló una bolsa de la compra delante de todos los que tenían cara de póker.
«Qué...»
Empecé a preguntar, pero ya se estaba alejando.
Los demás estudiantes de la sala me miraban fijamente, preguntándose qué me acababa de entregar.
Eché un vistazo al interior de la bolsa y la cerré al instante, sintiendo que la sangre salía de mi cuerpo.
Era el sujetador y el dinero que había dejado en su casa.
Paraíso Cruel - Un Romance Mafioso
Llamar por accidente a tu jefe...
Y dejarle un mensaje de voz subido de tono cuando estás, eh... «pensando» en él.
Trabajar como la asistente personal de Ruslan Oryolov es un trabajo infernal.
Después de un largo día satisfaciendo cada capricho del multimillonario, necesito liberar estrés.
Así que, cuando llego a casa esa noche, eso es exactamente lo que hago.
El problema es que mis pensamientos siguen estancados en el imbécil de mi jefe que me está arruinando la vida.
No pasa nada; porque de todos los muchos pecados de Ruslan, ser guapísimo podría ser el más peligroso.
Esta noche, fantasear con él es justo lo que necesito para llevarme al límite.
Pero cuando bajo la mirada hacia mi teléfono, aplastado a mi lado,
Ahí está.
Un mensaje de voz de 7 minutos y 32 segundos...
Enviado a Ruslan Oryolov.
Entro en pánico y lanzo mi teléfono al otro lado de la habitación.
Pero no hay forma de deshacer el daño causado por mi muy sonoro orgasmo.
Entonces, ¿qué puedo hacer?
Mi plan era simplemente evitarlo y actuar como si nunca hubiera pasado.
Además, nadie tan ocupado revisa sus mensajes de voz, ¿verdad?
Pero cuando programa una reunión a solas conmigo de exactamente 7 minutos y 32 segundos,
Una cosa es segura:
Lo.
Escuchó.
Todo.
El Latido Prohibido
La mía cambió en el tiempo que tomó abrir una puerta.
Detrás de ella: mi prometido Nicholas con otra mujer.
Tres meses hasta nuestra boda. Tres segundos para verlo todo arder.
Debí haber corrido. Debí haber gritado. Debí haber hecho cualquier cosa excepto quedarme allí como una tonta.
En cambio, escuché al mismísimo diablo susurrar en mi oído:
—Si estás dispuesta, podría casarme contigo.
Daniel. El hermano del que me advirtieron. El que hacía que Nicholas pareciera un niño de coro.
Se apoyó contra la pared, observando cómo mi mundo se desmoronaba.
Mi pulso retumbaba. —¿Qué?
—Me escuchaste. —Sus ojos se clavaron en los míos—. Cásate conmigo, Emma.
Pero al mirar esos ojos magnéticos, me di cuenta de algo aterrador:
Quería decirle que sí.
Que comience el juego.
El Arrepentimiento del CEO: Los Gemelos Secretos de Su Esposa Perdida
Aria Taylor despierta en la cama de Blake Morgan, acusada de seducirlo. ¿Su castigo? Un contrato matrimonial de cinco años—su esposa en papel, su sirvienta en realidad. Mientras Blake presume a su verdadero amor, Emma, en las galas de Manhattan, Aria paga las facturas médicas de su padre con su dignidad.
Tres años de humillación. Tres años de ser llamada la hija de un asesino—porque el coche de su padre "accidentalmente" mató a un hombre poderoso, dejándolo en coma y destruyendo a su familia.
Ahora Aria está embarazada del hijo de Blake. El bebé que él juró que nunca querría.
Alguien quiere matarla. La encerraron en un congelador, sabotearon cada uno de sus pasos. ¿Es porque su padre está despertando? ¿Porque alguien tiene miedo de lo que él pueda recordar?
Su propia madre intenta desconectarlo. La perfecta Emma de Blake no es quien aparenta ser. Y esos recuerdos que Aria tiene de salvar a Blake de un incendio? Todos dicen que son imposibles.
Pero no lo son.
A medida que los ataques se intensifican, Aria descubre la traición definitiva: La mujer que la crió podría no ser su verdadera madre. El accidente que destruyó su vida podría haber sido un asesinato. Y Blake—el hombre que la trata como propiedad—podría ser su única salvación.
Cuando su padre despierte, ¿qué secretos revelará? ¿Descubrirá Blake que su esposa lleva a su heredero antes de que alguien la mate? Y cuando él sepa quién realmente lo salvó, quién realmente lo drogó, y quién ha estado cazando a su esposa—¿se convertirá su venganza en su redención?












