
PROHIBIDO AMARTE: Mi padrastro, mi pecado
Emily Rose · En curso · 65.1k Palabras
Introducción
Valeria, que está acostumbrada a la libertad y a la rebeldía, choca de inmediato con las estrictas normas de Alejandro. Lo detesta... hasta que descubre que bajo esa fachada de dureza se esconde un hombre atormentado, marcado por la pérdida y un oscuro secreto.
Lo que comenzó como rechazo pronto se transforma en una atracción peligrosa e imposible de ocultar. Ella sabe que amarlo está mal, y él sabe que desearla es un pecado.
Pero, cuando el deseo se enciende, ¿quién puede detener lo prohibido?
Capítulo 1
El sonido de las campanas de la iglesia retumbaba en mis oídos como un eco lejano, marcando un ritmo que no coincidía con los latidos desbocados de mi corazón.
Afuera, la lluvia caía con fuerza, golpeando los ventanales como si el cielo entero llorara la misma pérdida que yo.
Delante de mí, el ataúd de madera clara estaba cubierto de lirios blancos, las flores favoritas de mi madre.
El perfume dulce se mezclaba con el incienso, envolviendo el ambiente en un aroma sofocante que me hacía sentir que apenas podía respirar.
No lloraba. No porque no quisiera, sino porque las lágrimas simplemente se me habían agotado.
Desde que me dieron la noticia del accidente, una especie de vacío se instaló en mi interior, como si alguien hubiera arrancado de raíz mi alma y me hubiera dejado hueca.
Tenía diecinueve años. Y me había quedado sola en el mundo.
A mi lado, algunas voces murmuraban condolencias, frases repetidas, huecas, que no lograban atravesar la barrera de mi dolor.
«Lo siento mucho», «tu madre era una gran mujer», «ahora descansa en paz…»
Eran palabras que rebotaban en mis oídos sin sentido. Y entonces, mi mirada se encontró con él.
De pie, frente al altar, estaba Alejandro. Mi padrastro. Vestía un traje negro impecable, la corbata perfectamente anudada, y su rostro, serio y pétreo, no mostraba ni una grieta.
No temblaba, no lloraba, no mostraba ningún signo de emoción. Era la encarnación de la serenidad.
La gente lo miraba con respeto, como si él fuera el que más lo estaba pasando mal, como si su entereza fuera admirable. Pero a mí me hervía la sangre.
Lo odiaba. Odiaba esa calma, esa frialdad, esa manera de recibir las condolencias con un apretón de manos y un leve asentimiento, como si hubiera ensayado el papel del viudo perfecto.
Yo quería verlo roto, devastado, de rodillas como yo lo estaba por dentro. Quería verlo humano. Pero Alejandro parecía hecho de mármol.
—Valeria —su voz grave me sacudió de golpe—. Es hora de irnos.
Me volví hacia él, con los ojos ardientes por la rabia. ¿Irnos? Apenas acababan de cerrar la lápida y él ya hablaba de marcharse, como si todo fuera un trámite más en su agenda.
—No voy a vivir contigo —le escupí, con un hilo de voz que temblaba entre la furia y la desesperación.
Sus ojos grises se clavaron en mí. No había enojo en ellos, tampoco compasión. Solo firmeza, una dureza que no admitía réplica.
—No tienes opción. Tu madre lo dejó escrito en su testamento. Estoy a cargo de ti hasta que seas independiente.
Era una sentencia. Una cadena invisible que se cerraba a mi alrededor.
---
La mansión Cruz se alzaba imponente al final de una larga avenida privada, rodeada de altos muros de piedra y árboles perfectamente podados.
La conocía de visitas pasadas, cuando mi madre aún vivía, pero nunca había pasado más de una tarde allí. Ahora, la perspectiva de dormir entre sus paredes heladas me hacía sentir atrapada.
Las puertas de hierro se abrieron automáticamente al paso del automóvil negro que Alejandro conducía.
Yo me encogí en mi asiento, observando cómo el camino empedrado nos llevaba hasta la entrada principal.
Dos columnas blancas daban la bienvenida, sosteniendo un pórtico elegante que parecía sacado de una revista de arquitectura.
Al bajar, una ráfaga de viento frío me golpeó. La lluvia había cesado, pero el cielo seguía gris, igual que el edificio frente a mí.
—Bienvenida a tu nuevo hogar —dijo Alejandro, con un tono que no sonaba a bienvenida en absoluto.
Entramos al vestíbulo. El mármol blanco relucía bajo la luz de las lámparas de araña. Cuadros de paisajes colgaban de las paredes, cada cosa en su lugar, perfecto, ordenado y vacío.
No había ni un solo rastro de mi madre. Ni una foto, ni un recuerdo, nada que gritara que ella había vivido allí.
El eco de mis pasos me hizo sentir como una intrusa en un museo.
—Señorita —una mujer uniformada apareció enseguida, inclinando la cabeza—. Su habitación está lista.
Asentí en silencio, siguiéndola por la amplia escalera que conducía al segundo piso. Alejandro caminaba detrás, como una sombra que no podía sacudirme.
Al entrar en la habitación, me encontré con un espacio impecablemente decorado. Cama amplia con sábanas blancas, un escritorio nuevo, cortinas de terciopelo en color beige.
Todo perfectamente dispuesto, como si hubiera sido diseñado por un decorador de interiores. Y, sin embargo, no había vida. No era mi cuarto.
Solté mi pequeña maleta en el suelo y comencé a sacar mis cosas. Mis jeans doblados, mis camisetas arrugadas, mis pocos libros. Cosas normales que contrastaban con aquella perfección asfixiante.
No escuché que la puerta se abriera hasta que lo vi. Alejandro entró sin llamar, ocupando el umbral con su imponente presencia.
—Hay reglas en esta casa —dijo con voz grave —. No quiero fiestas, ni salidas sin avisar. Aquí hay horarios. Se cena a las ocho y espero respeto.
Me giré hacia él, con el ceño fruncido y el corazón golpeando en mi pecho.
—¿Respeto? —espeté con sarcasmo—. No eres mi padre.
Un músculo se tensó en su mandíbula, pero su expresión permaneció inmutable.
—No lo soy —admitió sin titubear—. Pero mientras vivas aquí, tendrás que acatar mis reglas.
El silencio se volvió pesado. Yo lo miraba con odio, pero en el fondo algo más me descolocaba: la forma en que sus ojos grises me atravesaban, esa intensidad que me erizaba la piel sin que yo lo quisiera.
Sacudí la cabeza, intentando borrar la absurda idea que se cruzaba por mi mente. Era mi padrastro. El esposo de mi madre muerta. Pensar en él de otra manera era un sacrilegio.
Él sostuvo mi mirada unos segundos más y luego, sin una palabra, salió de la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
---
Esa noche me tumbé en la cama, incapaz de conciliar el sueño. El silencio de la mansión era sepulcral, roto solo por el tic-tac lejano de un reloj.
Me revolvía entre las sábanas, recordando una y otra vez el funeral, la voz de mi madre, su risa, sus caricias. El dolor me oprimía el pecho hasta dejarme sin aire.
Y, contra mi voluntad, la imagen de Alejandro se colaba entre esos recuerdos. Su mirada intensa, su voz grave, su presencia imponente.
Me odiaba por eso.
Me repetía que lo detestaba, que lo culpaba de no haber cuidado a mi madre, de no haberla salvado. Me convencía de que era solo rencor lo que me hacía temblar cuando estaba cerca.
Pero en el fondo, muy en el fondo, sabía que no era solo odio.
Algo dentro de mí se estremecía cada vez que pensaba en él. Algo prohibido, algo que no debería sentir.
Cerré los ojos con fuerza, intentando acallar esa voz interna. Pero mientras el sueño me arrastraba lentamente, lo último que vi en mi mente fue el rostro de Alejandro, serio y distante, como si me vigilara incluso en la oscuridad.
Últimos capítulos
#62 Capítulo 62 — Frustración
Última actualización: 1/6/2026#61 Capítulo 61 — El Escape
Última actualización: 1/6/2026#60 Capítulo 60 — El placer es lo que nos une
Última actualización: 11/4/2025#59 Capítulo 59 — Embarazada
Última actualización: 11/3/2025#58 Capítulo 58 — La calma en el deseo
Última actualización: 10/21/2025#57 Capítulo 57 — La Traición Escrita
Última actualización: 10/21/2025#56 Capítulo 56 — Paranoia
Última actualización: 10/16/2025#55 Capítulo 55 — La Tumba de mi madre
Última actualización: 10/17/2025#54 Capítulo 54 — Inesperado
Última actualización: 10/16/2025#53 Capítulo 53 — Entregada a mi padrastro
Última actualización: 10/14/2025
Te podría gustar 😍
Reconocida por un líder de la mafia
«¿Por qué sigues persiguiéndome?» Preguntó en voz baja, esforzándose por mantener la compostura. Ella parece perder el aliento con solo verlo. Como era de esperar, no dijo ni una palabra, ya que sus ojos fríos persisten en su rostro: «¿Te gusto?» Además, hizo una pregunta, ignorando la indiferencia en su semblante.
Esta vez, le cogió un mechón de cabello en la oreja, retorciéndose al alcance de sus dedos. «¿No crees que es una gran palabra, Campanita?» Susurró, acercándose, para que ella pudiera sentirlo. Sin embargo, sus ojos aún estaban oscuros y vacíos, desprovistos de emoción. Ella tragó sorbos discretamente, sin saber qué podía estar pasando por su cabeza. «Blancanieves es natural, se me acaba de ocurrir que eres la primera mujer a la que reconozco como mujer»
Es la chica buena. Ella no es diferente de una aburrida introvertida, una mujer reservada que hablaba poco. No logró una relación mutua con su familia. Con el tiempo, se enamoró de un hombre que no estaba fuera de su alcance. Pero este hombre la quebró y la dejó destrozada, lo que hizo que se odiara a sí misma.
Justo cuando estaba recuperando su yo roto, Zachary González entró en su vida con sus misterios.
Falso Matrimonio con el Poderoso Enemigo de Mi Ex
Hasta que descubrí que Niall, guapísimo alfa de la manada vecina, era mi pareja destinada. Por fin llegaba mi turno de ser elegida.
Dios, qué ingenua fui.
Cuatro años de compromiso infernal. Teñiéndome el pelo de rubio para complacer sus gustos. Metiéndome en vestidos ajustados, haciendo de su sirvienta personal… solo para oír que serviría más como empleada que como pareja.
Todo porque su corazón le pertenecía a mi hermana.
Esa noche, tiré sin querer el portarretratos con su foto. Me abofeteó. Fuerte. Dijo que nunca estaría a su altura.
Así que lo abofeteé de vuelta, hice pedazos su foto y acepté su rechazo.
Creí que ahí terminaba todo. Hasta que los encontré en el club, riéndose de lo patéticos que habían sido mis cuatro años de intentos. Todo el compromiso había sido su juego enfermo.
Borracha y furiosa, hice algo imprudente con mi misterioso vecino. El alfa Hudson, rostro esculpido por los dioses, peligro en cada línea perfectamente hecha a su medida.
Lo más importante: es el némesis de mi ex.
¿Y qué? El mejor sexo de mi vida.
Pensé que sería un simple encuentro de una noche para olvidar.
Me equivoqué otra vez.
Es más rico que Niall, más poderoso que mi familia e infinitamente más peligroso.
Y no piensa dejarme ir.
Esta vez, no voy a ser la segunda opción de nadie.
Reclamada por El Multimillonario
Su voz era fría, afilada como el acero.
—Espera… debe de haber un error.
—Firma los malditos papeles —dijo, con la voz baja y cortante como una navaja.
Tragué saliva.
Las amenazas de mi padre resonaron en mi mente: Si no lo haces, no volverás a ver a tu hijo.
Y firmé.
Elizabeth Harper nunca debió casarse con él. Él era peligro vestido con un traje a la medida, riqueza envuelta en silencio, poder oculto tras unos ojos azules y fríos.
Un error, una firma en la sala equivocada, y ahora está atada a Christian Reed, el despiadado multimillonario conocido por destruir imperios… incluido el de su propia sangre. Se suponía que debía ser invisible, obediente y desechable.
Paraíso Cruel - Un Romance Mafioso
Llamar por accidente a tu jefe...
Y dejarle un mensaje de voz subido de tono cuando estás, eh... «pensando» en él.
Trabajar como la asistente personal de Ruslan Oryolov es un trabajo infernal.
Después de un largo día satisfaciendo cada capricho del multimillonario, necesito liberar estrés.
Así que, cuando llego a casa esa noche, eso es exactamente lo que hago.
El problema es que mis pensamientos siguen estancados en el imbécil de mi jefe que me está arruinando la vida.
No pasa nada; porque de todos los muchos pecados de Ruslan, ser guapísimo podría ser el más peligroso.
Esta noche, fantasear con él es justo lo que necesito para llevarme al límite.
Pero cuando bajo la mirada hacia mi teléfono, aplastado a mi lado,
Ahí está.
Un mensaje de voz de 7 minutos y 32 segundos...
Enviado a Ruslan Oryolov.
Entro en pánico y lanzo mi teléfono al otro lado de la habitación.
Pero no hay forma de deshacer el daño causado por mi muy sonoro orgasmo.
Entonces, ¿qué puedo hacer?
Mi plan era simplemente evitarlo y actuar como si nunca hubiera pasado.
Además, nadie tan ocupado revisa sus mensajes de voz, ¿verdad?
Pero cuando programa una reunión a solas conmigo de exactamente 7 minutos y 32 segundos,
Una cosa es segura:
Lo.
Escuchó.
Todo.
Canción de corazón
Me veía fuerte, y mi loba era absolutamente preciosa.
Miré hacia donde estaba sentada mi hermana y ella y el resto de su pandilla tenían la cara llena de celos y furia. Luego miro hacia donde están mis padres y miran fijamente mi foto, si tan solo miradas pudieran incendiar mi porquería.
Les sonrío y luego me doy la vuelta para mirar a mi oponente. Todo lo demás se desvanece excepto lo que había aquí en esta plataforma. Me quito la falda y el cárdigan. De pie solo con mi tanque y capris, me pongo en posición de combate y espero a que comience la señal: para luchar, demostrar y no esconderme más.
Iba a ser divertido. Pensé, con una sonrisa en la cara.
Este libro «Heartsong» contiene dos libros: «Werewolf's Heartsong» y «Witch's Heartsong»
Solo para adultos: contiene contenido sobre temas de adultos, sexo, abuso y violencia
La Alimentadora del Rey Vampiro
—Emory: Nací para ser la Alfa de mi manada, la primogénita de mi padre. Pero ahora... estoy aquí, en el castillo de nuestro mayor enemigo, el Rey Vampiro. Debería odiar a Kane Alexander, pero cuanto más tiempo paso con él, más lo anhelo de maneras que no puedo entender. No estoy aquí para ser su amante, sin embargo. Estoy aquí para ser su alimentadora. Pero incluso antes de que sus labios rocen mi piel por primera vez, sé que me entregaría a él de todas las formas imaginables si tan solo me lo pidiera.
—Kane: Anhelo probar a la cambiaformas lobo, pero no su sangre, su cuerpo... su esencia. La quiero de todas las formas imaginables. Pero ya estoy comprometido para casarme con otra vampira de sangre pura, y si cancelo eso, he condenado a mi reino a otra guerra. Tiene que haber una manera de mantener a Emory Moonraker como mi alimentadora pero no reclamarla en mi cama. Aún no lo he descubierto, y cada vez que miro en sus ojos jade, olvido todo y a todos excepto a ella. Pero tengo enemigos, y cada momento que pasa aquí en mi hogar, el Castillo Graystone, está en peligro.
Mamá por acuerdo: Corazón roto por el CEO
Pero cuando él insiste en concebir de forma natural, todo se descontrola. Entre encuentros ardientes y emociones que no deberían existir, Valentina cae. Él también... aunque nunca lo admitiría.
Hasta que nace el bebé.
Hasta que Damián desaparece.
Años después, el magnate regresa con una verdad que ya no puede callar: la perdió. Y ahora está dispuesto a recuperarla... aunque tenga que enfrentarse al mayor miedo de su vida: amar.
PROHIBIDA PARA ÉL Bajo la tutela de mi tío
Ahora está bajo la autoridad de Adrian Cameron, su tío: frío, dominante y decidido a controlar su futuro hasta que ella cumpla veinticinco.
La convivencia forzada, el duelo y una atracción prohibida convierten cada enfrentamiento en una guerra silenciosa, donde los límtes entre la protección y poder se difuminan. Donde el deseo y la moral se baten en una batalla de voluntades.
Porque cuando el hombre que debe cuidarte es el mismo que te obsesiona, el peligro no es romper las reglas…
es querer hacerlo.
Un dark romance donde el autocontrol será puesto a prueba. Hay hombres que jamás debieron convertirse en guardianes.
El Alfa Malvado Me Marcó
Pero una cacería sale mal, cambiando el curso de su vida para siempre.
Saviour ha esperado a su compañera toda su vida, pero no tanto como su madre. El día que atrapan a la cazadora, Saviour sabe que todo está a punto de cambiar, pero está decidido a controlar el rumbo del barco que se hunde rápidamente que es su vida. Primer hijo de tres, nacido del Rey Alfa Raphael. Pero necesitará una compañera para tomar el trono y restaurar el lugar de su madre como ‘compañera más valorada’.
¿Cómo puede hacer eso cuando su compañera es una rechazada?
Raven pronto se da cuenta de que está en un mundo lleno de secretos y mentiras. Uno en el que debe desempeñar un papel significativo.
De cazadora a cautiva, y de cautiva a reina.
—Invadiste nuestras fronteras con la intención de matar a nuestros hombres, mujeres y niños. Eres una traidora que no merece vivir. Es misericordioso que el Rey Alfa te perdone la vida. Pero siempre caminarás en la piel que odias. Obligada a vivir como uno de nosotros, una cautiva de Darkwaters.
Luna de Sombras y Plata
Los gemelos Alfa de una manada vecina captan su olor y le proponen un contrato de matrimonio—que Tyranni acepta.
Ahora, lucha con la dicotomía de quién fue y quién quiere ser. Debe navegar entre sus crecientes deseos hacia sus nuevos esposos y sus sentimientos persistentes hacia los hombres de su antigua manada.
Pero no todo es lo que parece. Su nueva vida como Luna es casi demasiado perfecta para ser verdad. Surge la amenaza de los renegados, la muerte de su padre está envuelta en misterio, y sus sueños antes crípticos se han convertido en pesadillas reales.
Tyranni debe descubrir la verdad—sin importar cuán dolorosa sea, y decidir dónde yace su lealtad...
Cadenas de Seda y Foco
Ciel Reid no es ajeno al escándalo. Como un actor rebelde con una reputación de chico malo, ha escalado hacia la fama, dejando un rastro de caos. Pero cuando su carrera se tambalea al borde de la ruina, aparece un salvavidas en forma de Xerxes Laurent—un CEO implacable con secretos tan oscuros como sus trajes.
Xerxes le ofrece una oportunidad para recuperar su estrellato, pero hay una trampa: un contrato para un compromiso falso que convertirá a Ciel en su peón. Lo que comienza como un retorcido trato de negocios pronto se convierte en un juego de alto riesgo de poder, deseo y traición.
En Cadenas de Seda y Reflectores, la pasión arde, las lealtades se rompen y nada es lo que parece.
Prisión del Destino
—Déjame decirte: te encontrarás con el desdén de tu esposo y sufrirás por la negligencia emocional.
—Incluso podría andar con otras mujeres a tus espaldas...
—No pude soportar más esta vida, así que decidí divorciarme de mi esposo.
—Pero después del divorcio, él se volvió loco buscándome, incluso se arrodilló frente a mí, rogando por mi perdón y pidiéndome que lo aceptara de nuevo.
—¡Los hombres pueden ser tan patéticos!
—¿Debería perdonarlo?












