
Seduciendo al enemigo: La falsa amnesia de la empleada
Lizzy Bennet · En curso · 131.0k Palabras
Introducción
Un altercado con un cliente en la joyería más prestigiosa del país hace que el implacable CEO, Ian Sterling, despida a Emma sin parpadear. Pero tras una fuerte discusión y una caída accidental, Emma despierta en el hospital con un diagnóstico de amnesia.
Para evitar una demanda millonaria que destruya la inminente fusión de su imperio, Ian se ve obligado a llevársela a vivir a su casa bajo una red de mentiras piadosas.
Lo que Ian no sabe es que el bloque de memoria de Emma regresa antes de lo esperado. Ella recuerda perfectamente al tirano que la echó a la calle. Sabiendo que necesita el empleo con urgencia y que está atrapada en la jaula de oro del enemigo, Emma decide jugar sus cartas: fingirá seguir desmemoriada y usará la convivencia forzada para seducir, ablandar y engatusar al CEO hasta volverse indispensable.
Sin embargo, en el juego de la manipulación, los corazones reales son los primeros en romperse. Entre secretos corporativos, un hermanastro resentido dispuesto a destruirlos y una atracción inevitable, la verdad saldrá a la luz.
¿Qué pasará cuando Ian descubra que la mujer de la que se enamoró solo estaba ejecutando una fría venganza?
Capítulo 1
Emma
Son casi las seis de la tarde, llevo más de cinco horas seguidas de pie, moviendome por la lujosa tienda Luxury mientras atiendo a los millonarios más importantes del país que vienen a comprar joyería para sus esposas… o amantes.
Sin embargo el dolor que tengo en los pies está haciendo que mi sonrisa de vendedora complaciente se tambalee en mis labios mientras atiendo al hombre que acaba de entrar.
Joven, imponente y con cara de que creer que todas las mujeres deseamos arrodillarnos ante él.
Puaj.
Es casi el mismo prototipo de hombre que el príncipe de los cretinos, alias mi jefe y el dueño de todas las joyerías Luxury del país… y fuera de este.
—Entonces ¿ya sabe que tipo de piedra desea para la pulsera? — pregunto con lo que espero que sea una sonrisa amable.
El hombre levanta la mirada y me da una sonrisa torcida antes de acercarse un poco más a mi, hasta el punto que me veo obligada a retroceder antes de decir:
—Lo cierto es que me he distraído enormemente de mi cometido y eso, lamento decir, es culpa suya.
—¿Disculpe? –Mi amabilidad empieza a menguar cuándo me doy cuenta de coqueteo descarado y la forma lasciva en que me mira.
Normalmente puedo manejar cierto grado de coqueteo inofensivo, pero hay algo en este hombre… algo en su mirada que enciende todas mis alarmas y consigue erizar los vellos de mi piel.
—O no, no te disculpo. De hecho me siento tentado a pedir una retribución por el daño que estás causando, yo en realidad necesitaba ese obsequio, pero me has desbaratado todos los planes…. sin embargo, conozco muy bien la forma en que puedes arreglarlo.
Siento como mi boc se abre sin poder creer lo que estoy escuchando. Es que ¿En serio eso le ha funcionado antes?
Siento como mi ceño se frunce aunque sigo intentando conservar algo de mi sonrisa de vendedora en el rostro.
—Lamento que se sienta de esa forma, puedo mostrarle nuevos diseños si desea y….
—No me estás entendiendo, no me interesan las joyas, ahora mismo prefiero llevarme a la belleza que tengo enfrente mío, así que ¿por qué no vas y buscas tus cosas para que nos vayamos de aquí?
La rabia se enciende en mi interior como si de fuegos artificiales se tratara y me obligo a tomar un respiro profundo antes de decir:
—Lo lamento pero lo único en venta aquí son las joyas, si no le interesa llevar ninguna entonces no puedo ayudarlo.
Nada más escucharme todo el rostro del hombre pijo y respingado se transforma en una mueca de rabia e indignación, seguramente no está acostumbrado a que le digan que no, pero lo cierto es que eso a mi poco me importa.
No es mi trabajo sobarle el ego a ningún hombre.
—¿Acaso no sabes con quién estás hablando? — me dice y antes de que pueda contestar y decirle que no y tampoco me importa, él se mueve con rapidez hacia mi apresando mi brazo con fuerza.
Un jadeo entre sorpresa y miedo escapa de mis labios antes de intente zafarme de su agarre.
—Pero qué hace ¡Suélteme!
Forcejeo con todas mis fuerzas, pero es inutil, su mano no se afloja ni un poco y ahora veo como una sonrisa de satisfacción se forma en sus labios, el maldito está disfrutando esto, le pone lastimarme y le pone aún más que me queje.
—Mira nada más, eres toda una fiera, podríamos estar haciendo algo mucho más divertido con ese caracter tuyo si no hubieses sido una perra mojigata.
Lo absurdo de su insulto me haría gracia en cualquier otro momento y le diría que no puedo ser mojigata si soy una perra, pero la verdad es que su cara de desquiciado me tiene demasiado asustada y la fuerza que hace en mi brazo me tiene tan adolorida que la visa se me está nublando.
— ¡Le he dicho que me suelte! Si no lo hace voy a empezar a gritar y juro que puedo despertar a toda la ciudad si así lo quiero.
Al oírme veo como se emociona aún más y casi quiero golpearme por la estupidez que acabo de decir.
—O si nena, me encantaría oírte gritar…
Harta de escucharlo y sintiendo que el miedo y la adrenalina se apoderan de mi, pongo en practica lo poco que he aprendido de mis clases de defensa y relajo el cuerpo lo suficiente para que él cre que ha ganado.
Cuando veo que lo nata y su agarre de relaja me encargo de levantar mi pierna con todas mis fuerzas y darle un rodillazo en la entrepierna que lo hace caer al suelo.
—¡Maldita perra! Voy a destruirte desgraciada — Me grita desde el suelo.
Siento como la adrenalina sigue fluyendo en mi interior y tomando mi celular le digo:
— Si no sale de aquí ahora mismo voy a llamar a la policía.
El asqueroso acosador se levanta tapándose los huevos y camina encorvado a la salida lanzándome miradas de odio. Cuando llega a la puerta me dice:
— No sabes lo que hiciste, voy a destruir tu mundo.
Y con eso sale de la joyería. Me apresuro a cerrar con llave y solo cuando me quedo sola permito que los ojos se me llenen de lágrimas y miro el daño en mi brazo donde una marca horrible se está formando.
Hoy no ha sido mi día.
Casi dos horas después, me encuentro en mi minúsculo apartamento que comparto con Óscar Antonio, mi gato con sobrepeso que mira a todo el mundo con odio.
Me he bañado y cambiado, pero la sensación horrible en la piel no se va. Para intentar calmar los nervios, me preparo un té y me siento en el sofá. Busco mi celular para relajarme y evadirme un poco de la pesadilla de tarde que acabo de tener, pero en cuanto enciendo la pantalla, el aparato empieza a vibrar como si fuera a estallar.
Tengo decenas de mensajes de texto, llamadas perdidas y notificaciones de mis compañeras de la tienda.
Con el corazón en la garganta, abro el chat de Lucía, la cajera del turno de la mañana. Lo primero que veo es un enlace de una red social junto a un mensaje suyo que dice: “¡Emma, dime que esto no es real! Dios mío, estás en todas partes”.
Se me congela la sangre. Con los dedos temblorosos, hago clic en el enlace.
Es un hilo viral en la plataforma de noticias que está subiendo como la espuma. El titular, acompañado de una foto borrosa de la joyería y una imagen de perfil del tipo de esta tarde, me hace perder el aliento:
@ChismesCorporativos: "ESCÁNDALO: El importante magnate Derek Sterling es agredido salvajemente por una vendedora en la tienda insignia de su hermanastro y rival, Ian Sterling. Fuentes aseguran que la empleada actuó de forma desquiciada. ¿Será esto una estrategia sucia en la guerra por el control del imperio joyero?"
Me quedo de piedra, mirando la pantalla sin poder creer lo que leo.
¿Ese maldito infeliz es Derek Sterling? ¿El hermanastro y enemigo jurado de mi jefe?
En los comentarios, la gente ya está exigiendo mi cabeza, tachándome de violenta, y los medios sugieren que Ian Sterling me usó para atacar a su hermano. El chisme ha escalado a nivel nacional en cuestión de minutos.
Antes de que pueda procesar el tamaño del problema en el que metí, la pantalla cambia. El logo de la empresa parpadea en una notificación prioritaria. Es un mensaje directo del "príncipe de los cretinos", mi jefe supremo en persona:
Mañana 7:00 a. m. en punto en mi oficina. Trae tu identificación de la empresa.
Oh, mierda... El mensaje no es para hablar. Es mi sentencia. He destruido mi mundo y acabo de encender una guerra entre los dos hombres más peligrosos del país.
Últimos capítulos
#127 Capítulo 127 No te muevas
Última actualización: 10/14/2026#126 Capítulo 126 Deja de darme ordenes
Última actualización: 10/14/2026#125 Capítulo 125 ¡NOS VAMOS!
Última actualización: 10/10/2026#124 Capítulo 124 Que lo intente
Última actualización: 10/8/2026#123 Capítulo 123 Tu padre
Última actualización: 10/6/2026#122 Capítulo 122 No puedo hacer eso...
Última actualización: 10/6/2026#121 Capítulo 121 Trabajan juntos...
Última actualización: 10/6/2026#120 Capítulo 120 Problemas en el paraiso
Última actualización: 10/8/2026#119 Capítulo 119 Se fue...
Última actualización: 10/6/2026#118 Capítulo 118 VETE A LA MIERDA
Última actualización: 10/4/2026
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