
Un Contrato con el Conde
Thammy · Completado · 159.2k Palabras
Introducción
Ahora Selene Scott tiene un contrato de matrimonio por un año. En el que se dice de manera expresa que no podrá acostarse con su marido. Pero los besos de él, harán que ella no pueda guardar su corazón bajo llave, pues poco a poco se comienza a enamorar de su jefe. Ahora que ella y el comparten junto habitaciones ella tendrá que poner una distancia entre ellos.
¿Qué hará Selene durante el viaje a Italia?
¿Steven se dará una oportunidad para el amor?
Capítulo 1
Selene Scott se quedó muy extrañada con las palabras que había dicho su jefe, no comprendía por qué estaba tan enojado y a la vez preocupado, cuando la llamo ese fin de semana. Además, no había hablado con él desde el viernes por la tarde antes de ir a casa. De modo que esa llamada del fin de semana fue tan inesperada como la noticia de que debía hacer una prueba para algo que él necesitaba.
Lo raro era que esa reunión, tendría lugar a primera hora de la mañana, el día lunes, en su casa y en privado. Algo extraño en Steven Wolf, ella había olvidado preguntar para qué la quería tan temprano. Ella pensó que a su jefe le pasaba algo, para que la llamara a su casa, y un fin de semana, y que ella se presentará el lunes.
Y tenía que acudir a esa reunión, ya que dependía del sueldo como su secretaria, y esa prueba que tenía que hacer la preocupaba. Si tan solo llevaba trabajando con él tres meses. Si tenía suerte y esa prueba la ayudaba a un dinero extra, lo haría lo que él dijera, ni ella sabía para qué la quería.
Tal vez podría ganar lo suficiente como para arreglar unas cuantas cosas en casa y pagar algunas deudas. Al llegar a su mansión, un hombre tan grande como una montaña abrió la puerta y se quedó mirándola sin expresión.
— ¿Buenos días, está el señor Steven Wolf?. —le preguntó Selene cuando el hombre montaña no se molestó en decir una palabra.
— ¿Y usted es?
— Selene Scott, la secretaria del señor Wolf.
— ¿Documento de identidad?
— Está usted loco.
— Por favor señorita entiéndeme.
— ¡Oh!, si está bien, aquí tiene.
Otra cosa que le había parecido raro, era que él le habían pedido que llevase su pasaporte. El hombre montaña examinó su permiso de conducir, lo que ella le había dado al hombre de la entrada, dejó escapar una especie de gruñido y dio un paso atrás.
— Sígame. —Selene vaciló antes de entrar en un vestíbulo tan lúgubre y anodino como el exterior de un mausoleo, pero cuando el hombre montaña abrió una puerta…
Si había algo completamente opuesto al lúgubre vestíbulo era aquel fabuloso corredor, hasta llegar a una salita estar, allí había un piano de cola, pero no tuvo tiempo de seguir pensando porque el hombre montaña se detuvo por fin, abrió una puerta y le hizo un gesto para que entrase.
Era un estudio muy elegantemente decorada a un estilo antiguo, con varios sofás de piel oscura separados por una mesa. Hay estaba él, su jefe Steven Wolf, sentado en uno de los sofás, leyendo un documento. Sus ojos se encontraron con los de ella, mientras la puerta se cerraba tras ella y Selene sintió un escalofrío.
— Señorita Scott. —la saludó, ofreciéndole su mano.
— Como esta, cómo pasó el fin de semana.
— Diríamos que un poco intrigada por sus palabras al llamar a mi casa.
— Bueno, ahora está en la mía, espero que Alfred el allá tratado bien.
— Bien, me pidió mi identificación.
— Todos mis hombres, siempre piden algún documento.
— Bueno que le puedo decir, ahora dígame para que me ha citado en su casa.
— Tomé asiento Selene.
— Umm... Murmuró ella, sentándose en el sofá frente a su escritorio.
Selene no solía ruborizarse, pero había algo en aquel hombre, en su jefe, y la ponía extrañamente nerviosa. Era guapísimo. Tan alto como el hombre montaña, pero menos imponente, llevaba una camisa blanca, pantalón gris y corbata azul eléctrico, pero fueron sus ojos lo que capturó su atención desde el mismo momento que ella comenzó a trabajar con él. Ese color de sus ojos, azul cielo, se veía más imponente con su traje. Su espeso cabello castaño, enmarcaba un rostro esculpido como el de un Adonay y olía de maravilla.
— ¿Quiere tomar algo?. —Selene, tenía la boca seca, y solo pidió un vaso de agua.
— Sí, un vaso de agua, por favor.
— ¿Normal o con gas?
— Normal. —por poco no se desmaya por culpa de esa voz tan ronca y masculina y ese rostro tan atractivo, Selene de verdad se electrizó con esa voz… tan oscura y viril. Y ese acento, era irresistible también.
— ¿Sabe por qué está aquí?. —él preguntó él, mientras abría una botella de agua. Por un momento, Selene se preguntó de qué estaba hablando. ¿Qué le pasaba? Había ido allí para una prueba y él le estaba preguntando eso.
— Me ha dicho que viniera a hacer una prueba, pero no me ha dicho los detalles.
— Cierto, disculpa, estoy pensando en otra cosa.
Selene lo miró atentamente. Su aspecto inmaculado, zapatos tan pulidos que podría usarlos como espejos. Steven Wolf no parecía un hombre de lo que ella trataba. Pero ella estaba allí para una prueba y aquello era muy extraño.
— La verdad no se para que me ha hecho venir, señor Wolf. O es que no hay ninguna prueba.
— ¿Cómo? —Steven Wolf dejó un vaso de agua sobre la mesa y volvió a sentarse en el sofá, frente a ella. — ¡Ah la prueba! Es una tapadera, Selene, ya te explico. —le dijo, mirándola a los ojos sin pestañear. — Necesito que me ayude en algo Selene, vea, necesito que me acompañe, como mi novia, a la casa de mi familia en roma durante dos semanas.
Selene se tomó de un trago la mitad del vaso de agua. Ella nunca había estado en roma, donde todo era moda y grandes mansiones, y considerado uno de los países más ricos del mundo. Solo los millonarios podían permitirse vivir allí y personas con títulos.
— Si acepta mi proposición, estoy dispuesto a pagarle doscientos mil dólares y a cubrir todos sus gastos. —Selene lo miró, boquiabierta. Era una cantidad astronómica, diez veces lo que había ganado el año anterior. No podía ser, debía haber oído mal.
— ¿Ha dicho que va a pagar doscientos mil dólares? —Steven Wolf asintió con la cabeza.
—! Eso he dicho, Selene!.
— Pero es mucho dinero… —empezó a decir Selene, sin poder disimular su inquietud.
— ¿Qué espera que haga por tal cantidad de dinero?
— Primero hay ciertas cosas que discutiremos si llegamos a un acuerdo, pero lo importante es que debes actuar como si estuviese enamorada de mí.
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Última actualización: 7/8/2026
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