
Una segunda oportunidad para el mafioso despiadado
GVSTELLARISS · En curso · 71.3k Palabras
Introducción
Jasmine Torres aceptó casarse con Dorian Clark, el temido y despiadado líder de la mafia, como un sacrificio para proteger a su familia. Soportó su frialdad de día y su posesividad salvaje de noche, entregándole su corazón en silencio. Pero cuando el milagro ocurrió y quedó embarazada, el mundo se derrumbó. Condenado por una vieja herida a la infertilidad, Dorian creyó que ella lo había traicionado con su peor enemigo.
Humillada, rota y temiendo por la vida de su bebé, Jasmine huyó sin dejar rastro.
Cuatro años después, el destino los vuelve a cruzar. Dorian acorrala a su esposa fugitiva dispuesto a castigar su traición, pero se detiene en seco al ver al niño que lleva en brazos: el pequeño Haru, un niño adorable que es el vivo retrato del capo. Tras descubrir que todo fue una monstruosa trampa de la envidiosa hermana de Jasmine, la verdad golpea al mafioso como una bala: su cuerpo siempre estuvo sano.
El hombre más peligroso de la ciudad está dispuesto a caer de rodillas por una segunda oportunidad... pero Jasmine ya no es la chica sumisa del pasado, y protegerá a su hijo del monstruo que alguna vez amó.
Capítulo 1
POV JASMINE
—Ese bastardo no es mío, Jasmine. Lárgate de mi vista antes de que termine con los dos.
Esas palabras seguían resonando en mi cabeza, cortando mi respiración como cuchillas afiladas, mientras miraba a través de la ventana empañada del auto de lujo. A mi lado, el perfil frío e imperturbable del hombre que ahora era mi dueño y señor parecía tallado en piedra.
Dorian Clark. El jefe de la mafia más temido de la ciudad. El monstruo del que todos hablaban en susurros y cuyas manos estaban manchadas de la sangre de sus enemigos. Se rumoreaba que sus dos prometidas anteriores habían muerto en extrañas circunstancias antes de llegar al altar. Y ahora, yo ocupaba ese lugar maldito.
Mi mano temblaba levemente sobre el encaje negro de mi vestido de novia. No había habido seda blanca para mí, ni flores frescas, ni una mirada de orgullo por parte de mis padres. Solo una ceremonia privada y sombría en la capilla subterránea de su mansión.
Había sido entregada a los lobos. Mi familia, consumida por las deudas y el miedo a los enemigos que los acechaban, me usó como moneda de cambio. Originalmente, era mi hermana mayor, Kathryn, quien debía casarse con él. Pero cuando surgieron los rumores de que Dorian había quedado gravemente dañado tras una sangrienta emboscada —rumores que aseguraban que su hombría y su capacidad de dejar descendencia estaban destruidas—, Kathryn montó en cólera. Ella no iba a ser la enfermera de un "monstruo lisiado e impotente". Así que lloró, manipuló a mis padres y, como siempre, me arrojaron a mí al precipicio.
"Es tu deber, Jasmine. Haz este sacrificio por la familia y no molestes al señor Clark", me había dicho mi padre antes de empujarme hacia el auto.
El vehículo se detuvo frente a las enormes puertas de hierro de la mansión Clark. El silencio dentro del auto era asfixiante, pesado, roto solo por el tic-tac de mi corazón desbocado. Dorian no se movió de inmediato. Mantuvo sus ojos fijos al frente, su mandíbula tensa marcando una cicatriz pálida que cruzaba su mejilla izquierda, un recordatorio de la guerra de bandas que casi le cuesta la vida.
—En este matrimonio no habrá amor, Jasmine —su voz, profunda y cortante como el hielo, vibró en el espacio cerrado—. No esperes herederos, y no esperes que comparta mi vida contigo. Serás la señora Clark ante el mundo para mantener el acuerdo con tu padre, pero una extraña para mí en cuanto crucemos esa puerta. No tolero la debilidad, ni las lágrimas, ni las preguntas.
Apreté los puños contra la tela de mi vestido, tragándome el nudo de humillación que amenazaba con ahogarme. Lo miré de reojo, notando la intensa y peligrosa energía que emanaba de él. A pesar de los rumores sobre sus heridas, Dorian Clark seguía luciendo como un depredador imponente, un hombre cuya mera presencia obligaba a los demás a arrodillarse.
—Entendido, señor Clark —respondí con la voz más firme que pude reunir—. No seré una molestia.
Él soltó una risa seca, carente de cualquier pizca de humor. —Eso espero. Cumple tu papel y sobreviviremos a esto.
Bajamos del auto en silencio. La mansión era un palacio de mármol y sombras, un reflejo exacto de su dueño. Fui escoltada a la habitación principal por uno de sus guardias, mientras Dorian se marchaba a su despacho sin volver a mirarme. Pensé, con una mezcla de alivio y tristeza, que pasaría mi noche de bodas sola. Pensé que su supuesta frialdad e impotencia serían mi escudo.
Qué equivocada estaba.
Pasada la medianoche, la puerta de la habitación se abrió de golpe. La luz de la luna llena entraba por el gran ventanal, iluminando la silueta de Dorian. Se había quitado el saco del traje y desabrochado los primeros botones de su camisa negra. No venía borracho, pero sus ojos oscuros brillaban con una intensidad salvaje, casi desesperada, que me hizo retroceder un paso en la cama.
—Dorian... —susurré, usando su nombre por primera vez.
Él no habló. Se acercó a la cama con pasos lentos y felinos, despojándose de la máscara de indiferencia que había llevado durante el día. Cuando sus manos, grandes y callosas, atraparon mi cintura, un escalofrío me recorrió por completo. No había delicadeza en él, pero sí una necesidad posesiva que me quemó la piel.
Esa noche descubrí que los rumores estaban equivocados. Dorian Clark no estaba muerto por dentro. Bajo esa capa de hielo diurna, se escondía un fuego violento y adictivo que me reclamó como suya una y otra vez en la penumbra, marcándome en la intimidad con una pasión que me dejó sin aliento.
Me entregué a él en silencio, creyendo ingenuamente que este fuego nocturno derrumbaría sus muros. No tenía idea de que, meses después, ese mismo hombre usaría su poder para destruirme. No imaginaba que la envidia de mi propia hermana ya estaba tejiendo una red de mentiras médicas sobre su supuesta infertilidad. Una trampa mortal que transformaría esta pasión en un infierno de celos y desprecio, obligándome a huir en una noche lluviosa para proteger la vida del milagro que ya comenzaba a crecer dentro de mí: nuestro pequeño Haru.
Últimos capítulos
#67 Capítulo 67 La batalla del mar negro
Última actualización: 8/4/2026#66 Capítulo 66 La ley de la carne y el hierro
Última actualización: 8/2/2026#65 Capítulo 65 La trampa del faro
Última actualización: 7/30/2026#64 Capítulo 64 Fuego en el puente del sur
Última actualización: 7/29/2026#63 Capítulo 63 La amenaza del Imperio
Última actualización: 7/29/2026#62 Capítulo 62 Fruto de la tormenta
Última actualización: 7/27/2026#61 Capítulo 61 El sello de la carne
Última actualización: 7/27/2026#60 Capítulo 60 La firma de la reina
Última actualización: 7/27/2026#59 Capítulo 59 Infierno en el muelle
Última actualización: 7/27/2026#58 Capítulo 58 Mamparos de sangre
Última actualización: 7/26/2026
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