Ni que la muerte nos separe

Ni que la muerte nos separe

Jade F. C. J · Completato · 103.7k Parole

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Introduzione

Nisha es una universitaria de diecinueve años fanática de las novelas románticas.
Cuando su compañero de clases, Max Stuart, aparece muerto en una habitación sombría con una bala en su frente, todo empieza a empeorar. Había sido un suicidio ya que se encontró una carta en su mano derecha y una pistola en la izquierda. Sin embargo, Max no parecía del chico que sufría de alguna depresión o de problemas. Todo lo contrario. Pero ¿quién podría saber realmente la verdad? Solo el mismísimo Max.
Nisha empieza a sentir cosas sobrenaturales a su alrededor, cosas que la aterran, pero cuando se aparece el mismísimo Max en su habitación como si no estuviera muerto las cosas cambian.
Max es un espíritu que aún no se atreve a irse de este mundo sin antes saber qué fue lo que le pasó. Nisha no tiene otra opción que ayudarlo. Demasiadas pistas y cabos sueltos encontrarán en el camino, tantos escenarios y varios sospechosos los harán entrar en duda.
Pero cuando los sentimientos entre ellos empiezan a crecer con forme pasa el tiempo, uno de los dos tiene que parar, porque sino Nisha será quién sufra de más cuando Max se vaya definitivamente de este mundo.

Capitolo 1

El goteo de agua me hace abrir los ojos con dificultad. Me dolía la cabeza y sentía que estaba tirada en algo duro. Cuando mi vista se aclara y logro sentarme en el cemento me doy cuenta de lo que realmente pasa: estoy en una alcantarilla. ¿Cómo llegué aquí? No logro recordar nada. Llevo una mano a la parte trasera de la cabeza ya que siento algún líquido vertiendo de ella. Cuando me veo la mano veo rojo: sangre.

Intento ponerme de pie pero al principio es inútil, me duele el cuerpo, las piernas, como si hubiera corrido un maratón. Tenía las zapatillas desgastadas y llenas de polvo. Mi pantalón estaba roto en las rodillas y mi chaqueta tenía algunos agujeros en los codos. Parpadeé varias veces sin entender lo que había pasado. ¿Cómo llegué aquí? ¿Qué me pasó? ¿Me desmayé acaso? ¿En donde estoy? El estar pensando y pensando hacía que mi cabeza doliera más.

Al final me pongo de pie, pero trato de recordar algo siquiera. Lo último que recuerdo era estar en clases. Matemáticas para ser exactos. Luego de eso salí con un grupo de amigos, pude distinguir a Loren y Jinni entre mi flashback. Pero luego de eso no recuerdo nada.

Camino hacia la salida, el sol me golpea la vista. Estoy en la alcantarilla del parque que está cerca de mi casa. El lugar estaba vacío como de costumbre. Miré a ambos lados tratando de encontrar algo o a alguien que me ayude a entender qué es lo que me pasó pero no había nadie.

Un extraño sonido me saca de mis pensamientos. Es un celular. Lo sentía dentro de mi chaqueta. Lo saco y veo al remitente: Loren. No dudé en contestar.

—¿Hola? —mi voz sonó rasposa y seca, como si necesitara tomar agua urgente.

—Nisha, gracias a Dios, te he buscado por todas partes, ¿donde estas? —me pregunta un tanto exaltada.

—Yo... no lo sé, quisiera saberlo también —logré responder.

—¿Estás bien? Suenas extraña.

—No sé qué me pasó, Loren, es solo que creo que me desmayé.

Hubo un silencio del otro lado de la línea.

—Quizás tenga una explicación. No puede ser por mensajes. Te veo en tu casa en diez minutos. —y cuelga. Quito el celular de mi oreja sin entender para después guardarlo. Camino hacia la casa que no queda muy lejos con algo de dificultad. La verdad es que sí me dolían las piernas. Como si hubiera hecho un montón de ejercicio. La tarde estaba cayendo, el pueblo era tan fantasma que las personas solo salían de sus casas para lo necesario. Fantasma o aburrido.

Cuando llegué a casa abrí la puerta para después cerrarla detrás de mi.

—¿Mamá? —tanteé, pero no recibí respuesta. Aún sigue en el trabajo. Subí a mi habitación y me quité toda la ropa sucia, me metí a bañar para relajarme un poco y quizás también se aclaren mis ideas. Mientras estaba en la ducha flashes vinieron a mí:

—¡No lo hagas!

Un grito. No conocía la voz. Estábamos en una habitación oscura, fue lo que pude recordar. Llevé mis manos a la cabeza y la apreté. ¿Qué me pasa? Salí de la ducha envuelta en una toalla, como estaba anocheciendo me puse solo una pijama ligera, dejando mi cabello suelto para que se secase. Mi habitación era mediana, color turquesa, una cama, un escritorio con espejo y mi ropero. No era nada del otro mundo. Y hasta desordenado estaba.

Abajo tocaron el timbre, así que salí de mi habitación y bajé las escaleras corriendo para poder abrir la puerta.

Loren.

—Al fin llegas —musité, cerrando cuando está dentro.

—Te ves pálida —me dice.

—No sé lo que me pasó —expliqué— Estaba desmayada en la alcantarilla del parque y sucia. ¿Me estoy volviendo loca?

—No lo estás —me dice como restándole importancia mientras se sienta en el sofá y me hace un gesto para que me siente yo también.

Me senté en el sillón de enfrente.

—Es solo que me habías dicho que no habías comido en todo el día y te sentías mareada, eso es todo. De seguro cuando llegaste allí tu cuerpo no pudo más y te desmayaste por eso. —explicó— Es por eso que te traje una pizza —me muestra la bolsa que traía en su mano que por alguna razón no había visto. Y sí, había una pizza de sólo seis trozos.

Mi estómago rugió. Quizás era cierto.

—No recuerdo cómo llegué allí —tomé la caja.

—Suele pasar, Nisha, tranquila —la abrimos. El olor a pizza hace que me olvide de mi paranoia y me concentre solo en comer. Quizás no era para tanto, quizás Loren tenía razón: me había desmayado por no comer en todo el día. Solía pasarme que dejaba pasar las horas de las comidas y luego por eso me sentía  mareada. Así que no le puse tanta importancia.

—Hay algo que no te he dicho —me dice de pronto, su semblante cambió a uno serio— Es algo delicado la verdad.

—¿Qué es? —me puse en alerta, no me gustaban las malas noticias o saber cosas malas. Era muy sensible y cualquier cosa me podría afectar. Por eso mejor a veces prefería no saber nada que afectase mi salud mental.

Loren se debate en si decirme o no, su cabello rubio le caía en unas ondas en sus hombros y sus ojos grandes y azules me examinaban. Loren era alta y muy bonita, a la par de ella yo era... puff, nada.

—Se trata de Max Stuart, Nish —empieza.

Max Stuart: es el más conocido de la universidad, sin olvidar que es un mujeriego y solo piensa en sí mismo. Max solo se juntaba con su círculo de niños ricos y niñas súper bonitas. A su vista los demás éramos invisibles por completos. Más de una vez me había tirado los libros en los pasillos de la universidad y ni siquiera se había percatado. No me caía mal pero tampoco era de mi agrado.

—¿Y a mí en qué me afecta lo que le pase a él? —rodé los ojos.

—Es que Max... —suspira—... es duro decirlo porque salí con él una vez así que me siento muy extraña.

—Solo dímelo, Loren, sin rodeos.

—Max murió —suelta de la nada.

Sentí feo. La miré intentando procesar lo que había dicho, quizás haya sido alguna broma suya o no sé, pero ella se miraba seria y un tanto afectada. No bromeaba.

—¿De qué hablas? ¿Cómo pasó? —hasta sentí que el hambre se había ido. No había tenido tanta interacción con Max... bueno, casi nada de interacción con él pero no se merecía morir tan joven y con tanto por delante. Mis manos temblaron un poco y sentí que el pánico se apoderaba de mí.

Muerte.

Odiaba esa palabra.

—Fue esta mañana. Lo encontraron en su habitación, Nish, él tenía una bala en su cabeza.—solloza un poco. Me acerco a ella y le sobo la espalda— Me lo confirmó Davis.

Dios, mío ¿lo habían matado? Es terrible.

Davis era el mejor amigo de Max, siempre estaban juntos. Y Davis salía ahora con Loren.

Max está muerto.

Me parece mentira, hasta el viernes aún lo miraba jugando en el campus con sus amigos, sonreía y celebraba sus victorias a lo grande. Max era... el alma de esa universidad y todos lo querían, pero ahora... no está más.

Es increíble como un momento estás y al otro día no. El futuro es incierto.

—Loren, lo siento mucho —logré decir— Por Davis también. Pero ¿quién pudo hacer algo así?

De repente sentí la temperatura de mi sala más helada. Más friolenta. Eso me provocó escalofríos.

—Davis lo está más. Eran mejores amigos desde niños. Imagínate. —sorbe su nariz— Al parecer fue un suicidio. Encontraron una nota con él.

¿Suicidio? No sé por qué pero eso no me lo creía, no podía ser. Max no parecía alguien que se quisiera suicidar. Sin embargo quizás lo que mostraba ante el mundo era una fachada y por dentro estaba mal.

No me podía imaginar cómo estaría Davis porque yo no había pasado por algo así. Lo que sí me desconcertaba era la muerte de Max, en el fondo sigo queriendo que sea una mentira pero ¿por qué? No es como que él y yo fuéramos amigos.

—Lo entiendo. ¿Qué pasará ahora? —quise saber.

—Mañana será el entierro, en la noche podemos ir a su vela.

No quería, sentía que no podía estar en un lugar en donde habría gente llorando y menos cerca de un ataúd en donde estaba un muerto. No podría.

—Yo... no lo sé —me levanté, cruzándome de brazos.

—Jinni irá —añade.

—Puedes ir con ella entonces —le digo— Sabes que no me gustan esas cosas.

Se sorbe la nariz poniéndose de pie.

—Lo sé. De todas formas lo intenté —me abraza— Gracias por escucharme. Me tengo que ir porque iré con Davis —se dirige a la puerta— Cómete la pizza por favor.

—Lo haré.

Loren me da una mirada rápida para después irse.

Yo me quedé allí de pie sin apetito ya y con unas ganas enormes de vomitar, eso solo significaba que la ansiedad y el miedo habían vuelto a mí. Y no los quería de vuelta. Los quería lejos de mí lo más posible. Pero eso era algo que no podía hacer.

Ellos me dominaban por ahora.

—Max —susurré inconsciente— ¿muerto? —no me lo creía.

Con manos temblorosas tomé la caja de pizza y la llevé a la cocina para guardarla en la nevera. Estaba en mi casa sola, la noche caía y hacía más frío de lo normal. ¿En qué momento pasó lo de Max? ¿Por qué no logro recordar mi desmayo? Si solo fue un desmayo, ¿por qué tenía mi ropa sucia y rota como si estuviera huyendo de algo... o de alguien? Más escalofríos recorrieron mi cuerpo, pero eso no fue todo sino que salté del susto cuando algo cayó en el piso de la sala.

El corazón me latió a mil por hora y empecé a sudar.

—¿Loren? —inquirí con la esperanza de que hubiera vuelto. Pero no tuve ninguna contestación. Di pasos hacia la puerta con mucho temor, no sabía quién podría ser, quizás un ladrón o qué se yo. Cuando llego a la sala no hay nadie.

Nadie.

—¿Hola? —susurré a lo bajo.

En mi defensa: era muy miedosa.

Quizás debí de irme con Loren y así no quedar sola en esta noche en donde el pueblo se viste de negro.

Pero en mi sala y en mi casa no había nadie, yo era la única paranoica que estaba. Ah... el control del televisor en el piso. Respiré aliviada porque quizás el gato volvió de la calle y lo tiró.

Solo era eso.

Me iba a girar para irme a mi habitación, pero en cuanto lo hice mi mirada pasó al enorme espejo que tenía de frente. Estaba empañado, me miraba yo y también una letra repintada allí: M.

¿M de Max?

———-

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