
Amor Verdadero
Anna Alvarez · Completado · 116.0k Palabras
Introducción
Él. Solo con una mirada tiene a la mujer que desee; sabe que tiene un poder sobre el opuesto, un CEO multimillonario al que le encanta divertirse con cualquier falda que se le cruce en el camino, hasta que ella aparece en su camino pensando que caerá al igual que todas; con lo que él no contaba era que ella parecía inmune a sus encantos o, bueno, así parecía ser.
¿Podrán superar todo el pasado, inseguridades y problemas que los agobian para disfrutar de un amor verdadero?
Capítulo 1
Me despierta una música alta y ¡Dios! ¿Quién pone música tan alta a esta hora? Miro mi despertador, son las siete de la mañana, ¡NO! ¿Por qué? Claro, la única capaz de hacer semejante atrocidad es mi amiga y compañera de piso Gia; ella y yo somos más que amigas; somos hermanas. la conocí cuando llegué a Londres gracias a una beca que me gané y somos compañeras de clase; nuestro departamento es suficientemente grande para las dos. Bueno, ella podría tener un penthouse si quisiera, ya que su familia tiene mucho dinero, pero ella es un ser humano muy sencillo y poco materialista, por eso en cambio comparte conmigo los gastos de este departamento.
Salgo de la cama hacia la cocina y, si ella está preparando el desayuno, que a mi parecer es muy temprano para que mi estómago reciba algo, pero ella, tengamos o no clases, se levanta temprano; a eso le anexamos la estruendosa música, que hace que quiera ahorcarla más rápido.
—Buenos días, Alicia —dice ella con una sonrisita que parece... no se ¿burlona? ¡La mato!
—Buenos días, Gia. Dime, ¿qué hice para merecer tu ira esta mañana? —le contesto entre bostezos y sentándome en los taburetes de la cocina.
Ella rueda los ojos y luego ríe
—No seas dramática, Ali, solo estoy feliz porque ya terminamos la carrera y que hoy nos vamos a Nueva York; además, el vuelo sale esta tarde, así que hay que terminar de arreglar todo —suena muy emocionada.
—Sí, Gia, ya sé que dije que te iba a acompañar esta vez —le digo tranquilamente, pero con una sonrisa.
—Estoy muy emocionada, ¿sabes? Extraño mucho a mi familia; ellos son lo mejor que tengo —suspira.
—Me alegra oírte hablar así —digo frotando mis ojos por el sueño—. Y bueno, sí me emociona conocer a tu familia; tú ya has conocido a la mía y creo que ahora me toca a mí después de cuatro años, ¿no? —le digo con cariño—. Eres como mi hermana.
—Eso lo sé —me saca la lengua—. Por cierto, tienes un mensaje en el contestador, es de Robert —dice haciendo una mueca.
Ella sabe perfectamente que a mí no me gusta Robert; siempre quiere saber qué hago, es muy entrometido y siempre quiere estar tocándome o besarme; en pocas palabras, no lo soporto y a Gia tampoco le hace feliz su presencia.
—No. No. Es muy temprano para lidiar con él —le respondo seria.
Ella me mira y sonríe y no me agrada lo que debe estar pensando.
—Deberías buscarte un novio o salir con alguien, así te quitas de encima a Robert. —Pongo los ojos en blanco y pienso: aquí vamos de nuevo.
—Por favor. Esa no es la salida para librarme de él. Además, ya terminamos la carrera y no hay nada que me ate a Londres, así que olvídalo —concluyo.
—Vega ya, eres muy bonita, amiga —un puf sale de mí—. Sí, sí, sí, puf, como quieras, pero Ali, es hora de que salgas con alguien y retomes tu vida, deja en el pasado a Santiago —dice muy seria.
Yo la fulmino con la mirada; ella sabe que ese nombre no lo quiero escuchar mencionar en mi vida. Ese hombre casi acaba conmigo, solo trajo cosas malas a mi vida; si no fuera por Gia no sé qué hubiera sido de mí; ella fue mi roca, pero ya no quiero pensar en ello.
—No estoy lista, Gia, solo arruinaré todo —respondo.
Ella toma mi mano por encima de la isla de la cocina y me dice muy seria, pero con un deje de tristeza en sus ojos.
—Tú mereces ser feliz, lo mereces. Eres una gran persona y créeme que cualquier hombre quisiera estar contigo. A ver, ¿quién no quisiera estar con alguien como tú? Claro que tienes que mejorar ese genio que a veces cargas. —Eso me hace reír, ella es única. Simplemente la adoro.
—Claro, amiga, como tú digas. Me convertiré en un terrón de azúcar, ¿feliz? —Ella me pone los ojos en blanco por mi respuesta irónica.
—Bueno. Lo creas o no eres bonita y ya, no quiero terminar discutiendo por eso; mejor me voy a duchar, hice el desayuno. Sírvete —dice mientras va a su habitación.
—¡Gracias! —grito en respuesta.
Me quedo en la cocina pensando en lo que me dijo Gia; bueno, ella solo lo dice porque es mi amiga; además, ella puede escoger el hombre que quiera; ella sí es muy bonita, es alta, rubia con ojos azules, toda una modelo, y yo... yo soy lo que definiríamos como una mujer promedio, ¿eh?, de estatura media, de piel pálida con ojos verdes y cabellos castaños, lisos hasta mi cintura, con unas curvas normales que cualquier mujer tiene ¿no?
Luego de desayunar y ducharme, termino de organizar todo el resto del equipaje, ya que nuestro vuelo sale a las cuatro; luego me cambio de ropa para viajar lo más cómodo. me pregunto cómo será la familia de Gia; ¿serán los típicos millonarios estirados que te miran por encima del hombro? Bueno, no le he preguntado, me da vergüenza y no quiero sonar muy entrometida; solo sé que son sus padres y un hermano que es mayor que ella, del cual no hablamos, a decir verdad. Lo único que sé es que se llama Mark, pero del resto ni idea; debe ser el típico niño mimado que vive a merced de mamá y papá.
Tocan mi puerta y entra Gia muy animada. ¿Cuándo no está así?
—¿Lista, Alicia? Ya es hora de ir al aeropuerto y comenzar una nueva etapa —me dice desde la puerta de la habitación con todo su equipaje—. Ya quiero regresar; por cierto, ¿hablaste con tus padres? —pregunta un poco dudosa.
—Sí, tranquila. Les dije que los iría a visitar en Navidad; ellos están felices por mi Gia. Si yo quiero estar en Marte, pues ellos lo celebran. —Me parto de la risa con mi amiga; así son mis padres, siempre me dicen: sigue tus sueños y nunca desfallezcas. Ellos están contentos de que tenga entrevistas en constructoras muy importantes de Nueva York ahora que termine mis estudios.
—Pues vámonos entonces, que tiemble Nueva York porque ¡aquí vamos nosotras! —Entre bromas, risas y recuerdos partimos de Londres hacia una nueva etapa donde podré seguir con mi vida. ¿Qué me tendrá el destino preparado? Espero que cosas buenas.
POV Mark Scott.
—Vamos, preciosa. Dámelo —muerdo el lóbulo de su oreja y ella jadea—. Vamos, que no tenemos mucho tiempo. —Me muevo más rápido y duro, estamos en mi oficina y de seguro alguien entrará pronto y necesito correrme ya, así que la apremio. Muevo mis caderas en círculo y muerdo sus pezones, lo que la acelera y gime fuerte y sé que está cerca. —¡Eso es preciosa! —jadeo alto.
—¡Sí! ¡Sí! Mierda... Mark, me corro... Mmm... —Jadea en mi oído y siento que me aprieta el trasero con fuerza para tener más profundidad y su orgasmo llega casi al instante y ya no aguanto más y con un gruñido me corro duro.
—¡Dios! Preciosa, eres única. —Ella sonríe y obvio se lo cree... Mujeres, pero si así son felices, ¿quién soy yo para no darles gusto? me arreglo el traje y ella se arregla su blusa y coloca la falda.
—Bueno, Mónica, es mejor que salgas de mi oficina; en unos minutos tengo una reunión —digo lo más tranquilo posible.
—Pero, amorcito, yo quiero quedarme un rato más contigo. —Hace un puchero que no sé, pero me hace querer voltear los ojos; esta mujer cree que porque me la tire voy a tener una relación formal y me voy a querer casar con ella, ¿o qué mierda?
—Mónica. De verdad, te esperan en maquillaje para la prueba de vestuario; acuérdate de que tenemos el desfile encima.
—Bueno, amorcito, espero que me llames y salimos a cenar, ¿te parece? —Odio los apelativos cariñosos. Me parecen patéticos; el único que sale de mi boca es preciosa y es para no equivocarme de nombre o simplemente porque lo olvide. —Y no te quiero coqueteando con otras modelos, ¿entendiste? —me sentencia con el dedo. ¿Pero qué mierda se cree esta?, no me jodas.
—A ver, Mónica. Lo tuyo y lo mío está claro, solo compartimos buenos momentos, buen sexo, ¿me entiendes? —ella va a protestar, pero se abre la puerta de mi oficina y sí, la suerte está de mi lado.
—Con permiso, Mark, acuérdate de la reunión que tenemos... Mónica, ¿qué tal? —la saluda mi amigo Mario con una sonrisa que deja ver que sabe lo que estábamos haciendo.
—Hola, Mario —lo saluda y voltea hacia mí antes de decir— Amorcito. Voy a hacer de cuenta que no escuché lo que me dijiste, adiós —y lanzándome un beso se va.
—¡Por Dios! ¿Esa mujer qué se cree? —Que voy a tener una relación seria con ella —digo a Mario, que solo me mira con una sonrisa burlona—. Dilo, que te veo venir.
—Bueno, si ya lo sabes, ¿para qué quieres que te lo diga? —Me mira y sé que está aguantándose las ganas hasta que me lo dice—. Ya te dije que no te metieras con las modelos de la compañía; son todas unas interesadas y es obvio que te quiere atrapar, vamos, que el premio gordo es Mark Scott. —Luego ríe.
—Pues que se quede sentada esperando porque tú sabes que el compromiso no va conmigo —le digo con una sonrisa.
—Ya, venga, si es verdad que tú eres escéptico en cuanto al amor.
—Pues fíjate que sí y sabes muy bien porque lo digo; la única pareja que sé que se aman con locura son mis padres, que llevan juntos treinta y dos años.
—Sí, bueno, son un ejemplo de amor y tolerancia —me dice con sinceridad.
Mario es mi amigo desde el colegio; estudiamos juntos la preparatoria y la universidad. Venga, venga, que es mi hermano, pero él y yo algunas veces no pensamos lo mismo; él cree en el amor, en cambio yo solo estoy con las de turno, no me interesa nada más; todo lo que necesito lo tengo.
—Y bien, amigo, dime ¿qué te trae por aquí, aparte de la reunión que tenemos pendiente? —pregunto con curiosidad.
—Bueno, es que tu madre me llamó a decirme que no respondías tu celular y tu secretaria le dijo que estabas muy ocupado, ya sabemos con quién —ríe el muy carbón—, y me dijo que te acordaras de que mañana llega Gia de Londres y que no hicieras planes para cenar, ya que darán una cena en su honor —me dice muy animado; yo ruedo los ojos, porque mi madre siempre es así—. no pongas esa cara, yo también estoy invitado, así que nos divertiremos en la cena, ¿no te parece genial? —dice con una sonrisa de oreja a oreja que me irrita.
—Podrías dejar de comportarte como un crío, Mario, ya somos hombres de treinta años y esas sonrisas estúpidas no nos van. —Él solo me saca el dedo del medio en respuesta. —Y sí, bueno, qué más da, mañana voy a ver a mi hermanita querida, total, la extraño, aunque no lo creas.
—Por cierto. Me dijo que no vendría sola, viene con una amiga, esa con la que se va de vacaciones todos los años. —Así ya recuerdo, la famosa amiga que vive con ella; debe ser igual de superficial que todas. ¡Dios! ¿Ellas serán así por naturaleza o se convierten? Bueno, en fin, no me interesa socializar con esa mocosa porque si estudio con Gia eso es lo que debe ser.
—Bueno. Entonces nos vemos mañana en la cena porque, la verdad, estoy cansado y quisiera aplazar la reunión para mañana, ¿te parece?
—Sí, claro, mejor para mí porque tengo planes. —El muy carbón me critica y al final es igual que yo.
—Sí, claro, con un par de piernas, ¿no? —suelto una carcajada en la cual él me acompaña.
—Así es mi buen amigo, ¿cómo lo supiste? Adiós.
Me quedo en mi oficina pensando en todo mi día y ha sido una locura: papeles que revisar, presupuestos que aprobar, en fin, mi vida en un día normal, y cómo olvidar las locuras de Mónica, que cree que la voy a hacer mi novia o algo por el estilo. Jesús. En mi vida no hay lugar para una relación; además, si quisiera una, no podría, ya que todas estas mujeres son tan superficiales y solo quieren cosas caras como diamantes, autos, apartamentos, ropa de marca, cosas que puedo dar, pero que, a la final, sin nada de eso, estoy seguro de que me dejarían, así que prefiero no tener nada en serio con nadie, solo diversión y sexo... sí, señor. Tomo mis cosas del escritorio y salgo de mi oficina. Me voy directo a mi piso; de verdad estoy agotado y mañana será otro día.
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Última actualización: 2/2/2026
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