
DESTINADA A AMAR AL SEÑOR CROSS
Noe Gonzalez · En curso · 110.3k Palabras
Introducción
Destinada a amar
A sus 22 años, Taylor Hart es una joven de mente brillante y una peculiar inocencia, poco común en chicas de su edad. Prefiere refugiarse en sus libros antes que en la cruda realidad. Su única locura fue dejarse llevar por un misterioso caballero en una gala de máscaras un fugaz momento de magia que se desvanece por completo semanas después, cuando es atropellada en una calle lluviosa de Seattle.
El hombre al volante es Tanner Cross, el implacable, arrogante y despiadado CEO de CrossSky Airlines. Decidido a esquivar a la prensa a toda costa, Tanner la saca de la calle y la refugia en su apartamento. Pero en esa noche de encierro, donde la culpa, la rabia y una atracción inevitable colisionan, las líneas entre ambos se borran en un encuentro que cambiará sus vidas para siempre.
El verdadero juego comienza el lunes. Taylor se presenta a su nuevo puesto como asistente ejecutiva gracias a su brillante promedio de 3.98, solo para encontrarse cara a cara con su nuevo jefe. Tanner es el conductor que la arrolló, el hombre que sacudió su mundo... y el dueño del imperio donde ahora debe trabajar.
La oficina se convierte en una guerra de orgullo y resistencia, hasta que un viaje de negocios a Sídney lo detiene todo: un colapso inesperado revela que Taylor está embarazada de un mes.
Acusada de planear la trampa perfecta, Taylor se plantará firme ante el implacable Señor Cross con la verdad más cruda: él fue su primera y única vez. La batalla por el control acaba de despegar, y en este vuelo, el orgullo es el primero en caer.
Capítulo 1
Hola, hermosuras, Soy Noe autora novata y agradezco la oportunidad que le dan a mis proyectos. Si te gusta mi historia y quieres apoyarme te agradecería full si guardas en biblioteca y me regalas tu opinión sincera en los capítulos que más muevan tus emociones.
Taylor Hart.
(Idealización y escape).
──✦────✦──
Estoy aquí, pero es como si no estuviera. Andrew se desenvuelve tan bien en este entorno que olvidó por completo que soy su acompañante. «No olvides que también es su noche, Taylor». Me ajusto el antifaz que, por tanto adorno, se resbala un poco sobre mi nariz.
—¿Una copa, señorita? —ofrece un mesero, extendiendo una charola dorada frente a mí.
No bebo, pero aún así tomo una de las copas de champagne que me ofrece.
—Muchas gracias —él sonríe y, acto seguido, desaparece en el mar de invitados de rostros ocultos en la gala de esta noche.
–¿Por qué la gente ama esto? —me pregunto en un susurro, mirando el líquido burbujeante en la delicada copa que sostengo. Tomo un trago y, para mi sorpresa, no se siente nada mal; no es como vlo había imaginado—, pues creo que voy a ir por otra.
La noche avanza y un par de copas de champagne más me hacen sentir un tanto mareada. Busco a Andrew, pero el antifaz que traía fue entregado en la gala y eran varios los hombres que vestían de forma idéntica.
—Mal momento para experimentar, Taylor —me reprocho en voz baja, sintiendo el calor subir de golpe por mis mejillas.
—Cariño, aquí estás.
Parpadeo repetidas veces, encontrándome de frente con un hombre de máscara negra y, bajo esta, unos brillantes ojos claros, entre verdes y dorados. En mi cabeza solo se cruza una pregunta: «¿Quién es?» Sí, definitivamente está equivocado.
—Solo sígueme la corriente, ¿de acuerdo? —suelta él con una voz profunda. Abro la boca para responder, pero de mis labios no sale nada.
—Espera... —digo, pero él no responde. Solo me dejo llevar, casi a rastras, por su agarre firme hasta llegar a un ascensor. Entramos y noto que el indicador marca los pisos de arriba—. A-amigo, disculpe... ¿A dónde me lleva?
Él se gira despacio, mirándome por encima del hombro. No puedo ver su rostro, pero no me hace falta para darme cuenta de lo increíblemente apuesto y dominante que es. Guardo silencio de inmediato cuando un ruido extraño y poco conveniente escapa de mis labios. «¿Es en serio, Taylor? ¿Hipo ahora?» La vergüenza que siento en este momento no se compara con nada, más cuando ese embarazoso hipo se repite, aumentando su frecuencia.
—A un lugar más tranquilo, borrachita —luego de decirme aquello con un tono que me enfada, las puertas metálicas se abren con un pitido y el extraño de ojos bonitos me vuelve a sujetar, guiándome a paso firme hacia lo que, según estoy viendo, es la azotea del edificio.
Salimos y, como sigo muerta de nervios, me suelto bruscamente de su agarre. —¿Pero qué hacemos aquí? —cuestiono un tanto altiva, tratando de recuperar el control. Me da mala espina todo esto, pero él no responde. No solo eso, me ignora por completo y avanza, alejándose de mí—. ¿Qué, no me escuchas? Te estoy hablando...
—Calla —de un tirón imprevisto, me lleva de repente hacia él. Mi espalda golpea contra su pecho, cubriendo mis labios con su mano. Un escalofrío de terror y adrenalina acelera mis latidos, tan fuertes que puedo oírlos en mis oídos.
Por mi cabeza solo se cruza un pensamiento desesperado: *ñ«Voy a morir».
✦──♥︎──✦
Tanner Cross.
(Cuerda de escape).
──✦────✦──
—Calla —la agarro buscando silencio, sujetándola de espaldas contra mi pecho. Le tapo la boca con la mano y esto parece callarla. «Al fin cierra la boca». Pienso en lo problemático que es haber venido esta noche, pero ya estoy aquí—. Muy bien, ahora escúchame todo lo que voy a decir porque de esto va a depender que te suelte, ¿entendido?
Ella asiente con rapidez y balbucea cosas que no entiendo porque le cubro los labios. —Cuando te suelte van a hacerte preguntas aquellos que te hayan visto conmigo y tú solo vas a callar; si te quedas conmigo vamos a evitarnos esa parte. Si decides quedarte, la única regla es que dejes el escándalo y no te quites esa máscara, y yo tampoco lo haré. ¿Nos estamos entendiendo, borrachita?
Libero su boca y ella respira agitada, asintiendo desesperada.
—Vale, vale me quedo, pero no me vuelva a tapar la boca tampoco. —Es un trato —la suelto y ella parece trastabillar un segundo, pero vuelve hacia mí extendiendo su mano derecha.
—De acuerdo, señor tenebroso, tenemos un trato —dudo en aceptar el gesto, pero al ver que ella sigue con la mano extendida, decido estrecharla en un apretón firme que selle este "trato". El contacto breve me deja una punzada extraña en la piel. Ella camina recorriendo el lugar.
Yo voy hacia la orilla y apoyo los codos en el borde del balcón. El hotel ha hecho de su azotea un área más al aire libre. Se supone que soy el anfitrión de este evento y que este es otro compromiso, pero no quiero estar aquí; tampoco quiero que se acerquen buscando lo que simplemente no quiero y no puedo ofrecerle a nadie.
—Oye, amigo, tú diste tus condiciones pero yo también quiero aportar —
me giro y la veo acercarse a mí. A través de ese antifaz no logran esconderse un par de grandes ojos azules que me irradian una determinación—. Ya tú pusiste tus cláusulas, ahora yo quiero las mías: yo vine a un baile y quiero bailar. Yo quiero que todo lo que me he esforzado esta vez tenga esa recompensa. ¿Bailas? —pregunta extendiendo su mano.
—Bien, pero solo esta vez —digo, acercándome a la rubia mandona con complejo de cenicienta—, pero solo una canción.
—Está bien, solo una.
Acepta. La tomo para marcar el paso y por primera vez noto que es más baja y frágil de lo que parece.
—¿A qué le huyes, señor tenebroso? —ríe ligera. Solo pienso en si tendría esa ligereza si supiera quién soy realmente.
—No es tu asunto, borrachita —contesto haciéndola girar sobre sus pies.
Ella vuelve a tomarse de mis hombros, pero esta vez se acomoda un poco más cerca de mi pecho. —¿Te han dicho lo antipático que puedes ser? —su pregunta se me hace graciosa, aunque sé la respuesta; es cierto que mi comportamiento no es del agrado de muchos—. ¿Será la última vez que nos veamos, no?
Esa pregunta sí me toma un tanto fuera de base. —Sí —respondo, esperando ver a dónde quiere llegar—. ¿Pasa algo con eso?
La desconocida niega, pero sé que quiere decirme algo más. —¿Si hago algo esta noche no va a hacer efecto mañana? Si no te veré de nuevo no va a haber remordimiento.
—Espera, ¿qué...?
¿Pero qué carajos? La timidez de hace un momento queda en un segundo plano. Sus brazos se aferran a mi cuello impulsándose para alcanzarme y su boca me toma desprevenido en un beso impulsivo, brumoso. Es un choque torpe al principio, pero conforme pasan los segundos y le siento el calor, la sangre se me prende y quiero más.
La aferro a mi cuerpo rompiendo cualquier distancia, haciendo más intenso ese beso, obligándola a ceder.
Ella se separa un poco, sin aire y todo termina sumergido en una tensión brutal que no sé ni cómo demonios empezó.
Se suelta de mis brazos y veo su cara roja desde el cuello hasta las mejillas. Saca el móvil que vibra en su bolso, culpable de acabar con todo. —Ya me voy, señor tenebroso. Hasta nunca.
Luego de su despedida siento un impulso ridículo por seguirla hasta el ascensor, pero me quedo quieto. Es mejor así; ella muy bien lo dijo: hasta nunca. En el suelo algo brilla me inclino y recojo un botón metálico de la aerolínea CrossSky.
—Quizás aún es muy pronto para decir hasta nunca...
Meto el botón de condecoración en mi bolsillo y vuelvo a apoyarme en el barandal. No sé qué acabo de hacer, pero la extraña no besa nada mal.
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Última actualización: 10/30/2026
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