
Jessamine
Nesshka · Completado · 245.4k Palabras
Introducción
Hasta que los conocí y mi vida dio una vuelta que dejó todo mi mundo volcado. Pero poco a poco lo fui reconstruyendo junto a ellos. Seis hombres capaces de hacer vibrar mi mundo con una melodía tétrica, pero placentera.
Pero no todo siempre era como queríamos, los engaños eran algo a la orden del día y estos terminaban dejándome al borde del precipicio por creer fielmente en todo lo que me rodeaba.
Hasta que aprendí que en el mundo de engaños en el que vivía no podía dar nada por sentado.
Capítulo 1

La universidad a la que asistía era grande, muy grande con una cantidad de estudiantes considerable, ya que esta era la única de la ciudad, si te cruzabas varias veces con la misma persona era por mucha casualidad, o porque te estaba buscando, o también porque estaban en la misma facultad, o mismo semestre, o compartía clases, o ibas a la cafetería.
Pero definitivamente era más por tres opciones: o te estaba buscando, o compartían clases, o ibas a la cafetería.
Billie jean sonaba en mis parlantes y sin poder evitarlo comencé a mover la cabeza de un lado a otro en tanto ubicaba mi casillero. Solo una vez había visto a las personas que tenían los suyos junto a mí y más nunca, ya que al parecer sus clases eran en un horario diferente al mío.
Mis pies se deslizaron en el suelo frente al casillero mientras buscaba el libro que había dejado ayer.
Una sonrisa apareció en mis labios en el coro en tanto la tarareaba, joder, esa maldita canción me alegraba cualquier día amargo con solo escuchar la pista. Uno de mis auriculares fue retirado y casi pego un grito de enojo.
—La puta madre que te parió, Mely —me quejé en cuanto supe que era la rubia que tenía como amiga.
—La campana sonó hace cinco minutos para tu próxima clase y aun sigues aquí bailando frente al casillero.
Rodé los ojos colocando los auriculares nuevamente. Sin contestarle me encaminé hacia mi pasillo en busca de mi salón. En completo silencio ingresé en él sabiendo que el maestro ya había llegado y me senté en uno de los asientos traseros.
La mirada de la chica junto a mí me escrutó sin perderse detalle y yo me removí incomoda.
Ese día no iba especialmente elaborada, mi cabello anaranjado se encontraba recogido en un moño enmarañado, mis ojos mieles estaban opacados por unas ojeras de muerte y mi buzo negro en conjunto con el pantalón del mismo color solo me hacían ver como gótica.
Pero nadie podía juzgarme, me pasé la noche escribiendo sin preocuparme por las clases del día siguiente. Definitivamente debía controlarme, pero era simplemente imposible y sumándole a eso que estaba en la etapa en donde detestaba mi carrera no había mucho que pudiese hacer.
Ignorando su mirada continué con los auriculares puestos en tanto fantaseaba con los siguientes hechos del libro en proceso. Nadie, absolutamente nadie me leía, yo escribía porque nadie hacía los libros que yo me interesaba por leer y cuando lo hacían eran en páginas y aplicaciones virtuales en donde estaban pesimamente redactados, por lo que los hacía y luego los releía como si nunca los hubiese hecho.
Las horas pasaron y casi aplaudo de alegría cuando los estudiantes a mi alrededor se levantaron, yo los seguí cabeceando con la canción de turno y me dirigí a la cafetería para buscar algo para desayunar en la media hora que tenía libre.
Di un suave giro en el pasillo y sin querer al volver al frente choqué con un cuerpo trastabillando levemente.
—Lo siento —dije sin sentirlo realmente y pasé junto al chico para seguir ensimismada con la canción.
Al entrar en la cafetería mis movimientos cesaron y me encaminé hasta la fila con las manos en la sudadera. Había mucha gente, aunque muchas mesas se encontraban vacías y daba gracias a Dios por el aire acondicionado, de lo contrario estaríamos asfixiándonos.
Al llegar mi turno pedí galletas y jugo y luego de pagar me senté en una mesa cerca del centro que se encontraba milagrosamente desocupada, tal vez porque a la gente no le gustaba estar en el centro, casi siempre las miradas iban hacia ese lugar, pero yo en ese momento solo quería meterle algo a mi estómago antes de la siguiente clase.
Engullendo a velocidad de vértigo me comí el paquete de galletas, pero antes de poder irme alguien se sentó en mi mesa.
—¿Qué quieres? —le pregunté al chico frente a mí.
¿Cómo alguien podía hacer que mi humor pasara de un diez a un tres?
Sus labios se movían, pero yo no lo escuchaba. Rodando los ojos retiré los auriculares.
—Bebe, perdóname, enserio, no sabía que irías a mi casa —reí sin poder evitarlo.
—Claro, si hubieses sabido que iba no metes a una mujerzuela a coger en la misma cama donde me cogías a mi —él se vio desesperado con mis palabras.
—Bebe —susurró y yo fruncí el ceño asqueada.
—Suerte que todo lo nuestro se resume a unos malos polvos —dije tranquila haciendo que su rostro palideciera.
—¿Malos polvos? —cuestionó —tus gritos pidiéndome mas no decían lo mismo —yo reí sonoramente.
—Soy muy buena actriz, ahora, te ordeno que dejes de llamarme bebe, porque a la próxima te parto la cara.
Sin cuidado me levanté de la mesa recogiendo mi basura y caminando hacia el basurero.
Raian había sido mi novio durante seis meses y aunque no lo amaba si lo quería, le tenía cariño. Sabía que lo nuestro no llegaría muy lejos, pero el que me hubiese engañado con otra no era algo que me hubiese esperado.
Y la infidelidad no era lo que más me dolía, sino el hecho de que la chica era tan atractiva y femenina. No es que yo fuese fea, no lo era, solo que no solía ir todo el tiempo arreglada a la universidad y la chica con la que él me había engañado si lo hacía, cada maldito día venía hermosa y más de uno estaba detrás de ella.
Yo, aunque quisiera no podía hacerlo, me dormía tarde y despertaba con el tiempo justo para una ducha y una lavada de dientes. Los días en los que solía ir arreglada más de uno me flirteaba, pero mi estilo desenfadado no a todos les gustaba.
Mis ojos soltaron unas cuantas lágrimas sin que pudiera evitarlo, Raian había logrado que mi autoestima descendiese un poco sintiéndome insuficiente ¿es que acaso no le di lo que todo hombre necesita? Tiempo, sexo, atención e interés.
Pero claro, nunca era suficiente.
Mi cuerpo chocó con otro por segunda vez en el día, pero esta vez si levanté mi rostro para observar con quien había chocado. Podría decir que era un chico, pero parecía ya un hombre hecho y derecho. Su cuerpo estaba cubierto por una camisa blanca, un jean negro y su cabello del mismo color se encontraba medio rapado en los lados y arriba era de un largo que le rozaba las mejillas.
—Lo siento —susurré embelesada.
Amaba el cabello negro en desmedida y el que él tuviese los ojos del mismo color me sorprendió, ya que es muy poca la población con ese color de ojos.
—¿Estas bien? —cuestionó al ver mis lágrimas y yo asentí secándolas.
—Si, si, si, todo está bien —me hice a un lado para dejar que él pasara, pero no se movió de su lugar.
—No parece —dijo observando mi desaliñada imagen.
—Una mala noche —dije sintiendo mis mejillas enrojecer.
¿Pero qué demonios? Yo no me sonrojaba a menos que estuviese haciendo ejercicio y sudara como cerda.
—¿Las lágrimas también son por eso? —negué haciendo un intento de sonrisa.
—Un mal rato —lo miré por última vez antes de bajar mi mirada al suelo.
Sus ojos eran muy intensos y su sola presencia me intimidaba.
—Bueno, disculpa otra vez y gracias.
Pasé junto a él, pero su mano sostuvo mi antebrazo deteniéndome.
—¿Puedo saber tu nombre? —cuestionó suavemente.
—Jessamine —contesté. Él asintió y soltó mi brazo recorriendo la distancia que lo separaba de la cafetería.
Solté un gritito de frustración al darme cuenta de que no le pregunté el suyo. Seré estúpida, un tipo con aspecto de un dios y no le pregunto su nombre.
◈◈◈◈◈
Mely se encontraba arrastrándome hacia una cafetería que se encontraba cerca de la universidad, hacía días que no hablábamos y ella estaba más que ansiosa por escuchar la historia completa.
—Vamos mejor a mi casa —pedí.
—No iré al cuchitril de habitación que tienes —aseguró sentándose en la primera mesa vacía que encontró.
—No me juzgues, mi habitacioncita al menos la pago yo —ella rodó los ojos —no es lugar para tener esta conversación —dije observando las mesas a nuestro alrededor, el lugar estaba casi lleno.
Junto a nosotras se encontraba una mesa repleta de chicos, eran unos seis a los que no les presté atención. Del otro lado una señora con auriculares leyendo un libro y nosotras dos, más allá se encontraban más mesas ocupadas.
—Tengo días intentando tener una conversación decente contigo, cuando regrese quiero que estés lista para soltar la lengua.
Se levantó de la silla llevando consigo su bolso y fue directo a la barra que se encontraba sin fila.
—Jess —saludó alguien y miré hacia la mesa repleta de chicos encontrándome con el hermoso tipo de esta mañana.
—Oh, hola —susurré enrojeciendo nuevamente.
Dios, pero ¿qué demonios me sucedía?
—Espero que se vuelva costumbre encontrarme contigo —yo sonreí sin poder evitarlo y mi atención se dirigió a los demás chicos de su mesa.
—Ah, tú eres la maraña de pelo que chocó conmigo esta mañana —dijo uno de ellos y mis ojos se dirigieron hacia el escaneándolo por completo.
Su cabello era igual de negro que el chico inicial, parecía de al menos unos veinte años, casi de mi edad y sus ojos eran de un azul hipnotizante.
—Creo que estas equivocado, yo nunca te he visto —él rio burlonamente y mi cuerpo tembló con su perfecta sonrisa, aunque fuese de burla.
—No eres fácil de olvidar —aseguró —tu cabello parece un pequeño fósforo encendido en medio del pasillo, sin mencionar que ibas bailando como si estuvieses en una pista —esto último lo dijo rodando los ojos y yo me pregunté cómo podía hacer ambas cosas a la vez.
—Me disculpé —dije y él enarcó una ceja.
—Ni siquiera me miraste, dudo que lo lamentaras.
—¿Entonces andas chocando a la gente por ahí? —preguntó el chico de ojos negros y me sonrojé nuevamente —porque a mí también me chocó.
—Soy muy despistada, lo siento —me acomodé en mi silla al ver como Mely se acercaba con dos vasos en sus manos.
—Frappuccino de vainilla para ti —dejó el vaso frente a mi sin sorbete ya que ella sabía que odiaba esos objetos de plástico, por lo que yo busqué en mi mochila mi sorbete de metal.
—Enserio vamos a otro lado —pedí.
—Ya te dije que no nos vamos a mover de aquí —dijo ya irritada —si hubieses contestado mis llamadas durante estos día no hubiese tenido que obligarte.
Con un suspiro llevé el sorbete a mi boca saboreando la bebida.
—Empieza a hablar —ordenó y yo me hundí en el asiento.
—Ya te dije lo que pasó —dije bajito.
—No te escucho —yo gruñí exasperada.
—Fui a su casa y lo encontré cogiéndose con otra, solo eso, Mely —ella suspiró derrotada.
—¿Sabes quién era? —asentí un par de veces sintiendo una mirada quemarme, pero no volteé a ver de quien se trataba.
—Lindsay —sus cejas se levantaron con sorpresa.
—Pero será hijo de puta —pasó de la sorpresa al enojo en cuestión de segundos.
Yo removí mi bebida con el sorbete.
—Tienes que salir más, así te evitas encontrarte con mierdas de tipos como él, en primera instancia no sé cómo pudiste estar con ese excremento de persona, ni era atractivo ni tenía nada que ofrecer y ni siquiera sabía de qué hablar contigo.
—Era gracioso —susurré hundiéndome más en el asiento.
—No puedo creerlo, enserio, y estoy segura de que su infidelidad te la pasas por el culo, lo que me preocupa es tu autoestima en estos momentos —ella ni siquiera había tocado su bebida y su mirada estaba puesta en mi —Lindsay es descaradamente sensual —y eso solo hizo que soltara un suspiro cansino.
Ella solo me decía lo obvio.
—Aunque carga más maquillaje que un payaso, pero joder ¿justo ella? Si vivías comparándote con la rubia cada que ella estaba cerca.
—Mely, basta —pedí suavemente y ella hizo un pequeño puchero.
Estaba conteniendo sus lágrimas.
—¿Por qué vas a llorar? —cuestioné y ella dejó las lágrimas salir.
Esta loca.
—Es que sé cómo te debes sentir y me duele a mi —sus manos tomaron las mías por sobre la mesa.
—Estoy bien, solo necesitaba algo de tiempo para procesarlo —le di una media sonrisa y ella me sonrió de vuelta.
—Eres hermosa, porque no necesitas nada de esas porquerías de cosméticos para destacar ¿lo sabes no? —miré hacia la mesa no queriendo contestar.
—Mi cabello es lo único que destaca —dije volviendo a mirarla.
—Y tu trasero —dijo alguien junto a nosotras y ambas miramos a la mesa contigua en donde estaban los seis chicos.
—Escuchar conversaciones ajenas es de mala educación —dije sin inmutarme ante su comentario.
—Es interesante tu trágica historia de amor.
Los otros cinco chicos dejaron de hablar entre ellos para prestar atención. El chico que había hablado se encontraba de espaldas a mí, por lo que en ningún momento noté que se encontraba escuchando.
—¿Podemos irnos de aquí? —le cuestioné a Mely y esta vez sí asintió viéndose intimidada por primera vez.
Cuando me levanté y tomé mi bebida el chico se dio la vuelta dejándome ver unos hipnóticos ojos entre azules y mieles. Ambos ojos se encontraban en una batalla entre esos colores. Su cabello era igual de negro que los otros cinco chicos y su piel era bronceada, casi tostada.
—El chico es un idiota por haber dañado lo que tenía contigo por Lindsay —dijo pareciendo sincero —a leguas se ve que eres más interesante que ella, la he tratado lo suficiente para saber que no tiene nada que ofrecer.
Tragué saliva ante la mirada de los demás chicos y sintiéndome avergonzada me di la vuelta saliendo de la cafetería con Mely siguiéndome los pasos.
Ambas caminábamos en silencio hasta que estuvimos una cuadra alejadas de la cafetería.
—¡Mierda! —explotó —¡Un chico Dahal habló contigo! —gritó en medio de la acera llamando la atención de algunos transeúntes.
—¿Quién? —pregunté sin saber quiénes eran.
—Los chicos de la cafetería, son los Dahal, Dios mío ¿cómo no los conoces? Los ardientes, misteriosos y ricos chicos Dahal.
Bien, definitivamente debía salir más.
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Última actualización: 4/8/2026
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