
Juegos de poder
maracaballero32 · En curso · 108.0k Palabras
Introducción
Sin embargo, la salida no es tan sencilla. George le asigna una última misión: hundir a Sebastián Martin, un empresario con más poder del que aparenta. Lo que debía ser un trabajo limpio y calculado se convierte en un riesgo inesperado cuando Dakota descubre que Sebastián no es el hombre que creía y que, esta vez, las reglas del juego han cambiado.
Cuando la traición se revela y el verdadero rostro de la venganza sale a la luz, Dakota se encuentra atrapada entre dos titanes que buscan imponerse. Pero ella no es una simple pieza en el tablero… y si va a perder, se asegurará de que todos caigan con ella.
Capítulo 1
DAKOTA
Las luces del salón resplandecían con un brillo cálido y sofisticado, reflejándose en las copas de cristal finamente alineadas sobre la mesa. El aroma a vino caro y cera de velas llenaba el aire, pero nada de eso podía distraerme de la extraña actitud de Sebastián.
Desde que regresó del servicio, su semblante había cambiado por completo. Había dejado de lado su usual actitud sobreprotectora, aquella mirada afilada con la que solía evaluar cada hombre que se atrevía a posar los ojos en mí. Esta vez, no parecía importarle. No le importó el empresario italiano que intentó entablar conversación conmigo, ni el susurro coqueto de un inversionista que pasó demasiado cerca. Ni siquiera su mano se posó en mi espalda baja como solía hacerlo, un recordatorio silencioso de que estaba conmigo.
No, esta vez su frialdad era absoluta. Su rostro, impasible. Su mandíbula, tensa. Y lo que más me inquietaba: su silencio. Durante el resto de la cena, apenas intercambió palabras conmigo. Solo asentía mecánicamente cuando alguien le dirigía la palabra, y cada tanto apretaba su copa con tal fuerza que temí que el cristal estallara en su mano.
Algo había pasado. Algo que lo había transformado en hielo puro. Y no tenía idea de qué era.
Cuando finalmente salimos de la cena benéfica, el aire fresco de Madrid chocó contra mi piel, pero no fue suficiente para calmar la creciente inquietud en mi pecho. Sebastián sujetó mi brazo con más fuerza de lo normal, guiándome al auto con un control tenso. Sin mirarme, abrió la puerta y esperó a que me deslizara dentro. El golpe seco de la puerta resonó en mis oídos, haciéndome estremecer.
Subió y encendió el auto con un movimiento apresurado.
— ¿Qué es lo que pasa? —pregunté, nerviosa y confundida. Algo en él era diferente.
No respondió. No me miró. Su perfil permanecía rígido mientras sus ojos estaban clavados en la carretera. La luz intermitente de los semáforos iluminaba su mandíbula apretada, el temblor sutil en sus labios, el leve fruncimiento en su entrecejo. Sus manos se aferraban al volante con una fuerza descomunal.
La lluvia cayó de golpe, las gotas repiqueteando contra el parabrisas. Observé cómo los limpiaparabrisas se movían de un lado a otro, sintiéndome cada vez más sofocada en la incertidumbre.
El auto se detuvo abruptamente en una acera desierta, en algún rincón oscuro de la ciudad.
— ¿Desde cuándo finges esto…? —Su voz era baja, contenida, pero su dedo índice nos señaló a ambos con una furia contenida. Mi corazón se aceleró como nunca antes.
Lo miré, perpleja.
— ¿De qué hablas? —murmuré, sintiendo un nudo de ansiedad cerrarse en mi garganta.
El golpe contra el volante resonó con una fuerza que me hizo saltar.
—Voy a volver a preguntar, Dakota. ¿Desde cuándo finges ESTO? —Su voz estalló en la estrechez del auto.
El terror se apoderó de mí. Esto no estaba pasando. No podía estar pasando.
—No entiendo por qué di…—Error. Su mano se cerró alrededor de mi nuca y en un movimiento me atrajo hasta quedar frente a frente. Sus ojos grises, normalmente fríos y calculadores, ardían con dolor, ira y decepción. Su labio inferior tembló levemente.
¡Mierda! ¡Mierda!
El silencio se alargó entre nosotros, cada segundo una tortura. En mi cabeza se formaban dos caminos: fingir que no sabía de qué hablaba, lo que me pondría en desventaja… o confesar la verdad con la noticia extra de que, al final, mis sentimientos eran sinceros. Que estos ocho meses no habían sido una farsa.
Me separé bruscamente de su agarre y miré al frente. Me daba vergüenza enfrentarlo.
—Trabajo para George Williams desde hace cinco años —las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas. Las sentí como dagas atravesando mi lengua—. Seducía a los peces gordos de negocios para que él pudiera arrebatarles los contratos de oro. Este era mi último trabajo, Sebastián. —Cerré los ojos con fuerza, mi voz se quebró—. Seducirte para quitarte del negocio de los españoles. Pero… —Bajé la mirada, observando mis manos temblorosas sobre mi regazo—. Todo cambió.
Una carcajada irónica salió de su boca, inesperada, cruel.
— ¿Cambió? ¡Por Dios! ¡Te he…! —No terminó su frase. Otro golpe contra el volante, esta vez aún más furioso.
Se llevó las manos al rostro, cerrando los ojos con una expresión de puro tormento. Su piel enrojecida, su respiración agitada. Luego los abrió con una determinación oscura.
Y eso me dio escalofríos.
—Mis sentimientos por ti… son verdaderos —al fin lo dije. Las palabras que llevaba atoradas en la garganta finalmente salieron a la luz.
— ¡BAJA DEL AUTO! —gritó con furia.
¿Qué?
—Sebastián…—intenté, apenas un susurro.
— ¡BAJA DEL PUTO AUTO! —Volvió a gritar. Negué repetidamente, aterrada. Abrió la puerta de un golpe y rodeó el auto. Tiró de mi brazo con brusquedad, sacándome a la lluvia torrencial.
— ¡Sebastián! —grité, conmocionada. Las lágrimas se mezclaban con el agua helada que empapaba mi vestido de gala. Mis labios temblaban. Cerró la puerta de un golpe.
Antes de rodear el auto, se giró hacia mí.
— ¡TE ABRÍ MI CORAZÓN, MALDITA SEA! ¡CONOCISTE A MI FAMILIA! ¡INCLUSO TENÍA LA ESPERANZA DE…! —Se interrumpió a sí mismo. Sus ojos ardían de dolor. — ¡ME HAS DESTRUIDO, DAKOTA! ¡BUEN TRABAJO, YA PUEDES COBRARLO!
El llanto me sacudió. Intenté acercarme a él, pero alzó una mano, deteniéndome.
— ¡Por favor! ¡Escucha todo! —grité desesperada.
Sin mirarme más, subió al Bentley y arrancó. Mi mirada siguió el auto hasta que desapareció en la tormenta.
Sebastián Martin se había llevado mi corazón.
Dos horas después, con las zapatillas en mano y el vestido hecho un desastre, llegué al hotel. El gerente me auxilió y, antes de que pudiera preguntar, me informó que Sebastián se había marchado con su equipaje y escolta de seguridad. Había dejado pagada una noche más.
El alma se me desplomó.
Al entrar a la suite presidencial, encontré mi maleta junto a la puerta. Encendí la luz. El suelo de mármol estaba cubierto de vidrios rotos. Me dejé caer contra la puerta, deslizando hasta quedar en el suelo. Lloré.
El teléfono sonó. Lo tomé con esperanza.
— ¿Sebastián? —pregunté rápido.
—No —la voz de George, se deslizó con burla—. ¿De verdad creíste que te iba a perdonar?
Mi rabia estalló.
— ¡Eres un maldito!
—Los españoles le cancelaron la junta a tu querido Sebastián. Mañana cierro el negocio yo mismo —su sonrisa de triunfo se notaba en cada palabra.
Mi sangre hirvió.
Si mi infierno era perder a Sebastián, George tendría el suyo.
Haré de su vida un infierno.
Últimos capítulos
#78 Capítulo 77. El vuelo de medianoche
Última actualización: 8/19/2025#77 Capítulo 76. Decisiones silenciosas
Última actualización: 8/20/2025#76 Capítulo 75. Temores
Última actualización: 6/18/2025#75 Capítulo 74. Una propuesta
Última actualización: 6/18/2025#74 Capítulo 73. Rota
Última actualización: 6/18/2025#73 Capítulo 72. Libertad
Última actualización: 6/18/2025#72 Capítulo 71. Un veredicto
Última actualización: 6/18/2025#71 Capítulo 70. Un nacimiento
Última actualización: 6/18/2025#70 Capítulo 69. Una emergencia inesperada
Última actualización: 6/18/2025#69 Capítulo 68. Apoyo incondicional
Última actualización: 6/18/2025
Te podría gustar 😍
Críame, Papá Alfa
Vine para el verano.
Para relajarme. Para pasar tiempo con mi mejor amiga.
No para enredarme con su padre.
Pero en el momento en que el Alfa Damon me miró, ya no era solo una invitada.
Era suya.
Para arruinar.
Para tomar.
Para reclamar.
Ahora mi garganta está dolorida, mis piernas están débiles, y aún puedo sentirlo profundamente dentro de mí—mientras mi mejor amiga duerme justo al final del pasillo.
A él no le importa si ella escucha.
Quiere que lo haga.
Porque no soy solo su anhelo.
Soy su omega.
Su obsesión.
Su sucio secreto que ya no está ocultando.
Vine inocente.
Me voy marcada.
¿Y si pudiera hacerlo todo de nuevo?
Le suplicaría que me rompiera de la misma manera.
Después de Una Noche con el Alfa
Pensé que estaba esperando el amor. En cambio, fui tomada por una bestia.
Mi mundo debía florecer en el Festival de Luna Llena de Moonshade Bay—champán burbujeando en mis venas, una habitación de hotel reservada para Jason y para mí, finalmente cruzar esa línea después de dos años. Me había puesto lencería de encaje, dejé la puerta abierta y me acosté en la cama, con el corazón latiendo de emoción nerviosa.
Pero el hombre que se subió a mi cama no era Jason.
En la habitación completamente oscura, ahogada en un aroma embriagador y especiado que me mareaba, sentí manos—urgentes, ardientes—quemando mi piel. Su grueso y palpitante miembro presionó contra mi húmeda entrepierna, y antes de que pudiera jadear, él empujó fuerte, desgarrando mi inocencia con fuerza despiadada. El dolor ardía, mis paredes se contraían mientras arañaba sus hombros de hierro, ahogando sollozos. Sonidos húmedos y resbaladizos resonaban con cada golpe brutal, su cuerpo implacable hasta que tembló, derramándose caliente y profundo dentro de mí.
—Eso fue increíble, Jason—logré decir.
—¿Quién diablos es Jason?
Mi sangre se volvió hielo. La luz iluminó su rostro—Brad Rayne, Alfa del Clan Moonshade, un hombre lobo, no mi novio. El horror me ahogó al darme cuenta de lo que había hecho.
¡Corrí por mi vida!
Pero semanas después, me desperté embarazada de su heredero.
Dicen que mis ojos heterocromáticos me marcan como una verdadera pareja rara. Pero no soy lobo. Soy solo Elle, una nadie del distrito humano, ahora atrapada en el mundo de Brad.
La mirada fría de Brad me clava: —Llevas mi sangre. Eres mía.
No hay otra opción para mí que elegir esta jaula. Mi cuerpo también me traiciona, deseando a la bestia que me arruinó.
ADVERTENCIA: Solo para lectores maduros
Invisible para su Matón
Placeres culposos
¿Todo ha sido un error? ¿O quizás solo parte del destino? La ida por un vaso de agua, resultó en el inicio de un deseo culposo con consecuencias irreversibles.
Soy Erika Martín de 21 años, soy una latina, proveniente de Venezuela, me mudé de mi país buscando el sueño Americano ante una oportunidad de empleo como servicio doméstico en la mansión uzcategui, sin saber que mi destino cambiaría por completo, al conocer a Alejandro Uzcategui, el heredero y magnate de negocios más prestigioso dela ciudad, con una ciudad tan grande y él puso sus ojos en mi, su humilde y tímida empleada, que no sabe decirle que no, todo con él era perfecto, pero él tiene dos grandes defectos, es casado y jodidamente posesivo, me llama bomboncito y me reclama como suya. Estoy locamente enamorada de él y temo por la repercusiones de lo que vendrá, ya que se que no me dejará escapar, menos cuando sepa mi gran secreto.
Accardi
—Te costará algo —susurró antes de tirar de su lóbulo con los dientes.
Sus rodillas temblaron y, si no fuera por su agarre en su cadera, habría caído. Él empujó su rodilla entre sus muslos como un soporte secundario en caso de que decidiera necesitar sus manos en otro lugar.
—¿Qué quieres? —preguntó ella.
Sus labios rozaron su cuello y ella gimió mientras el placer que sus labios provocaban se hundía entre sus piernas.
—Tu nombre —exhaló él—. Tu verdadero nombre.
—¿Por qué es importante? —preguntó ella, revelando por primera vez que su corazonada era correcta.
Él se rió contra su clavícula.
—Para saber qué nombre gritar cuando vuelva a entrar en ti.
Genevieve pierde una apuesta que no puede pagar. Como compromiso, acepta convencer a cualquier hombre que su oponente elija para que se vaya a casa con ella esa noche. Lo que no se da cuenta cuando el amigo de su hermana señala al hombre taciturno sentado solo en el bar, es que ese hombre no se conformará con solo una noche con ella. No, Matteo Accardi, Don de una de las pandillas más grandes de la ciudad de Nueva York, no hace encuentros de una sola noche. No con ella, de todos modos.
Juego del Destino
Cuando Finlay la encuentra, ella está viviendo entre humanos. Él está cautivado por la obstinada loba que se niega a reconocer su existencia. Puede que no sea su compañera, pero él quiere que sea parte de su manada, lobo latente o no.
Amie no puede resistirse al Alfa que entra en su vida y la arrastra de vuelta a la vida de manada. No solo se encuentra más feliz de lo que ha estado en mucho tiempo, su lobo finalmente viene a ella. Finlay no es su compañero, pero se convierte en su mejor amigo. Juntos, con los otros lobos principales de la manada, trabajan para crear la mejor y más fuerte manada.
Cuando llega el momento de los juegos de la manada, el evento que decide el rango de las manadas para los próximos diez años, Amie necesita enfrentarse a su antigua manada. Cuando ve al hombre que la rechazó por primera vez en diez años, todo lo que pensaba que sabía se pone patas arriba. Amie y Finlay necesitan adaptarse a la nueva realidad y encontrar un camino hacia adelante para su manada. Pero, ¿los separará esta nueva situación?
Renacida a los Dieciocho: La Segunda Oportunidad del Multimillonario
Cuando di a luz a su hija, su odio solo se intensificó. Me observó con fría satisfacción mientras las mentiras y las traiciones nos destruían a los dos. Mi pequeña niña inocente murió por culpa de los monstruos que él permitió que se acercaran a nosotras y yo... yo no pude sobrevivir a ese dolor.
Pero, de algún modo, vuelvo a tener dieciocho años: falta un día para esa noche que nos condenó a ambos. Esta vez voy a arrasar con todos los que lastimaron a mi hija. Haré que supliquen por la misericordia que nunca nos mostraron.
Y, sin embargo, Julian es completamente distinto ahora. Ya no es el hombre que antes escupía veneno contra mi mera existencia. En su lugar, me toca como si estuviera hecha de un vidrio precioso, con los ojos ardiendo de un anhelo desesperado.
—Por favor —susurra contra mi piel—, déjame amarte como debí hacerlo antes.
¿Cómo puede el mismo hombre que me destruyó mirarme ahora como si yo fuera su salvación?
Le Di una Bofetada a Mi Prometido—Luego Me Casé con su Némesis Multimillonario
Técnicamente, Rhys Granger era mi prometido ahora—millonario, increíblemente atractivo y un sueño húmedo de Wall Street. Mis padres me empujaron hacia el compromiso después de que Catherine desapareciera, y honestamente? No me importó. Había estado enamorada de Rhys durante años. Esta era mi oportunidad, ¿verdad? ¿Mi turno de ser la elegida?
Error.
Una noche, me abofeteó. Por una taza. Una estúpida, rota y fea taza que mi hermana le dio hace años. Fue entonces cuando me di cuenta—él no me amaba. Ni siquiera me veía. Solo era un reemplazo cálido para la mujer que realmente quería. Y aparentemente, ni siquiera valía tanto como una taza de café glorificada.
Así que lo abofeteé de vuelta, lo dejé y me preparé para el desastre—mis padres perdiendo la cabeza, Rhys teniendo una rabieta de millonario, su aterradora familia planeando mi prematura desaparición.
Obviamente, necesitaba alcohol. Mucho alcohol.
Entra él.
Alto, peligroso, injustamente atractivo. El tipo de hombre que te hace querer pecar solo por existir. Lo había conocido solo una vez antes, y esa noche, él simplemente estaba en el mismo bar que mi yo borracha y compadeciéndose de sí misma. Así que hice lo único lógico: lo arrastré a una habitación de hotel y le arranqué la ropa.
Fue imprudente. Fue estúpido. Fue completamente desaconsejado.
Pero también fue: El. Mejor. Sexo. De. Mi. Vida.
Y, como resultó, la mejor decisión que había tomado.
Porque mi aventura de una noche no es solo un tipo cualquiera. Es más rico que Rhys, más poderoso que toda mi familia, y definitivamente más peligroso de lo que debería estar jugando.
Y ahora, él no me va a dejar ir.
Mi Luna Marcada
—Sí.
Exhala, levanta su mano y la baja para abofetear mi trasero desnudo de nuevo... más fuerte que antes. Gimo por el impacto. Duele, pero es tan excitante y sexy.
—¿Lo harás de nuevo?
—No.
—¿No, qué?
—No, Señor.
—Buena chica —acerca sus labios para besar mi trasero mientras lo acaricia suavemente—.
—Ahora, voy a follarte —me sienta en su regazo en una posición de monta. Nos miramos a los ojos. Sus largos dedos encuentran el camino hacia mi entrada e insertan sus dedos.
—Estás empapada por mí, nena —dice complacido. Mueve sus dedos dentro y fuera, haciéndome gemir de placer.
—Hmm —pero de repente, se van. Lloro mientras deja mi cuerpo ansiando por él. Cambia nuestra posición en un segundo, así que estoy debajo de él. Mi respiración es superficial y mis sentidos incoherentes mientras anticipo su dureza en mí. La sensación es fantástica.
—Por favor —suplico. Lo quiero. Lo necesito tanto.
—Entonces, ¿cómo te gustaría venirte, nena? —susurra.
¡Oh, diosa!
La vida de Apphia es dura, desde ser maltratada por los miembros de su manada hasta que su compañero la rechaza brutalmente. Está sola. Golpeada en una noche difícil, conoce a su segunda oportunidad de compañero, el poderoso y peligroso Alfa Lycan, y vaya que le espera la aventura de su vida. Sin embargo, todo se complica cuando descubre que no es una loba común. Atormentada por la amenaza a su vida, Apphia no tiene otra opción que enfrentar sus miedos. ¿Podrá Apphia derrotar la iniquidad que amenaza su vida y finalmente ser feliz con su compañero? Sigue para más.
Advertencia: Contenido maduro.
La Esposa Contractual del CEO
Encuentro accidental con el Magnate
Hace cuatro años, la familia Bailey enfrentó una devastadora crisis financiera. Justo cuando la bancarrota parecía inevitable, un benefactor misterioso surgió, ofreciendo salvación con una condición: un matrimonio por contrato.
Circulaban rumores sobre este hombre enigmático—susurraban que era horriblemente feo y demasiado avergonzado para mostrar su rostro, posiblemente albergando obsesiones oscuras y retorcidas.
Sin dudarlo, los Bailey me sacrificaron para proteger a su preciosa hija biológica, obligándome a tomar su lugar como peón en este frío y calculado arreglo.
Por suerte, en esos cuatro años, el esposo misterioso nunca pidió reunirse en persona.
Ahora, en el último año de nuestro acuerdo, el esposo que nunca he conocido está exigiendo que nos encontremos cara a cara.
Pero un desastre ocurrió la noche antes de mi regreso—borracha y desorientada, me equivoqué de habitación de hotel y terminé durmiendo con el legendario magnate financiero, Caspar Thornton.
¿Qué demonios se supone que debo hacer ahora?
La Sustituta Desafiante del Rey Licántropo
Hasta que el rey lican más despiadado la encontró y la llevó a su palacio.
Le dijo que entregara al hijo que había dado a luz.
Pero ella nunca estuvo embarazada...
—Robaste mis genes y ahora quieres huir de mí? Ahora eres mía.












