
Las fantasías de Shanell
universolunar9 · Completado · 64.3k Palabras
Introducción
Pero… En mi hogar, en los brazos de mi marido o de alguien más, soy todo lo contrario.
Capítulo 1
“Soy una mujer tan ordinaria, como cualquier otra mujer”.
Tengo la fortuna de ser la esposa de un hombre que me ama y me respeta, en todos los sentidos y en todo momento. Desde que fuimos novios, él me ha tratado como su reina y más ahora, porque soy la madre de sus dos hijos.
Hoy en día, tengo 28 años de edad y mi esposo tiene 36, nos casamos hace algún tiempo, específicamente hace 8 años. Contraje matrimonio muy joven, pero no me arrepiento de ello. A mis 20 años de edad, conocí lo bonito de tener un esposo, que se desvive por demostrar su amor, a la mujer de su vida, o sea, a mí.
Mi esposo, desde el principio de nuestra relación siempre ha sido muy sexoso, es un hombre ardiente y morboso, creo que eso es una de las cosas que más me gustan y me encantan de él. Cuando está en casa, todos los días lo hacemos, sin importar el lugar, sea en la cocina, en el solar, en la habitación, el baño, el garaje o donde se nos ocurra, y, a cualquier hora, de verdad, me siento muy satisfecha y feliz con él, porque me da el placer que necesito y eso me vuelve loca.
Nuestra vida sexual ha sido muy activa desde que comenzamos nuestra relación, en la época del noviazgo. Yo soy muy fogosa y ardiente con él, creo que ese es el mejor truco para volver loco a un hombre, sobre todo, con las peculiaridades que tiene el mío. Hemos realizado cualquier cantidad y tipos de posiciones sexuales y en lugares que, quizás para muchas personas, suelen ser prohibidos o sean tabúes, aunque suene increíble, hemos probado muchísimas cosas, referente a darnos placer mediante el morbo.
Al principio, no era tan caliente como lo soy ahora, quizás, por el miedo a quedar embarazada sin haberlo planeado, y lo digo porque no veía la necesidad de cuidarme, teniendo una sola pareja sexual. Pero como hoy en día ya tengo una familia y, a nuestros hijos, mi esposo y yo, tomamos la decisión de que me operaría las trompas de Falopio para ya no tener más bebés, cerrando la fábrica como dicen coloquialmente y, así poder disfrutar con más plenitud de nuestra vida sexual.
Más que todo, disfrutar de esa sensación, exquisita y única, que es el palpitar de un buen miembro, tanto largo como grueso y apetitoso, en el interior de mis entrañas y disfrutar del ardiente semen, expandiéndose, dentro de mí.
No sé por qué, pero desde que me operé he notado que me caliento más de la cuenta, me excito como nunca antes, tanto así, que me dan muchas ganas de tener relaciones sexuales, mucho más de lo normal, creo yo. No sé a qué se deba, pero cuando mi esposo está en la casa, lo aprovecho, lo exprimo al máximo, no lo dejo ni descansar, solo quiero estar arriba de él o debajo, o en cualquier posición, pero siempre y cuando, que su rico pene esté dentro de mí.
“De solo pensarlo, se me hace agua la boca y se me mojan los labios… de abajo”.
Mi esposo y yo, tenemos una bonita amistad, claro, aparte de la relación marital. Somos amigos y amantes. Ocasionalmente organizamos fiestas de dos, solo él y yo, tomando cervezas y compartiendo mientras escuchamos música, bailamos o yo bailo para él, y hasta cantamos karaoke, cuando lo hacemos, yo tomo el micrófono entre mis manos, de manera sugestiva.
En una noche de cervezas, él me propuso algo muy loco, algo fuera de lugar para mí, en ese entonces, es más, cuando supe lo que quería no me lo podía creer, me pareció una idea descabellada, pues, me propuso hacer un trío con uno de sus compañeros de trabajo.
Esto, ya había ido más allá de lo que habíamos hecho antes, pero en vez de molestarme, la idea me agradó un poco, aunque pensé, que me lo decía sólo porque estaba medio borracho, pero no fue así, él hablaba muy en serio y me lo hizo saber, en cuanto estuvo sobrio.
Al día siguiente volvió a tocar el tema de hacer el trío con uno de sus amigos y dialogamos sobre ello. Tal vez sea una cosa rara entre las parejas, pues, hay hombres a los que no les hace gracia compartir a sus mujeres con otros, y viceversa, pero sucede.
Quedamos de acuerdo, en que, si los dos queríamos, podíamos intentar hacerlo, realmente, y pensando con cabeza fría y sin tragos en ella, no es que yo quisiera del todo, pero quería complacerlo en esa fantasía, así que, entre los dos nos pusimos a imaginar y a planear cómo sería, así como, qué reglas debíamos de seguir y cumplir. Para que todo saliera bien y no tener problemas a futuro.
Los dos estábamos de acuerdo que solo sería sexo de un solo encuentro, quizás dos, si nos gustaba o tal vez, esa sería la primera de muchas veces más. Eso no lo sabíamos con exactitud, debíamos experimentarlo primero.
Lo único que sí teníamos claro, era quién sería el tercero en discordia. Y no precisamente, una mujer, sino un hombre…
Ese que me daría algo diferente, a lo que estaba acostumbrada. Yo no estaba enterada del motivo por el cual, él había decidido escoger a su compañero, pero eso no importaba, él lo eligió y por algo debió ser, de manera que, estuve de acuerdo en todo lo que él había pensado, al fin y al cabo, él era la mente maestra.
Los planes eran: que él lo iba a llevar a casa y después de que pasara lo que ya habíamos planeado, no íbamos a volver a tener contacto con él, de ninguna manera, así nos gustara a ambos.
Ya todo estaba bien planeado, para cuando se nos diera la oportunidad. Mi esposo ya había acordado con el chico, los términos y las condiciones, que habían de cumplirse y él aceptó encantado, pues ¿Qué hombre se resiste a tal placer?
El encuentro con el amigo de mi esposo ya estaba ideado. Mi esposo me pedía que yo le dijera, que su amigo era mi novio, eso le excitaba por demás, y yo para complacerlo, se lo decía e incluso ya había hablado un par de veces con el chico, por medio de mensajes por WhatsApp y Messenger, los cuales mi amorcito, todo el tiempo estaba viendo, era el acuerdo, además que como ya he dicho, aparte de ser pareja, también somos los mejores amigos.
Según mi esposo, eso lo hacíamos para irnos conociendo un poco más y de cierta manera, tenía razón, pues poco a poco tendríamos la confianza que necesitábamos, sobre todo en estos menesteres. Con eso me di cuenta, que fuimos agarrando cierta confianza, ahora solo esperábamos la oportunidad para hacer todo lo pensado y llevarlo a la realidad.
“Eso me excitaba a morir”.
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Estuve a punto de que me asaltaran, o quizá podría haber pasado algo incluso peor.
Pero hubo un tipo que me salvó, como un superhéroe moderno, con un casco negro.
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Viva.
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Alguien me está siguiendo.
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