
LOS TRILLIZOS DEL CEO VIUDO
Cintia Vanesa Barros Freile · Completado · 246.4k Palabras
Introducción
Lo que debía ser un acuerdo frío y temporal se transforma en una tragedia inesperada cuando el embarazo resulta ser de trillizos… y Camila muere en un accidente la misma noche en que los bebés nacen prematuramente. Consumido por el dolor y la culpa, Jorge rechaza a sus propios hijos, incapaz de ver en ellos otra cosa que la pérdida de la mujer que amaba.
Sola, de luto y con tres recién nacidos en brazos, Lía se convierte en madre por instinto y por promesa, jurando no abandonar a los niños que nadie quiso. Pero cuando la muerte de su madre le revela un secreto oculto durante toda su vida —su verdadero origen y la identidad de un padre desconocido en Europa—, Lía entiende que el pasado aún no ha terminado de reclamarla.
Entre heridas abiertas, culpas que arden y un amor que lucha por nacer entre el resentimiento y la verdad, Los trillizos del CEO viudo es una historia de pérdidas irreparables, segundas oportunidades y vínculos que desafían la sangre y los contratos.
Porque a veces, la familia no es la que se planea…sino la que el destino impone.
Capítulo 1
Capítulo 1
POV Lía
Tres cosas son ciertas a las siete y media de la mañana: el café del hospital sabe a cartón mojado, la enfermera del turno de noche siempre se va sin avisar, y mi madre va a fingir que durmió bien aunque tenga ojeras de mapache.
—Buenos días, mami. ¿Qué tal la noche?
—De maravilla, hija.
Claro. Y yo soy Miss Universo.
Le dejo el termo sobre la mesita. Sopa de pollo de la cafetería del segundo piso, la única cosa decente en este edificio. Ella me sonríe como si le hubiera traído oro líquido. A veces me pregunto cuál de las dos miente mejor.
—¿Y el trabajo?
—Igual de glamoroso que ayer. Hoy fotocopio destinos.
Ríe. Por lo menos eso. Una risa pequeña, ronca, que termina en tos, y la tos termina con la enfermera asomándose a la puerta para mirarme con esa cara de «no la hagas reír, señorita». Asiento como una niña buena. Es lo único que sé hacer en este pasillo: asentir.
La factura del mes pasado todavía no la he abierto. La tengo en el bolso desde hace seis días, doblada como si fuera una bomba que se desactiva sola si no le hago caso. Spoiler: no se desactiva.
Valdez Enterprises ocupa los pisos veintiocho a treinta y cinco de un edificio de cristal que parece diseñado por alguien que nunca tuvo frío. Yo trabajo en el treinta y dos, en un cubículo con vista a otro cubículo. Me dicen «la asistente del señor Valdez», lo cual suena prestigioso hasta que te enteras de que mi función principal consiste en pedirle el almuerzo y fingir que su agenda no es un caos.
Hoy, además, hay un correo nuevo. Lo veo apenas enciendo el monitor.
Asunto: Recordatorio confidencial — programa de gestación subrogada.
Mañana se inician las entrevistas finales. Sala 4-B, ocho y media. Asisten Jorge y Camila Valdez. Lía Navas: encargada de logística y recepción de candidatas. Discreción absoluta.
Discreción absoluta. Subrayado mental. Como si las treinta secretarias del piso no llevaran tres meses chismorreando lo mismo en la cafetería.
Todo el edificio sabe que los Valdez no han podido tener hijos. Todo el edificio sabe que han probado de todo. Y todo el edificio sabe, también, lo que pagan: una cifra que circula como leyenda urbana, repetida con asombro, distorsionada cada vez. Yo conozco la cifra real. La he visto en un borrador de contrato que le imprimí a Jorge la semana pasada y que él me pidió que olvidara antes incluso de leerlo. La olvidé tan bien que la tengo grabada en la corteza cerebral.
Es exactamente lo que cuesta la operación de mi madre. Más un colchón. Más respirar.
Apago el monitor un segundo. Lo enciendo. Lo apago otra vez. Camino hasta el dispensador de agua, vuelvo, me siento, abro un cajón, lo cierro. La asistente del piso treinta y dos está teniendo lo que se conoce técnicamente como un colapso silencioso, y nadie lo nota porque sigo sonriendo.
Cuando me calmo, hago lo que tenía que hacer desde el principio: paso por el archivador del fondo, saco un formulario en blanco del cajón de candidatas, y me lo guardo en el bolso. Lo doblo en cuatro. Lo aplasto. Lo escondo entre el monedero y un paquete de pañuelos. Ahí dentro pesa más que cualquier otra cosa que haya cargado en mi vida.
La sala 4-B parece un quirófano que se hace pasar por sala de juntas. Vidrio, cromo, esa iluminación que no deja sombras y por lo tanto no deja humanidad. Acomodo doce vasos, doce botellas, doce carpetas. Cuento cada cosa dos veces porque la primera vez no me confío de mis manos.
Camila entra primero. Llega siempre cinco minutos antes que Jorge porque sabe que si no, él va a empezar la reunión sin ella. Hoy lleva un abrigo color hueso y un perfume que reconozco de los frascos del aeropuerto, esos que cuestan lo mismo que un alquiler. Me sonríe.
—Hola, Lía. Gracias por todo esto.
—Para eso estoy.
—No, no estás para esto. Estás para muchas otras cosas y este mes te tenemos haciendo de niñera de candidatas. Te debo un café cuando termine todo.
Asiento. Camila es de las que cumplen sus «te debo un café». Me cae bien por eso, y por otras quince cosas pequeñas que no le voy a decir nunca.
Jorge entra a las ocho y treinta y uno. No saluda. No saludarme a mí no me sorprende; no saludar a su esposa, eso sí debería sorprenderme, pero ya no lo hace. Lleva tres meses así, como si toda la energía emocional disponible se le fuera en mantener la cara de póker.
—¿Lista la primera?
—Lista.
—Bien. Que entre.
—Buenos días a ti también, querido —dice Camila.
—Buenos días, Camila.
Cuatro sílabas. Eso es lo más cariñoso que voy a oír de Jorge Valdez en toda la mañana.
La primera candidata se llama Marisol y tiene treinta y cuatro años. Manos cruzadas, espalda recta, sonrisa de catálogo. Trabaja en una panadería. Tiene una hija de seis años que la espera en casa con su madre.
—¿Por qué quieres participar en este programa? —pregunta Jorge.
—Por mi hija. Quiero comprarle una casa propia algún día.
Buena respuesta. Sincera. Limpia.
Jorge la mira durante tres segundos largos.
—¿Y si en el camino te encariñas con el bebé?
Marisol parpadea.
—No me encariñaría. Sé separar las cosas.
—Todo el mundo cree que sabe separar las cosas hasta que no puede.
—Señor, le aseguro que…
—Gracias, Marisol. Le avisaremos.
Marisol se queda con la frase a la mitad. Recoge su bolso, agradece, se levanta y sale con la dignidad intacta de las personas que ya se acostumbraron a que les digan que no. La puerta se cierra. Jorge cierra la carpeta. Tarda exactamente seis segundos en hacerlo, los conté.
—La siguiente.
—Jorge —dice Camila—. Por favor.
—¿Por favor qué?
—Hazle al menos las tres preguntas básicas antes de despedirla.
—Le hice la única pregunta que me importa. Las otras dos son protocolo.
Camila respira por la nariz, lento, como hacen las personas que están contando hasta diez por dentro. Yo finjo que estoy revisando carpetas. En realidad estoy mirándolos, calculando cuánto tiempo más durará este matrimonio si la respuesta a este programa es no.
La segunda candidata es peor. Hablo en términos de Jorge: dura cuatro minutos. La tercera, tres. La cuarta llega temblando y se va llorando antes de que él tenga tiempo de cerrar la carpeta. La quinta lo encara y le dice «usted no busca una madre, usted busca un mueble que respira», y Camila baja la mirada porque sabe que tiene razón.
Yo voy y vengo con jarras de agua. Repongo pañuelos. Recojo carpetas. Y entre vasija y vasija, miro el formulario doblado dentro de mi bolso como si fuera una mascota a la que tuviera que dar de comer pronto.
A las seis de la tarde, mi madre ya no está despierta cuando llego al hospital. La enfermera me dice que ha tenido un día regular. Regular, en este pasillo, significa que respiró sin máquina durante al menos tres horas. Lo celebro como si me hubieran dado una medalla.
Me siento al lado de la cama. Le agarro la mano. Se la froto despacio porque siempre la tiene helada y a mí me da la sensación de que si la caliento lo suficiente, no se me escapa hasta mañana.
Saco el formulario del bolso. Lo apoyo sobre mi regazo. No lo lleno todavía. Solo lo miro, las casillas en blanco, las preguntas en letra diminuta, el espacio enorme al final donde dice motivo de la solicitud.
—Mami —digo en voz baja—, te juro que si supieras lo que estoy pensando, te morirías ahora mismo solo para no tener que vivir conmigo el día después.
Ella respira. Sube y baja el pecho. Inhala, exhala. Es lo único que tiene que hacer hoy y lo está haciendo. Y yo, mientras tanto, doblo el formulario en cuatro otra vez, lo guardo, y le acomodo el cabello detrás de la oreja como si todavía fuera la mujer que me regañaba por dejar la ropa tirada en el sofá.
—Voy a pensar en algo —le susurro—. No me preguntes qué.
Últimos capítulos
#170 Capítulo 170 Capítulo FINAL
Última actualización: 4/28/2026#169 Capítulo 169 Capítulo 167.
Última actualización: 4/28/2026#168 Capítulo 168 Capítulo 166
Última actualización: 4/28/2026#167 Capítulo 167 Capítulo 165.
Última actualización: 4/28/2026#166 Capítulo 166 Capítulo 164.
Última actualización: 4/28/2026#165 Capítulo 165 Capítulo 163.
Última actualización: 4/28/2026#164 Capítulo 164 Capítulo 162.
Última actualización: 4/28/2026#163 Capítulo 163 Capítulo 161.
Última actualización: 4/28/2026#162 Capítulo 162 Capítulo 160.
Última actualización: 4/28/2026#161 Capítulo 161 Capítulo 159.
Última actualización: 4/28/2026
Te podría gustar 😍
ATLAS EL ALFA CAUTIVO
—Lléname de ti, Atlas —suplicó abriendo los pantalones del hombre.
Un gruñido animal abandonó la garganta de Atlas, pero no pudo hacer nada. Simplemente, observó como Mica le acariciaba la dura verga.
Durante meses. Atlas Dravencor sufrió en cautiverio a manos de su enemigo. El alfa Aziel de la manada de Plata. Encerrado como una bestia, fue torturado para doblegarlo, pero fiel a sus principios y lealtades, no se dejó vencer. Hasta que llegó Mica, inocente y con intención de ayudarlo, terminó sucumbiendo ante ella. Solo para enterarse de que se trataba de la hija de su peor enemigo.
Traicionado, juró vengarse y, cuando finalmente es rescatado por su padre y su gente, Atlas no huye solo: arrastra a Mica con él, herida en el asalto. No la salva por piedad. La lleva con él como su botín de guerra. Como castigo y símbolo de su victoria.
Atlas está decidido a vengarse y hacerle pagar por su engaño; sin embargo, estar lejos de la joven omega le resulta imposible, sobre todo, cuando descubre que en su cuello lleva su marca y en su vientre, a su hijo.
Entre la sed de venganza y el deseo prohibido, Atlas deberá decidir si será un verdugo… o un alfa digno.
Maximiliano Fisterra
Maximiliano Fisterra es u verdadero nombre, pero todos lo conocen como "Bayá", el hombre más frío y calculador que pudiera existir y el cual, después de haber sido abandonado en el altar por la mujer que quería, decide dejar de creer en el amor.
No obstante, la incómoda y molesta condición que le pone su padre para heredar la mafia, lo lleva a buscar una esposa por contrato. Pero lo que nunca imaginó fue que aquella fuese una astuta y testaruda mujer; además de hermosa y dominante como él.
¿Qué pasará entre dos polos que se detestan a morir?
¿Será que con ellos sí se podrá decir que "del odio al amor, hay un solo paso"?
Descúbrelo en la candente y apasionada historia de Merlí y...
Maximiliano Fisterra.
Prisión del Destino
—Déjame decirte: te encontrarás con el desdén de tu esposo y sufrirás por la negligencia emocional.
—Incluso podría andar con otras mujeres a tus espaldas...
—No pude soportar más esta vida, así que decidí divorciarme de mi esposo.
—Pero después del divorcio, él se volvió loco buscándome, incluso se arrodilló frente a mí, rogando por mi perdón y pidiéndome que lo aceptara de nuevo.
—¡Los hombres pueden ser tan patéticos!
—¿Debería perdonarlo?
La máscara del multimillonario (Un romance oscuro y ardiente)
La herencia del rancho.
En allí, Margarita conoce a Ryder, un vaquero que la atrae desde el inicio y con agrado descubre que el sentimiento es mutuo. ambos cargan con un pasado turbio, y lo suyo fue demasiado rápido, ardiente. Margarita descubre que está embarazada, ahora, las cosas han cambiado y no solo por el exnovio de Margarita aparece y para empeorar todo, su padre y madrastra también.
Se enfrentan a las hormonas de una joven embarazada y la pasión abrazadora de un hombre que sabe montar toros y domar caballos salvajes.
Las Profecías del Lobo
El CEO Sobre Mi Escritorio
—Sé que sí.
—¿Y si no quiere este tipo de protección?
—La querrá —digo, bajando un poco la voz—. Porque necesita a un hombre que pueda darle el mundo.
—¿Y si el mundo arde?
Mi mano se tensa sutilmente en la cintura de Violet.
—Entonces le construiré uno nuevo —respondo—. Aunque tenga que quemar el viejo yo mismo.
No trabajo para Rowan Ashcroft.
Trabajo bajo él.
Desde mi escritorio, decido quién obtiene acceso al CEO más implacable de la ciudad y quién no pasa del lobby. Gestiono su tiempo, su silencio, sus enemigos. Mantengo su mundo en marcha mientras el mío se derrumba en silencio bajo facturas impagas, una madre internada en rehabilitación y un hermano que desapareció sin despedirse.
Rowan Ashcroft es poder envuelto en un traje a medida.
Frío. Intocable. Implacable.
No coquetea. No sonríe. No ve a las personas, solo su utilidad.
Y durante mucho tiempo, yo solo fui útil.
Hasta que empezó a observarme.
Al principio, el cambio en su atención es sutil. Una pausa demasiado larga. Una mirada que se queda. Órdenes que me acercan en vez de alejarme. El hombre que está de pie frente a mi escritorio empieza a controlar más que mi agenda, y me doy cuenta demasiado tarde de que llamar la atención de Rowan Ashcroft es mucho más peligroso que ser ignorada.
Porque los hombres como él no ansían afecto.
Ansían posesión.
Esto se suponía que era un trabajo.
No una prueba de mis límites.
No una lenta y deliberada caída en su autoridad.
Pero si Rowan Ashcroft decide que pertenezco bajo su escritorio, que así sea.
Sobrevivir tiene un precio, y las facturas no se preocupan por cómo las pago.
Canción de corazón
Me veía fuerte, y mi loba era absolutamente preciosa.
Miré hacia donde estaba sentada mi hermana y ella y el resto de su pandilla tenían la cara llena de celos y furia. Luego miro hacia donde están mis padres y miran fijamente mi foto, si tan solo miradas pudieran incendiar mi porquería.
Les sonrío y luego me doy la vuelta para mirar a mi oponente. Todo lo demás se desvanece excepto lo que había aquí en esta plataforma. Me quito la falda y el cárdigan. De pie solo con mi tanque y capris, me pongo en posición de combate y espero a que comience la señal: para luchar, demostrar y no esconderme más.
Iba a ser divertido. Pensé, con una sonrisa en la cara.
Este libro «Heartsong» contiene dos libros: «Werewolf's Heartsong» y «Witch's Heartsong»
Solo para adultos: contiene contenido sobre temas de adultos, sexo, abuso y violencia
Elegida por el Rey Alfa Maldito
—Pero yo sobreviviré.
Lo susurré a la luna, a las cadenas, a mí misma—hasta que lo creí.
Dicen que el Rey Alfa Maximus es un monstruo—demasiado grande, demasiado brutal, demasiado maldito. Su cama es una sentencia de muerte, y ninguna mujer ha salido viva de ella. Entonces, ¿por qué me eligió a mí?
La omega gorda e indeseada. La que mi propia manada ofreció como basura. Una noche con el Rey despiadado se suponía que acabaría conmigo. En cambio, me arruinó. Ahora ansío al hombre que toma sin piedad. Su toque quema. Su voz manda. Su cuerpo destruye. Y sigo regresando por más. Pero Maximus no ama. No tiene compañeras. Él toma. Él posee. Y nunca se queda.
—Antes de que mi bestia me consuma por completo—necesito un hijo que tome el trono.
Qué lástima para él... no soy la chica débil y patética que tiraron. Soy algo mucho más peligroso—la única mujer que puede romper su maldición... o destruir su reino.
Una beta para el alfa.
Por otro lado, tenemos a Cole Turner, un alfa de veintitrés años que está envuelto en un drama familiar, el cual, lo ha orillado a mantener un compromiso con la hija adoptiva de su difunto tío, el antiguo alfa de una manada vecina.
Gracias a que el alfa de Raine, Alan Carter, es el mejor amigo de Cole, la joven loba se ve forzada a asistir a la fiesta de compromiso de Cole, donde, por desgracia, descubre que el novio, es su compañero.
Al encontrarse sus miradas, las chispas no tardan en surgir, mientras que las de Raine son de rencor, las de Cole no son más que de amor.
¿Podrá Cole hacer entender a su terca compañera que nada es lo que parece?
¿Podrá la propia Raine, resistirse a los encantos del alfa?
Sobre todo, ¿podrán llegar a confiar el uno en el otro para resolver los misterios sobre las desdichas de la familia Turner? ¿O las intrigas y las personas mal intencionadas triunfaran sobre ellos?
Matrimonio Arreglado Con Mi Jefe
Estela una chica bastante reservada , tímida y tranquila pero sobre todo una chica sin experiencia con los hombres.
¿Dormir con su jefe ? Jamás lo creyó posible , muchos menos entablar algún tipo de conversación con el , pues él jamás se fijo en su presencia.
Lo que ella jamás pensó es que asistir a la fiesta de disfraces que realiza cada año la empresa donde trabaja le traería grandes consecuencias en su vida .
Doctor Gonzalo Daver
Sin embargo, Gonzalo no quiere reconocer sus sentimientos y sólo pretende convertirla en su amante.
Para él solo existen dos grandes pasiones, la medicina y el sexo.
Abigail se esfuerza y consigue ser médica, inspirada por la admiración y el amor secreto que le profiere.
La maldad y el egoísmo de terceros, intentarán separarlos, como en el pasado separaron al doctor Felipe Daver de otra mucama, Diana Soulé,tía de Aby.
¿Podrán dejar los prejuicios de lado?
¿Se dará cuenta a tiempo que esa atracción que él siente, se convirtió en amor?












