
MARCADA POR LA MAFIA
maria de la hoz · En curso · 122.4k Palabras
Introducción
Sabrina Gutiérrez jamás imaginó que su vida cambiaría por culpa de las deudas de su padre. Lo que comenzó como una visita para salvar a su hermana termina con ella atrapada en las garras del hombre más peligroso de la ciudad. No es sumisa, no se rinde, y su rebeldía es justo lo que desata en Maximiliano un interés inesperado… y mortal. Logrará Sabrina conquistar el corazón de Maximiliano.
Él le advirtió que no podía escapar. Ella saltó al vacío antes de ceder. Pero con el destino no se negocia… y ahora están unidos por algo más poderoso que el odio: el deseo.
Entre traiciones, secretos, y una guerra de mafias donde nadie está a salvo, Sabrina y Maximiliano descubrirán que amar puede ser más letal que cualquier bala.
¿Hasta dónde puede llevarte una deuda? ¿Y cuánto estás dispuesto a perder cuando te enamoras de tu peor pesadilla?
Capítulo 1
La noche olía a pólvora.
Una brisa pesada recorría los callejones industriales del puerto, trayendo consigo el hedor salado del mar mezclado con el humo de aceite quemado. En el muelle 17, los reflectores de las grúas industriales parpadeaban como ojos cansados en medio de la oscuridad. Las sombras se alargaban y encogían con cada destello, proyectando figuras distorsionadas sobre los contenedores de metal que se apilaban como gigantes dormidos.
Maximiliano Salvatore se encontraba en medio de ese caos, con la mandíbula tensa y los ojos encendidos de furia. Vestía de negro, con una chaqueta de cuero manchada de sangre seca y el arma aún humeante entre las manos. A su lado, con el rostro bañado en lágrimas y sangre, estaba ella: su mujer. La única que había logrado arrancar una sonrisa genuina de su rostro endurecido por los años. Su esposa, su luz, la que cargaba en su vientre la promesa de un futuro distinto.
Todo había salido mal.
Aquella noche, Maximiliano había acudido al puerto para supervisar personalmente una entrega importante de armas que su padre había negociado con un contacto ucraniano. Era una operación sencilla. Rutinaria. Pero nada en esa noche era común. Las estrellas parecían ocultas, como si el cielo mismo presintiera la tragedia que se avecinaba.
Los hombres de Lorenzo Bianchi estaban escondidos entre las sombras, como ratas acechando el festín. No fue una emboscada cualquiera. Fue una ejecución. Precisa, cruel, orquestada con alevosía. Y Lorenzo, el cobarde de voz elegante, no se dignó a aparecer. Envió a sus perros, a sus soldados, a hacer su trabajo sucio.
El primer disparo resonó como un trueno que partió la noche. Luego vinieron los gritos, el estruendo del metal, el silbido de las balas rebotando contra los contenedores. Maximiliano había sentido la vibración del suelo antes siquiera de oír el estallido. Su instinto lo llevó a cubrir a su mujer con el cuerpo mientras desenfundaba su pistola.
—¡Cubran los flancos! —gritó Martín Fiore, su mano derecha, desde el costado del muelle. Sus hombres comenzaron a responder el fuego enemigo con una precisión brutal.
La balacera fue una danza de muerte. Maximiliano, con los dientes apretados, se movía como un lobo en la oscuridad. Cada disparo era una promesa de venganza. El sudor le resbalaba por la frente, mezclándose con la sangre que salpicaba desde todas las direcciones. Sus botas resonaban sobre los tablones metálicos, cada paso un eco de furia.
Su padre, don Salvatore, veterano de mil guerras, intentaba coordinar la defensa desde el lado izquierdo del muelle. Pero era tarde. Una bala atravesó su pecho. Maximiliano lo vio caer como un árbol arrancado de raíz.
—¡¡Noooo!! —Su rugido fue un alarido que cortó la batalla como un relámpago. Corrió hacia él, esquivando balas, con el corazón latiendo a un ritmo inhumano.
—¡¡Papá!!…
Se arrodilló junto al cuerpo de su padre. Sangre, demasiada sangre. El viejo respiraba con dificultad, la mirada nublada. Sus labios se movieron apenas.
—No... dejes... que ganen... —Susurró.
La muerte se lo llevó antes de que Maximiliano pudiera responder. En ese instante, algo dentro de él se quebró para siempre.
Sin pensarlo, giró con la pistola en alto y disparó. Cinco veces. El asesino de su padre cayó al instante, con el rostro desfigurado por el plomo. El retroceso de cada disparo retumbó en sus huesos, pero era la única forma de no gritar. De no volverse loco.
Entonces lo oyó.
Un grito. Agudo. Desgarrador.
Giró la cabeza y la vio. Su mujer estaba de rodillas, sus manos extendidas, como si aún intentara detener la bala que ya la había atravesado. Detrás de ella, un sicario enemigo con una escopeta humeante. Ella cayó de lado, sus ojos clavados en los de Maximiliano.
—Max... —Susurró, apenas audible.
El mundo se detuvo.
El ruido cesó, como si el tiempo se hubiese congelado. Maximiliano no escuchaba los disparos, ni los gritos, ni las órdenes de Martín. Solo el silencio. Y su respiración, entrecortada. Caminó hacia ella como un autómata. Se dejó caer a su lado, temblando, con la pistola colgando inútil.
Sus manos buscaron las de ella, todavía tibias. En su vientre, una mancha roja crecía lentamente. El hijo que no llegaría a nacer. El futuro que se desangraba junto a ella.
—Perdóname... —Susurró él.
—Te amo, Max, nunca me olvides—. dijo ella entre susurros.
Ella sonrió. Un gesto leve, casi invisible. Luego, nada.
El grito que Maximiliano soltó fue inhumano. Un rugido primitivo, nacido del dolor más profundo que un hombre puede soportar. Martín llegó a tiempo para detenerlo de lanzarse hacia la línea de fuego.
—¡No puedes morir aquí! ¡No ahora! —le gritó, mientras lo arrastraba hacia la cobertura.
Los hombres de Maximiliano contraatacaron con furia renovada. Las balas volaban en todas direcciones, pero la rabia les daba puntería. Uno por uno, los sicarios de Lorenzo cayeron, hasta que solo quedó el silencio.
Maximiliano estaba de rodillas, cubierto de sangre, con el rostro hacia el cielo sin estrellas. El aire olía a muerte. LA venganza. A algo roto que nunca volvería a ser entero.
—Lo pagarás, Lorenzo —murmuró, con la voz llena de hielo—. Te juro que lo pagarás muy caro; me has declarado la guerra.
Esa noche, en el muelle 17, Maximiliano Salvatore dejó de ser un hombre. Y se convirtió en el monstruo que el mundo temería.
Martín se acercó con cautela. Sus ojos, aunque acostumbrados a la muerte, se humedecieron al ver a su jefe roto, destrozado, abrazando el cuerpo sin vida de su mujer. Con un gesto silencioso, dio la orden a los hombres para que recogieran el cuerpo de don Salvatore. Sabía que esa noche quedaría marcada para siempre en la historia de la familia.
—Tenemos que irnos, Max. Esto no ha terminado, y no podemos quedarnos aquí —dijo, con la voz firme pero cargada de respeto.
Maximiliano no respondió. Solo asintió, apenas un movimiento de cabeza. Se inclinó y levantó el cuerpo de su esposa entre sus brazos. La sostuvo con una delicadeza que contrastaba con el escenario infernal que los rodeaba. Su cabello manchado de sangre, su rostro aún sereno y su vientre... donde ya no quedaba vida.
Caminaron hacia el coche blindado. Cada paso era un tormento. Al subir, Maximiliano se sentó en el asiento trasero con ella aún en sus brazos. La abrazó fuerte, como si con eso pudiera devolverle el aliento, el calor, el alma.
—¿Por qué te traje aquí...? —susurró, su voz rota.
Las lágrimas descendían sin resistencia por su rostro endurecido. Acarició la mejilla de su esposa y apoyó su frente contra la de ella.
—Fue una locura... no lo viste venir... Por favor, despierta...
Un grito le brotó desde el pecho, desgarrador, imposible de contener. Martín, desde el asiento del conductor, lo miró por el retrovisor. Bajó la mirada con dolor. No había palabras para calmar eso. Solo el silencio del camino de regreso a la mansión, donde nada volvería a ser igual.
Esa noche, en el asiento trasero de un coche ensangrentado, Maximiliano Salvatore perdió todo lo que alguna vez amó. Y con ello, nació el verdadero demonio que juró jamás perdonar, jamás olvidar.
Últimos capítulos
#109 Capítulo 108: La noche seguía oscura
Última actualización: 10/28/2025#108 Capítulo “Dos almas al borde del precipicio”
Última actualización: 10/25/2025#107 Capítulo 106 Tú eres realmente mi prometido
Última actualización: 10/23/2025#106 Capítulo 106: Todo se salió de control.
Última actualización: 10/21/2025#105 Capítulo 104: Hombre vulnerable
Última actualización: 10/21/2025#104 Capítulo 103 – El encuentro con Ana
Última actualización: 10/21/2025#103 Capítulo 102 – Encuentro en el centro comercial
Última actualización: 10/20/2025#102 Capítulo 101 — La confeccion
Última actualización: 10/20/2025#101 Capítulo 100 Recuerdos
Última actualización: 10/19/2025#100 Capítulo 99 — La toma de la bodega
Última actualización: 10/19/2025
Te podría gustar 😍
Cómo No Enamorarme de un Dragón
Por eso fue más que un poco desconcertante cuando llegó una carta con mi nombre ya impreso en un horario de clases, una habitación en el dormitorio esperándome y las materias elegidas, como si alguien me conociera mejor de lo que me conozco yo misma. Todo el mundo conoce la Academia, es donde las brujas afilan sus hechizos, los cambiaformas dominan sus formas, y toda clase de criatura mágica aprende a controlar sus dones.
Todos menos yo.
Ni siquiera sé qué soy. No hay cambio de forma, ni trucos de magia, nada. Solo una chica rodeada de personas que pueden volar, conjurar fuego o sanar con un toque. Así que me siento en las clases fingiendo que encajo, y escucho con atención cualquier pista que pueda decirme qué es lo que llevo escondido en la sangre.
La única persona más curiosa que yo es Blake Nyvas, alto, de ojos dorados y, definitivamente, un dragón. La gente susurra que es peligroso, me advierten que mantenga las distancias. Pero Blake parece decidido a resolver el misterio que soy, y de algún modo confío en él más que en nadie.
Tal vez sea imprudente. Tal vez sea peligroso.
Pero cuando todos los demás me miran como si no perteneciera a este lugar, Blake me mira como si fuera un acertijo que vale la pena resolver.
Emparejada con su Instructor Alfa
Semanas después, nuestro nuevo instructor Alfa de combate entra al salón. Regis. El tipo del bosque. Sus ojos se clavan en los míos, y sé que me reconoce. Entonces el secreto que he estado ocultando me golpea como un puñetazo: estoy embarazada.
Él tiene una propuesta que nos ata más que nunca. ¿Protección… o una jaula? Los susurros se vuelven venenosos, la oscuridad se cierra sobre mí. ¿Por qué soy la única sin lobo? ¿Es mi salvación… o me arrastrará a la ruina?
El Amor No Dicho del CEO
Antes de que pudiera responder, se acercó más, de repente alzándose sobre mí, su rostro a centímetros del mío. Sentí que mi respiración se detenía, mis labios se separaban por la sorpresa.
—Entonces este es el precio por hablar mal de mí con otros —murmuró, mordisqueando mi labio inferior antes de reclamar mi boca en un beso real. Comenzó como un castigo, pero rápidamente se transformó en algo completamente diferente cuando respondí, mi rigidez inicial derritiéndose en cumplimiento, luego en participación activa.
Mi respiración se aceleró, pequeños sonidos escapando de mi garganta mientras exploraba mi cuerpo. Sus caricias eran tanto castigo como placer, arrancando estremecimientos de mí que pensé él sentía reverberar a través de su propio cuerpo.
Mi camisón se había subido, sus manos descubriendo más de mí con cada caricia. Ambos estábamos perdidos en la sensación, el pensamiento racional retrocediendo con cada segundo que pasaba...
Hace tres años, para cumplir el deseo de su abuela, me vi obligada a casarme con Derek Wells, el segundo hijo de la familia que me había adoptado durante diez años. Él no me amaba, pero yo lo había amado en secreto todo el tiempo.
Ahora, el matrimonio contractual de tres años está a punto de terminar, pero siento que algún tipo de sentimiento se ha desarrollado entre Derek y yo que ninguno de los dos está dispuesto a admitir. No estoy segura de si mis sentimientos son correctos, pero sé que no podemos resistirnos físicamente...
Déjalos Arrodillarse
Expulsada por su manada. Olvidada por los licántropos.
Vivía entre humanos —callada, invisible, oculta en un pueblo en el que nadie se fijaba dos veces.
Pero cuando su primer celo llega sin previo aviso, todo cambia.
Su cuerpo se enciende. Sus instintos gritan. Y algo primitivo se agita bajo su piel—
invocando a un gran y temible Alfa que sabe exactamente cómo apagar su fuego.
Cuando él la reclama, es éxtasis y ruina.
Por primera vez, cree que ha sido aceptada.
Vista.
Elegida.
Hasta que él la deja a la mañana siguiente—
como un secreto del que nunca se debe hablar.
Pero Kaelani no es lo que ellos creían.
No carece de lobo. No es débil.
Hay algo antiguo en su interior. Algo poderoso. Y está despertando.
Y cuando lo haga—
todos recordarán a la chica a la que intentaron borrar.
Especialmente él.
Ella será el sueño que él no dejará de perseguir... lo único que alguna vez lo hizo sentir vivo.
Porque los secretos nunca permanecen enterrados.
Y los sueños tampoco.
Esta Vez Él Me Persigue Con Todo
Afuera del salón de baile, ella se acercó a él mientras fumaba junto a la puerta, con la intención de, al menos, darle una explicación.
—¿Todavía estás enojado conmigo?
Él tiró el cigarrillo y la miró con abierto desprecio.
—¿Enojado? ¿Crees que estoy enojado? Déjame adivinar: Maya por fin descubre quién soy y ahora quiere "reconectar". Otra oportunidad ahora que sabe que mi apellido viene acompañado de dinero.
Cuando ella intentó negarlo, él la interrumpió.
—Fuiste algo pasajero. Una nota al pie. Si no hubieras aparecido esta noche, ni siquiera me habría acordado de ti.
Las lágrimas le escocieron en los ojos. Estuvo a punto de hablarle de su hija, pero se detuvo. Él solo pensaría que estaba usando a la niña para atraparlo y quedarse con su dinero.
Maya se lo tragó todo y se marchó, segura de que sus caminos nunca volverían a cruzarse... pero él continuó apareciendo en su vida, hasta que fue él quien se rebajó, rogándole humildemente que lo aceptara de vuelta.
Elegida por el Rey Alfa Maldito
—Pero yo sobreviviré.
Lo susurré a la luna, a las cadenas, a mí misma—hasta que lo creí.
Dicen que el Rey Alfa Maximus es un monstruo—demasiado grande, demasiado brutal, demasiado maldito. Su cama es una sentencia de muerte, y ninguna mujer ha salido viva de ella. Entonces, ¿por qué me eligió a mí?
La omega gorda e indeseada. La que mi propia manada ofreció como basura. Una noche con el Rey despiadado se suponía que acabaría conmigo. En cambio, me arruinó. Ahora ansío al hombre que toma sin piedad. Su toque quema. Su voz manda. Su cuerpo destruye. Y sigo regresando por más. Pero Maximus no ama. No tiene compañeras. Él toma. Él posee. Y nunca se queda.
—Antes de que mi bestia me consuma por completo—necesito un hijo que tome el trono.
Qué lástima para él... no soy la chica débil y patética que tiraron. Soy algo mucho más peligroso—la única mujer que puede romper su maldición... o destruir su reino.
Vendida al Señor de la Noche
La última oportunidad de la luna morbosa
Pero todo cambió el día que me dijeron que mi loba se había quedado dormida. El doctor me advirtió que si no marcaba o rechazaba a Alexander dentro de un año, moriría. Sin embargo, ni mi esposo ni mi padre se preocuparon lo suficiente como para ayudarme.
En mi desesperación, tomé la decisión de dejar de ser la chica dócil que ellos querían que fuera.
Pronto, todos me llamaron loca, pero eso era exactamente lo que quería—rechazo y divorcio.
Lo que no esperaba era que mi antes arrogante esposo un día me rogara que no me fuera…
Mi profesor vampiro
De hecho, era hábil y muy sexy. Dejé efectivo y me escapé a la mañana siguiente.
Más tarde, me topé con el «chico de compañía» en mi clase y descubrí que, de hecho, era mi nuevo profesor. Poco a poco, me di cuenta de que había algo diferente en él...
«Olvidaste algo».
Me regaló una bolsa de la compra delante de todos los que tenían cara de póker.
«Qué...»
Empecé a preguntar, pero ya se estaba alejando.
Los demás estudiantes de la sala me miraban fijamente, preguntándose qué me acababa de entregar.
Eché un vistazo al interior de la bolsa y la cerré al instante, sintiendo que la sangre salía de mi cuerpo.
Era el sujetador y el dinero que había dejado en su casa.
Paraíso Cruel - Un Romance Mafioso
Llamar por accidente a tu jefe...
Y dejarle un mensaje de voz subido de tono cuando estás, eh... «pensando» en él.
Trabajar como la asistente personal de Ruslan Oryolov es un trabajo infernal.
Después de un largo día satisfaciendo cada capricho del multimillonario, necesito liberar estrés.
Así que, cuando llego a casa esa noche, eso es exactamente lo que hago.
El problema es que mis pensamientos siguen estancados en el imbécil de mi jefe que me está arruinando la vida.
No pasa nada; porque de todos los muchos pecados de Ruslan, ser guapísimo podría ser el más peligroso.
Esta noche, fantasear con él es justo lo que necesito para llevarme al límite.
Pero cuando bajo la mirada hacia mi teléfono, aplastado a mi lado,
Ahí está.
Un mensaje de voz de 7 minutos y 32 segundos...
Enviado a Ruslan Oryolov.
Entro en pánico y lanzo mi teléfono al otro lado de la habitación.
Pero no hay forma de deshacer el daño causado por mi muy sonoro orgasmo.
Entonces, ¿qué puedo hacer?
Mi plan era simplemente evitarlo y actuar como si nunca hubiera pasado.
Además, nadie tan ocupado revisa sus mensajes de voz, ¿verdad?
Pero cuando programa una reunión a solas conmigo de exactamente 7 minutos y 32 segundos,
Una cosa es segura:
Lo.
Escuchó.
Todo.
El Latido Prohibido
La mía cambió en el tiempo que tomó abrir una puerta.
Detrás de ella: mi prometido Nicholas con otra mujer.
Tres meses hasta nuestra boda. Tres segundos para verlo todo arder.
Debí haber corrido. Debí haber gritado. Debí haber hecho cualquier cosa excepto quedarme allí como una tonta.
En cambio, escuché al mismísimo diablo susurrar en mi oído:
—Si estás dispuesta, podría casarme contigo.
Daniel. El hermano del que me advirtieron. El que hacía que Nicholas pareciera un niño de coro.
Se apoyó contra la pared, observando cómo mi mundo se desmoronaba.
Mi pulso retumbaba. —¿Qué?
—Me escuchaste. —Sus ojos se clavaron en los míos—. Cásate conmigo, Emma.
Pero al mirar esos ojos magnéticos, me di cuenta de algo aterrador:
Quería decirle que sí.
Que comience el juego.
El Arrepentimiento del CEO: Los Gemelos Secretos de Su Esposa Perdida
Aria Taylor despierta en la cama de Blake Morgan, acusada de seducirlo. ¿Su castigo? Un contrato matrimonial de cinco años—su esposa en papel, su sirvienta en realidad. Mientras Blake presume a su verdadero amor, Emma, en las galas de Manhattan, Aria paga las facturas médicas de su padre con su dignidad.
Tres años de humillación. Tres años de ser llamada la hija de un asesino—porque el coche de su padre "accidentalmente" mató a un hombre poderoso, dejándolo en coma y destruyendo a su familia.
Ahora Aria está embarazada del hijo de Blake. El bebé que él juró que nunca querría.
Alguien quiere matarla. La encerraron en un congelador, sabotearon cada uno de sus pasos. ¿Es porque su padre está despertando? ¿Porque alguien tiene miedo de lo que él pueda recordar?
Su propia madre intenta desconectarlo. La perfecta Emma de Blake no es quien aparenta ser. Y esos recuerdos que Aria tiene de salvar a Blake de un incendio? Todos dicen que son imposibles.
Pero no lo son.
A medida que los ataques se intensifican, Aria descubre la traición definitiva: La mujer que la crió podría no ser su verdadera madre. El accidente que destruyó su vida podría haber sido un asesinato. Y Blake—el hombre que la trata como propiedad—podría ser su única salvación.
Cuando su padre despierte, ¿qué secretos revelará? ¿Descubrirá Blake que su esposa lleva a su heredero antes de que alguien la mate? Y cuando él sepa quién realmente lo salvó, quién realmente lo drogó, y quién ha estado cazando a su esposa—¿se convertirá su venganza en su redención?












