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No Soy Tu Esposa Ciega Multimillonaria

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Kate York · En curso · 363.7k Palabras

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Introducción

Pensaban que era solo una esposa ciega e indefensa. No podían estar más equivocados.

Después de recuperar milagrosamente la vista, lo primero que presencié fue a mi devoto esposo enredado con su amante. Su “amor inquebrantable” no era más que mentiras—un plan para robar mi fortuna.

Ahora es mi turno de tomar el control. Reuniré cada prueba y lo dejaré sin nada.

Pero cuando el multimillonario más poderoso y despiadado de la ciudad entra en escena, mi plan de venganza se complica. Él conoce mi secreto y ofrece un trato diabólico: —Conviértete en mi asistente personal para saldar tus deudas. Y divorciate de tu esposo.

Ese esposo infiel pensaba que mi ceguera me hacía débil. Está a punto de aprender que no hay nada más peligroso que una esposa que finalmente ve con claridad—y tiene una fortuna en sus manos.

Capítulo 1

En la habitación del hospital, Olivia Smith abrió los ojos lentamente.

Esta vez, en lugar de la oscuridad familiar, estaba mirando fijamente el techo sobre su cabeza.

Parpadeó varias veces, asegurándose de que no fuera un engaño de su mente. Cuando se dio cuenta de que era real, una oleada de alegría e incredulidad la recorrió por completo.

Podía ver… por fin.

¿Se habrían disuelto al fin los coágulos de sangre que presionaban su nervio óptico —los que quedaron tras el accidente de auto cuando salvó a Austin Roberts—?

Su sonrisa era imposible de ocultar. Moría de ganas de contárselo a Austin. Durante dos años él había vivido con la culpa de su ceguera. Saber que ella podía ver de nuevo lo haría feliz… de eso estaba segura.

La puerta se abrió y Austin entró, tomando su mano. Su voz sonaba tensa, cargada de preocupación y culpa.

—Olivia, lo siento. Salí un momento para atender cosas del trabajo y no estaba aquí cuando te caíste y te golpeaste la cabeza. ¿Cómo te sientes ahora?

Ella lo miró, miró el enrojecimiento de sus ojos por la preocupación, lista para decirle la verdad: que podía ver otra vez.

Pero entonces su mirada se posó en su corbata. Una corbata de seda blanca… con una mancha de lápiz labial.

Se le cortó la respiración y el mundo pareció inclinarse. Nunca se le había pasado por la cabeza que Austin pudiera ser infiel.

Dos años atrás, ella había perdido la vista por salvarlo. Él le había jurado cuidarla el resto de su vida. Y ahora, apenas dos años después, ya había roto esa promesa.

Austin notó el cambio en su expresión y se inclinó hacia ella.

—Olivia… ¿qué pasa? ¿Te sientes mal?

Ella parpadeó y negó con la cabeza.

—Estoy bien.

Debajo de la manta, su mano se cerró en un puño.

Tenía la mente en blanco. Ni siquiera le contó que había recuperado la vista. Y entonces sonó el teléfono de él.

Tal vez pensando que ella no podía ver, Austin se sentó al borde de la cama y respondió el mensaje.

Ella lo vio curvar los labios en una sonrisa que se prolongó. Se veía… contento. Demasiado contento. Como un hombre que le escribe a su amante.

Su corazón se hundió aún más.

—Olivia, si te sientes incómoda de alguna manera, tienes que decírmelo —dijo él al terminar de responder, todavía con la máscara de esposo atento.

La voz de Olivia sonó serena.

—Austin, ya no quiero quedarme en el hospital. Quiero ir a casa.

La sonrisa de él titubeó por un instante antes de volver.

—Está bien. Haré los trámites esta tarde.

—Recuerdo que tu cumpleaños es en tres días —dijo ella en voz baja—. Te preparé un regalo.

El rostro de Austin se iluminó.

—Siempre sabes cómo hacerme feliz.

Ella forzó una leve sonrisa.

El regalo llevaba semanas listo: un cinturón de cuero de marca. Pero ahora, dentro de la caja irían los papeles del divorcio. Quería ver la expresión de su cara cuando la abriera.

Austin se movió con rapidez y, para la tarde, ya estaban de vuelta en la villa.

Olivia dejó que él la guiara hacia adentro, mientras su mirada recorría el lugar que había llamado hogar durante dos años.

Cuanto más se fijaba, más se abría la herida invisible de su corazón.

Esta había sido su casa matrimonial. Cada detalle lo había arreglado con sus propias manos. Podía notar al instante qué había cambiado.

Los tulipanes que tanto le gustaban en la sala habían desaparecido, reemplazados por lirios.

La foto enmarcada de ambos en el dormitorio había desaparecido.

Los peluches que solía dejar a los pies de la cama… desaparecidos.

Sus vestidos claros en el armario… desaparecidos. En su lugar, hileras de prendas en tonos oscuros.

La casa llevaba las huellas de otra mujer.

Austin la acomodó en el sofá y habló con suavidad.

—Olivia, ¿quieres que te ayude a bañarte? Tus ojos… todavía no puedes ver bien.

Ella alzó la cabeza hacia él. Su mano se demoró en su cintura, los dedos acariciando de una forma que conocía demasiado bien.

—Desde que te internaron, no hemos estado cerca —murmuró—. Te he extrañado, Olivia.

Se inclinó para besarla.

Ella giró la cabeza en el último segundo y soltó un estornudo.

Su tono fue deliberado.

—Creo que anoche me resfrié… me olvidé de cerrar la ventana.

Austin se apartó de inmediato.

—Voy a traerte medicina.

—Está bien.

Esa noche, se acostaron espalda contra espalda.

Olivia miró fijamente el techo, completamente despierta. El dolor en el pecho se extendía como escarcha, lento e implacable.

Luego—pasos suaves fuera de la puerta.

Alguien entró en el dormitorio.

Olivia vio con claridad el rostro de la mujer. La conocía.

Lucia Ember.

La antigua amante de Austin.

Años atrás, cuando Austin enfrentó la bancarrota, Lucia había hecho las maletas y se había marchado sin dudar. Si Olivia no se hubiera quedado a su lado, buscando contactos y cerrando acuerdos, él jamás se habría recuperado.

Lucia se acercó al costado de la cama.

Los ojos de Austin se abrieron de par en par, sorprendido. La sujetó del brazo.

Lucia se deslizó sobre su regazo, rodeándole el cuello con los brazos.

Iba vestida para provocar: lencería negra que apenas cubría lo esencial. Su mano se movió hacia él.

Austin se quedó inmóvil, bloqueando su caricia, lanzándole una mirada de advertencia y señalando con la cabeza hacia Olivia, como recordándole que no se excediera.

Olivia lo observó todo, las uñas clavándose en la palma de la mano.

Parpadeó, fingiendo desconcierto.

—Creí oír que alguien entraba. ¿Quién es?

—Solo una empleada… necesitaba algo de mí. Vuelve a dormir, Olivia. Ya regreso —dijo Austin rápidamente, arrastrando a Lucia fuera de la habitación.

El rostro de Olivia se endureció.

Se bajó de la cama y los siguió.

Austin empujó a Lucia hacia el estudio. No cerró del todo la puerta, dejando una rendija.

Desde la esquina, Olivia podía ver a Lucia acurrucada contra el pecho de Austin.

No alcanzaba a oír lo que decían, pero la mirada de Austin se había suavizado… peligrosamente.

Entonces Lucia se puso de puntillas, y sus labios se encontraron.

Olivia retrocedió tambaleándose, temblando. En su mente, el beso se repetía una y otra vez.

¿Cuántas veces había ocurrido aquello en los dos años que ella estuvo ciega?

Austin de verdad la había engañado… llevando a su amante directamente a su hogar…

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(Contiene contenido maduro y oscuro)


EXTRACTO

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También por la autora: Cazando a la Reina Híbrida (romance oscuro de cambiaformas).