
Reina Entre Lobos
Julyanna Aryas · En curso · 37.1k Palabras
Introducción
Capítulo 1
Yo siempre quise ser la buena chica… hasta que un día, me lo arrebataron todo sin darme la oportunidad de defenderme.
Alexei arrojó los papeles sobre la mesa del comedor con tal violencia que mi taza de café estuvo a punto de volcarse. El sonido seco del golpe resonó en la habitación, tan abrupto como el silencio que le siguió.
Me estremecí al encontrarme con su mirada. Era fría, calculadora, cargada de una seriedad que no conocía en él. Una mirada defensiva, distante, que me erizó la piel y me hizo presentir que algo estaba terriblemente mal.
—¿Amor? ¿Qué sucede? —pregunté, con un nudo en la garganta y el corazón acelerado, ignorando que, segundos después, mi vida tomaría un rumbo irreversible.
—Regina, necesito que firmes estos papeles. Ahora mismo —respondió, con una brusquedad tan ajena que sentí cómo cada palabra me golpeaba el pecho.
Confundida, tomé los documentos entre mis manos temblorosas. Mis ojos recorrieron las hojas hasta detenerse en los títulos, y el aire se me escapó de los pulmones al comprenderlo.
Papeles de divorcio.
—¿¡El divorcio!? —exclamé, incrédula—. Pero… ¿Por qué? Creí que nuestro matrimonio era perfecto…
Su expresión se endureció aún más, como si mis palabras hubieran encendido algo oscuro en él.
—Ese es el maldito problema contigo, Regina —espetó—. Tú crees que todo lo que gira a tu alrededor tiene que ser perfecto, y no lo es. Nunca lo fue. Incluso nuestros hijos están cansados de ti, de tu presencia constante en esta casa.
Cada frase caía como una sentencia.
—Todo tiene que seguir tus reglas —continuó—. Para ti, hasta el desayuno es un ritual de perfección: no nos permites bajar sin cambiarnos, siempre preparas menús dignos de restaurantes finos, me organizas la ropa que debo usar todos los días para el trabajo… ¿No te parece suficiente? ¡Nada en la vida es perfecto! —alzando la voz—. Y este divorcio es la prueba más clara de ello. Firma.
Tragué saliva, intentando contener el temblor que me recorría el cuerpo.
No podía creerlo. Tantos años de unión, de sacrificios silenciosos, para que me pagara de esta manera.
¿Y mis hijos…?
Siempre habían estado del lado de su padre. Para todo. Al final, él era quien nos mantenía económicamente, y por interés —porque la comodidad pesa más que el amor—, apoyaban cada decisión que él tomaba, sin cuestionarlo jamás.
No quería firmar. No iba a hacerlo.
Me negaba a aceptar ese final.
Pero Alexei insistió con una vileza que jamás le había conocido. Me forzó a sostener el bolígrafo entre mis dedos temblorosos y, al notar mi resistencia, su paciencia se agotó. Al verme tardar demasiado, tomó mi mano con fuerza y fue él mismo quien guió mis dedos, obligándolos a obedecer.
Firmé los papeles de divorcio en contra de mi voluntad, con el corazón hecho trizas.
Cuando terminé, Alexei soltó mi mano con desprecio, como quien se deshace de algo repugnante.
—¡Ahora largo de mi casa! —gritó, sin el menor rastro de compasión.
No quería irme. Esa también era mi casa.
Aunque no lo pareciera, yo había invertido el dinero de la herencia de mis padres en las acciones de la empresa que construimos juntos, cuando Alexei aún era solo mi prometido. Mis padres murieron hace años, pero al menos se habían marchado creyendo que yo estaba en manos de un buen hombre, alguien en quien podían confiar mi seguridad y mi futuro. Y ahora, desgraciadamente, todo se había ido al carajo con ese divorcio inesperado.
Lo estaba perdiendo todo.
Mi familia. Mi casa. Mi empresa.
Todo.
Con impaciencia, Alexei me tomó del brazo y me obligó a levantarme de la silla del comedor. Me resistí, pero fue inútil. Me empujó hasta la puerta y me arrojó fuera con tal violencia que perdí el equilibrio y caí de espaldas al suelo.
El impacto fue seco, humillante.
Aterricé en un charco de barro. La noche anterior había llovido sin tregua y, aunque ese día la lluvia caía con menos fuerza, seguía mojando la tierra y mi cuerpo, como si el cielo también se empeñara en recordarme que no pensaba detenerse pronto.
—¡Ni se te ocurra volver a aparecerte por aquí ni por la empresa! —escupió—. Y olvídate de nuestros hijos. No los busques, no los llames, no intentes verlos. Para ellos, desde hoy, dejaste de existir. Todo lo perdiste en el momento en que estampaste tu firma en ese divorcio.
Fueron sus últimas palabras antes de azotarme la puerta en la cara con una violencia que me hizo estremecer.
Había sido casi una ironía del destino que esa mañana, al despertar, hubiera sentido frío. Por eso, después de bañarme, me había puesto apenas un conjunto deportivo, tenis y una sudadera con capucha. Sabía que esa ropa no sería suficiente para protegerme del clima, pero aun así resultaba cálida, cómoda… lo único acogedor que me quedaba en ese momento.
Por ahora, conocía de memoria el camino a casa de mi mejor amiga, Verónica. Además, esa misma mañana había hablado con ella por teléfono, y con un poco de suerte estaría trabajando desde casa ese día.
Decidí irme directamente para allá. Sabía que ella no me daría la espalda en una situación como esta.
Y más aún cuando nunca había tenido una buena relación con Alexei, ni siquiera desde el primer día en que los presenté. Siempre se hablaron mal, apenas se dirigían la palabra cuando ella venía a visitarme, y yo ya podía imaginar el sermón que me esperaba en cuanto le contara todo lo que había sucedido.
—¡Ese maldito desgraciado! —estalló Verónica—. ¡Tenemos que denunciarlo ahora mismo! Conozco al mejor abogado del mundo, está más que dispuesto a ayudarnos. ¡Esto no puede quedarse así! ¡Tenemos que hacer algo!
Cada una de sus palabras me retumbaba en la cabeza como un tambor insistente, implacable. Sentía que, si seguía hablando de ese modo, en cualquier momento me provocaría una jaqueca insoportable. ¿Denunciar a Alexei? ¿Cómo podría hacerlo? Era el padre de mis hijos… el amor de mi vida. Si daba ese paso, no habría vuelta atrás; perdería para siempre cualquier mínima esperanza de recuperarlo.
Verónica se detuvo por un instante. Cerró los ojos, inhaló profundamente y exhaló con lentitud. Cuando volvió a hablar, su voz había perdido filo, consciente de que no quería que termináramos envueltas en una discusión aún más dolorosa, incluso para nosotras.
—Está bien… tengo una mejor idea —dijo con más calma—. El fin de semana pasado inauguraron un bar nuevo, está muy de moda. Dicen que el ambiente es increíble y que el licor es excelente. ¿Por qué no vamos? Nos distraeremos un poco.
Hizo una breve pausa antes de continuar, mirándome con intención.
—He estado muy estresada estos días en el trabajo y no me vendría mal un poco de diversión. Y, siendo sincera, a ti tampoco —añadió—. Llevas demasiado tiempo encerrada, obsesionada con mantener la imagen de un matrimonio y una familia perfectos. Ya es hora de que empieces a pensar en ti misma… ¿No crees?
Suspiré, y después de darle tantas vueltas al asunto, finalmente acepté su propuesta.
Verónica estaba encantada. Desde antes de yo haber conocido a Alexei y de haber iniciado una relación con él, Verónica y yo siempre habíamos sido muy fiesteras, pero a medida que el tiempo pasa y que los estilos de vida de cada una fueron cambiando; ella más enfocada en el trabajo, y yo más enfocada en mi familia, evidentemente, las salidas entre amigas se acabarían.
Pero esta noche iba a ser diferente.
No lo sé, pero desde que acepté la propuesta de salida, presentí que las cosas en mi vida podrían cambiar para siempre. Y no sé si para mal, o para bien.
Últimos capítulos
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Última actualización: 3/25/2026#27 Capítulo 27 ¿Nuevo amor o nueva obsesión?
Última actualización: 3/25/2026#26 Capítulo 26 Otros planes
Última actualización: 3/25/2026#25 Capítulo 25 Preciosos detalles
Última actualización: 3/25/2026
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