
Un amor por contrato
A.N. Cruz · Completado · 119.8k Palabras
Introducción
Un matrimonio fingido los marca a ambos. Para él, es la solución a las constantes presiones de su familia. Para ella, es la tranquilidad que espera su abuelo antes de morir.
Un divorcio inminente, que no se completa del todo. Dylan, se reencuentra con un viejo amor. Alessandra, recupera recuerdos que ni sabía que portaba.
Una relación repleta de resentimientos, secretos, malentendidos y traiciones. En una sociedad donde la imagen lo es todo, encontrarse a sí mismos podría ser la solución.
¿Podrán lograrlo de una vez por todas o serán víctimas siempre de esa falsedad que los rodea?
Un amor por contrato no era lo que buscaban, pero, ¿será la solución?
Capítulo 1
Alessandra Cavani.
Me miro en el espejo y aún no creo que hoy sea el día de mi boda. Todo fue tan rápido y extraño, que a pesar de llevar el vestido de novia, todavía no me convenzo de que esto sea lo correcto.
Los motivos que me trajeron hasta aquí, los ignoro. Si hago caso a las alarmas en mi cabeza, entonces este paso será más difícil de lo que ya es. De por sí, el contrato que me ata a esta situación es demasiado vergonzoso, no pretendo revolcarme en mi miseria el resto del tiempo que dure este teatro.
—Alessandra, ya es hora. —La voz de Dylan se escucha del otro lado de la puerta y mi corazón se acelera con solo saber que está cerca.
«Concéntrate, por favor», me reclamo, porque tengo que mantener el control.
—Hagamos esto de una maldita vez —exige, sin atisbo de dulzura o suavidad, su tono es duro y resentido.
En realidad, no entiendo los motivos que lo hicieron proponerme tal cosa, si a la vista está que no es algo que desee. Supongo que, como yo, él gana algo importante con esto.
Yo lo hago por mi nono, la única persona por la que aceptaría algo así, para que me vea felizmente casada antes de que su enfermedad se lo lleve de este mundo. Mi vida ha sido un poco diferente a lo que él quería para mí, pero mi felicidad estaba por encima de sus deseos y nunca puso una negativa para que yo cumpliera mis sueños.
Ahora estoy aquí, mirando mi reflejo y el poco brillo de emoción en mis ojos es difícil de ocultar. Pero soy actriz, mi pasión es mi mejor habilidad y esta vez, me toca hacer mi mejor actuación.
—¿Alessandra? —insiste, con tono irritado. Lo acompaña con unos toques seguidos en la puerta.
—Ya voy —respondo—. Ya estoy lista.
Un segundo de silencio, un segundo en el que mi corazón deja de latir.
—Más vale que así sea.
Ahogo un suspiro y con un último vistazo, me levanto de la silla y me dirijo a la puerta. Voy dispuesta a cambiar mi vida, a fingir que es el día más feliz de toda mi existencia.
Desde mi posición en la mesa de los novios, miro a mi alrededor. La fiesta está en su apogeo y a mí me duele la mandíbula de tanto sonreír por obligación.
Dylan no ha estado mucho tiempo a mi lado y la verdad, lo agradezco. A pesar de que este matrimonio es la comidilla de la sociedad, porque al fin el playboy millonario más codiciado decide dejar su vida de soltería nada más y nada menos que por una actriz de cuarta, la idea es que todos crean que es real; pero su actitud, ha dejado mucho que desear. Su expresión debería demostrar felicidad, sin embargo, dista mucho de eso; ante mi cercanía, más frío y falso no puede verse. Lo único bueno en todo esto es que, entre los invitados, no hay nadie que me conozca; no, al menos, personalmente. La mayoría de los presentes pertenecen a la alta sociedad y, por supuesto, solo conocen a la actriz de quinta categoría Alessandra Cavani, que se rodea de escándalos y problemas todo el tiempo.
«Eso es lo que ven en mí». Y solo se obligan a sonreírme, porque mi nuevo y flamante esposo pertenece a una de las familias más poderosas de la ciudad.
—Alessandra…
Escucho que me hablan y miro detrás de mí, de donde proviene la voz. El hermano de Dylan me sonríe, con una expresión en su rostro.
—Puedo llamarte así, ¿verdad? —pregunta y yo asiento. La sonrisa se acentúa y extiende una mano para tomar la mía—. Bienvenida a la familia.
—Gracias —susurro, con un sentimiento de culpa instalado dentro de mí. Toma mi mano y baja su cabeza hasta que deja un beso que no me hace sentir cómoda, me provoca escalofríos. Le dedico una sonrisa y para evitar mayor incomodidad, agrego—: Por favor, una disculpa, necesito ir al servicio.
No le doy tiempo a replicar y escapo del lugar sin mirar atrás. Me escabullo entre los invitados, dispuesta a encerrarme unos minutos en el baño. A Dylan hace un rato que no lo veo y no creo que tenga problemas si hago lo mismo que él. Me encierro en uno de los servicios y agradezco que mi vestido de novia sea sencillo para pasar desapercibida.
Suspiro con alivio unos pocos segundos, pero me dura poco, cuando la puerta del baño se abre y se escuchan dos mujeres conversando sin mucha discreción.
—Nunca creí que tu hijo sentara cabeza, ¿crees que su actitud de play boy desaparezca ahora que está casado?
Intento no hacer ruido, para no delatar mi presencia, no está de más saber lo que piensa mi recién adquirida suegra de este matrimonio.
—Dylan solo ha sabido darme problemas. Si por mí hubiera sido, se hubiera casado con alguien más, no con esa broma de actriz que se buscó como esposa —señala la madre de Dylan, con desagrado—. Me avergüenzo de solo pensar en la cantidad de escándalos en los que ha estado metida. Solo espero que esto no traiga malas consecuencias para la familia, me moriría de un disgusto.
—Dylan sabrá ponerla en su lugar, de eso no tengo dudas —responde, la mujer que la acompaña y de quien no reconozco la voz—. Pero sí es muy raro que con la vida que llevaba, terminara enredado con esa mujer. Algo hizo ella, alguna artimaña, estoy segura.
Por supuesto, el problema siempre será la mujer. Me indigna la forma en que nos hacemos menos entre nosotras mismas, solo por un hombre, un estatus social o solo por quedar bien.
«Hipocresía en su máxima expresión».
Espero la respuesta de la señora O¢ Conell, pero nunca llega. Solo escucho el agua correr por unos segundos, silencio y por último, el sonido de la puerta al cerrarse. Suspiro con alivio y trago el nudo en mi garganta. Aunque soy consciente de lo que todos piensan de mí, igual escuece como una herida abierta a la echan sal. Salgo del baño y me acerco al espejo más cercano, practico mi mejor sonrisa y decido salir de una vez, esconderme no es la solución.
Salgo de la habitación y no he dado dos pasos cuando Dylan intercepta mi camino. Me choco contra él sin poder evitarlo, impacto con su cuerpo duro y sus manos me sostienen por la cintura antes de caer al piso. Por unos eternos y extraños segundos, nos miramos a los ojos. la sangre bulle en mi cabeza y mi corazón late demasiado rápido.
Solo cuando las personas a nuestro alrededor comienzan a celebrar el “amor que sentimos”. Su mirada profunda cambia y se convierte en la dulzura más falsa que jamás he visto. Su sonrisa llega, pero el brillo de sus ojos desaparece por completo.
—Te estaba buscando, necesito que revisemos algo. —Sus ojos azules me escrutan con molestia e irritación contenida.
El rictus en su boca me hace fijarme en sus labios y por unos vergonzosos segundos, me quedo perdida en ellos. A mi mente regresa ese instante en el que el trámite se completó y nos besamos como parte de la ceremonia. Me mortifica que, a pesar de todo, yo haya sentido más de lo que debo con ese ligero contacto entre nosotros.
—Vamos, que es para hoy —presiona, con tono grave y duro. Pero vuelve a poner su sonrisa en cuanto gira hacia el salón.
Su mano se acomoda en mi espalda baja y no puedo ocultar el estremecimiento que me recorre. Atravesamos el salón sin detenernos ni una sola vez a tratar con los invitados; Dylan nos lleva hasta una oficina a pocos metros del salón donde se desarrolla la fiesta. En cuanto cierra la puerta, desaparece el esposo amable que me trataba con educación.
—Sobre la mesa está el convenio de divorcio. Léelo y fírmalo —indica, con menosprecio—. Ya yo hice mi parte.
«Espera…¿qué?».
—¿Cómo? ¿Divorcio? —pregunto, exaltada y nerviosa. Esto no fue lo que habíamos acordado.
Dylan alza una ceja, irritado con mi reacción.
—No te sorprendas, sabes que todo esto es más falso que tú. —Su ofensa me daña, aunque lo disimulo—. ¿Qué esperabas?
—No…no lo sé —tartamudeo mi respuesta, porque de verdad me tomó desprevenida.
Este matrimonio no me aporta nada a lo que quiera aferrarme, pero si solo dura menos de una hora, mi abuelo sabrá que todo fue una farsa; le dará un infarto fulminante y nunca me lo perdonaré. No puedo hacer esto todavía.
—Por favor, Dylan…yo…
—No vengas con tus juegos otra vez, firma el maldito papel —interrumpe mi ruego. No alcanzo a entender las razones por las que él me trata como lo hace, pero no voy a perder mi tiempo preguntando—. El acuerdo prenupcial separa todos nuestros bienes, no tocarás nada de lo mío, si era tu interés.
Me trago lo que pienso, porque eso no es lo que me preocupa; sin embargo, mi silencio es malinterpretado.
—Has hecho una fortuna y sabrá solo Dios y cuántos hombres, cómo fue que alcanzaste tal patrimonio, pero el mío no sumará un centavo más. Firma los papeles, de una maldita vez.
Aprieto los dientes cuando entiendo el significado de sus palabras, está insinuando que soy una puta, en palabras más claras.
—Yo no quiero tu dinero —exclamo, alzo un poco la voz. Él se cruza de brazos, escéptico—. Solo necesito que me des un mes al menos como plazo, cuando se cumpla ese tiempo serás libre otra vez.
Para mí es difícil poner un tiempo tan específico y tan cercano, además, pero sé que a mi abuelo le queda poco tiempo de vida.
—No confío en tu palabra, firma ahora y lo hacemos cumplir cuando acabe el plazo.
Muerdo mi labio inferior, yo tampoco confío en él y no creo que cumpla.
—¿Qué garantíass tengo de que así será? —Dylan tensa su mandíbula. Sus ojos son dagas que me atraviesan y son capaces de debilitarme, no puedo mentirme, peor por mi abuelo mantengo mi postura firme.
—Yo tengo palabra, a diferencia de ti.
«Vaya, que estúpido».
—No me conoces realmente, Dylan O¢ Conell. No sabes nada de mí, solo lo que te han contado.
—Me han contado bastante, deberías saber.
Lo miro y no le replico, aunque me hierve la sangre con las ganas de hacerlo, de defenderme, pero es una batalla perdida.
—Solo necesito un mes, no te pido más. Además, ¿qué van a pensar de todo este teatro en cuanto todos sepan? Vives en una sociedad demasiado curiosa para tu bienestar.
Mi intención no es amenazarlo, pero por su expresión, él lo asume como tal.
—¿Me estás amenazando? —pregunta, con su ceño fruncido y hablando entre dientes.
Yo me aguanto las ganas de resoplar y me limito a negar con la cabeza.
—No, solo es una recomendación.
—Te vas a salir con la tuya, porque no confío en ti. Solo te voy a recordar que firmaste un contrato y que nadie debe saber sobre esto. Te destruiría y en el proceso, te quedarías sin un centavo. —Me señala con un dedo acusador.
—No es mi intención armar un escándalo, no te preocupes —aclaro.
—El escándalo es una constante en tu vida. Y te ha traído hasta aquí.
Ante eso no tengo nada que decir. No existe prueba mayor que lo que sucede entre nosotros. Todavía no me queda claro cómo llegamos a esto.
—¿Aceptas o no? —pregunto, para confirmar.
—Sí, pero estaré vigilándote —advierte—. De mí no vas a sacar nada, Alessandra.
—Ya te dije que no quiero nada de ti. En todo caso, fuiste tú el que vino a mí con esta propuesta. Yo solo acepté —le recuerdo, cuando me canso de su estúpida arrogancia y soberbia.
Su reacción es la típica de un hombre que no acepta la pérdida, porque sin decir una palabra más, recoge el sobre que nunca llegué a revisar y sale de la ofician sin mirar atrás.
Cierro los ojos y respiro profundo, para relajarme. Sé que no viene nada fácil, aguantar un mes los tratos de un hombre como Dylan O¢ Conell, podría considerarse tortura, viendo el resentimiento que siente por mí; pero por mi abuelo hago lo que sea.
A mi regreso al salón, no espero verlo, pero me sorprende encontrarlo en medio de los invitados, con una enorme sonrisa en su rostro, dirigida a mí. Extiende su mano en mi dirección, ofreciendo lo que parece un baile. No puedo decir que no y cuando nuestras manos se tocan, algo cosquillea en todo mi cuerpo. Alzo la mirada y su ceño fruncido me hace pensar que también lo sintió.
Entrelaza nuestros dedos y mi corazón se acelera, mi respiración se vuelve superficial. Su otra mano baja a mi cintura y me pega a su cuerpo atlético.
—Faltaba nuestro primer baile —susurra, contra mi boca. Trago en seco, afectada con su cercanía.
—No sabía que debíamos tener uno.
—Tan real como sea posible. —Me guiña un ojo y la extraña sensación se rompe—. Sigue actuando, lo haces bien. Cuando terminemos aquí, nos iremos. —Frunzo el ceño e inclino mi cabeza hacia atrás. Él se encoge de hombros—. Estoy ansioso por mi luna de miel.
No digo nada, solo lo miro y estudio su rostro. La picardía es evidente en sus rasgos.
—Nos vamos. —Alza la voz adrede, para que todos escuchen.
No puedo ocultar el rubor en mis mejillas, mientras nos despedimos de todos. Así como tampoco la sonrisa, que no es tan falsa como me gustaría que fuera. Pocos minutos después, avanzamos por la autopista en su auto, en completo silencio, hasta que el sonido de un celular lo interrumpe.
—Ya estoy por llegar, solo necesito dejar algo antes —dice, a quien sea está del otro lado.
Unos metros después, detiene el auto.
—Bájate —ordena, con voz autoritaria.
—¿Cómo?
—Lo que entendiste, ¡bájate!
—Pero…
No me deja hablar, se estira y por encima de mí, abre la puerta.
—Bájate de mi auto de una maldita vez.
No me quedo a discutir ni a reclamarle algo. Mi dignidad grita que lo ponga en su lugar, pero tengo las de perder. Me trago la rabia y salgo del auto, mis tacones de aguja se entierran en el fango que bordea la carretera solitaria.
—¿Me vas a dejar…? —No me escucha, cierra la puerta de un tirón.
Se aleja, me deja abandonada a mi suerte en medio de la nada, el día de nuestra boda. Solo atino a mirar el vestido de novia que aún llevo puesto, cuando diviso otro auto que se acerca. Tragándome mi orgullo, le hago señas para que se detenga y suspiro de alivio cuando lo hace. Sin embargo, no esperaba que fuera Ryan O’ Conell quien condujera; que fuera mi recién adquirido cuñado el que me ayudara.
Últimos capítulos
#72 Epílogo.
Última actualización: 1/10/2025#71 Capítulo 71. A punto de perder (final)
Última actualización: 1/10/2025#70 Capítulo 70. Desesperación.
Última actualización: 1/10/2025#69 Capítulo 69. Un problema.
Última actualización: 1/10/2025#68 Capítulo 68. Ese es mi nombre.
Última actualización: 1/10/2025#67 Capítulo 67. Todo.
Última actualización: 1/10/2025#66 Capítulo 66. Porque te amo, Alessandra.
Última actualización: 1/10/2025#65 Capítulo 65. Muy lejos.
Última actualización: 1/10/2025#64 Capítulo 64. Irónico.
Última actualización: 1/10/2025#63 Capítulo 63. Todo encaja.
Última actualización: 1/10/2025
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