
Un amor por contrato
Ana Noemi Cruz Moya · Completado · 119.8k Palabras
Introducción
Un matrimonio fingido los marca a ambos. Para él, es la solución a las constantes presiones de su familia. Para ella, es la tranquilidad que espera su abuelo antes de morir.
Un divorcio inminente, que no se completa del todo. Dylan, se reencuentra con un viejo amor. Alessandra, recupera recuerdos que ni sabía que portaba.
Una relación repleta de resentimientos, secretos, malentendidos y traiciones. En una sociedad donde la imagen lo es todo, encontrarse a sí mismos podría ser la solución.
¿Podrán lograrlo de una vez por todas o serán víctimas siempre de esa falsedad que los rodea?
Un amor por contrato no era lo que buscaban, pero, ¿será la solución?
Capítulo 1
Alessandra Cavani.
Me miro en el espejo y aún no creo que hoy sea el día de mi boda. Todo fue tan rápido y extraño, que a pesar de llevar el vestido de novia, todavía no me convenzo de que esto sea lo correcto.
Los motivos que me trajeron hasta aquí, los ignoro. Si hago caso a las alarmas en mi cabeza, entonces este paso será más difícil de lo que ya es. De por sí, el contrato que me ata a esta situación es demasiado vergonzoso, no pretendo revolcarme en mi miseria el resto del tiempo que dure este teatro.
—Alessandra, ya es hora. —La voz de Dylan se escucha del otro lado de la puerta y mi corazón se acelera con solo saber que está cerca.
«Concéntrate, por favor», me reclamo, porque tengo que mantener el control.
—Hagamos esto de una maldita vez —exige, sin atisbo de dulzura o suavidad, su tono es duro y resentido.
En realidad, no entiendo los motivos que lo hicieron proponerme tal cosa, si a la vista está que no es algo que desee. Supongo que, como yo, él gana algo importante con esto.
Yo lo hago por mi nono, la única persona por la que aceptaría algo así, para que me vea felizmente casada antes de que su enfermedad se lo lleve de este mundo. Mi vida ha sido un poco diferente a lo que él quería para mí, pero mi felicidad estaba por encima de sus deseos y nunca puso una negativa para que yo cumpliera mis sueños.
Ahora estoy aquí, mirando mi reflejo y el poco brillo de emoción en mis ojos es difícil de ocultar. Pero soy actriz, mi pasión es mi mejor habilidad y esta vez, me toca hacer mi mejor actuación.
—¿Alessandra? —insiste, con tono irritado. Lo acompaña con unos toques seguidos en la puerta.
—Ya voy —respondo—. Ya estoy lista.
Un segundo de silencio, un segundo en el que mi corazón deja de latir.
—Más vale que así sea.
Ahogo un suspiro y con un último vistazo, me levanto de la silla y me dirijo a la puerta. Voy dispuesta a cambiar mi vida, a fingir que es el día más feliz de toda mi existencia.
Desde mi posición en la mesa de los novios, miro a mi alrededor. La fiesta está en su apogeo y a mí me duele la mandíbula de tanto sonreír por obligación.
Dylan no ha estado mucho tiempo a mi lado y la verdad, lo agradezco. A pesar de que este matrimonio es la comidilla de la sociedad, porque al fin el playboy millonario más codiciado decide dejar su vida de soltería nada más y nada menos que por una actriz de cuarta, la idea es que todos crean que es real; pero su actitud, ha dejado mucho que desear. Su expresión debería demostrar felicidad, sin embargo, dista mucho de eso; ante mi cercanía, más frío y falso no puede verse. Lo único bueno en todo esto es que, entre los invitados, no hay nadie que me conozca; no, al menos, personalmente. La mayoría de los presentes pertenecen a la alta sociedad y, por supuesto, solo conocen a la actriz de quinta categoría Alessandra Cavani, que se rodea de escándalos y problemas todo el tiempo.
«Eso es lo que ven en mí». Y solo se obligan a sonreírme, porque mi nuevo y flamante esposo pertenece a una de las familias más poderosas de la ciudad.
—Alessandra…
Escucho que me hablan y miro detrás de mí, de donde proviene la voz. El hermano de Dylan me sonríe, con una expresión en su rostro.
—Puedo llamarte así, ¿verdad? —pregunta y yo asiento. La sonrisa se acentúa y extiende una mano para tomar la mía—. Bienvenida a la familia.
—Gracias —susurro, con un sentimiento de culpa instalado dentro de mí. Toma mi mano y baja su cabeza hasta que deja un beso que no me hace sentir cómoda, me provoca escalofríos. Le dedico una sonrisa y para evitar mayor incomodidad, agrego—: Por favor, una disculpa, necesito ir al servicio.
No le doy tiempo a replicar y escapo del lugar sin mirar atrás. Me escabullo entre los invitados, dispuesta a encerrarme unos minutos en el baño. A Dylan hace un rato que no lo veo y no creo que tenga problemas si hago lo mismo que él. Me encierro en uno de los servicios y agradezco que mi vestido de novia sea sencillo para pasar desapercibida.
Suspiro con alivio unos pocos segundos, pero me dura poco, cuando la puerta del baño se abre y se escuchan dos mujeres conversando sin mucha discreción.
—Nunca creí que tu hijo sentara cabeza, ¿crees que su actitud de play boy desaparezca ahora que está casado?
Intento no hacer ruido, para no delatar mi presencia, no está de más saber lo que piensa mi recién adquirida suegra de este matrimonio.
—Dylan solo ha sabido darme problemas. Si por mí hubiera sido, se hubiera casado con alguien más, no con esa broma de actriz que se buscó como esposa —señala la madre de Dylan, con desagrado—. Me avergüenzo de solo pensar en la cantidad de escándalos en los que ha estado metida. Solo espero que esto no traiga malas consecuencias para la familia, me moriría de un disgusto.
—Dylan sabrá ponerla en su lugar, de eso no tengo dudas —responde, la mujer que la acompaña y de quien no reconozco la voz—. Pero sí es muy raro que con la vida que llevaba, terminara enredado con esa mujer. Algo hizo ella, alguna artimaña, estoy segura.
Por supuesto, el problema siempre será la mujer. Me indigna la forma en que nos hacemos menos entre nosotras mismas, solo por un hombre, un estatus social o solo por quedar bien.
«Hipocresía en su máxima expresión».
Espero la respuesta de la señora O¢ Conell, pero nunca llega. Solo escucho el agua correr por unos segundos, silencio y por último, el sonido de la puerta al cerrarse. Suspiro con alivio y trago el nudo en mi garganta. Aunque soy consciente de lo que todos piensan de mí, igual escuece como una herida abierta a la echan sal. Salgo del baño y me acerco al espejo más cercano, practico mi mejor sonrisa y decido salir de una vez, esconderme no es la solución.
Salgo de la habitación y no he dado dos pasos cuando Dylan intercepta mi camino. Me choco contra él sin poder evitarlo, impacto con su cuerpo duro y sus manos me sostienen por la cintura antes de caer al piso. Por unos eternos y extraños segundos, nos miramos a los ojos. la sangre bulle en mi cabeza y mi corazón late demasiado rápido.
Solo cuando las personas a nuestro alrededor comienzan a celebrar el “amor que sentimos”. Su mirada profunda cambia y se convierte en la dulzura más falsa que jamás he visto. Su sonrisa llega, pero el brillo de sus ojos desaparece por completo.
—Te estaba buscando, necesito que revisemos algo. —Sus ojos azules me escrutan con molestia e irritación contenida.
El rictus en su boca me hace fijarme en sus labios y por unos vergonzosos segundos, me quedo perdida en ellos. A mi mente regresa ese instante en el que el trámite se completó y nos besamos como parte de la ceremonia. Me mortifica que, a pesar de todo, yo haya sentido más de lo que debo con ese ligero contacto entre nosotros.
—Vamos, que es para hoy —presiona, con tono grave y duro. Pero vuelve a poner su sonrisa en cuanto gira hacia el salón.
Su mano se acomoda en mi espalda baja y no puedo ocultar el estremecimiento que me recorre. Atravesamos el salón sin detenernos ni una sola vez a tratar con los invitados; Dylan nos lleva hasta una oficina a pocos metros del salón donde se desarrolla la fiesta. En cuanto cierra la puerta, desaparece el esposo amable que me trataba con educación.
—Sobre la mesa está el convenio de divorcio. Léelo y fírmalo —indica, con menosprecio—. Ya yo hice mi parte.
«Espera…¿qué?».
—¿Cómo? ¿Divorcio? —pregunto, exaltada y nerviosa. Esto no fue lo que habíamos acordado.
Dylan alza una ceja, irritado con mi reacción.
—No te sorprendas, sabes que todo esto es más falso que tú. —Su ofensa me daña, aunque lo disimulo—. ¿Qué esperabas?
—No…no lo sé —tartamudeo mi respuesta, porque de verdad me tomó desprevenida.
Este matrimonio no me aporta nada a lo que quiera aferrarme, pero si solo dura menos de una hora, mi abuelo sabrá que todo fue una farsa; le dará un infarto fulminante y nunca me lo perdonaré. No puedo hacer esto todavía.
—Por favor, Dylan…yo…
—No vengas con tus juegos otra vez, firma el maldito papel —interrumpe mi ruego. No alcanzo a entender las razones por las que él me trata como lo hace, pero no voy a perder mi tiempo preguntando—. El acuerdo prenupcial separa todos nuestros bienes, no tocarás nada de lo mío, si era tu interés.
Me trago lo que pienso, porque eso no es lo que me preocupa; sin embargo, mi silencio es malinterpretado.
—Has hecho una fortuna y sabrá solo Dios y cuántos hombres, cómo fue que alcanzaste tal patrimonio, pero el mío no sumará un centavo más. Firma los papeles, de una maldita vez.
Aprieto los dientes cuando entiendo el significado de sus palabras, está insinuando que soy una puta, en palabras más claras.
—Yo no quiero tu dinero —exclamo, alzo un poco la voz. Él se cruza de brazos, escéptico—. Solo necesito que me des un mes al menos como plazo, cuando se cumpla ese tiempo serás libre otra vez.
Para mí es difícil poner un tiempo tan específico y tan cercano, además, pero sé que a mi abuelo le queda poco tiempo de vida.
—No confío en tu palabra, firma ahora y lo hacemos cumplir cuando acabe el plazo.
Muerdo mi labio inferior, yo tampoco confío en él y no creo que cumpla.
—¿Qué garantíass tengo de que así será? —Dylan tensa su mandíbula. Sus ojos son dagas que me atraviesan y son capaces de debilitarme, no puedo mentirme, peor por mi abuelo mantengo mi postura firme.
—Yo tengo palabra, a diferencia de ti.
«Vaya, que estúpido».
—No me conoces realmente, Dylan O¢ Conell. No sabes nada de mí, solo lo que te han contado.
—Me han contado bastante, deberías saber.
Lo miro y no le replico, aunque me hierve la sangre con las ganas de hacerlo, de defenderme, pero es una batalla perdida.
—Solo necesito un mes, no te pido más. Además, ¿qué van a pensar de todo este teatro en cuanto todos sepan? Vives en una sociedad demasiado curiosa para tu bienestar.
Mi intención no es amenazarlo, pero por su expresión, él lo asume como tal.
—¿Me estás amenazando? —pregunta, con su ceño fruncido y hablando entre dientes.
Yo me aguanto las ganas de resoplar y me limito a negar con la cabeza.
—No, solo es una recomendación.
—Te vas a salir con la tuya, porque no confío en ti. Solo te voy a recordar que firmaste un contrato y que nadie debe saber sobre esto. Te destruiría y en el proceso, te quedarías sin un centavo. —Me señala con un dedo acusador.
—No es mi intención armar un escándalo, no te preocupes —aclaro.
—El escándalo es una constante en tu vida. Y te ha traído hasta aquí.
Ante eso no tengo nada que decir. No existe prueba mayor que lo que sucede entre nosotros. Todavía no me queda claro cómo llegamos a esto.
—¿Aceptas o no? —pregunto, para confirmar.
—Sí, pero estaré vigilándote —advierte—. De mí no vas a sacar nada, Alessandra.
—Ya te dije que no quiero nada de ti. En todo caso, fuiste tú el que vino a mí con esta propuesta. Yo solo acepté —le recuerdo, cuando me canso de su estúpida arrogancia y soberbia.
Su reacción es la típica de un hombre que no acepta la pérdida, porque sin decir una palabra más, recoge el sobre que nunca llegué a revisar y sale de la ofician sin mirar atrás.
Cierro los ojos y respiro profundo, para relajarme. Sé que no viene nada fácil, aguantar un mes los tratos de un hombre como Dylan O¢ Conell, podría considerarse tortura, viendo el resentimiento que siente por mí; pero por mi abuelo hago lo que sea.
A mi regreso al salón, no espero verlo, pero me sorprende encontrarlo en medio de los invitados, con una enorme sonrisa en su rostro, dirigida a mí. Extiende su mano en mi dirección, ofreciendo lo que parece un baile. No puedo decir que no y cuando nuestras manos se tocan, algo cosquillea en todo mi cuerpo. Alzo la mirada y su ceño fruncido me hace pensar que también lo sintió.
Entrelaza nuestros dedos y mi corazón se acelera, mi respiración se vuelve superficial. Su otra mano baja a mi cintura y me pega a su cuerpo atlético.
—Faltaba nuestro primer baile —susurra, contra mi boca. Trago en seco, afectada con su cercanía.
—No sabía que debíamos tener uno.
—Tan real como sea posible. —Me guiña un ojo y la extraña sensación se rompe—. Sigue actuando, lo haces bien. Cuando terminemos aquí, nos iremos. —Frunzo el ceño e inclino mi cabeza hacia atrás. Él se encoge de hombros—. Estoy ansioso por mi luna de miel.
No digo nada, solo lo miro y estudio su rostro. La picardía es evidente en sus rasgos.
—Nos vamos. —Alza la voz adrede, para que todos escuchen.
No puedo ocultar el rubor en mis mejillas, mientras nos despedimos de todos. Así como tampoco la sonrisa, que no es tan falsa como me gustaría que fuera. Pocos minutos después, avanzamos por la autopista en su auto, en completo silencio, hasta que el sonido de un celular lo interrumpe.
—Ya estoy por llegar, solo necesito dejar algo antes —dice, a quien sea está del otro lado.
Unos metros después, detiene el auto.
—Bájate —ordena, con voz autoritaria.
—¿Cómo?
—Lo que entendiste, ¡bájate!
—Pero…
No me deja hablar, se estira y por encima de mí, abre la puerta.
—Bájate de mi auto de una maldita vez.
No me quedo a discutir ni a reclamarle algo. Mi dignidad grita que lo ponga en su lugar, pero tengo las de perder. Me trago la rabia y salgo del auto, mis tacones de aguja se entierran en el fango que bordea la carretera solitaria.
—¿Me vas a dejar…? —No me escucha, cierra la puerta de un tirón.
Se aleja, me deja abandonada a mi suerte en medio de la nada, el día de nuestra boda. Solo atino a mirar el vestido de novia que aún llevo puesto, cuando diviso otro auto que se acerca. Tragándome mi orgullo, le hago señas para que se detenga y suspiro de alivio cuando lo hace. Sin embargo, no esperaba que fuera Ryan O’ Conell quien condujera; que fuera mi recién adquirido cuñado el que me ayudara.
Últimos capítulos
#72 Epílogo.
Última actualización: 1/10/2025#71 Capítulo 71. A punto de perder (final)
Última actualización: 1/10/2025#70 Capítulo 70. Desesperación.
Última actualización: 1/10/2025#69 Capítulo 69. Un problema.
Última actualización: 1/10/2025#68 Capítulo 68. Ese es mi nombre.
Última actualización: 1/10/2025#67 Capítulo 67. Todo.
Última actualización: 1/10/2025#66 Capítulo 66. Porque te amo, Alessandra.
Última actualización: 1/10/2025#65 Capítulo 65. Muy lejos.
Última actualización: 1/10/2025#64 Capítulo 64. Irónico.
Última actualización: 1/10/2025#63 Capítulo 63. Todo encaja.
Última actualización: 1/10/2025
Te podría gustar 😍
De Mejor Amigo a Prometido
Una semana de boda en New Hope. Una mansión llena de invitados. Y una dama de honor muy resentida.
Para sobrevivir, Savannah lleva una cita —su encantador y pulcro mejor amigo, Roman Blackwood. El único hombre que siempre la ha apoyado. Le debe un favor, y fingir ser su prometido? Fácil.
Hasta que los besos falsos empiezan a sentirse reales.
Ahora Savannah está dividida entre mantener la farsa… o arriesgarlo todo por el único hombre del que nunca debió enamorarse.
Invisible para su Matón
Fuera de Límites, Mejor Amigo del Hermano
—Vas a tomar cada pulgada de mí. —Susurró mientras empujaba hacia arriba.
—Joder, te sientes tan jodidamente bien. ¿Es esto lo que querías, mi polla dentro de ti? —Preguntó, sabiendo que lo había estado tentando desde el principio.
—S..sí —jadeé.
Brianna Fletcher había estado huyendo de hombres peligrosos toda su vida, pero cuando tuvo la oportunidad de quedarse con su hermano mayor después de graduarse, allí conoció al más peligroso de todos. El mejor amigo de su hermano, un Don de la mafia. Él irradiaba peligro, pero ella no podía mantenerse alejada.
Él sabe que la hermanita de su mejor amigo está fuera de límites y, sin embargo, no podía dejar de pensar en ella.
¿Podrán romper todas las reglas y encontrar consuelo en los brazos del otro?
Mi Luna Marcada
—Sí.
Exhala, levanta su mano y la baja para abofetear mi trasero desnudo de nuevo... más fuerte que antes. Gimo por el impacto. Duele, pero es tan excitante y sexy.
—¿Lo harás de nuevo?
—No.
—¿No, qué?
—No, Señor.
—Buena chica —acerca sus labios para besar mi trasero mientras lo acaricia suavemente—.
—Ahora, voy a follarte —me sienta en su regazo en una posición de monta. Nos miramos a los ojos. Sus largos dedos encuentran el camino hacia mi entrada e insertan sus dedos.
—Estás empapada por mí, nena —dice complacido. Mueve sus dedos dentro y fuera, haciéndome gemir de placer.
—Hmm —pero de repente, se van. Lloro mientras deja mi cuerpo ansiando por él. Cambia nuestra posición en un segundo, así que estoy debajo de él. Mi respiración es superficial y mis sentidos incoherentes mientras anticipo su dureza en mí. La sensación es fantástica.
—Por favor —suplico. Lo quiero. Lo necesito tanto.
—Entonces, ¿cómo te gustaría venirte, nena? —susurra.
¡Oh, diosa!
La vida de Apphia es dura, desde ser maltratada por los miembros de su manada hasta que su compañero la rechaza brutalmente. Está sola. Golpeada en una noche difícil, conoce a su segunda oportunidad de compañero, el poderoso y peligroso Alfa Lycan, y vaya que le espera la aventura de su vida. Sin embargo, todo se complica cuando descubre que no es una loba común. Atormentada por la amenaza a su vida, Apphia no tiene otra opción que enfrentar sus miedos. ¿Podrá Apphia derrotar la iniquidad que amenaza su vida y finalmente ser feliz con su compañero? Sigue para más.
Advertencia: Contenido maduro.
Le Di una Bofetada a Mi Prometido—Luego Me Casé con su Némesis Multimillonario
Técnicamente, Rhys Granger era mi prometido ahora—millonario, increíblemente atractivo y un sueño húmedo de Wall Street. Mis padres me empujaron hacia el compromiso después de que Catherine desapareciera, y honestamente? No me importó. Había estado enamorada de Rhys durante años. Esta era mi oportunidad, ¿verdad? ¿Mi turno de ser la elegida?
Error.
Una noche, me abofeteó. Por una taza. Una estúpida, rota y fea taza que mi hermana le dio hace años. Fue entonces cuando me di cuenta—él no me amaba. Ni siquiera me veía. Solo era un reemplazo cálido para la mujer que realmente quería. Y aparentemente, ni siquiera valía tanto como una taza de café glorificada.
Así que lo abofeteé de vuelta, lo dejé y me preparé para el desastre—mis padres perdiendo la cabeza, Rhys teniendo una rabieta de millonario, su aterradora familia planeando mi prematura desaparición.
Obviamente, necesitaba alcohol. Mucho alcohol.
Entra él.
Alto, peligroso, injustamente atractivo. El tipo de hombre que te hace querer pecar solo por existir. Lo había conocido solo una vez antes, y esa noche, él simplemente estaba en el mismo bar que mi yo borracha y compadeciéndose de sí misma. Así que hice lo único lógico: lo arrastré a una habitación de hotel y le arranqué la ropa.
Fue imprudente. Fue estúpido. Fue completamente desaconsejado.
Pero también fue: El. Mejor. Sexo. De. Mi. Vida.
Y, como resultó, la mejor decisión que había tomado.
Porque mi aventura de una noche no es solo un tipo cualquiera. Es más rico que Rhys, más poderoso que toda mi familia, y definitivamente más peligroso de lo que debería estar jugando.
Y ahora, él no me va a dejar ir.
Placeres culposos
¿Todo ha sido un error? ¿O quizás solo parte del destino? La ida por un vaso de agua, resultó en el inicio de un deseo culposo con consecuencias irreversibles.
Soy Erika Martín de 21 años, soy una latina, proveniente de Venezuela, me mudé de mi país buscando el sueño Americano ante una oportunidad de empleo como servicio doméstico en la mansión uzcategui, sin saber que mi destino cambiaría por completo, al conocer a Alejandro Uzcategui, el heredero y magnate de negocios más prestigioso dela ciudad, con una ciudad tan grande y él puso sus ojos en mi, su humilde y tímida empleada, que no sabe decirle que no, todo con él era perfecto, pero él tiene dos grandes defectos, es casado y jodidamente posesivo, me llama bomboncito y me reclama como suya. Estoy locamente enamorada de él y temo por la repercusiones de lo que vendrá, ya que se que no me dejará escapar, menos cuando sepa mi gran secreto.
La Pequeña Pareja de Alfa Nicholas
¿Qué? No—espera… oh Diosa Luna, no.
Por favor, dime que estás bromeando, Lex.
Pero no lo está. Puedo sentir su emoción burbujeando bajo mi piel, mientras que todo lo que siento es pavor.
Doblamos la esquina y el aroma me golpea como un puñetazo en el pecho—canela y algo increíblemente cálido. Mis ojos recorren la habitación hasta que se posan en él. Alto. Imponente. Hermoso.
Y luego, tan rápido como… me ve.
Su expresión se tuerce.
—Joder, no.
Se da vuelta—y corre.
Mi compañero me ve y corre.
Bonnie ha pasado toda su vida siendo destruida y abusada por las personas más cercanas a ella, incluida su propia hermana gemela. Junto a su mejor amiga Lilly, que también vive una vida de infierno, planean escapar mientras asisten al baile más grande del año que está siendo organizado por otra manada, solo que las cosas no salen como planeaban, dejando a ambas chicas sintiéndose perdidas e inseguras sobre su futuro.
El Alfa Nicholas tiene 28 años, sin compañera, y no tiene planes de cambiar eso. Este año le toca organizar el Baile Anual de la Luna Azul y lo último que espera es encontrar a su compañera. Lo que espera aún menos es que su compañera sea 10 años menor que él y cómo su cuerpo reacciona ante ella. Mientras intenta negarse a reconocer que ha encontrado a su compañera, su mundo se pone patas arriba después de que los guardias atrapan a dos lobas corriendo por sus tierras.
Una vez que las traen ante él, se encuentra nuevamente frente a su compañera y descubre que ella esconde secretos que lo harán querer matar a más de una persona.
¿Podrá superar sus sentimientos hacia tener una compañera y una que es tan joven? ¿Su compañera lo querrá después de sentir el dolor de su rechazo no oficial? ¿Podrán ambos trabajar en dejar atrás el pasado y avanzar juntos o tendrá el destino otros planes y los mantendrá separados?
El regreso de la princesa de la mafia
El Alfa Motociclista que se Convirtió en Mi Segunda Oportunidad de Pareja
—Eres como una hermana para mí.
Esas fueron las palabras que colmaron el vaso.
No después de lo que acababa de pasar. No después de la noche ardiente, sin aliento, que sacudió nuestras almas mientras nos enredábamos en los brazos del otro.
Sabía desde el principio que Tristan Hayes era una línea que no debía cruzar.
No era cualquier persona, era el mejor amigo de mi hermano. El hombre que pasé años deseando en secreto.
Pero esa noche... estábamos rotos. Acabábamos de enterrar a nuestros padres. Y el dolor era demasiado pesado, demasiado real... así que le rogué que me tocara.
Que me hiciera olvidar. Que llenara el silencio que la muerte dejó atrás.
Y lo hizo. Me sostuvo como si fuera algo frágil.
Me besó como si fuera lo único que necesitaba para respirar.
Luego me dejó sangrando con seis palabras que ardieron más profundo que cualquier rechazo.
Así que, huí. Lejos de todo lo que me causaba dolor.
Ahora, cinco años después, estoy de vuelta.
Recién rechacé al compañero que me abusó. Todavía llevando las cicatrices de un cachorro que nunca pude sostener.
Y el hombre que me espera en el aeropuerto no es mi hermano.
Es Tristan.
Y no es el chico que dejé atrás.
Es un motociclista.
Un Alfa.
Y cuando me miró, supe que no había ningún otro lugar al que pudiera huir.
Accardi
—Te costará algo —susurró antes de tirar de su lóbulo con los dientes.
Sus rodillas temblaron y, si no fuera por su agarre en su cadera, habría caído. Él empujó su rodilla entre sus muslos como un soporte secundario en caso de que decidiera necesitar sus manos en otro lugar.
—¿Qué quieres? —preguntó ella.
Sus labios rozaron su cuello y ella gimió mientras el placer que sus labios provocaban se hundía entre sus piernas.
—Tu nombre —exhaló él—. Tu verdadero nombre.
—¿Por qué es importante? —preguntó ella, revelando por primera vez que su corazonada era correcta.
Él se rió contra su clavícula.
—Para saber qué nombre gritar cuando vuelva a entrar en ti.
Genevieve pierde una apuesta que no puede pagar. Como compromiso, acepta convencer a cualquier hombre que su oponente elija para que se vaya a casa con ella esa noche. Lo que no se da cuenta cuando el amigo de su hermana señala al hombre taciturno sentado solo en el bar, es que ese hombre no se conformará con solo una noche con ella. No, Matteo Accardi, Don de una de las pandillas más grandes de la ciudad de Nueva York, no hace encuentros de una sola noche. No con ella, de todos modos.
Después de Una Noche con el Alfa
Pensé que estaba esperando el amor. En cambio, fui tomada por una bestia.
Mi mundo debía florecer en el Festival de Luna Llena de Moonshade Bay—champán burbujeando en mis venas, una habitación de hotel reservada para Jason y para mí, finalmente cruzar esa línea después de dos años. Me había puesto lencería de encaje, dejé la puerta abierta y me acosté en la cama, con el corazón latiendo de emoción nerviosa.
Pero el hombre que se subió a mi cama no era Jason.
En la habitación completamente oscura, ahogada en un aroma embriagador y especiado que me mareaba, sentí manos—urgentes, ardientes—quemando mi piel. Su grueso y palpitante miembro presionó contra mi húmeda entrepierna, y antes de que pudiera jadear, él empujó fuerte, desgarrando mi inocencia con fuerza despiadada. El dolor ardía, mis paredes se contraían mientras arañaba sus hombros de hierro, ahogando sollozos. Sonidos húmedos y resbaladizos resonaban con cada golpe brutal, su cuerpo implacable hasta que tembló, derramándose caliente y profundo dentro de mí.
—Eso fue increíble, Jason—logré decir.
—¿Quién diablos es Jason?
Mi sangre se volvió hielo. La luz iluminó su rostro—Brad Rayne, Alfa del Clan Moonshade, un hombre lobo, no mi novio. El horror me ahogó al darme cuenta de lo que había hecho.
¡Corrí por mi vida!
Pero semanas después, me desperté embarazada de su heredero.
Dicen que mis ojos heterocromáticos me marcan como una verdadera pareja rara. Pero no soy lobo. Soy solo Elle, una nadie del distrito humano, ahora atrapada en el mundo de Brad.
La mirada fría de Brad me clava: —Llevas mi sangre. Eres mía.
No hay otra opción para mí que elegir esta jaula. Mi cuerpo también me traiciona, deseando a la bestia que me arruinó.
ADVERTENCIA: Solo para lectores maduros
De Substituta a Reina
Con el corazón roto, Sable descubrió a Darrell teniendo sexo con su ex en su cama, mientras transfería en secreto cientos de miles para mantener a esa mujer.
Lo peor fue escuchar a Darrell reírse con sus amigos: —Es útil—obediente, no causa problemas, se encarga de las tareas del hogar, y puedo follarla cuando necesito alivio. Básicamente es una sirvienta con beneficios. Hizo gestos groseros de empuje, provocando las carcajadas de sus amigos.
Desesperada, Sable se fue, reclamó su verdadera identidad y se casó con su vecino de la infancia—el Rey Lycan Caelan, nueve años mayor que ella y su compañero predestinado. Ahora Darrell intenta desesperadamente recuperarla. ¿Cómo se desarrollará su venganza?
De sustituta a reina—¡su venganza acaba de comenzar!












