
Una viuda bajo la protección de su cuñado
Danyelys Quintero · Completado · 109.5k Palabras
Introducción
Alejandro antes de morir, le pide a su herm menor, César que cuide de su esposa y y de su hijo, él solo plirá su palabra por su herm, ya que no le agrada su cuñada, pero...
¿Al convivir con ella, sus pensamientos cambiarán, incluso sus sentimientos? O ¿La echará de su casa porque no la soporta?
Capítulo 1
Isabel.
—¿Segura de que quieres hacer esto? —me pregunta el abogado por la llamada.
Yo estoy en el baño, encerrada viendo el moretón de mi ojo, el moretón que mi esposo me había causado, fue un golpe adrede porque se había enojado conmigo, ¿Razón? Mi esposo es muy celoso, hasta con mi familia.
Flashback.
“Oye prima, estoy en la ciudad y me encantaría verte”, recibo un mensaje de Teobaldo, mi primo.
El día marca la tarde y Alejandro, mi esposo sigue en el trabajo, no permite ningún tipo de visita sin su presencia y bueno, también dependiendo de la visita.
Pero no veo a Teobaldo desde hace mucho, de pequeños éramos muy unidos hasta que mi tío por su trabajo tuvo que mudarse, ya después nos veíamos en reuniones o festividades, y al llegar a la universidad, no vi mucho a Teobaldo, se puso a estudiar derechos y quería graduarse con honores así que tomo la decisión de exigirse más.
Así que aprovecharé que mi primo está en la ciudad y lo veré, ¿Qué malo podría pasar? Tenemos cosas que adelantarnos, sobre todo por mi embarazo de 8 meses y medio, ya me falta poco para dar a luz de un hermoso varoncito.
“Vale, puedes venir dentro de una hora? También si puedes irte antes, mejor”, le escribo.
Sé que va contra las reglas que Alejandro puso, pero es mi primo, no tendría porque haber un problema.
“¿Y eso?”, me pregunta y siento nervios.
La he embarrado, ¿Y ahora que le digo? No puedo decirle que soy una sometida por mi esposo, Teobaldo no estaría de acuerdo con eso, pero tampoco lo entendería, si estás en una relación y quieres que funcione, tienes que saber que cosas debes sacrificar, incluyendo ceder tu libertad, ¿No? (No sabía que pensar así sería uno de los errores más grandes de mi vida).
Pienso en algo para que mi primo no sospeche y en cuanto se me ocurre una idea, se lo escribo.
“Porque tengo cosas que hacer y te conozco, eres bueno distrayéndome”
“Tienes razón, aunque sea abogado, sigo siendo más divertido que tú”, bromea y me saca una sonrisa, “te veo en una hora”
“Vale”, digo y le paso la dirección.
Dejp mi móvil en la mesa de noche y me levanto como puedo de la cama, me dirijo al baño, me quito la ropa, abro la regadera y me sumerjo en la lluvia para relajarme.
He limpiado el apartamento yo sola, le he pedido a Alejandro que contrate a alguien gracias a mi estado de embarazo, pero no me hizo caso.
Y por eso estoy cansada, no puedo limpiar todo esto yo sola, sin embargo, lo hago para apoyar a mi esposo, él pone todo en el hogar y yo… solo tengo que agradecer de alguna forma.
Salgo de la ducha y me enrollo en una toalla, abro la puerta del baño y encuentro a mi esposo sentado en la cama, eso me extraña.
—¿Vas a algún lado? —me pregunta en un tono suave.
—Solo me estoy duchando, sude mucho limpiando la casa y bueno, también porque viene mi primo —aprovecho para informarle.
El rostro de Alejandro cambia totalmente al mencionar a mi primo.
—¿Quién? —dice, frío y severo.
—Mi primo Teobaldo —le recuerdo.
Pues es obvio que lo conoció, en la boda y en algunas reuniones familiares, bueno, en las pocas que he asistido, solo los veo una vez al año y por unos minutos.
—¿Y si es tu primo por qué carajos te duchas? ¿Acaso haces incesto con él? —me reclama y me sorprendo.
Alejandro es muy celoso, pero jamás creí que pensará así hasta de mi familia.
—No, y no se porque piensas eso —le respondo.
Él se calla por unos momentos, no entiendo porque Alejandro siempre fue desconfiado conmigo, nunca le he sido infiel o algo, siempre lo he amado a él.
—Aun así no saldrás a verlo —me ordena y yo me pongo la defensiva.
—Es mi primo, no puedes hacer eso, quiero verlo, tengo tiempo sin verlo —le respondo y él se sorprende de mi reacción.
¿Qué? Seguramente no se esperaba que actuara así, pero es que ya he cedido mucho y si cedo esta vez sería sin razón.
Alejandro aprieta la mandíbula muy enojado y se levanta de la cama para acercarse con pasos firmes, sentí un gran miedo de que lo iba a hacer, ya que no sería primera vez, pero desde que estoy embarazada había dejado hacerlo.
Él me toma bruscamente por mis brazos y me agita, cierro mis ojos con fuerza, con miedo a que me haga daño estando embarazada de su hijo, pues él dijo que cambiaría en el momento que supimos que esperábamos un bebé y claro que así fue. Aunque antes era porque no quería dejarme ir sola y él está muy ocupado con el trabajo. Y pensé que todo lo de las visitas era para cuidar al bebé, pero ahora veo que es porque cree que le voy montar cacho o lo voy a dejar.
—No saldrás, ni verás a nadie sin mi permiso Isabel, ¿Entendido? —su aliento caliente choca contra mi rostro por lo cerca que esta y hasta me intimida, otra vez.
Ahogo un grito de miedo y asiento con delicadeza, pidiéndole a Dios que no me toque como prometió. Lo escucho suspirar y me suelta, mi respiración se tranquiliza, abro mis ojos y le veo voltearse, me alivio por eso, se ha controlado.
El timbre suena y Alejandro se voltea a su vez golpeándome con la parte superior de su mano en mi ojo, su golpe fue tan duro que me hizo girar la cara.
—Ahora por tu culpa me veré como el malo ante tu familia, como siempre porque eso es lo que logras, que ellos me vean mal cuando tú eres la que me hace ver así.
Mis lágrimas comienzan a salir por el dolor del golpe y a su vez el dolor en mi pecho, él siempre logra hacerme sentir culpable.
—Lo siento —le pido con mucho arrepentimiento—. No sé en qué estaba pensando, perdóname.
Sé que no he hecho nada malo o en parte eso es lo que siento, pero ha hecho molestar mucho a Alejandro y fue muy egoísta de mi parte no haberle preguntado primero como lo haría sentir. Alejandro solo bufa enojado ante mis palabras y otra parte de mi siente que ha cedido por proteger al bebé, si poniéndome en su contra, solo lograré que nos haga daño y el bebé no merece ver el lado oscuro de su padre, el que solo yo lo hago sacar.
Fui desobediente, teníamos un acuerdo de no visitas hasta… no sé, no puso ninguna fecha, pero seguramente lo hace por el bebé. ¿De que hablas Isabel? Te pegó porque piensa que tienes un romance con tu primo, no porque quiera proteger al bebé.
—Solo cámbiate, ya lo resolveré —finalmente me habla, pero sin mirarme y se va.
Fin del flashback.
Sacudo mi cabeza ante el recuerdo de lo que pasó el día anterior, no fue fácil para mí tomar está decisión. Después de que él echara a mi primo para que ni se le ocurriera entrar, mi primo me escribió y me pasó el número de un abogado.
Al principio no entendí el porque, creí que nos había escuchado, pero lo más probable es que mi mamá le haya dicho algo, es la única que ha presenciado nuestras peleas antes de que quedara embarazada.
Recuerdo que ella una vez se metió y Alejandro la corrió, de igual forma, ella estaba de visita, tampoco que vivía con nosotros. Al principio de la relación discutía con Alejandro, me defendía verbalmente hasta que empezó a pegarme…
Y ahora bueno, creí que iba a cambiar cuando quede embarazada, pero hasta me di cuenta que no fue así y eso me tuvo muy triste el día de ayer, aún así me porte como la esposa amable que a él la ha gustado siempre y lo seguiré haciendo hasta que me libre de él finalmente, tengo miedo porque no me deje ir si se entera de que estoy hablando con un abogado.
—Segura señor Rodríguez, quiero demandarlo y también quiero el divorcio —digo muy decidida.
Porque es lo que me he obligado a hacer, no quiero que nuestro hijo crezca con los abusos, así que esto lo hago por mi hijo, porque lamentablemente aún amo a su padre, a pesar de todo y lo sé… estoy dañada, no puedo amar a alguien que me lastima, pero es que no veo un futuro sin él.
Lo que pasa es que estoy aferrada a los momentos felices, no quiero ser la esposa que solo ve las cosas malas y lo único malo de mi esposo es que es celoso, demasiado, pero del resto me trata bien, ¿No es una recompensa suficiente? Bueno, también es temperamental, pero eso cambio desde que estoy embarazada, aún así, ayer fue la prueba de que Alejandro solo estaba acumulando su ira.
—De acuerdo, ¿Desea estar presente o quiere que todo lo hagamos sin su presencia?
—Quisiera primero hablar con mi madre, para que me reciba, no quiero que Alejandro tiente contra mi vida por esto.
El abogado está de acuerdo y decimos que nos mantendremos en contacto. Apago la pantalla del móvil y maquillo mi ojo para que Alejandro no se enoje conmigo, pues a él le molesta cuando le doy razones para enojarse consigo mismo.
Alejandro.
Salgo de la cama, recojo mis pantalones y me los pongo mientras veo el cuerpo escultural que tengo frente a mi sobre la cama.
—¿Ya te vas? —me hace un puchero.
Nicolle rueda sobre la cama poniéndose boca abajo haciendo que la sábana se descubra un poco, eso me permite admirar un poco más de su piel.
Sonrío mordiéndome el labio, Nicolle tiene un cuerpo maravilloso, Isabel también, pero el embarazo se lo echó a perder.
—Debo volver a casa, mi esposa sabe la hora en que salgo del trabajo —le recuerdo y me hace una mueca.
—No entiendo porque sigues con ella si es tan controladora —junta sus cejas.
Me reí por sus celos absurdos, Nicolle se metió conmigo sabiendo que soy casado y que no voy a dejar a Isabel, la única razón por la que estoy con Nicolle, es porque temo hacerle daño a mi hijo con mis embestidas.
Tomo la camisa del suelo, me la coloco y me la abotono, Nicolle sigue esperando respuestas, pero yo ni le rindo cuentas a mi esposa, así que no se haga ilusiones, aún así le dejaré claro que lo de nosotros no será.
—Amo a Isabel —le digo.
—Si la amaras, no la engañaras conmigo —me contradice.
—Mi corazón sigue siendo de ella —concluyo—. Nos vemos otro día.
Termino de vestirme, me acerco a ella para besar su mejilla y le dejo dinero para que se compre algún regalo, salgo de la habitación pagada y me voy hacia el estacionamiento pata subirme a mi auto.
Nicolle es una vieja amiga, siempre gustó de mi, pero yo la veía como algo más casual, aún la sigo viendo. Toda mi familia quería que me casará con ella, pero a mí gustaba Isabel.
Isabel la conocí mediante a mi hermano menor, Douglas, ellos estudiaban juntos en la universidad y en un trabajo, él la llevó a casa, en ese momento estaba con Nicolle, ni recuerdo de lo que me estaba hablando, solo sé que cuando vi a Isabel, me llamo la atención por completo.
Pero yo no servía para relaciones serias, así que solo podía ofrecerle una causal, Isabel no aceptó y tal vez me sentí retado, ahora hoy en día estamos felizmente casados, 7 años juntos, dos de conocernos y cinco de casados.
Lo mío con Nicolle empezó porque ella se me insinuaba mucho, al principio claro que la ignoraba, pero Isabel me hizo enojar tanto que para desquitarme, me fui con Nicolle, no iba a maltratar a mi esposa, lleva un hijo mío, aun así, ayer me sacó de mis casillas, los demás la ponen rebelde, porque mi Isabel no es así.
En el camino, me llama mi otro hermano menor, César, él es mayor que Douglas, somos cuatro hermanos, yo soy el mayor, luego viene Paulina, de tercero César y por último Douglas, mi madre como que se puso de acuerdo en hacernos cada dos años.
—Hey César, ¿Cómo estás? —contesto la llamada saludando a mi hermano.
César es como mi mejor amigo, somos demasiado unidos.
—Bien hermano, ¿Y tú?
—Muy bien, emocionado por llegar a casa y besar a mi esposa mientras sobo su panza para sentir a mi hijo —digo con una sonrisa.
Lo escucho suspirar, sé que no le gusta cuando hablo de Isabel, a él y a mi familia no le caen bien y lo entiendo, pero aunque ella sea mala conmigo, la amo. Su silencio me hace sentir juzgado y eso me pone de mal humor.
—¿Me llamaste para recordarme que merezco a alguien mejor que mi esposa? —le pregunto en un tono serio.
—No —lo escucho decir obligado—, recuerda que hoy es nuestra noche de hombres y he invitado a Douglas, no sé si tú esposa nos dejará hacerlo en tu apartamento. Hannah y yo estamos remodelando la casa y bueno, ya sabes que por ahora no podemos hacerlo allá.
Me quedó callado por unos segundos, pensando, la verdad es que no quiero que vayan, sobre todo Douglas, quien siempre estuvo enamorado de Isabel. Pero si le doy tantas vueltas al asunto mi hermano pensará que oculto algo.
—¿Douglas, es en serio? —le pregunto en un tono un poco molesto.
—Es nuestro hermano Ale, no deberías enojarte con él, tu esposa fue quien se le insinuó, ¿O ya se te olvidó?
—No —responde a regañadientes.
—Perfecto, porque me parece injusto que culpes a Douglas del todo, necesitas estar mas unido a él que con tu esposa golfa.
—Respeta César —le advierto.
—Ay por favor, como si mereciera respeto, seguramente ese hijo ni siquiera es tuyo…
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