
Atrapada por el CEO
María Peraza · En curso · 33.2k Palabras
Introducción
Sin saber que el desconocido sumamente apuesto, de mirada fría y sin corbata con el que termina besándose apasionadamente es, en realidad, el nuevo director ejecutivo de la compañía, Elena huye antes del amanecer creyendo que jamás volverá a verlo.
El verdadero infierno comienza a la mañana siguiente, cuando entra a la sala de juntas del piso 50 y descubre que el hombre al que insultó, menospreció y besó la noche anterior está sentado en la cabecera principal, listo para asumir el control. Lejos de despedirla, él decide jugar sus cartas: la convierte en su asistente personal exclusiva, convirtiendo cada jornada laboral en un campo de minas donde la línea entre la profesionalidad y la obsesión está a punto de romperse.
¿Podrá Elena sobrevivir a la cercanía del hombre que juró destruir su paciencia, o terminará cayendo en las redes del CEO más peligroso de todos?
Capítulo 1
El sonido de la notificación del correo electrónico en mi teléfono resonó en el silencio de mi cubículo como el tictac de una bomba de tiempo. Eran las siete de la noche de un viernes, y mientras el resto de la planta ejecutiva recogía sus abrigos con la ligereza de quien sabe que le espera un fin de semana de descanso, yo seguía ahí, con los ojos ardiendo frente al monitor, repasando por centésima vez las cifras del balance financiero que había tardado tres semanas en pulir.
Tres años. Tres malditos años dejando los ojos, las horas de sueño y la paciencia en esta empresa. Tres años soportando que los jefes de departamento se apropiaran de mis ideas, de mis informes y de mis desvelos.
Y el resultado oficial estaba publicado en la intranet desde las dos de la tarde: el nuevo puesto de dirección de proyectos no era para mí. Se lo habían entregado a Mauricio, un tipo que apenas llevaba seis meses en la firma, cuyo único mérito real era ser el sobrino del vicepresidente de operaciones y cuyo conocimiento de la ingeniería de campo se limitaba a saber cómo ajustar el nudo de su corbata italiana.
Un suspiro cargado de amargura escapó de mi garganta. Apreté el puente de la nariz, intentando contener el nudo caliente que amenazaba con cerrarme la garganta. La frustración no era solo tristeza; era una rabia sorda, densa, que me quemaba por dentro.
—Todavía sigues aquí, Valerie —dijo Camila, asomándose por el borde de mi cubículo con su bolso de mano colgando del hombro y una expresión de genuina lástima que odié al instante—. Cierra el ordenador. Ningún balance merece que te mates un viernes por la noche. Menos después de... bueno, ya sabes lo de hoy.
—Voy a terminar esto y me marcho, Cami —mentí, forzando una sonrisa que no llegó a mis ojos—. No te preocupes por mí. Pásala bien en la cena.
—Si cambias de opinión, el bar de la esquina sigue abierto. Un buen trago es lo único que cura esta clase de traiciones corporativas. —Me regaló un apretón solidario en el hombro antes de alejarse por el pasillo alfombrado.
El eco de sus tacones se fue apagando hasta que la planta quedó completamente silenciosa. El aire acondicionado zumbaba con un monótono murmullo metálico. Miré de nuevo la pantalla, luego el documento impreso, y sentí que las paredes del cubículo se estrechaban hasta ahogarme. No iba a seguir mirando números. No hoy.
Apagué el equipo con un movimiento brusco, tomé mi abrigo del respaldo de la silla y salí a trompicones del edificio, como si el simple hecho de respirar ese aire de oficina me estuviera envenenando la sangre.
---
El Blue Velvet no era el tipo de lugar que solía frecuentar. Era un bar clandestino y sofisticado, escondido en un callejón del distrito financiero, donde la iluminación era penumbrosa, la música de jazz sonaba a un volumen que permitía pensar sin gritar, y los tragos costaban lo equivalente a la mitad de mi alquiler semanal. No me importó. Puse mi tarjeta sobre la barra y pedí lo primero que el cantinero sugirió que tuviera suficiente graduación alcohólica para borrar al menos temporalmente el apellido de los directivos de mi mente.
El primer trago quemó mi garganta, dejándome un rastro cálido y amargo. El segundo empezó a adormecer la punzada constante en mi sien. Para el tercero, el mundo comenzó a girar en un plano mucho más amable, donde los organigramas de la empresa y la cara de suficiencia de Mauricio se desvanecían entre notas de saxofón y luces ámbar.
—Un scotch. Solo —escuché decir a mi lado.
La voz era profunda, áspera, con un matiz de cansancio que resonó de una forma extrañamente familiar en el aire. Giré ligeramente la cabeza.
El hombre sentado en el taburete contiguo no encajaba con la clientela habitual de ejecutivos estirados que solían llenar el local. Llevaba una camisa blanca de alta gama, pero se había quitado la corbata y desabotonado los dos primeros botones, dejando al descubierto una garganta fuerte y una piel ligeramente tostada. Tenía una melena espesa, de un tono cobrizo e intenso —un rojo profundo que encendía reflejos dorados bajo la luz tenue del local—, y unos hombros anchos que se tensaban con una rigidez impropia de alguien que ha venido a relajarse. Su mandíbula estaba marcada, angulosa, sombreada por una barba de un par de días que le daba un aire peligrosamente salvaje. No parecía un empleado de oficina cualquiera; parecía un depredador en descanso, alguien que cargaba con el peso del mundo sobre los hombros y al que le importaba muy poco a quién tuviera que barrer del camino para conseguir lo que quería.
Y, en ese momento, mi filtro social, ese que había cultivado con esmero durante veintitrés años de prudencia y profesionalismo, decidió romperse en mil pedazos gracias al alcohol y a una frustración acumulada que ya no cabía en mi pecho.
—¿Problemas con los números o con la familia? —le solté de la nada, apoyando un codo en la barra y mirándolo fijamente a los ojos, que eran de un tono ámbar tan oscuro que parecían casi negros.
El pelirrojo se quedó helado con el vaso de cristal a medio camino de los labios. Giró lentamente el rostro hacia mí. Sus ojos recorrieron mi cabello rubio, suelto y algo desordenado por el viento de la calle, deteniéndose en el brillo desafiante que seguro cruzaba mi mirada.
—¿Disculpa? —su voz bajó de tono, volviéndose un ronroneo grave que me recorrió la espina dorsal con un escalofrío inesperado.
—Lo que oíste —bufé, tomando otro sorbo de mi vaso con total desfachatez—. Tienes esa cara. La típica cara de los hombres que creen que pueden controlar absolutamente todo en su maldito tablero de ajedrez hasta que la realidad les explota en la cara. Apuesto a que trabajas en corporativo. ¿Me equivoco?
Últimos capítulos
#35 Capítulo 35 Capítulo 35
Última actualización: 11/3/2026#34 Capítulo 34 Capítulo 34
Última actualización: 11/3/2026#33 Capítulo 33 Capítulo 33
Última actualización: 11/3/2026#32 Capítulo 32 Capítulo 32
Última actualización: 11/3/2026#31 Capítulo 31 Capítulo 31
Última actualización: 11/3/2026#30 Capítulo 30 Capítulo 30
Última actualización: 11/3/2026#29 Capítulo 29 Capítulo 29
Última actualización: 11/3/2026#28 Capítulo 28 Capítulo 28
Última actualización: 11/3/2026#27 Capítulo 27 Capítulo 27
Última actualización: 11/3/2026#26 Capítulo 26 Capítulo 26
Última actualización: 11/3/2026
Te podría gustar 😍
Solo un para siempre
Digo, porque debe existir una razón para que a estas alturas me siga afectando aquello que viví hace tantos años. Algo que explique, por qué los hechos que me llevaron hasta donde hoy estoy, me persigan sin cansancio.
Desde que todo comenzó, o acabó, depende de cómo se mire, no he podido avanzar. No realmente. Siempre hay algo que me hace regresar atrás.
Una frase. Un lugar. Una fecha.
Todo me lleva hacia él.
A mi supuesto "para siempre".
La frustración y la rabia me llenan cuando recuerdo cómo sucedió todo. Cómo fue capaz de mirarme a los ojos mientras besaba a otra, mientras tocaba a otra. Cómo fue capaz de culparme de todo cuando lo enfrenté.
El dolor de la traición fue horrible. No solo por lastimar mi orgullo, mi dignidad, sino también, por todo lo que provocó en mi posterior vida.
Me prometió un para siempre. Y nunca lo cumplió.
No al menos, de la forma en que debía.
Un amor mexicano
Pero, su camino cambia cuando se ve obligado por su padre a contraer matrimonio con la única hija de su padrino, Carolina Beltrán y, así, obtener más poder como más territorio en los negocios familiares. Pero ocurren atentados contra su familia, Daniel, busca a los culpables, pero entre más escarba, secretos encuentra, haciéndole pensar que el enemigo podría estar en su misma familia.
El CEO Sobre Mi Escritorio
—Sé que sí.
—¿Y si no quiere este tipo de protección?
—La querrá —digo, bajando un poco la voz—. Porque necesita a un hombre que pueda darle el mundo.
—¿Y si el mundo arde?
Mi mano se tensa sutilmente en la cintura de Violet.
—Entonces le construiré uno nuevo —respondo—. Aunque tenga que quemar el viejo yo mismo.
No trabajo para Rowan Ashcroft.
Trabajo bajo él.
Desde mi escritorio, decido quién obtiene acceso al CEO más implacable de la ciudad y quién no pasa del lobby. Gestiono su tiempo, su silencio, sus enemigos. Mantengo su mundo en marcha mientras el mío se derrumba en silencio bajo facturas impagas, una madre internada en rehabilitación y un hermano que desapareció sin despedirse.
Rowan Ashcroft es poder envuelto en un traje a medida.
Frío. Intocable. Implacable.
No coquetea. No sonríe. No ve a las personas, solo su utilidad.
Y durante mucho tiempo, yo solo fui útil.
Hasta que empezó a observarme.
Al principio, el cambio en su atención es sutil. Una pausa demasiado larga. Una mirada que se queda. Órdenes que me acercan en vez de alejarme. El hombre que está de pie frente a mi escritorio empieza a controlar más que mi agenda, y me doy cuenta demasiado tarde de que llamar la atención de Rowan Ashcroft es mucho más peligroso que ser ignorada.
Porque los hombres como él no ansían afecto.
Ansían posesión.
Esto se suponía que era un trabajo.
No una prueba de mis límites.
No una lenta y deliberada caída en su autoridad.
Pero si Rowan Ashcroft decide que pertenezco bajo su escritorio, que así sea.
Sobrevivir tiene un precio, y las facturas no se preocupan por cómo las pago.
Corazón sin dueño
Mírame
Antonella, por su parte, es maestra de escuela primaria. Lleva seis años casada con Bruno, un hombre violento y humillante que la somete física y psicológicamente. No la ama; para él, Antonella es poco más que una empleada. Aunque ella no está enamorada, soporta el matrimonio por miedo y por el deseo de que las cosas mejoren algún día.
El destino los cruza en un bar karaoke. Diego llega allí empujado por su mejor amigo, buscando un respiro a su rutina. Antonella asiste gracias a su mejor amiga, directora del colegio, aprovechando la ausencia temporal de su esposo. Comparten mesa sin conocerse, hasta que una emergencia obliga a sus amigos a marcharse juntos, dejándolos solos. Entre canciones, copas y una conexión inesperada, se besan y terminan pasando la noche en un motel. Ninguno revela estar casado; ambos creen que ha sido un encuentro fugaz.
El reencuentro llega durante una reunión de padres, cuando descubren que Diego es el padre de uno de los alumnos de Antonella. Deciden mantener una relación estrictamente profesional, pero el deseo y los sentimientos los superan, arrastrándolos a una relación clandestina que desafía sus vidas y sus límites.
Prohibido enamorarse
Después de la Aventura de mi Esposo, me Volví a Casar con un Multimillonario
La Noche Antes de Conocerlo
Dos días después, entré a mi pasantía y lo encontré sentado detrás del escritorio del CEO.
Ahora le traigo café al hombre que me hizo gemir, y él actúa como si yo hubiera cruzado la línea.
Empezó con un reto. Terminó con el único hombre que nunca debería desear.
June Alexander no planeaba acostarse con un extraño. Pero en la noche que celebra haber conseguido su pasantía soñada, un reto salvaje la lleva a los brazos de un hombre misterioso. Es intenso, callado e inolvidable.
Pensó que nunca lo volvería a ver.
Hasta que entra en su primer día de trabajo—
Y descubre que él es su nuevo jefe.
El CEO.
Ahora June tiene que trabajar bajo las órdenes del hombre con quien compartió una noche imprudente. Hermes Grande es poderoso, frío y completamente prohibido. Pero la tensión entre ellos no desaparece.
Cuanto más cerca están, más difícil se vuelve mantener su corazón y sus secretos a salvo.
La venganza de la heredera y el CEO secreto
Fui adoptada por una familia, pero su otra hija adoptiva, Emilia, me tendió una trampa y terminé en prisión en su lugar. Ahora, estoy decidida a vengarme.
En mi camino aparece un inesperado protector: un multimillonario de bajo perfil que ha perdido la fe en el amor…
¿Se enamorará de mí? ¿Podremos liberarnos del pasado y tener un hogar juntos?
La máscara del multimillonario (Un romance oscuro y ardiente)
El deseo del millonario
El deseo del millonario.
Después de la aventura: En brazos de un multimillonario
En mi cumpleaños, la llevó de vacaciones. En nuestro aniversario, la trajo a nuestra casa e hizo el amor con ella en nuestra cama...
Descorazonada, lo engañé para que firmara los papeles de divorcio.
George permaneció indiferente, convencido de que nunca lo dejaría.
Sus engaños continuaron hasta el día en que se finalizó el divorcio. Le lancé los papeles en la cara: —¡George Capulet, a partir de este momento, sal de mi vida!
Solo entonces el pánico inundó sus ojos mientras me suplicaba que me quedara.
Cuando sus llamadas bombardearon mi teléfono más tarde esa noche, no fui yo quien respondió, sino mi nuevo novio Julian.
—¿No sabes —rió Julian en el receptor— que un exnovio decente debería estar tan callado como los muertos?
George rechinó los dientes: —¡Ponla al teléfono!
—Me temo que eso es imposible.
Julian dejó un suave beso en mi forma dormida, acurrucada contra él. —Está agotada. Acaba de quedarse dormida.
Sobornando la Venganza del Multimillonario
Su vida es perfecta hasta que su castillo de cristal se derrumba. Su esposo admite haber sido infiel con nada menos que su propia hermana, y hay un hijo en camino. Liesl decide que la mejor manera de sanar su corazón destrozado es destruyendo lo único que él valora más que cualquier otra cosa: su carrera.
Isaias Machado es un multimillonario de primera generación estadounidense; él conoce el valor del trabajo duro y de hacer lo necesario para sobrevivir. Toda su vida ha estado orientada al momento en que pueda arrebatar la compañía McGrath de las manos de los hombres corruptos que una vez dejaron a su familia sin hogar.
Cuando Liesl McGrath se acerca al multimillonario para sobornarlo con información destinada a arruinar a su exmarido, Isaias Machado está ansioso por tomar todo lo que los McGrath valoran, incluyendo a Liesl.
Una historia de amor, venganza y sanación necesita comenzar en algún lugar, y el dolor de Liesl es el catalizador para la montaña rusa más salvaje de su vida. Que comience el soborno.












