
EL ÚLTIMO LINAJE
PaolaG. · En curso · 194.3k Palabras
Introducción
Mientras aprende a sobrevivir en un mundo desconocido, ambos deberán enfrentarse a antiguas fuerzas que han despertado después de siglos. Porque el destino de su amor está ligado a una misión mucho mayor: impedir la caída de toda su raza.
Capítulo 1
EIRIN
Mañana cumpliré veintiún años.
No debería significar nada.
Sin embargo, desde hace una semana despierto cada madrugada exactamente a la misma hora con la certeza de que alguien me está esperando.
No sé quién. No sé dónde. Solo sé que, cuando abro los ojos, la luna siempre está mirándome.
Después comienza la batalla.
Como gerente de operaciones de una gran compañía musical, vivo demostrando que mi cargo no es un regalo por ser hija de los dueños. Aquí, cada acierto apenas cuenta y cada error pesa el doble.
Por eso esa extraña sensación en mi pecho resulta tan inconveniente. Me distrae tanto que, cuando vuelvo a mirar el reloj, ya son las dos de la tarde.
Miro mi bandeja de entrada. Prácticamente no he hecho nada.
Poco después un discreto carraspeo me obliga a levantar la vista.
La sonrisa aparece antes de que pueda evitarlo.
—Considero que almorzar es una sana tradición que no debería perderse.
—Hola, Natha. En mis tiempos también se consideraba una sana tradición saludar.
Ella pone los ojos en blanco mientras cierro el portátil.
Natha es mi mejor amiga. También es el caos hecho persona.
Antes de conocerla, mi vida se reducía al trabajo y a mi familia. Salir era perder el tiempo. Divertirme era un concepto desconocido.
Ahora una actividad tan rutinaria como almorzar, se convirtió en una actividad que normalmente espero con ansias.
—Deberíamos celebrar también mañana.
Levanto una ceja.
—Escúchame. Cumples veintiún años, es fin de semana y solo necesitamos dos hombres guapos, un casino en Las Vegas y un Elvis dispuesto a casarnos.
La observo unos segundos.
Definitivamente, la televisión le hizo daño durante la adolescencia.
—Suena... inolvidable. Lástima que mañana tengo la celebración con mis padres. Además... ¿sí sabes que esas bodas son reales, verdad?
Natha frunce el ceño como si pensara que estoy loca.
—Claro que no...
Parpadea dos veces.
—Yo me casé en una de esas cuando cumplí veintiuno.
El cuchillo se me escapa de la mano.
—¿Qué?
—Bajo esa lógica llevaría casi diez años casada.
Mi nueva expresión debió hacerla dudar. Pues un segundo después ya tiene el teléfono en la mano.
—No entres en pánico. Voy a llamar a mi primo, el abogado. Ya veras que sigo siendo soltera.
Se bebe el vino de un trago mientras hace la llamada.
Yo apenas la escucho. Sus expresiones varían de manera alarmante seguramente confirmando mis palabras. Pero mi mente ya no está aquí. Está enfrascada en descifrar aquella sensación extraña que jala poderozamente en mi pecho.
Cuando cuelga, suspira y me hace volver a la realidad.
—Las Vegas queda cancelado. Y no me preguntes por qué.
Una sonrisa traviesa ilumina de nuevo su rostro.
—Pero es un hecho que esta noche será noche de copas.
═══════ ❀~✿ ═══════
Nos tomó poco más de una hora estar listas.
Bueno... a Natha le tomó una hora convencerme de que mi ropa era un atentado contra la diversión.
El vestido verde que eligió marcaba mi cintura y dejaba al descubierto lo justo para hacerme sentir otra mujer.
Al salir, levanté la vista casi por instinto.
La luna brillaba con una intensidad extraña. Casi podía sentir que me llamaba.
Cuando entramos al Club Cicada, la música y las luces nos envolvieron de inmediato.
Llegamos primero. El vuelo de Erik y su amigo se retrasó así que en un lugar tan cotizado como este, debíamos asegurar entrada.
Natha ama a ese hombre y tal parece que el sentimiento es mutuo. Ya hay una argolla en su dedo.
Erik apareció primero. El beso con el que saludó a Natha fue tan largo que ambos parecieron olvidar que habían llegado acompañados.
John y yo intercambiamos una mirada divertida.
—Cof, cof...
La falsa tos hizo que la pareja, por fin, regresara al planeta Tierra.
—Perdón... olvidé que no estábamos solos.
Saludé a Erick y John hizo lo mismo con Natha.
Natha me presenta al chico entre risas.
—Eirin, él es John.
—Mucho gusto.
John me tendió la mano. Su sonrisa era abierta, de esas que hacían fácil responder con otra.
—El gusto es mío. Erik me habló mucho de ti.
Le lancé una mirada acusadora a Erik.
—¿Ah, sí?
John asintió.
—Me dijo que eras una especie de genio.
Parpadeé, confundida.
—¿Un genio?
—Según él, tienes un oído fuera de lo normal y eres capaz de detectar errores en una grabación que nadie más nota. Llegó a decir que eres la pesadilla de los ingenieros de sonido.
Solté una risa.
—Está exagerando.
—Puede ser.
Se tomó un segundo para observarme antes de continuar, con una sinceridad que me ruborizó.
—Lo que sí omitió fue un detalle importante.
—¿Cuál?
—Que además eres muy hermosa.
—Gracias... es un cumplido muy bonito.
Bajé la mirada un instante, un poco avergonzada.
—Aunque creo que Erik exageró. No soy ningún genio. Solo soy bastante dedicada a mi trabajo.
John negó con suavidad.
—La dedicación explica muchas cosas. El talento para notar lo que otros pasan por alto... no tanto.
No supe qué responder.
Nunca me había considerado una mujer especialmente bonita por eso dificil asimilar su alago por mi aspecto . Con mi estatura era difícil pasar desapercibida, y durante años eso me había hecho sentir torpe, fuera de lugar. Aprendí a aceptar mi apariencia, sí, pero jamás pensé que alguien pudiera describirme como hermosa con tanta naturalidad.
John sonrió al notar mi silencio.
—Perdón, no quería ponerte nerviosa.
—Lo lograste un poco.
Él rio por lo bajo.
—Prometo compensarlo haciendo una buena conversación.
—Eso suena como un reto.
—Lo es.
Y, para mi sorpresa, lo cumplió.
Durante la siguiente hora descubrí que John tenía un sentido del humor inesperado y esa rara habilidad de hacer que los silencios nunca resultaran incómodos.
Después llegaron los tragos, el baile y, sin darme cuenta, llevaba más tiempo riendo del que recordaba.
Cuando apareció el pastel acompañado de un enorme oso de peluche, no pude contener la risa.
—¿En serio un oso?
—No encontré un unicornio.
Me cantaron cumpleaños y, por un instante, olvidé aquella inquietud que me acompañaba desde hacía días.
John comenzó a tomar mi mano con una delicadeza que no resultaba invasiva.
Era atractivo, atento e inteligente. Exactamente el tipo de hombre al que debería darle una oportunidad.
Y, aun así...
La sensación en mi pecho se mantenía.
Como una voz silenciosa recordándome que algo no encajaba.
Escapé buscando el baño.
Como era de esperarse, Natha apareció un minuto después.
—¿Y bien?
No pude evitar sonreír.
—Es un buen chico.
Ella entrecerró los ojos.
—Eso no sonó muy convencido.
Suspiré.
—Porque no sé qué pensar.
—¿Qué hay para pensar? Es guapo, educado, divertido... y lleva toda la noche mirándote como si hubieras eclipsado al resto del lugar.
Solté una risa baja.
—Lo sé.
Y ese era precisamente el problema.
John no había sido insistente ni arrogante. No intentaba impresionarme a toda costa. Era amable, sabía escuchar y conseguía hacerme reír con una facilidad que pocas personas lograban.
Mi parte lógica me repetía una y otra vez que debía darle una oportunidad.
Pero aquella extraña sensación seguía ahí, susurrándome que algo no terminaba de encajar.
Natha resopló con paciencia.
—A veces piensas demasiado.
Bajé la vista unos segundos.
Quizá tenía razón.
Llevaba años analizando cada decisión antes de dar un paso. Tal vez era momento de dejar de buscar explicaciones para todo y simplemente vivir una noche agradable.
Al fin y al cabo, no podía seguir esperando algo que ni siquiera sabía nombrar.
Levanté la cabeza y sonreí.
—Está bien. Voy a dejar de pensar tanto... y a darle una oportunidad a John.
Los ojos de Natha brillaron como si acabara de ganar la lotería.
—¡Esa es mi amiga!
Me abrazó con tanta fuerza que casi me dejó sin aire.
—Ahora sí. Ve y disfruta tu cumpleaños.
De camino a la mesa, un desconocido se cruzó frente a mí.
—Hola, preciosa. ¿Bailas?
Todo en él me puso en alerta, pero fue su olor lo que terminó de convencerme de mantener la distancia. Tenía un aroma metálico, parecido al de la sangre.
—Gracias, pero estoy acompañada.
Él dio un paso hacia mí.
—Puedes cambiar de compañía.
Retrocedí de inmediato.
—No.
No insistió, aunque sentí su mirada siguiéndome hasta la mesa.
John ya estaba de pie.
—Pensé que tendría que ir a rescatarte.
—¿Te preocupaste?
—Claro.
Sonreí.
Frente a nosotros, una pareja se besaba con absoluto descaro.
Le tapé los ojos al oso de peluche.
John soltó una risa.
—Creo que él también agradece el gesto.
Cuando levanté la vista, ya estaba muy cerca.
Sus ojos buscaron los míos apenas un instante, dándome la oportunidad de apartarme.
No lo hice.
"Ya basta, Eirin. No puedes vivir esperando algo que ni siquiera sabes nombrar."
Sus labios rozaron los míos con una delicadeza inesperada.
Fue un beso breve. Cálido. Cuidadoso.
Como si quisiera descubrir mi reacción antes que conquistarme.
Al separarse sonrió.
—Llevaba rato queriendo hacer eso... pero el oso no dejaba de mirarme.
Reí con timidez.
Y entonces ocurrió.
Una luz me atravesó de lado a lado.
Dejé de sentir el suelo.
Dejé de escuchar la música.
Dejé de ser Eirin por un instante.
Una voz susurró dentro de mí.
"Ya es hora de regresar."
Y, antes de comprender por qué, mi corazón respondió con una pregunta que jamás había formulado.
"¿Él me estará esperando?"
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Última actualización: 10/27/2026
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