
Eternamente tuya
Ysaris Areinamo · Completado · 104.7k Palabras
Introducción
"Yo caí en la hipnosis del amor el día que te conocí Hades, y supe desde ese instante, que sería eternamente tuya".
Capítulo 1
Prólogo
Ya me dolían los pies de tanto caminar, pero al menos ya había conseguido un lindo vestido color beige para mi graduación, miré alrededor, no podía encontrar el sitio donde las muchachas me dijeron que estaban esperándome, según dijeron que era cerca de algo que parecía una iglesia de color azul, pero es que en este lugar todo parecía antiguo y con arquitectura de iglesia, pero no eran iglesias, solo eran el diseño; la mayoría.
«A la izquierda, Nube».
Me metí en otra calle angosta, buscando la dichosa iglesia azul. Me había acostumbrado a Ámsterdam, y que todo quedara cerca, aún más usando bicicletas, pero yo prefería caminar, sin embargo, este viaje que hicimos a Alemania fue para comprar los vestuarios de la graduación y todo quedaba muy distante y confuso.
Saqué mi teléfono para colocar el GPS y así intentar guiarme. Tenía demasiado frio a pesar de tener una chaqueta gruesa, guantes y gorro, me saqué uno de los guantes para poder tocar la pantalla del teléfono cuando de repente entró una ventolera y el gorro se me bajó cubriéndome los ojos, las bolsas en mi mano se me enredaron entre mis pies en el camino haciéndome perder el equilibro y me tambalee hacia un lado.
«Mierda».
Me alcé el gorro rápidamente cuando de repente vi a un ciclista que venía distraído directo hacia mí y antes de que me pudiera apartar, tropezamos de frente y ambos caímos al piso.
«Ay mierda».
Mi vestido nuevo para la graduación se había salido de la bolsa y había caído fuera en la calle, me apresuré rápidamente a levantarme y recogí mi vestido para que no se me ensuciara metiéndolo nuevamente a la bolsa.
Estuvo muy cerca de mancharse.
Miré al chico tirado en el suelo y la bicicleta a otro lado.
«Santas vacas, lo maté».
—¿Estás bien? —Pregunté en inglés porque era el idioma en el que usualmente la gente podía entenderme en cualquier lado de Europa, es decir también tuve que aprender el neerlandés, pero en Ámsterdam muy pocas personas hablaban el neerlandés.
El chico me miró con mala cara desde el suelo y comenzó a decirme muchas cosas en alemán que no podía entender, solo saber que estaba jodidamente molesto. Di un paso atrás pero entendí muy bien cuando me dijo algo parecido a loca estúpida porque también estudié con alemanes que se le salían esas expresiones al hablar.
—No seas tan hijo de puta —repliqué—, ¿no ves tú por donde vas?
Él me miró pareciendo comprender que también estaba molesta, es decir también estaba adolorida porque me impactó con su bicicleta muy duro.
Lo vi decir algo entre dientes y entonces se levantó, justo en ese momento me sorprendí al darme cuenta de que era muy alto, sus ojos de un profundo azul se deslizaron por mi rostro y me quedé por un momento impresionada.
Era realmente guapo con su quijada cuadrada, labios rellenos y nariz griega.
Y era mucho decir porque tenía mucho tiempo sin que alguien me atrajera a primera vista o que al menos lo considerara guapo.
Lo vi estirar un poco sus labios en una ligera sonrisa, y eso me hizo recordar un gesto familiar, algo que recordaba de un amor del pasado...
—Perdón, Americana, no había visto que eras linda. —dijo.
Alcé una ceja, al parecer yo también le parecía bonita.
—Ah —dije—, ¿es que hablas mi idioma?
—Obvio —dijo con cierta arrogancia— soy Neerlandés casi me mataste queriendo llamar mi atención cruzándote por el medio.
¿Neerlandés? ¿llamar su atención? Al parecer era de Países Bajos, exactamente de donde estaba venía yo.
—Ni te había visto. —solté.
—Como digas. —giró los ojos.
Que creído este hombre, no necesitaba esto ahora.
Me di media vuelta para irme, cuando de repente él me agarró de la muñeca, sus dedos eran fríos y largos, me detuve y me voltee nuevamente para mirarlo, sus ojos azules se cruzaron con los míos y no sé por qué comencé a sonrojarme, él tenía algo que me recordaba a él... a mi pasado, debía de estar mal compararlo pero, me gustaba; me atraía que me hiciera recordar cosas.
—¿No vas a darme tu número? —preguntó el Neerlandés.
Uhm...
Bueno, este hombre no estaba nada mal, pero no daba mi número a todo el mundo, además no tenía tiempo para estas cosas cuando ya tenía que agarrar el tren de regreso a Ámsterdam porque mañana era mi graduación y tenía que arreglarme.
«Muy guapo pero, no».
Le sonreí un poco en respuesta y él me sonrió de la misma manera, pero solo me solté de su agarre y me fui con mis bolsas a buscar a las chicas, el chico neerlandés no me dijo nada más.
—Nube, ¿dónde estabas? —dijo Kim cuando me vio llegar a la famosa iglesia azul, nosotras eramos 4 chicas, Kim, Leidy y Paola, nos hicimos amigas casi el primer día en que llegué y compartimos residencia juntas, ellas fueron un gran apoyo para mí cuando llegué y en mi proceso de adaptación.
—Ya estoy aquí —dije.
—Vamos —dijo Paola—, que nos deja el tren.
Corrimos despavoridas para que el tren no nos dejara y cuando ya estuvimos dentro en los asientos me relajé recostándome del vidrio, relajándome, pensando en el neerlandés y esos gestos que hacía que me recordaban al innombrable que me rompió el corazón... pensar en él se sentía agrio, así fuera después de mucho tiempo.
—¿Saben quién va a estar en nuestra graduación mañana? un empresario importante —decía Kim ella era la presidenta del salón, era muy inteligente y aplicada, nos parecíamos mucho, todas de hecho nos parecíamos, creo que en este lugar encontré amistades mucho más sinceras.
—¿Quién? —escuché que preguntó Paola.
Cerré los ojos cuando el tren arrancó, solo escuchándolas.
—Es un hombre que esta graduado en casi todas las carreras —dijo Kim—, es muy inteligente.
¿Un hombre graduado en casi todas las carreras?
¿Acaso...?
No... era imposible, ni siquiera me esforcé en abrir los ojos porque no valía la pena pensar en él.
No después de 2 años.
—¿Cómo se llama? —preguntó Leidy, Kim tardó un poco en responder acomodándose en su asiento, y entonces dijo:
—Hades Parker.
Abrí los ojos, ¿Qué?
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