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Purgatorio de Medianoche - Un Romance Mafioso

Purgatorio de Medianoche - Un Romance Mafioso

nicolefox859 · Completado · 200.9k Palabras

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Introducción

Mi guapísimo vecino acaba de encontrar mi caja de «juguetes personales».
Y mi misión de recuperarlos...
terminó en su cama.

Se suponía que era una broma:
regalarle a mi mejor amiga juguetes subidos de tono para su despedida de soltera y avergonzarla delante de su familia.
Pero cuando mi paquete se entrega por error a mi guapísimo y misterioso vecino,
la que acaba muerta de vergüenza soy yo.

Me cuelo en su casa para intentar robarlo de vuelta antes de que lo encuentre.
El problema es que me atrapa a mitad del golpe...
y entonces me obliga a quedarme a cenar.

La cena lleva al postre y el postre lleva a... otro postre, si me entiendes.
Varios platos de dulce y pecaminosa tentación.
En mi defensa, de cerca es todavía más guapo que desde la ventana de mi dormitorio.

Cuando por fin vuelvo a casa a la mañana siguiente, abro mi botín robado.
Pero parece que agarré el paquete equivocado.
Y el desastre sangriento que encuentro dentro cambiará mi vida para siempre.

Resulta que mi vecino buenorro es un jefe de la Bratva rusa, con secretos profundos y oscuros.
Y resulta que también me dejó embarazada.

Capítulo 1

PURGATORIO DE MEDIANOCHE

LIBRO 1 DEL DÚO DE LA BRATVA BUGROV

Mi guapísimo vecino acaba de encontrar mi caja de «juguetes personales».

Y mi misión de recuperarlos…

Terminó en su cama.

Se suponía que iba a ser una broma:

Regalarle a mi mejor amiga juguetes subidos de tono para su despedida de soltera y avergonzarla delante de su familia.

Pero cuando mi paquete se entrega por error en casa de mi guapísimo y misterioso vecino,

la que acaba muerta de vergüenza soy yo.

Me cuelo en su casa para intentar robarlo antes de que lo encuentre.

El problema es que me atrapan a media faena…

Y entonces me obliga a quedarme a cenar.

La cena lleva al postre, y el postre lleva a… otro postre, si me entiendes.

Varios platos de dulce y pecaminosa tentación.

En mi defensa, de cerca es todavía más guapo que desde la ventana de mi habitación.

Cuando por fin vuelvo a casa a la mañana siguiente, abro mi botín robado.

Pero parece que agarré el paquete equivocado.

Y el desastre violento que encuentro dentro cambiará mi vida para siempre.

Resulta que mi vecino buenorro es un jefe de la Bratva rusa, con secretos profundos y oscuros.

Y resulta que además me dejó embarazada.

Purgatorio de medianoche es el Libro 1 del dúo de la Bratva Bugrov. La historia de Uri y Alyssa continúa en el Libro 2 del dúo de la Bratva Bugrov, SANTUARIO DE MEDIANOCHE.

1

ALYSSA

Llega un momento en la vida de toda mujer joven en el que se encuentra en una situación… digamos, pegajosa.

Este es mi momento.

Estoy colgada de las yemas de los dedos a mitad de la valla que separa mi patio trasero del patio trasero de mi guapísimo vecino multimillonario. Normalmente, eso parece un problema con solución, ¿no? Solo termina de trepar la valla, tonta.

Un detalle importante aquí es que, por algún cruel capricho del universo, mis mallas acaban de engancharse en un clavo que sobresale y se han rasgado de par en par. Ese maldito enganchón está haciendo dos cosas: una, dejarme clavada en el sitio; y dos, revelar a cualquier alma que pase por ahí que sí, llevo unas bragas de abuela horriblemente gastadas y, sí, efectivamente tienen a Garfield con la boca llena de lasaña diciendo Odio los lunes. El hecho de que sea jueves solo lo empeora.

También hay otros problemas.

Como el hecho de que la caja de los juguetes sexuales recién comprados que vine a recuperar de mi vecino está ahora mismo tirada en el suelo a mis pies, juuuusto fuera de mi alcance.

Como el hecho de que técnicamente estoy invadiendo una propiedad privada y, si los rumores son ciertos, mi vecino es exactamente el tipo de magnate tecnológico violentamente dado a demandar, con rumores dudosos de vínculos con la mafia, que me arrastrará directamente a los tribunales si me atrapa.

Y, por último, pero no menos importante, está el hecho de que dicho vecino está cruzando su césped hacia mí en este preciso instante.

Piensa, Alyssa. Piensa. ¿Qué haría Ziva?

Me estremezco en cuanto se me cruza ese pensamiento. Ziva jamás estaría en esta situación para empezar. Pero Ziva tampoco está aquí para sacarme de ella.

Tampoco está mi mejor amiga, Elle, que es quien de verdad tiene la culpa de todo este desastre.

Bueno, más o menos. Verán, técnicamente no son mis juguetes sexuales los que he venido a recuperar. La caja de dildos y cosas por el estilo de Eve’s Garden es un regalo de broma —sin doble sentido— para la próxima despedida de soltera de Elle.

Con solo pensar en el contenido, ya siento que se me encienden las mejillas. He revisado el recibo unas mil veces desde que por fin me atreví a hacer el pedido, así que me lo sé de memoria. Contiene lo siguiente:

— Un (1) par de esposas forradas con peluche rosa brillante con brillantina

— Cuatro (4) correas de restricción de cuero para las extremidades (dos para las muñecas y dos para los tobillos) que, al parecer, se sujetan a una especie de anillo de acero en la parte baja de la espalda y dejan a quien las lleva amarrado y expuesto como un pavo de Acción de Gracias (el adobo se vende por separado)

— Seis (6) variedades diferentes de lubricante con sabor, con nombres insinuantes para morirse de vergüenza: crème brû-labia, very-berry-pop-my-cherry, y así sucesivamente.

Y la pieza de resistencia:

— Un (1) dildo morado de tentáculo alienígena, con ventosa incluida y unas protuberancias nudosas y rarísimas que hacen que se me junten los muslos con solo imaginar esas cosas dentro de mí.

Han pasado dos semanas desde que pedí este kit de inicio de Mi Primer Calabozo Sexual. He pasado ese tiempo alternando entre un terror morboso ante toda la idea y ataques de risa al imaginar a Elle abriéndolo delante de cada una de las mujeres de toda su familia extendida.

Si eso suena cruel… bueno, se lo merece. Desde que nos conocimos en primaria y se inventó el apodo Shylyssa para mí, Elle se lo ha tomado como misión de vida lograr que me sonroje tan seguido como sea posible.

Pero se sale con la suya porque de verdad la quiero y ella de verdad me quiere a mí. Y cuando pasó todo lo de Ziva, Elle estuvo ahí para mí cuando lo necesité.

Ahora, sin embargo, no está aquí para mí cuando la necesito. De hecho, parece que toda Los Ángeles estuviera conteniendo la respiración, como si la maldita ciudad entera estuviera pensando: ¿Cómo va a salir esta idiota de este embrollo?

Excelente pregunta.

Ojalá tuviera una respuesta.

Porque la silueta que solo puede pertenecer a un hombre sigue avanzando.

Le está tomando mucho tiempo llegar hasta mí porque esto es una propiedad absurdamente grande. No pinto nada aquí. Solo por alguna extraña rareza de las leyes de zonificación y la caótica expansión urbana de Los Ángeles, mi bungalow de dos habitaciones colinda con la extensa finca de tres acres del señor Uri Bugrov por un costadito diminuto.

Mi casa está literalmente a la sombra de su mansión. Pero tengo una ventana junto a mi rincón de lectura que me da una línea de visión directa a su puerta principal. Por eso reconozco su silueta: porque la he visto noche tras noche tras noche.

Siempre es el mismo ritual. Como un reloj, a las 9:00 p. m., Uri Bugrov vuelve a casa en uno de sus autos de lujo estilizados y, sin duda, ridículamente caros. Con él se baja alguna mujer inevitablemente deslumbrante, con curvas de Jessica Rabbit que se verían desde el espacio. Entran. Hacen (supongo) ese tipo de cosas desnudas y horizontales que las mujeres adultas hacen con hombres tan insultantemente guapos y ricos como Uri. Luego vuelven a salir, Uri mete a la mujer en un taxi y ella desaparece, para no volver a ser vista jamás.

No es raro que muchas mujeres hermosas quieran acostarse con Uri. Es rico, es famoso… bueno, infame… y es muy, muy agradable a la vista.

Lo raro es lo celosa que me siento a veces de esas mujeres.

He tenido sexo antes, aunque solo unas cuantas veces. Todo el numerito me pone nerviosa, si soy sincera. Es tan íntimo. Gente dentro de tu espacio. Respirando tu aliento. Sudando tu sudor.

Eh… no, gracias.

Una terapeuta a la que vi un tiempo después de que Ziva me lo sugiriera dijo que quizá yo tenía «problemas de intimidad». Me reí y dije:

—No, no tengo problemas de intimidad: es que no quiero a nadie cerca de mí nunca porque, si me abro con alguien, entonces podría morirse y dejarme, y no soporto la idea de que eso pase, así que me cierro al mundo antes de que el mundo pueda infligirme más crueldad.

Ahora que lo pienso, quizá iba por buen camino.

La silueta se acerca. Diez segundos o menos para el impacto.

Hace una hora, la vida iba de maravilla. Yo estaba actualizando una y otra vez el seguimiento del envío de Eve’s Garden. A tres paradas. A dos paradas. Usted es la siguiente parada. Esperé a que sonara el timbre, pero…

Nada.

Ni golpes, ni timbre, y cuando bajé a revisar el porche, ningún paquete discretamente envuelto de dildos alienígenas morados.

Pero al alzar la vista, vi horrorizada que el cartero caminaba por la entrada hacia la mansión de Uri, con mi paquete bajo el brazo.

Debí haber hecho algo entonces. Gritarle, placarlo, quizá hasta abatirlo desde mi techo con un arco y una flecha. En cambio, me quedé ahí, plantada como una idiota, y miré cómo el cartero dejaba el paquete en el escalón de la entrada de Uri. Luego bajó de vuelta hacia su camioneta, se subió y se fue.

Después de eso, empecé a marcar en pánico a cualquier número de teléfono de correos que pudiera servir para que mandaran al equipo SWAT del servicio postal a rescatar la mercancía. Pero no dejaban de transferirme de un centro de llamadas a otro. Nadie podía ayudarme.

El resultado final fue que mi paquete seguía varado en la finca de los Bugrov y solo tenía una manera de recuperarlo.

Hacerlo yo misma.

Pero ese pensamiento me daba ganas de acurrucarme debajo de la cama y no volver a salir. Ya iba a ser lo bastante humillante darle el regalo a Elle. ¿Ir directa a la enorme puerta principal de Uri y exigirle al titán de ojos azules que vive ahí que —ejem— me devuelva mi gigantesco consolador alienígena morado, por favor?

Eso es pedir morir de vergüenza.

¿Pero qué otra opción tenía? Intenté convencerme de que Uri o su ama de llaves simplemente lo tirarían. De que podía pedir un reemplazo y olvidarme de este vergonzoso “uy, qué pena”. Pero nada de eso me tranquilizó.

Lo más doloroso era que todavía podía verlo ahí, sobre el escalón de la entrada. Justo ahí, maldita sea. Fue entonces cuando mi peor idea cobró vida. Si esperaba a que anocheciera, quizá podría colarme por la cerca y robarlo de vuelta sin que nadie se diera cuenta…

De algún modo, de todos mis planes, ese fue el que ganó.

Me dije que sería rápida. Entrar y salir como una ninja. Incluso me cambié y me puse ropa completamente negra para no llamar la atención.

—Todo va a estar bien —me susurré justo antes de salir al patio trasero—. Entrar y salir como una ninja. Entrar y salir como una ninja.

Si Ziva me hubiera visto en ese momento, se habría partido de risa. Miré de reojo su foto sobre la repisa de la chimenea. Una foto de las dos en la graduación de preparatoria. Las gemelas Walsh, las dos con vestidos malva a juego y sonrisas idénticas de diecisiete años.

La mía no ha cambiado mucho con los años.

Pero la suya está congelada así para siempre.

Aparté la mirada. Tenía que concentrarme. Hora de sacar el ojo del tigre.

Al principio, todo fue bien. Salté la cerca como si estuviera en American Ninja Warrior: Edición exfiltración de juguete sexual.

Me lancé hacia el porche de Uri.

Agarré mi paquete y me regresé a toda prisa hacia la cerca, lo aventé al otro lado, a mi patio, y empecé a trepar yo también…

Entonces: se desató el desastre.

El clavo, para ser más exactos. Me abrió el muslo y me dejó clavada en su lugar. Garfield salió a saludar.

Y ahora, el protagonista del momento está aquí para hacerme una pregunta de lo más razonable.

—¿Qué demonios estás haciendo en mi propiedad?—

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