NovelaGO
Cadena de sangre. Lazos de piel.

Cadena de sangre. Lazos de piel.

María Almera · En curso · 47.8k Palabras

825
Tendencia
925
Vistas
0
Agregado
Agregar a estante
Comenzar a leer
Compartir:facebooktwitterpinterestwhatsappreddit

Introducción

En el frío corazón de París, la opulencia de la familia De Beaumont oculta un secreto que ha costado vidas. Mariana Quintero, una joven venezolana de espíritu indomable, llega a Francia con una urna y una misión: limpiar el nombre de su madre, Elena, quien murió jurando que su pasado en la aristocracia no fue un sueño, sino un robo. Al cruzar el umbral de la mansión, Mariana choca con Étienne de Beaumont, el heredero de un imperio que se desmorona. Étienne es un hombre de hielo, forjado en el deber, hasta que la calidez y la verdad de Mariana comienzan a derretir sus defensas, naciendo entre ellos un romance apasionado que desafía las leyes de la sangre.
Sin embargo, el peligro acecha en los espejos de Versalles. Philippe, el tío de Étienne, ha mantenido a su hermano Jean-Pierre bajo un letargo químico para saquear la fortuna familiar. La revelación más devastadora surge cuando descubren que Isabelle de la Roche, la fría prometida de Étienne, es en realidad la hija biológica de Elena, robada al nacer para asegurar el linaje. Mientras Isabelle se hunde en la locura y la venganza tras descubrir su origen humilde, una nueva amenaza aparece: Camille Vaugrenard. El antiguo amor de Étienne regresa decidida a recuperar su lugar, usando la seducción y la intriga para sembrar la duda en Mariana.
Desde los lujosos salones de la Avenue Foch hasta las playas salvajes de Puerto Cabello, Mariana y Étienne deberán luchar contra conspiraciones y fantasmas del pasado. En una guerra donde la sangre es una cadena y la piel es el único lazo real, ellos descubrirán que el amor es el único antídoto contra una herencia de pecado. ¿Podrá su unión sobrevivir a la verdad?

Capítulo 1

El cielo de París no era azul, era del color del zinc oxidado. Mariana bajó del autobús en la parada de Trocadéro y sintió que el frío le rebanaba la piel. No era el frío juguetón de una noche en El Ávila; era un frío antiguo, un frío que se metía en los huesos y te recordaba que no pertenecías a ese lugar. Llevaba una maleta pequeña con la rueda trabada que chirriaba contra el pavimento, pero lo más pesado no era su equipaje, sino la pequeña urna de madera de cedro que cargaba contra su pecho, envuelta en un chal tejido por su tía antes de salir de Caracas.

—Ya casi, mamá —susurró, y su aliento formó una pequeña nube blanca que se disolvió al instante en el aire gélido—. Ya casi llegamos a donde empezó todo.

Caminó por las calles del distrito 16, donde las fachadas de los edificios parecían juzgarla con sus balcones de hierro forjado y sus ventanas cerradas a cal y canto. Cada paso era una batalla contra el cansancio de un vuelo de doce horas y una vida de veinte años esperando este momento. Al llegar frente al número 42 de la Avenue Foch, se detuvo. La mansión De Beaumont se alzaba como un mausoleo de piedra caliza. Era imponente, soberbia y terriblemente silenciosa.

Mariana tragó saliva. Sus dedos, entumecidos por la falta de guantes adecuados, buscaron el botón del intercomunicador. Al tocarlo, el sonido resonó dentro de la propiedad como una alarma.

Oui? —una voz masculina, profunda y cortante, salió de la bocina.

—Busco a Jean-Pierre de Beaumont —dijo Mariana, esforzándose porque su francés no sonara tan roto como se sentía por dentro—. Soy la hija de Elena Quintero. Vengo desde Venezuela.

Hubo un silencio que duró una eternidad. Mariana temió que cortaran la comunicación, pero entonces, el pesado portón de hierro se abrió con un zumbido eléctrico. Caminó por el sendero de gravilla, sintiendo que cada piedra que crujía bajo sus botas desgastadas era un grito de advertencia. La puerta principal de roble se abrió antes de que pudiera tocar.

Allí estaba él. Étienne de Beaumont.

No necesitaba presentaciones; era el hombre que aparecía en las revistas de finanzas, el heredero de un imperio aeroespacial que facturaba billones. Era más alto de lo que imaginaba, con una mandíbula cuadrada siempre tensa y unos ojos de un azul tan gélido que hacían que el invierno de afuera pareciera primavera. Vestía un traje de tres piezas color carbón que le quedaba impecable, como si hubiera nacido dentro de él.

—Mi padre no recibe visitas de desconocidos —soltó Étienne. Su voz era un látigo. Su mirada recorrió a Mariana de arriba abajo, deteniéndose con una mezcla de curiosidad y asco en sus botas empapadas y la urna que abrazaba—. Y mucho menos a personas que vienen sin cita previa a invocar nombres que pertenecen al siglo pasado.

—No soy una desconocida para su padre, aunque usted no lo sepa —respondió Mariana. El orgullo venezolano, ese que nace de haber sobrevivido a todo, le dio la fuerza para no bajar la mirada—. Mi madre murió hace un mes. Esta urna es lo que queda de ella. Ella pasó sus últimos años hablando de este lugar, de Jean-Pierre, de una promesa que se quedó a medias.

Étienne soltó una risa seca, un sonido que no llegó a sus ojos.

—¿Una promesa? Mademoiselle, mi padre sufre de Alzheimer avanzado. A duras penas recuerda qué desayunó hace una hora. Si busca dinero o una herencia basada en un romance de juventud, se ha equivocado de dirección. Tenemos abogados que se encargan de filtrar a las oportunistas como usted.

—¡No soy una oportunista! —el grito de Mariana resonó en el vestíbulo de mármol. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no de tristeza, sino de pura rabia—. No quiero sus millones. Mi madre me dejó una carta. Una carta que solo Jean-Pierre debe leer. Ella cruzó el océano en su mente mil veces antes de morir para estar aquí. Yo solo soy sus piernas.

En ese momento, un taconeo rítmico y elegante anunció la llegada de alguien más. Una mujer de una belleza insultante apareció por la gran escalera de caracol. Vestía un conjunto de seda color perla y llevaba el cabello rubio recogido en un moño perfecto. Era Isabelle de la Roche, la prometida de Étienne, la mujer cuyo apellido pesaba tanto como su cuenta bancaria.

—Étienne, querido, ¿qué es este escándalo? —preguntó Isabelle, deteniéndose al lado del hombre y entrelazando su brazo con el de él. Al ver a Mariana, arrugó la nariz como si hubiera entrado un animal callejero a la mansión—. Mon Dieu, ¿quién es esta chica? Huele a... humedad y a algo barato.

—Dice ser la hija de una antigua conocida de mi padre —respondió Étienne, aunque sus ojos no se apartaban de la pequeña urna de madera.

—Oh, otra más —Isabelle soltó una carcajada cristalina y cruel—. Étienne, no dejes que ensucie la alfombra persa. Llama a seguridad. No podemos permitir que una... extranjera con una caja de cenizas arruine la atmósfera antes de la gala benéfica de esta noche.

Mariana sintió el impulso de darse la vuelta y huir, de regresar al aeropuerto y desaparecer. Pero entonces recordó los ojos de su madre en el hospital, la forma en que su mano apretaba el sobre amarillo mientras decía: "Él me amó, Mariana. Dile que nunca lo olvidé".

—No me voy a ir —dijo Mariana, dando un paso firme hacia el interior, ignorando que sus botas dejaban marcas de agua en el suelo perfecto—. Pueden llamar a la policía si quieren. Pero antes, Étienne, mírame a los ojos y dime que no ves en mi cara algo que reconozcas. Mírame y dime que el nombre de Elena Quintero no significa nada en esta casa.

Étienne guardó silencio. Por un segundo, la máscara de hielo se agrietó. Había algo en la estructura ósea de Mariana, en la intensidad de su mirada oscura, que le resultaba inquietantemente familiar. Metió la mano en el bolsillo de su pantalón, apretando los puños.

—Isabelle, sube a tu habitación —ordenó Étienne sin mirarla.

—¿Qué? Pero Étienne... —protestó la rubia, indignada.

—Dije que subas. Yo me encargaré de esto.

Isabelle lanzó una mirada cargada de odio puro hacia Mariana, un odio que prometía venganza, y se retiró haciendo sonar sus tacones con furia.

Étienne se acercó a Mariana. Estaba tan cerca que ella pudo oler su perfume: madera de sándalo y un toque de tabaco caro. Un aroma que gritaba poder y control.

—Tienes cinco minutos —sentenció él—. Si esa carta es una falsificación, te entregaré personalmente a las autoridades. Y más te vale que esa caja que llevas contenga lo que dices, porque aquí no jugamos con la muerte.

Mariana asintió, con el corazón martilleando contra sus costillas. Étienne la guio por un pasillo flanqueado por óleos de antepasados que parecían vigilarla con desprecio. Al fondo, tras unas puertas dobles de cristal, se encontraba una biblioteca inmensa que olía a papel viejo y a olvido.

Sentado frente a una chimenea apagada, envuelto en una manta de lana fina, estaba un hombre anciano. Jean-Pierre de Beaumont. Sus ojos, antes poderosos, vagaban por la habitación sin encontrar descanso.

—Papá —dijo Étienne, y por primera vez su voz tuvo un rastro de humanidad—, hay alguien que dice conocerte.

Mariana se acercó lentamente. Se arrodilló frente al anciano y, con manos temblorosas, abrió la urna. El olor del cedro y un rastro casi imperceptible del perfume de gardenias de su madre flotó en el aire estancado de la biblioteca.

—Señor De Beaumont —susurró Mariana en español, sabiendo que ese era el idioma en el que ellos se habían amado—. Elena está aquí. Volvió a casa.

El anciano, que hasta ese momento parecía una estatua de cera, reaccionó. Sus ojos se enfocaron en la urna y luego en el rostro de Mariana. Un temblor recorrió sus manos sarmentosas.

—¿Elena? —preguntó con una voz que era apenas un hilo—. ¿Elena, eres tú?

Étienne, de pie tras ellos, sintió un escalofrío. Su padre no había pronunciado un nombre con tanta claridad en meses. Se acercó un paso más, observando cómo la chica venezolana tomaba la mano del anciano con una ternura que él nunca había visto en ese palacio de cristal y oro.

El drama no había hecho más que empezar. Mariana había logrado entrar, pero ahora estaba en el territorio de un hombre que la consideraba una amenaza y de una mujer que la quería destruir. Y lo más peligroso de todo: estaba empezando a sentir que, en medio de toda esa frialdad, los ojos de Étienne eran el único fuego que podía quemarla de verdad.

Últimos capítulos

Te podría gustar 😍

Cómo No Enamorarme de un Dragón

Cómo No Enamorarme de un Dragón

2.1m Vistas · Completado · Kit Bryan
Nunca me postulé a la Academia para Seres y Criaturas Mágicas.

Por eso fue más que un poco desconcertante cuando llegó una carta con mi nombre ya impreso en un horario de clases, una habitación en el dormitorio esperándome y las materias elegidas, como si alguien me conociera mejor de lo que me conozco yo misma. Todo el mundo conoce la Academia, es donde las brujas afilan sus hechizos, los cambiaformas dominan sus formas, y toda clase de criatura mágica aprende a controlar sus dones.

Todos menos yo.

Ni siquiera sé qué soy. No hay cambio de forma, ni trucos de magia, nada. Solo una chica rodeada de personas que pueden volar, conjurar fuego o sanar con un toque. Así que me siento en las clases fingiendo que encajo, y escucho con atención cualquier pista que pueda decirme qué es lo que llevo escondido en la sangre.

La única persona más curiosa que yo es Blake Nyvas, alto, de ojos dorados y, definitivamente, un dragón. La gente susurra que es peligroso, me advierten que mantenga las distancias. Pero Blake parece decidido a resolver el misterio que soy, y de algún modo confío en él más que en nadie.

Tal vez sea imprudente. Tal vez sea peligroso.

Pero cuando todos los demás me miran como si no perteneciera a este lugar, Blake me mira como si fuera un acertijo que vale la pena resolver.
Emparejada con su Instructor Alfa

Emparejada con su Instructor Alfa

1.1m Vistas · Completado · Marina Ellington
Soy Eileen, la marginada de la academia de cambiaformas, todo porque no tengo lobo. Mi única salvación es un don para la sanación que me consiguió un lugar en la División de Sanadores. Entonces, una noche en el bosque prohibido, encontré a un desconocido al borde de la muerte. Bastó un roce, y algo primitivo se rompió entre nosotros. Esa noche me ató a él de una forma que no puedo deshacer.

Semanas después, nuestro nuevo instructor Alfa de combate entra al salón. Regis. El tipo del bosque. Sus ojos se clavan en los míos, y sé que me reconoce. Entonces el secreto que he estado ocultando me golpea como un puñetazo: estoy embarazada.

Él tiene una propuesta que nos ata más que nunca. ¿Protección… o una jaula? Los susurros se vuelven venenosos, la oscuridad se cierra sobre mí. ¿Por qué soy la única sin lobo? ¿Es mi salvación… o me arrastrará a la ruina?
El Amor No Dicho del CEO

El Amor No Dicho del CEO

1.2m Vistas · Completado · Lily Bronte
—¿Quieres mi perdón? —preguntó, mi voz bajando a un tono peligroso.

Antes de que pudiera responder, se acercó más, de repente alzándose sobre mí, su rostro a centímetros del mío. Sentí que mi respiración se detenía, mis labios se separaban por la sorpresa.

—Entonces este es el precio por hablar mal de mí con otros —murmuró, mordisqueando mi labio inferior antes de reclamar mi boca en un beso real. Comenzó como un castigo, pero rápidamente se transformó en algo completamente diferente cuando respondí, mi rigidez inicial derritiéndose en cumplimiento, luego en participación activa.

Mi respiración se aceleró, pequeños sonidos escapando de mi garganta mientras exploraba mi cuerpo. Sus caricias eran tanto castigo como placer, arrancando estremecimientos de mí que pensé él sentía reverberar a través de su propio cuerpo.

Mi camisón se había subido, sus manos descubriendo más de mí con cada caricia. Ambos estábamos perdidos en la sensación, el pensamiento racional retrocediendo con cada segundo que pasaba...

Hace tres años, para cumplir el deseo de su abuela, me vi obligada a casarme con Derek Wells, el segundo hijo de la familia que me había adoptado durante diez años. Él no me amaba, pero yo lo había amado en secreto todo el tiempo.

Ahora, el matrimonio contractual de tres años está a punto de terminar, pero siento que algún tipo de sentimiento se ha desarrollado entre Derek y yo que ninguno de los dos está dispuesto a admitir. No estoy segura de si mis sentimientos son correctos, pero sé que no podemos resistirnos físicamente...
Déjalos Arrodillarse

Déjalos Arrodillarse

850.6k Vistas · En curso · My Fantasy Stories
Kaelani pasó su vida creyendo que no tenía lobo.
Expulsada por su manada. Olvidada por los licántropos.
Vivía entre humanos —callada, invisible, oculta en un pueblo en el que nadie se fijaba dos veces.

Pero cuando su primer celo llega sin previo aviso, todo cambia.

Su cuerpo se enciende. Sus instintos gritan. Y algo primitivo se agita bajo su piel—
invocando a un gran y temible Alfa que sabe exactamente cómo apagar su fuego.

Cuando él la reclama, es éxtasis y ruina.

Por primera vez, cree que ha sido aceptada.
Vista.
Elegida.

Hasta que él la deja a la mañana siguiente—
como un secreto del que nunca se debe hablar.

Pero Kaelani no es lo que ellos creían.
No carece de lobo. No es débil.
Hay algo antiguo en su interior. Algo poderoso. Y está despertando.

Y cuando lo haga—
todos recordarán a la chica a la que intentaron borrar.

Especialmente él.

Ella será el sueño que él no dejará de perseguir... lo único que alguna vez lo hizo sentir vivo.

Porque los secretos nunca permanecen enterrados.
Y los sueños tampoco.
Esta Vez Él Me Persigue Con Todo

Esta Vez Él Me Persigue Con Todo

885.4k Vistas · Completado · Sherry
Maya se quedó helada cuando entró el hombre que atraía todas las miradas del salón. Su exnovio, que había desaparecido hacía cinco años, era ahora uno de los magnates más ricos de Boston. En aquel entonces, él nunca había dado pistas sobre su verdadera identidad; luego, había desaparecido sin dejar rastro. Al ver ahora su mirada fría, ella solo podía suponer que él había ocultado la verdad para ponerla a prueba, había decidido que ella era superficial y se había marchado decepcionado.

Afuera del salón de baile, ella se acercó a él mientras fumaba junto a la puerta, con la intención de, al menos, darle una explicación.

—¿Todavía estás enojado conmigo?

Él tiró el cigarrillo y la miró con abierto desprecio.
—¿Enojado? ¿Crees que estoy enojado? Déjame adivinar: Maya por fin descubre quién soy y ahora quiere "reconectar". Otra oportunidad ahora que sabe que mi apellido viene acompañado de dinero.

Cuando ella intentó negarlo, él la interrumpió.
—Fuiste algo pasajero. Una nota al pie. Si no hubieras aparecido esta noche, ni siquiera me habría acordado de ti.

Las lágrimas le escocieron en los ojos. Estuvo a punto de hablarle de su hija, pero se detuvo. Él solo pensaría que estaba usando a la niña para atraparlo y quedarse con su dinero.

Maya se lo tragó todo y se marchó, segura de que sus caminos nunca volverían a cruzarse... pero él continuó apareciendo en su vida, hasta que fue él quien se rebajó, rogándole humildemente que lo aceptara de vuelta.
Elegida por el Rey Alfa Maldito

Elegida por el Rey Alfa Maldito

1.4m Vistas · Completado · Night Owl
—Ninguna mujer sale viva de su cama.
—Pero yo sobreviviré.
Lo susurré a la luna, a las cadenas, a mí misma—hasta que lo creí.
Dicen que el Rey Alfa Maximus es un monstruo—demasiado grande, demasiado brutal, demasiado maldito. Su cama es una sentencia de muerte, y ninguna mujer ha salido viva de ella. Entonces, ¿por qué me eligió a mí?
La omega gorda e indeseada. La que mi propia manada ofreció como basura. Una noche con el Rey despiadado se suponía que acabaría conmigo. En cambio, me arruinó. Ahora ansío al hombre que toma sin piedad. Su toque quema. Su voz manda. Su cuerpo destruye. Y sigo regresando por más. Pero Maximus no ama. No tiene compañeras. Él toma. Él posee. Y nunca se queda.
—Antes de que mi bestia me consuma por completo—necesito un hijo que tome el trono.
Qué lástima para él... no soy la chica débil y patética que tiraron. Soy algo mucho más peligroso—la única mujer que puede romper su maldición... o destruir su reino.
Vendida al Señor de la Noche

Vendida al Señor de la Noche

607k Vistas · Completado · monica caballero
Desde tiempos inmemoriales, criaturas de piel helada y colmillos letales han gobernado las tierras de Velmora. Su hambre es insaciable, y los humanos no son más que ganado en su mundo. Con cada luna llena, almas jóvenes son vendidas como alimento —marcadas, despojadas de sus nombres y entregadas a sus dueños. Elara Voss era una de ellas. Vendida como carne en el mercado, su destino parecía claro: servir de sustento hasta su último aliento. Pero Elara se niega a morir en silencio. Su espíritu no conoce la sumisión... especialmente cuando su comprador resulta ser Cassian Draven, el vampiro más temido del reino. Frío. Inescrutable. Letal. Cassian no buscaba compañía, ni clemencia. Pero Elara es diferente a cualquier humano que él haya conocido. A medida que la oscuridad se cierne y el deseo comienza a desdibujar la línea entre el peligro y la tentación, Elara debe elegir: luchar por su libertad... o rendirse a una atracción tan peligrosa como el hombre que es su dueño.
La última oportunidad de la luna morbosa

La última oportunidad de la luna morbosa

668.8k Vistas · En curso · Eve Above Story
Solía ser la hija perfecta para mi padre, casándome con el Alfa Alexander por el beneficio de mi manada, aunque Alexander se negó a marcarme e insistió en que nuestro matrimonio era simplemente un contrato. Luego me convertí en la perfecta Luna para mi esposo Alfa, todavía esperando que algún día pudiera ganar su afecto y seríamos marido y mujer de verdad.
Pero todo cambió el día que me dijeron que mi loba se había quedado dormida. El doctor me advirtió que si no marcaba o rechazaba a Alexander dentro de un año, moriría. Sin embargo, ni mi esposo ni mi padre se preocuparon lo suficiente como para ayudarme.
En mi desesperación, tomé la decisión de dejar de ser la chica dócil que ellos querían que fuera.
Pronto, todos me llamaron loca, pero eso era exactamente lo que quería—rechazo y divorcio.
Lo que no esperaba era que mi antes arrogante esposo un día me rogara que no me fuera…
Mi profesor vampiro

Mi profesor vampiro

1m Vistas · Completado · Eve Above Story
Después de encontrar a mi novio besando a su «amigo de la infancia», me emborraché en un bar y mi mejor amigo me pidió un hábil call boy.
De hecho, era hábil y muy sexy. Dejé efectivo y me escapé a la mañana siguiente.
Más tarde, me topé con el «chico de compañía» en mi clase y descubrí que, de hecho, era mi nuevo profesor. Poco a poco, me di cuenta de que había algo diferente en él...

«Olvidaste algo».
Me regaló una bolsa de la compra delante de todos los que tenían cara de póker.
«Qué...»
Empecé a preguntar, pero ya se estaba alejando.
Los demás estudiantes de la sala me miraban fijamente, preguntándose qué me acababa de entregar.
Eché un vistazo al interior de la bolsa y la cerré al instante, sintiendo que la sangre salía de mi cuerpo.
Era el sujetador y el dinero que había dejado en su casa.
Paraíso Cruel - Un Romance Mafioso

Paraíso Cruel - Un Romance Mafioso

500.3k Vistas · En curso · nicolefox859
¿Qué es más vergonzoso que una llamada accidental desde el bolsillo?
Llamar por accidente a tu jefe...
Y dejarle un mensaje de voz subido de tono cuando estás, eh... «pensando» en él.

Trabajar como la asistente personal de Ruslan Oryolov es un trabajo infernal.
Después de un largo día satisfaciendo cada capricho del multimillonario, necesito liberar estrés.
Así que, cuando llego a casa esa noche, eso es exactamente lo que hago.

El problema es que mis pensamientos siguen estancados en el imbécil de mi jefe que me está arruinando la vida.
No pasa nada; porque de todos los muchos pecados de Ruslan, ser guapísimo podría ser el más peligroso.
Esta noche, fantasear con él es justo lo que necesito para llevarme al límite.

Pero cuando bajo la mirada hacia mi teléfono, aplastado a mi lado,
Ahí está.
Un mensaje de voz de 7 minutos y 32 segundos...
Enviado a Ruslan Oryolov.

Entro en pánico y lanzo mi teléfono al otro lado de la habitación.
Pero no hay forma de deshacer el daño causado por mi muy sonoro orgasmo.

Entonces, ¿qué puedo hacer?
Mi plan era simplemente evitarlo y actuar como si nunca hubiera pasado.
Además, nadie tan ocupado revisa sus mensajes de voz, ¿verdad?

Pero cuando programa una reunión a solas conmigo de exactamente 7 minutos y 32 segundos,
Una cosa es segura:
Lo.
Escuchó.
Todo.
El Latido Prohibido

El Latido Prohibido

718.2k Vistas · Completado · Riley
Dicen que tu vida puede cambiar en un abrir y cerrar de ojos.
La mía cambió en el tiempo que tomó abrir una puerta.
Detrás de ella: mi prometido Nicholas con otra mujer.
Tres meses hasta nuestra boda. Tres segundos para verlo todo arder.
Debí haber corrido. Debí haber gritado. Debí haber hecho cualquier cosa excepto quedarme allí como una tonta.
En cambio, escuché al mismísimo diablo susurrar en mi oído:
—Si estás dispuesta, podría casarme contigo.
Daniel. El hermano del que me advirtieron. El que hacía que Nicholas pareciera un niño de coro.
Se apoyó contra la pared, observando cómo mi mundo se desmoronaba.
Mi pulso retumbaba. —¿Qué?
—Me escuchaste. —Sus ojos se clavaron en los míos—. Cásate conmigo, Emma.
Pero al mirar esos ojos magnéticos, me di cuenta de algo aterrador:
Quería decirle que sí.
Que comience el juego.
El Arrepentimiento del CEO: Los Gemelos Secretos de Su Esposa Perdida

El Arrepentimiento del CEO: Los Gemelos Secretos de Su Esposa Perdida

404.4k Vistas · Completado · Amelia Rivers
Ella es la hija de la ama de llaves. Él es el multimillonario más frío de Manhattan. Una bebida drogada cambia todo.

Aria Taylor despierta en la cama de Blake Morgan, acusada de seducirlo. ¿Su castigo? Un contrato matrimonial de cinco años—su esposa en papel, su sirvienta en realidad. Mientras Blake presume a su verdadero amor, Emma, en las galas de Manhattan, Aria paga las facturas médicas de su padre con su dignidad.

Tres años de humillación. Tres años de ser llamada la hija de un asesino—porque el coche de su padre "accidentalmente" mató a un hombre poderoso, dejándolo en coma y destruyendo a su familia.

Ahora Aria está embarazada del hijo de Blake. El bebé que él juró que nunca querría.

Alguien quiere matarla. La encerraron en un congelador, sabotearon cada uno de sus pasos. ¿Es porque su padre está despertando? ¿Porque alguien tiene miedo de lo que él pueda recordar?

Su propia madre intenta desconectarlo. La perfecta Emma de Blake no es quien aparenta ser. Y esos recuerdos que Aria tiene de salvar a Blake de un incendio? Todos dicen que son imposibles.

Pero no lo son.

A medida que los ataques se intensifican, Aria descubre la traición definitiva: La mujer que la crió podría no ser su verdadera madre. El accidente que destruyó su vida podría haber sido un asesinato. Y Blake—el hombre que la trata como propiedad—podría ser su única salvación.

Cuando su padre despierte, ¿qué secretos revelará? ¿Descubrirá Blake que su esposa lleva a su heredero antes de que alguien la mate? Y cuando él sepa quién realmente lo salvó, quién realmente lo drogó, y quién ha estado cazando a su esposa—¿se convertirá su venganza en su redención?