
El Demonio y la Heredera rota
Nikky · En curso · 33.2k Palabras
Introducción
Durante trece años ha soportado golpes, humillaciones y cicatrices que nadie ve. Su padre la ha usado, su madrastra la ha odiado y sus hermanastros la han convertido en su juguete. Ella solo ha aprendido una cosa: fingir ser débil… mientras planea destruirlos a todos.
Hasta que su padre decide casarla con Caspian Vanderbilt.
El Demonio de Nueva York.
El hombre que odia a los Harrington con cada parte de su alma.
Caspian acepta el matrimonio por una sola razón: recuperar lo que le pertenece… y luego deshacerse de ella.
Pero Charlotte no es la muñeca rota que todos creen.
Y Caspian pronto descubrirá que la mujer que planeaba matar podría ser la única capaz de ayudarlo a quemar el imperio de sus enemigos.
Lo que empieza como un tratado de guerra se convierte en algo mucho más peligroso.
Porque el odio es fácil.
Pero enamorarse de la hija de tu enemigo… eso puede destruirlos a los dos.
Advertencia de contenido:
Esta historia contiene temas oscuros y explícitos (abuso familiar, violencia, intentos de asesinato, contenido sexual explícito). Se recomienda discreción.
Capítulo 1
Charlotte
El espejo del baño me devolvía una imagen que apenas reconocía.
Piel pálida. Ojos azules demasiado grandes para un rostro que había aprendido a no expresar nada. Cabello rubio recogido en un moño simple, lo bastante decente para no llamar la atención, lo bastante imperfecto para que Olivia no tuviera una nueva excusa. Llevaba puesto el vestido azul claro que mi madrastra había elegido la noche anterior. No porque le gustara cómo me quedaba. Sino porque sabía que el color me hacía parecer más joven, más frágil… más fácil de romper.
Me toqué la nuca con los dedos fríos. La marca de la última vez todavía ardía bajo el maquillaje. Un recordatorio discreto. Como todos los demás.
Trece años.
Habían pasado trece años desde la última vez que alguien me había mirado con algo que no fuera desprecio o deseo enfermo.
Cerré los ojos y el recuerdo llegó sin permiso, como siempre hacía.
Tenía siete años.
La casa olía a lilas esa tarde. Mi madre las odiaba, pero las había pedido igual. Decía que el perfume la ayudaba a respirar cuando el dolor de cabeza se volvía insoportable. Yo estaba sentada en el borde de su cama, sosteniendo su mano. Estaba tan delgada que los huesos se marcaban bajo la piel. Sus ojos, del mismo azul que los míos, me miraban con una calma que todavía no sabía interpretar.
—Escúchame bien, mi amor —me había dicho con voz ronca—. Cuando yo ya no esté, finge. Finge que no entiendes. Finge que eres tonta. Que eres débil. Es el único escudo que te va a quedar en esta casa.
Yo no entendí. Solo apreté más fuerte su mano y le dije que no se fuera.
Tres horas después, se ahogaba con su propia saliva mientras Olivia —la secretaria de papá, la mujer que siempre sonreía demasiado— le sostenía la cabeza con una ternura falsa. Yo grité. Corrí. Golpeé la puerta del despacho de mi padre hasta que me sangraron los nudillos. Cuando por fin bajó, mi madre ya no respiraba.
Esa misma noche, Olivia se quedó a dormir en la habitación de invitados.
Seis meses después, era la nueva señora Harrington.
Y trajo consigo a sus dos hijos: Verónica, de seis años, y Louis, de doce.
Desde entonces, el infierno tuvo nombre y apellido.
Abrí los ojos. El espejo seguía ahí. Yo también.
Me sequé las manos con la toalla blanca y salí del baño. La habitación que me habían asignado en el ala este de la mansión era grande, elegante y fría. Como todo en esa casa. La cama king size con dosel de seda gris. El escritorio de caoba donde escondía los documentos que robaba. El armario repleto de ropa que no había elegido. Y el espejo de cuerpo entero que me obligaba a mirar cada cicatriz que mi padre había dejado en mi espalda a lo largo de los años.
Me senté en el borde de la cama y me abroché los zapatos de tacón bajo. Las manos me temblaban un poco. Siempre me temblaban antes de las cenas familiares. Era el momento en el que todos bajaban la máscara… o al menos, la parte de la máscara que les permitía disfrutarlo.
Un leve empujón a los nueve años.
Un “accidente” en la piscina a los once, cuando todavía no sabía nadar.
Veneno en la comida a los catorce, lo bastante diluido para no matarme, pero suficiente para que pasara tres días vomitando sangre.
Azotes cada vez que “mentía”.
Encierros en el sótano sin luz ni comida.
Y la mirada de Louis, que había ido cambiando con los años hasta convertirse en algo que me helaba la sangre.
Yo había sobrevivido a todo eso fingiendo.
Fingiendo que no entendía las conversaciones que tenían delante de mí cuando me dejaban semiinconsciente.
Fingiendo que no veía los documentos que dejaban abiertos en el despacho.
Fingiendo que el dolor no existía.
Mi madre tenía razón.
La estupidez era el mejor escudo.
Una llamada a la puerta me sacó del recuerdo.
—Señorita Charlotte —la voz de una de las sirvientas sonó apagada a través de la madera—. La cena está servida. La señora Olivia pregunta si va a bajar… o si prefiere que le suban la comida a la habitación.
La amenaza velada era clara.
Si no bajaba, el castigo vendría después. Y sería peor.
—Bajo en un momento —contesté con la voz suave, casi infantil, que había perfeccionado durante años.
Escuché los pasos alejarse. Me levanté, me alisé el vestido y miré una última vez el espejo.
—Puedes hacerlo —me susurré—. Solo una cena más. Solo una más.
Mentira.
Siempre había una más.
Bajé las escaleras de mármol con paso cuidadoso. Cada escalón crujía bajo mis pies como si la casa misma quisiera delatarme. El comedor principal estaba al final del pasillo de la planta baja. Las puertas dobles de roble estaban abiertas. La luz de los candelabros de cristal bañaba la larga mesa de caoba donde mi familia ya estaba sentada.
Mi padre, Richard Harrington, ocupaba la cabecera. Cincuenta y dos años, cabello entrecano perfectamente peinado, traje oscuro y esa expresión de molestia permanente que usaba cuando me miraba. A su derecha, Olivia. Hermosa, venenosa, con el cabello castaño recogido en un moño impecable y un vestido rojo que gritaba dinero. A la izquierda de mi padre, Louis. Veinticinco años. Pelo negro, ojos café oscuros, sonrisa perezosa que nunca llegaba a los ojos cuando me veía. Y frente a él, Verónica. Diecinueve años. La versión más joven y cruel de su madre.
Nadie se levantó cuando entré.
Nadie sonrió.
—Por fin —dijo Olivia con esa voz melosa que usaba delante de las sirvientas—. Creímos que te habías perdido otra vez, Charlotte. Sabes lo mucho que nos preocupas cuando desapareces.
Me senté en el único lugar que me quedaba: al final de la mesa, lo más lejos posible de todos ellos. Exactamente donde me querían.
—Lo siento —murmuré, bajando la mirada—. Se me hizo tarde arreglándome.
Louis soltó una risa baja.
—Te ves… presentable —dijo, y su mirada se demoró demasiado tiempo en el escote del vestido—. Aunque ese color te hace parecer una muñeca rota. Muy… frágil.
Verónica rio detrás de su copa de vino.
—Es que lo es. ¿Verdad, papá?
Mi padre no contestó de inmediato. Cortó un trozo de carne con movimientos precisos, lo llevó a la boca, masticó y solo entonces me miró.
—Habla cuando te pregunten, Charlotte —dijo con voz fría—. Y deja de mirar el plato como si te fueran a envenenar. Otra vez.
El silencio que siguió fue denso.
Yo no levanté la vista. Me limité a cortar la comida en trozos pequeños y a llevarme uno a la boca. Sabía a ceniza. Todo sabía a ceniza desde hacía años.
La conversación fluyó a mi alrededor como siempre: negocios, fiestas, el nuevo contrato con los japoneses, el terreno que estaban negociando en el Upper East Side. Yo escuchaba. Guardaba cada nombre, cada cifra, cada amenaza velada. Mi mente, la que ellos creían vacía, trabajaba sin descanso.
Hasta que mi padre dejó los cubiertos sobre el plato con un ruido seco que hizo que se me encogiera el estómago.
—Hay algo que debemos discutir en familia —anunció.
Olivia sonrió. Verónica dejó de reír. Louis inclinó la cabeza, interesado.
Yo supe, con una certeza helada, que lo que viniera a continuación iba a cambiarlo todo.
Mi padre me miró directamente a los ojos por primera vez en toda la noche.
—Charlotte —dijo—. Te vas a casar.
El tenedor se me resbaló de los dedos y cayó sobre el plato con un tintineo agudo.
—¿C-casar? —repetí, dejando que mi voz temblara exactamente como ellos esperaban.
—Con Caspian Vanderbilt —continuó mi padre, como si estuviera hablando del clima—. El acuerdo está cerrado. La ceremonia será en tres semanas. Es un tratado de paz entre nuestras familias. Y tú… serás el puente.
Louis se tensó visiblemente.
Verónica abrió la boca, indignada.
—¿Ella? —escupió—. ¿Por qué no yo? ¡Yo soy—
—Porque tú eres mi hija consentida —la cortó Olivia con dulzura venenosa—. Y porque Caspian Vanderbilt odia a esta familia lo suficiente como para matar a cualquiera que cruce su puerta. No vamos a arriesgar a nuestra niña. Charlotte, en cambio… ya está acostumbrada a sobrevivir.
Mi padre asintió, satisfecho.
—Firmas los papeles mañana por la mañana. Y no quiero escuchar ni una sola queja. ¿Quedó claro?
Me miraron todos.
Esperando el llanto. La súplica. El pánico.
Yo bajé la mirada hacia mi plato y dejé que mis hombros se encorvaran exactamente como una niña asustada lo haría.
—Sí, padre —susurré.
Pero por dentro, por primera vez en trece años, algo distinto al miedo empezó a arder.
Caspian Vanderbilt.
El Demonio de Nueva York.
El hombre que odiaba a mi familia casi tanto como yo.
Si lograba sobrevivir el tiempo suficiente…
Si lograba ponerlo de mi lado…
Entonces, por fin, podría verlos arder.
Y esta vez, no sería yo la que terminara con cicatrices.
Últimos capítulos
#22 Capítulo 22 Capítulo 22
Última actualización: 10/24/2026#21 Capítulo 21 Capítulo 21
Última actualización: 10/24/2026#20 Capítulo 20 Capítulo 20
Última actualización: 10/24/2026#19 Capítulo 19 Capítulo 19
Última actualización: 10/24/2026#18 Capítulo 18 Capítulo 18
Última actualización: 10/24/2026#17 Capítulo 17 Capítulo 17
Última actualización: 10/24/2026#16 Capítulo 16 Capítulo 16
Última actualización: 10/24/2026#15 Capítulo 15 Capítulo 15
Última actualización: 10/24/2026#14 Capítulo 14 Capítulo 14
Última actualización: 10/24/2026#13 Capítulo 13 Capítulo 13
Última actualización: 10/24/2026
Te podría gustar 😍
Solo Fue Su Esposa
Oriana Quiroga fue criada como la vergüenza de su familia.
La hija gorda que nadie quería.
La niña de carácter difícil.
La que nunca sería suficiente.
Cuando sus padres intentan entregarla en matrimonio a un hombre poderoso para salvarse de la ruina, Oriana cree que su vida terminó.
Hasta que el capitán Rodrigo Valdés aparece y dice frente a todos:
—Oriana es mi futura esposa.
Así nace un matrimonio por contrato.
Él la salva de una condena.
Ella acepta vivir al lado del único hombre que alguna vez la miró con respeto.
Pero Rodrigo le da su apellido, no su amor.
Su familia la humilla y su pasado la persigue. Su cuerpo vuelve a ser usado para herirla. Y cuando una mentira destruye lo poco que quedaba entre ellos, Oriana firma el divorcio y desaparece.
Sin rogarle a nadie.
Sin mirar atrás.
Sin volver a ser la mujer que todos creían débil.Porque ella tenía un secreto muy bien guardado.
Cuando Rodrigo descubre la verdad, la esposa que perdió ya no es la joven insegura que necesitaba protección.
Ahora Oriana tiene poder, una misión y un secreto que puede cambiarlo todo.
El capitán Valdés podrá ganar guerras.
Pero recuperar a la mujer que rompió con su indiferencia será la batalla más difícil de su vida.
Porque para todos, Oriana alguna vez "Solo Fue Su Esposa"
Pero Rodrigo descubrirá demasiado tarde que ella nunca fue solo eso.
¿Puede una mujer volver a amar al hombre que la salvó de todos… pero la dejó sola cuando más necesitaba ser elegida?
La Noche Antes de Conocerlo
Dos días después, entré a mi pasantía y lo encontré sentado detrás del escritorio del CEO.
Ahora le traigo café al hombre que me hizo gemir, y él actúa como si yo hubiera cruzado la línea.
Empezó con un reto. Terminó con el único hombre que nunca debería desear.
June Alexander no planeaba acostarse con un extraño. Pero en la noche que celebra haber conseguido su pasantía soñada, un reto salvaje la lleva a los brazos de un hombre misterioso. Es intenso, callado e inolvidable.
Pensó que nunca lo volvería a ver.
Hasta que entra en su primer día de trabajo—
Y descubre que él es su nuevo jefe.
El CEO.
Ahora June tiene que trabajar bajo las órdenes del hombre con quien compartió una noche imprudente. Hermes Grande es poderoso, frío y completamente prohibido. Pero la tensión entre ellos no desaparece.
Cuanto más cerca están, más difícil se vuelve mantener su corazón y sus secretos a salvo.
Casada con el Esposo de mi Hermana
El compañero de segunda oportunidad de Luna
Abrí la boca cuando la conmoción y el dolor me llenaron el cuerpo. Mi marido se estaba acostando con mi hermanastra en nuestra noche de bodas. Lágrimas calientes brotaron de mis ojos mientras los sonidos húmedos y los gemidos se hacían cada vez más fuertes.
Larissa, la estimada Luna de la manada Tokenmoon, lo tenía todo. Un marido cariñoso y una manada fuerte. Pero todo era mentira. Stefan, su marido alfa, era el diablo. La maltrataba y abusaba constantemente mientras la engañaba con su hermanastra. Para empeorar las cosas, la rechazó y la despidió. Con el corazón roto, Larissa estaba perdida hasta que se topó con su pareja de segunda oportunidad.. Kaden.
Kaden, guapo como el pecado y el alfa de la manada de Griffen-Howl, es un hombre roto. Cuando su esposa huye con otro hombre, mientras lo abandona a él y a su hijo, promete no creer nunca en el amor. Pero cuando una mujer sin hogar, Larissa, entra en su territorio, parece que podría estar rompiendo esos votos. Ella es su compañera de segunda oportunidad, pero ¿podrá volver a creer en el amor?
EL DESTINO POR EL QUE ARRIESGUE TODO
Él no solo conoce las cláusulas ocultas que sus hermanas pasaron por alto, sino también cada una de las fantasías que Florencia intenta reprimir. Atrapada en un peligroso juego de chantaje visual y seducción, Florencia descubrirá que la línea entre la inspiración y la obsesión es tan fina como la piel. Entre pinceladas furtivas, noches de entrega absoluta y un pacto donde el placer es la única moneda de cambio, deberá decidir si entregarse a la tentación destruirá su arte o liberará finalmente su verdadera naturaleza.
La Gestante del Rey Alfa
Isla
Soy una don nadie de una manada lejana. Mi familia debe mucho por los gastos médicos de mi hermano. Haré lo que pueda para ayudarlos, pero cuando descubro que he sido vendida al Rey Alfa Maddox como su criadora, no estoy segura de poder hacerlo.
El rey es frío y distante, y se rumorea que mató a su primera esposa. Pero también es sexy y atractivo. Mi mente puede estar diciéndome que no, pero mi cuerpo lo desea de todas las maneras posibles.
¿Cómo voy a sobrevivir como la criadora del Rey Alfa cuando nunca he estado con un hombre antes? ¿Volverá a matar?
Maddox
Desde que mi Reina Luna murió, juré no volver a amar. No estaba buscando una criadora, pero solo tengo un año para producir un heredero o perderé mi trono. Esta hermosa chica, Isla, apareció en mi puerta justo a tiempo. ¿Es el destino? ¿Es ella mi segunda oportunidad de tener una compañera? No, no quiero una de esas.
Todo lo que necesito es un hijo.
Pero cuanto más tiempo paso con Isla, más quiero no solo a cualquier criadora, sino a ella.
¡Más de un millón de lecturas en Radish—haz clic en este romance ardiente de cambiaformas lobo ahora mismo!
Embarazada de los Gemelos Genios del Alfa
EL AROMA DE LA TRAICCIÓN
Renata Solano lo tiene todo.
Una exitosa casa de perfumes que construyó desde cero, una familia que ama y, en apenas tres días, se casará con Bruno Ferrer, el hombre que cree que es el amor de su vida.
Pero durante la celebración más importante de su carrera, un encuentro inesperado cambiará el rumbo de su vida.
Adriano Belmonte, uno de los hombres más poderosos del país, aparece en su fiesta dispuesto a comprar Casa Solano. Arrogante, seguro de sí mismo y acostumbrado a conseguir todo lo que quiere, no acepta fácilmente un no como respuesta.
Renata tampoco está dispuesta a dejarse intimidar.
Lo que ella no sabe es que el verdadero peligro no está frente a ella.
Está a su lado.
Sin Segunda Oportunidad, Despreocupada y Próspera
Mi prometido estaba allí con su amante embarazada envuelta en sus brazos, burlándose de mí. —Sin mí, no eres nada.
Me di la vuelta y llamé a la puerta del hombre más rico de la ciudad. —Sr. Locke, ¿interesado en una alianza matrimonial? Estoy ofreciendo una participación de cien mil millones de dólares—más un futuro imperio empresarial, sin costo alguno.
Solo un para siempre
Digo, porque debe existir una razón para que a estas alturas me siga afectando aquello que viví hace tantos años. Algo que explique, por qué los hechos que me llevaron hasta donde hoy estoy, me persigan sin cansancio.
Desde que todo comenzó, o acabó, depende de cómo se mire, no he podido avanzar. No realmente. Siempre hay algo que me hace regresar atrás.
Una frase. Un lugar. Una fecha.
Todo me lleva hacia él.
A mi supuesto "para siempre".
La frustración y la rabia me llenan cuando recuerdo cómo sucedió todo. Cómo fue capaz de mirarme a los ojos mientras besaba a otra, mientras tocaba a otra. Cómo fue capaz de culparme de todo cuando lo enfrenté.
El dolor de la traición fue horrible. No solo por lastimar mi orgullo, mi dignidad, sino también, por todo lo que provocó en mi posterior vida.
Me prometió un para siempre. Y nunca lo cumplió.
No al menos, de la forma en que debía.
Guerreros de la luna azul
Nirvana: De las Cenizas a la Gloria
¿Había olvidado él cómo la estranguló, la obligó a firmar los papeles del divorcio y la convirtió en el hazmerreír de la ciudad? Ahora, él buscaba la reconciliación, pero solo ella decidiría si él era digno...












