
El precio de tu traición: Obsesión fatal.
Nelsi Diaz · En curso · 166.3k Palabras
Introducción
Su mundo se derrumba, ya que pierde todo lo que una vez la hizo ser de débiles sentimientos. Es liberada, y con una sola salida; volverse la mujer más temida y sin emociones que una vez dijeron que sería. Aguardando para tomar venganza contra ese hombre que logró desestabilizarla. Ahora, guarda un secreto que no dejará que nadie conozca.
Sin embargo, el día que esperaba llega cuando menos lo espera...Logan Crown vuelve a su vida con una pregunta que exige una respuesta. Solo que esta vez, nadie tiene derecho a exigir, solamente ella. Ya no es la misma.
Pero él tampoco. Ahora no tiene motivos, ni sentido en su vida...o eso piensa.
¿Podrá haber apagado esos sentimientos? ¿Podrá resistir ante las verdades que estallarán esta vez?
¿Logan ganará la oportunidad de mostrar sus verdades? ¿Qué hará al verla en brazos de otro hombre?
Capítulo 1
Narrador Omnisciente.
La mirada perdida de Evelyn Springsteen dejaba clara su postura ante lo que sucedía a su alrededor. No hacía falta estudiarlo ni hacer más preguntas. La habían usado como una estúpida ingenua.
La había usado él.
Logan Crown. Porque no se llamaba Oliver Soren como lo había conocido 18 meses antes. No era el hombre que llegó por casualidad a Hampshire, no era un sujeto con la familia que se presentó ante todos, porque esos mismos ahora se presentaban como agentes, los mismos que ayudaron a capturar a sus padres y hermanos. Ya no era el hombre con quien había compartido la cama, el mismo que le juró haberse enamorado de ella.
La rabia era consigo mismo, porque sus amigos se lo advirtieron, y ello debió haber escuchado.
Si tan solo hubiese escuchado a sus tíos...
Solos ellos quedaron fuera del radar de la CIAT, y era por una sencilla razón; ellos jamás le tuvieron confianza a nadie.
Ahora sabía que tenían razón.
Evelyn caminó sin mirar a nadie más que al frente mientras sus manos eran limitadas por el par de esposas que le habían colocado. El golpe de realidad la tenía con la mente sin rumbo fijo. Y entonces lo vio.
El agente de inteligencia Logan Crown se presentaba ante ella con el traje táctico adherido al cuerpo, su placa colgando de su cuello y su férrea mirada opacando la de todos en su entorno. Nadie le sostenía la mirada, menos cuando parecía que sus demonios parecían querer salir de su cuerpo.
Era la clase de hombre que hacía que todos se apartaran sin que dijera una palabra. Su atractivo era innegable, casi cruel. Con la mandíbula tallada con furia, ojos de acero fundido y una presencia que no seducía, aplastaba. No caminaba, avanzaba como si el mundo debiera despejarse a su paso, con el odio colándose en cada inhalación, marcando su aura como una advertencia. Era belleza envenenada. Poder envuelto en carne. Y cualquiera con instinto sabía que lo peor que podía hacerse... era mirarlo demasiado.
—Sala de interrogatorio B— estableció con la seriedad que muchas veces vio, ahora distante de ella. Con cara de no tener nada para decir. No había nada que pudiera decir. En su interior se formaba una serie de preguntas, pero mantuvo el control.
Zev, su padre le dijo que no podía mostrarse atemorizada ante una eventualidad que no pudiera controlar. No había mejor caso que ese para probarse a sí misma que aún no estaba en el suelo.
—¿Por qué?— cuestionó al tenerlo frente a ella, aún cuando las esposas la limitaban.
—Fue una misión—, el hombre de mirada dorada y con temple de acero no ahondó más en su respuesta.
Pero algo en el interior de Evelyn se rompió, haciéndole arder los ojos, formándose ese nudo que se convirtió en brasas dentro de su garganta.
Aún así, se obligó a no arrastrarse emocionalmente.
—Ahora, retomando las pruebas encontradas de los negocios —Logan hizo una pausa corta—. Evasión fiscal por más de ochocientos millones de libras. Corrupción institucional en tres ministerios. Lavado de dinero a través de subastas ficticias— enumeró sin atreverse a ver el par de ojos que podrían acabar con todo—. Vínculos con redes criminales italianas y traficantes rusos. Intervención ilícita en licitaciones públicas. Y esto... —tiró un expediente más grueso sobre la mesa— es solo el volumen uno.
Evelyn intentando mantener la compostura, tomó aire lentamente. Quería gritar y reclamar que arruinó lo que ella le diría ese día. Que por ser un imbécil, iba a perder más de lo que seguro ganaría con poner esas esposas en sus manos. Aunque no lo haría. No le diría el placer de verla destruida.
—¿Por eso no querías dormir anoche?— Logan casi rompió el bolígrafo en su mano al evocar el momento en el cual, la vio sonriendo con dulzura solo horas antes. Muy diferente a ese instante que no podía leer sus ojos como antes.
En respuesta solo cruzó los brazos.
—Tu nombre no está ligado a nada de esto directamente, pero podría…Evy, no pienso…
El anillo que la princesa Springsteen cargaba en su dedo lo sacó con rabia, dejándolo caer sobre la mesa.
El sonido metálico del anillo al impactar contra la mesa fue más violento que cualquier grito. Logan bajó la mirada por un instante, quedándose congelado. Era la misma joya que él le había puesto, la noche en que le prometió una vida lejos del castillo, de la política, del deber. Ahora todas le sabían a mentira. Sus mentiras.
—Evelyn. Me llamo Evelyn Springsteen. No vuelvas a llamarme de otra manera— susurró con una firmeza que heló la sala. —Agente Crown.
Logan apretó la mandíbula. Pero se repuso rápidamente.
—Tu familia destruyó más vidas de las que tú puedes imaginar...Evelyn— el sabor en su boca fue peor de lo imaginado.
—Y tú destruiste la única que quise tener— lo interrumpió. —¿Eso también fue parte de la misión? ¿Tocar mi cuerpo cada noche como si fueras mío? ¿Decirme que me amabas mientras grababas cada rincón del palacio para luego hacer esto?
El aire se volvió espeso.
—Supiste hacer muy bien las cosas. Te mereces la medalla que de seguro ganarás por esto— aún con las manos limitadas le brindó un aplauso y luego la sonrisa más agria que el agente pudo ver en los labios que esa mañana besó.
Logan se mantuvo en silencio. Una sombra de duda cruzó sus facciones, pero la ocultó al instante.
—Cuándo todo arda…— Evelyn guardó silencio con la oración sin terminar—, ¿era así?
“Quiero arder contigo” era la segunda parte de esa frase que antes le dedicó al darle el anillo. Pero ahora ella solo sonrió.
—Sí, era esa. Aunque la termino por tí— sus labios se ensancharon con auténtico rencor. Se echó hacia atrás en la silla—. Cuando todo arda, seré quien sostenga el cerillo.
El silencio entre los dos fue una sentencia declarada. Por fin, Logan Crown, el intocable, el hombre de hielo, no supo qué decir.
—Sáquenla de aquí— ordenó con voz rasposa, sin mirarla.
Y mientras dos agentes abrían la puerta, Evelyn volvió el rostro, con lágrimas contenidas y dignidad inquebrantable que no iba a soltar nunca más. Era su promesa.
—La próxima vez que me mires, será cuando me arrodille frente a tu cadáver.
—Eso basta para levantar un cargo por amenaza de muerte contra un funcionario público—, intervino uno de los oficiales que la trasladaría a los separos. —¿Desea levantar la denuncia, agente Crown?
Logan observó por un segundo a la mujer.
Pero Evelyn no tenía ninguna mueca en su rostro. Ambos querían alguna grieta en el otro, alguna señal de que su traición y esas palabras no fueran tan simple y reales como parecía. No la hubo.
Logan no se inmutó al igual que ella. Solo guardó el expediente con la misma frialdad con la que aceptó esa misión. Su mano sangró al enterrar el bolígrafo antes de negar e indicar que se la llevaran a los separos.
—Demuéstrame que aún sabes mentir, Crown —fue lo último que dijo ella, antes de cruzar el umbral, despidiéndose de su vida soñada con una explosión silenciosa que logró más que los gritos esperados.
En ese momento, Logan supo que no había capturado a Evelyn Springsteen. La había liberado.
El proceso estaba destruyendo a la familia de la chica de 20 años con cada segundo. Pedir ayuda no era una opción porque todos la negaban. Estaban solos.
No podía hablar con nadie y luego de dos días en una exhaustiva situación la noticia llegó a sus oídos. Su hermano, Ervin había sido atacado en su celda. Había muerto.
El dolor más grande que pudo sentir lo estaba experimentando detrás de unos barrotes que la destruían entre lágrimas. Ni siquiera estuvo con él. Por su culpa, sus padres lloraban la muerte de su hermano en una celda igual a la suya. No, la de ellos era peor…y su secreto mejor guardado corría peligro cada segundo ahí, porque podían descubrirlo.
Entonces supo a quién llamar. Y su llamada sí fue atendida esta vez.
Corbin Ashford llegó en menos de dos horas, pese a encontrarse fuera de la ciudad y en menos tiempo del calculado…estaba en libertad.
Los brazos del Duque la recibieron al atravesar la salida. La consolaron y la acompañaron a recoger el cuerpo de su hermano, a quien le lloró y pidió perdón por haber causado tal cosa. No pudo al menos ver su cuerpo, no sin querer vomitar por lo irreconocible que lo había dejado.
Estaba a nada de doblar las rodillas debido a su dolor. Sin embargo, resistió. Aunque era lo último que quería hacer.
Nadie le dijo lo que allí sucedió. Nadie le dijo más de lo que ella preguntó y ya sabía.
Con sus padres en prisión y su familia cuidando de ellos, hizo su funeral sola. Nadie asistió. Nadie quiso verse implicado y Evelyn lloró en silencio en la tumba de su hermano antes de partir.
—No quedará nada de él, te lo prometo— musitó sobre las flores que había colocado frente a la cruz. —El apellido Springsteen volverá a ser lo que fue. Lo llevaré a donde quisiste. Y esta vez, nadie va a hacerme tropezar.
Evelyn se desplazó hacia la salida minutos después de reponerse. Con la cabeza en alto, unos pantalones llenos de tierra, la nariz roja y sus ojos cobrando una fuerza impresionante.
Esta vez con una propuesta que la hizo reflexionar sobre lo que necesitaba y tenía que recuperar.
Podía hacerlo. Podía obtener lo que antes dijo no querer, pero ahora podría estar a sus pies.
Evelyn Springsteen estaba muerta.
Pero la que se alzaba de entre los escombros de su vida era otra cosa. Alguien que aprendería a no arrastrarse en la oscuridad. A hablar con veneno. A mirar con la firmeza de quien petrifica.
Porque los héroes eran débiles.
Y las princesas... eran sacrificables.
Pero ella, ella sería una m@ldita Medusa.
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