
MI VENGANZA SABE A ÉL
Sanriuz · En curso · 30.1k Palabras
Introducción
Ahora, convertida en una reconocida chocolatera de autor, recibe la oportunidad perfecta para cobrar aquella deuda: Tristán Abascal, heredero del imperio que arruinó a los Ferro, la contrata para crear la colección exclusiva de chocolates que acompañará el lanzamiento más importante de su compañía.
Ainara acepta con un propósito secreto. Entrará en el mundo de los Abascal, encontrará las pruebas que su padre nunca pudo conseguir y limpiará su nombre.
Solo necesita evitar enamorarse del enemigo.
Pero Tristán no es el hombre despiadado que esperaba encontrar. Es exigente, controlador y demasiado observador, pero también carga con las consecuencias de un legado que no eligió y está decidido a no convertirse en su padre.
Entre catas nocturnas, viajes, discusiones, deseo y una proximidad cada vez más difícil de ignorar, Ainara comienza a perder el control de su propio plan.
Hasta que descubre algo capaz de destruir cualquier posibilidad entre ellos: uno de los documentos que permitió acabar con Chocolatería Ferro lleva también la firma de Tristán.
Ahora Ainara deberá decidir si busca venganza contra el hombre que ama o justicia para el padre que perdió, mientras Tristán tendrá que demostrar que asumir su culpa no significa pedir perdón por ella.
Porque algunas heridas tienen sabor amargo.
Y otras saben exactamente a la persona que jamás debiste desear.
Capítulo 1
—Si piensa arruinar mi lanzamiento, señorita Salgado, preferiría que me avisara antes de firmar el contrato.
La frase me encontró con una cuchara de degustación entre los dedos y el nombre Ferro escondido quince años detrás de mi lengua.
Levanté la vista.
Tristán Abascal estaba al otro lado de la mesa de mármol, impecable dentro de un traje gris oscuro que probablemente costaba más que mi primer horno profesional. Tenía una expresión demasiado tranquila para alguien que acababa de acusarme de sabotaje.
—Si pensara arruinar su lanzamiento, señor Abascal, no empezaría por el chocolate. Empezaría por esa corbata.
Su asistente ahogó una tos.
Tristán miró hacia abajo, como si acabara de descubrir que llevaba una.
—Es italiana.
—Eso explica el precio, no el delito.
Una sonrisa mínima apareció en su boca.
Maldita sea.
No había venido a hacerlo sonreír.
Había venido a entrar en su empresa, encontrar los documentos que demostraban cómo Ezequiel Abascal había destruido a mi padre y salir antes de que alguien relacionara a Ainara Salgado con Ainara Ferro.
Nada más.
La sala de catación olía a cacao tostado, naranja y mantequilla. Había preparado cinco muestras para la selección final del contrato. Cuatro eran impecables.
La quinta era una provocación.
Setenta y ocho por ciento de cacao, sal ahumada y un relleno de caramelo casi amargo.
Tristán tomó otra pieza.
—Esta es la que quiero.
—No.
Su asistente me miró como si acabara de golpear al CEO con una silla.
Tristán no parpadeó.
—Qué alivio. Pensé que esta reunión iba a ser aburrida.
—Esa pieza no está terminada.
—Me interesa más que las otras.
—Las otras están listas para venderse.
—Precisamente.
Apoyó los antebrazos sobre la mesa y redujo la distancia entre nosotros. Yo debería haber pensado en los archivos legales dos plantas arriba.
Pensé en sus manos.
Grandes, cuidadas, con una pequeña cicatriz cruzándole el nudillo derecho.
Me irritó notarlo.
—Explíqueme por qué no quiere venderme la mejor —dijo.
—Porque todavía pelea consigo misma.
—¿El chocolate pelea?
—El bueno, sí.
—¿Y el malo?
—Se conforma.
Esa vez sí sonrió.
No era justo que un Abascal tuviera una boca así.
Me obligué a mirar las muestras.
—La sal aparece demasiado tarde. El caramelo domina el primer bocado y luego desaparece. Necesita equilibrio.
—No quiero equilibrio.
—Entonces contrate a otra persona.
La asistente dejó de fingir que escribía.
Tristán se enderezó.
—¿Siempre negocia amenazando con irse?
—Solo cuando alguien quiere pagarme por hacer mal mi trabajo.
—Todavía no le he pagado.
—Entonces todavía está a tiempo de salvarse.
El silencio duró dos segundos.
Después soltó una carcajada breve.
Eso me descolocó más que su acusación inicial.
Había estudiado a Tristán durante semanas. Fotografías, entrevistas, reportes financieros, perfiles cuidadosamente aburridos. “Reservado”. “Implacable”. “Heredero de hielo”.
Ningún artículo mencionaba que se reía inclinando ligeramente la cabeza.
Ninguno decía que sus ojos se volvían casi negros cuando algo le interesaba.
Y ninguno, definitivamente, decía que podía mirarme como si la discusión fuera un aperitivo.
—Quiero la quinta receta —repitió—. Y quiero que usted la termine.
—Eso estaba incluido en la propuesta.
—No de la manera que estoy pensando.
Ahí estaba.
Mi oportunidad.
No podía permitirme improvisar. Cayetana me había hecho jurar que no buscaría archivos el primer día, que no haría preguntas sobre Ezequiel y, sobre todo, que no reaccionaría cada vez que alguien pronunciara Abascal como si fuera una amenaza. Yo había prometido las tres cosas. También había prometido no sentir nada frente a Tristán. Esa última promesa empezaba a parecer escrita por una idiota.
Y todavía no había probado su paciencia.
Abrí la carpeta que había llevado preparada.
—Mi atelier conserva control creativo. Usted aprueba concepto, presentación y presupuesto. Yo decido método, proveedores y desarrollo.
—Leí el contrato.
—Qué atractivo.
Su mirada bajó un instante hacia mi boca.
Solo un instante.
Suficiente.
Sentí calor en el cuello y me odié un poco por ello.
—¿Eso fue un cumplido? —preguntó.
—Fue preocupación. La alfabetización empresarial está en crisis.
La asistente tuvo que mirar hacia otro lado.
Tristán se acercó a la mesa y tomó la pluma.
Yo contuve el aire.
La firma significaba acceso al proyecto, al calendario interno, a reuniones, oficinas y, si jugaba bien mis cartas, a los archivos históricos que mi padre nunca pudo tocar.
Anselmo Ferro había muerto sin recuperar su fábrica.
Yo no pensaba morir sin recuperar su nombre.
Tristán firmó.
Una línea limpia.
T. Abascal.
El apellido me golpeó con una violencia ridícula.
Recordé a mi madre vendiendo bombones desde nuestra cocina cuando yo tenía quince años. Recordé a mi padre sentado frente a una caja de documentos, repitiendo que algún día alguien encontraría la trampa.
Recordé el funeral.
—¿Señorita Salgado?
Volví a la sala.
—¿Qué?
—Tiene cara de querer apuñalar mi firma.
—Es una firma bastante arrogante.
—Son siete letras.
—Exacto. Y ocupó media página.
Me sostuvo la mirada.
Por un segundo tuve la sensación absurda de que podía verme completa.
No Salgado.
No la chocolatera premiada.
No la mujer que había ensayado durante semanas cómo estar frente a él sin temblar.
Ferro.
Aparté la vista primero.
Error.
—Hay un cambio —dijo.
Mi estómago se tensó.
—No acepto cambios después de firmado.
—Aún no ha firmado usted.
Empujó el contrato hacia mí.
—¿Qué cambio?
—Voy a supervisar personalmente el desarrollo de la colección.
Lo miré.
—No.
—Otra vez esa palabra.
—Me funciona.
—Aprenderá otra.
—¿Cuál? ¿Renuncio?
—Trabajaremos juntos.
Sentí que alguien acababa de cerrar con llave la única puerta de salida.
—Su empresa tiene un equipo de producto.
—Y yo tengo interés en este lanzamiento.
—Yo trabajo mejor sola.
—Eso también lo leí.
—¿En mi currículum?
—En las entrevistas que dio después de Turín. También dijo que detesta que alguien pruebe una receta antes de que usted la considere lista, que rompe lápices cuando está enfadada y que una vez expulsó a un crítico de su atelier por llamar “postre” a una tableta de origen único.
Lo observé, desconfiada.
—Me investigó.
—Voy a poner una colección de varios millones en sus manos.
—Qué romántico.
—No estaba intentando serlo.
—Menos mal.
Su mirada volvió a mi boca.
Esta vez no fue un accidente.
Yo sentí el recorrido como si me hubiera tocado.
Estúpido cuerpo.
Tristán rodeó la mesa hasta quedar frente a mí. Demasiado cerca para una reunión de negocios. Lo bastante lejos para que cualquier protesta sonara exagerada.
—Mañana, siete de la mañana —dijo—. Cocina de pruebas.
—A las siete yo odio a todo el mundo.
—Entonces empezaré con ventaja.
—No sabe cuánto.
Tomé la pluma.
Firmar como Salgado nunca me había pesado tanto.
La punta quedó suspendida sobre la línea.
Durante quince años había construido una vida sin el apellido de mi padre para proteger lo poco que nos quedaba.
Ahora iba a utilizar esa vida para entrar en la casa del hombre que llevaba el apellido que lo había destruido.
Firmé.
Ainara Salgado.
Tristán tomó el contrato y lo cerró.
—Bienvenida al Grupo Abascal.
Guardé la pluma.
—No se emocione. Solo vengo a hacer chocolate.
Él inclinó la cabeza, con esa media sonrisa que ya empezaba a irritarme por razones que no quería analizar.
—Eso espero, señorita Salgado, porque algo me dice que usted vino aquí por mucho más que chocolate.
Últimos capítulos
#26 Capítulo 26 26
Última actualización: 9/19/2026#25 Capítulo 25 25
Última actualización: 9/19/2026#24 Capítulo 24 24
Última actualización: 9/19/2026#23 Capítulo 23 23
Última actualización: 9/19/2026#22 Capítulo 22 22
Última actualización: 9/19/2026#21 Capítulo 21 21
Última actualización: 9/19/2026#20 Capítulo 20 20
Última actualización: 9/19/2026#19 Capítulo 19 19
Última actualización: 9/19/2026#18 Capítulo 18 18
Última actualización: 9/19/2026#17 Capítulo 17 17
Última actualización: 9/19/2026
Te podría gustar 😍
La Reina Lunar
Cole, su pareja destinada, permanece a su lado mientras ella regresa a una manada que le falló. Lyric no busca caos ni crueldad; busca justicia. Cada herida que le infligieron tendrá respuesta. Cada traición se pagará.
A medida que los enemigos caen y el destino se revela, Lyric se alza como Reina Lunar, decidida a proteger a los inocentes y castigar a los culpables. Esta no es una historia de oscuridad devorando a una chica; es la historia de una mujer recuperando su poder.
Un romance de hombres lobo crudo y emotivo, lleno de venganza, destino y un amor inquebrantable.
El Arrepentimiento del CEO: Los Gemelos Secretos de Su Esposa Perdida
Aria Taylor despierta en la cama de Blake Morgan, acusada de seducirlo. ¿Su castigo? Un contrato matrimonial de cinco años—su esposa en papel, su sirvienta en realidad. Mientras Blake presume a su verdadero amor, Emma, en las galas de Manhattan, Aria paga las facturas médicas de su padre con su dignidad.
Tres años de humillación. Tres años de ser llamada la hija de un asesino—porque el coche de su padre "accidentalmente" mató a un hombre poderoso, dejándolo en coma y destruyendo a su familia.
Ahora Aria está embarazada del hijo de Blake. El bebé que él juró que nunca querría.
Alguien quiere matarla. La encerraron en un congelador, sabotearon cada uno de sus pasos. ¿Es porque su padre está despertando? ¿Porque alguien tiene miedo de lo que él pueda recordar?
Su propia madre intenta desconectarlo. La perfecta Emma de Blake no es quien aparenta ser. Y esos recuerdos que Aria tiene de salvar a Blake de un incendio? Todos dicen que son imposibles.
Pero no lo son.
A medida que los ataques se intensifican, Aria descubre la traición definitiva: La mujer que la crió podría no ser su verdadera madre. El accidente que destruyó su vida podría haber sido un asesinato. Y Blake—el hombre que la trata como propiedad—podría ser su única salvación.
Cuando su padre despierte, ¿qué secretos revelará? ¿Descubrirá Blake que su esposa lleva a su heredero antes de que alguien la mate? Y cuando él sepa quién realmente lo salvó, quién realmente lo drogó, y quién ha estado cazando a su esposa—¿se convertirá su venganza en su redención?
EL PRECIO DE TU AMOR
Han pasado 6 largos años desde que Anaelise dejó Durango, y esos mismos en que jamás pudo superarla.
Muy preocupado por el alejamiento que Andrew está profesando sobre su familia, su padre, Jarol White, interviene en su vida involucrando a una chica que parece inofensiva. Jarol hace un trato ofreciéndole dinero para poder seguir con sus pasantías en medicina, y ante la desesperación, Natali, sucumbe a negociar con el hombre mayor, decidida a utilizar todos sus encantos para que Andrew se olvide de su pasado.
¿Cuánto le costará a Natali el amor de Andrew? Y ¿cuál será el precio de su amor?
¡Vendida! Al Don Grizzly
Vender su virginidad en línea es una forma segura de asegurarse de que El Oso cancele el acuerdo, y cuando le informa a su padre que la ha vendido al mejor postor y nunca obtuvo su nombre real, el contrato se termina, pero también lo hace su relación con su propia familia.
Seis años después, ya no es la querida principessa de la familia Mariani, sino la madre soltera de un niño de cinco años que tiene un parecido asombroso con el hombre a quien vendió su inocencia.
Torquato Lozano ha buscado a la mujer que lo dejó plantado después de una increíble noche de pasión hace casi seis años. Cuando se topa con ella en una empresa recién adquirida, trabajando como técnica de IT, se sorprende al descubrir que es la mujer con la que su familia arregló su matrimonio hace tantos años. Una revisión de su expediente le revela que no se fue de su encuentro todas esas noches atrás con las manos vacías. Su pequeño hijo es la viva imagen de él, hasta en su tamaño imponente.
Cuando la familia de Alcee se da cuenta de que están perdiendo una lucrativa alianza financiera de la que deberían haber sido parte, comienza una guerra. Con enemigos apareciendo en cada esquina, Alcee y Torquato necesitarán dejar el pasado atrás y trabajar juntos para mantener a su hijo con vida. Su pasión se reavivará mientras luchan por mantener a su familia a salvo y forjar un nuevo poder para tomar el control del inframundo criminal de Nueva York.
La historia de Reckless Renegades Viper y Pixie
Soy Sabine, todos me llaman Pixie por mi talla. Mido poco más de un metro y medio. Cometí el error y me casé con un hombre al que apenas conocía durante un fin de semana de diversión. Me dejó a la mañana siguiente y no lo vi durante meses hasta que fui a una reunión sobre la contratación de un guardaespaldas con los Reckless Renegades. Imagina mi sorpresa cuando veo a mi marido perdido hace mucho tiempo con una zorra en el brazo. Lo despedí y le pedí que entregara los periódicos la semana siguiente. Dejé todo lo que tuviera que ver con el club. Negocios, amigos, lo que sea. No iban a dejar que se burlaran de mí. Me dejó, así que debió firmar y dejarme seguir con mi vida. Soy un campeón de patinaje sobre hielo pero necesito más. Quiero amor y una familia propia. Creí que lo había encontrado. Caray, me equivoqué. Ahora ha vuelto y dice que quiere ganarse mi corazón.
Roisin
CASADA CON UN SEÑOR DEL CRIMEN
Tras numerosos intentos fallidos de emparejarme, mi madre amenazó con cancelar el fondo fiduciario que mi padre me había dejado. Tres días antes de cumplir veintiocho años, fui a un evento benéfico.
Desesperada y medio borracha de champán, me acerqué al hombre más intimidante de la gala benéfica. Era frío, arrogante, y me miraba como si yo fuera un pedazo de carne. No me importó. Le tendí mi tarjeta de presentación, con la mano temblorosa.
No la tomó. En cambio, me siguió hasta el balcón.
—No viniste aquí por negocios, Talia —susurró, con una voz oscura y seductora—. Viniste para que te tomaran.
Antes de que terminara la noche, yo estaba en su cama. Desnuda, satisfecha y somnolienta. Le dije que quería casarme con él. Dijo que sí y aceptó casarse conmigo de inmediato. Me quedé dormida sin darme cuenta de que acababa de pedirle matrimonio al banquero más poderoso de la ciudad de Nueva York.
Debí haber salido corriendo. No sabía que era Alexander Cielo Morgan, el banquero más despiadado de Nueva York. No sabía que una noche con él me costaría la libertad para siempre. Pero ya era demasiado tarde para echarme atrás. Estaba atrapada en un matrimonio con él. Y descubrí que perder cien millones de dólares del fondo fiduciario era mucho mejor que entregarle mi vida a Alexander Cielo.
BLACKGOLD ©
Luego de una serie de eventos, la pareja crea lazos hasta convertirse en amor real. Resuelven los malos entendidos con la empresa y todo termina con un final feliz.
¡COMPRÉ UNA SÚCUBO EN OFERTA, PERO ME ENVIARON A UN ÍNCUBO CAPRICHOSO!
Leo solo quería una vida tranquila, alguien que lo recibiera con un beso después del trabajo y, tal vez, que la cena no explotara. Desesperado tras su enésimo rechazo amoroso, compra un pergamino de invocación de súcubos en oferta. El problema es que las letras pequeñas importan, y en lugar de una voluptuosa y servicial demonio, termina invocando a Elian: un íncubo bellísimo, insoportablemente orgulloso y con gustos demasiado caros para el salario de un plebeyo.
Atados por un "Contrato Matrimonial de Vínculo de Sangre" que no se puede romper hasta que ambos alcancen el 100% de "felicidad conyugal", Leo se ve obligado a convivir (y alimentar con su propia energía vital) a este berrinchudo demonio. Mientras Leo lucha por mantener su cordura, su cuenta bancaria y su supuesta heterosexualidad intactas frente a los constantes e "inocentes" abrazos roba-energía de Elian, descubrirá que deshacerse de su accidental esposo es mucho más difícil que enamorarse de él.
El lirio del reino de cristal
Después de perder a su madre y quedar al cuidado de una anciana curandera, Amara descubre que posee un don antiguo: puede escuchar el latido de la tierra y sanar con la luz de las flores encantadas. Ese poder, prohibido para alguien de su origen, la lleva a cruzarse con el príncipe Damián de Valcerra, heredero del trono, comprometido por deber con una princesa extranjera.
Amara y Damián no deberían amarse. Ella pertenece al pueblo. Él pertenece a la corona. Pero entre secretos, traiciones, criaturas mágicas, guerras entre reinos y una maldición que amenaza con destruir Aurelian, ambos descubrirán que el amor verdadero no siempre nace donde la sociedad lo permite, sino donde el alma encuentra su hogar.
Predestinada a sus torturadores
Sin embargo, cuando Charlie intenta escapar, se encuentra con un aroma que pone su mundo patas arriba. Descubre que sus compañeros no son otros que Luther y Liam, los hijos gemelos del Alfa, quienes la han atormentado durante años. Abrumada por esta revelación, Charlie corre hacia el bosque, sin saber cómo reconciliar el vínculo que siente con el odio y el dolor que ellos le han causado. Mientras se transforma por primera vez, su vida cambia para siempre, y Charlie se ve arrojada a una nueva y peligrosa realidad—una en la que debe navegar las complejidades del destino, el amor y su propia supervivencia en un mundo que siempre ha buscado destruirla.












