
Oscuridad y ceninzas
vivianestum · En curso · 123.8k Palabras
Introducción
No debería desearlo. Debería temerle. Pero la verdad es que lo necesito más que a nadie, aunque me rompa, me queme, por más que me destruya completa.
Sam quiere vengarse de todo lo que me rodea, incluyendo a mi familia. Correr, escapar a esconderme y odiarlo sería lo correcto. Pero cada vez que estamos cerca, todo lo racional desaparece, cuando nos miramos con rabia o nos tocamos con furia, nos odiamos con la misma intensidad con la que deseamos el uno al otro, es un deseo carnal, pero también hay algo más.
Él cree que soy una niña débil, una colegiala sin noción del peligro, Sam cree que me arrastro hacia él como una niña atrapada en una fantasía enferma. Lo que él no sabe es que yo también tengo sombras. Sam no se hace una idea de que yo también puedo mentir, manipular, quemar... y de ser necesario, arrastrarlo conmigo a las llamas del infierno.
Esta no es una historia de amor universitario, esa es una guerra entre dos almas rotas, tóxicas que se alimenta del dolor, del deseo y del peligro. No hay redención. No hay promesas. Solo un camino directo hacia el caos.
Me llamo Elisabeth Niedermann. Y está es la historia del hombre que me marcó para siempre. El hombre que despertó la verdadera yo.
Capítulo 1
Elisabeth Niedermann. Año 2009.
Entré al infierno con tacones de cuero y labios rojos. Él ya me había condenado.
Las luces rotas parpadeaban sobre mi cabeza como una advertencia. La música, vibrante y sucia, palpitaba bajo mis pies como un corazón enfermo. Y aún así, crucé esa puerta como si nada pudiera detenerme.
“Estoy dentro”. El pensamiento me atravesó como una descarga eléctrica, apartando momentáneamente el ruido en mi cabeza: el eco de su voz, el veneno de sus palabras, la promesa rota entre sus manos.
Bajé las escaleras en espiral hacia Schwarzlicht, el club nocturno más exclusivo y más podrido de Berlín. El lugar donde la oscuridad no era una metáfora, era el lenguaje y la ley.
Y yo no debía de estar allí. Me lo habían prohibido con una claridad brutal.
Recuerdo una vez que incluso me echaron antes de cruzar el umbral. El portero, un tipo tan grande que parecía haber sido esculpido en piedra, me miró con desprecio y dijo:
—El dueño enseñó tu foto, princesa. Dijo que despediría a cualquiera tan idiota como para dejarte entrar. ¿Qué piensas hacer al respecto, eh?
Sam Brennam. Incluso su nombre quemaba.
Desde que compró Schwarzlicht hace tres años, lo convirtió en la sede central de sus negocios turbios, sus fiestas privadas, sus castigos silenciosos. Y desde el primer día, me prohibió la entrada. Sin discusión. Sin explicación.
Aunque mis hermanos eran clientes habituales, de esos que tienen una mesa con su nombre grabado, para mí no había excepciones.
Pero esta noche era Halloween, y por esta noche me sentía capaz de cualquier cosa a mi poder.
—No puedo creer que no te hayan reconocido, maldita perra mal nacida —murmuró Katia, mi única aliada en esta locura, mientras pasábamos la entrada como si estuviéramos marcando territorio—. Sam va a cagar tantos ladrillos que va a construir una réplica del Muro de Berlín.
Katia no disimulaba. Su tono era una mezcla de burla, triunfo y algo parecido al cariño. Nos conocíamos desde la adolescencia. Éramos la versión berlinesa de Thelma y Louise, pero con más delineador, menos sentido común, y una colección de cicatrices emocionales dignas de un museo.
Ella era dueña del Der Keller, (el sótano ) un lugar notoriamente decadente en el centro. Amaba husmear la competencia, y convencerla de que me acompañara esta noche no fue difícil. Siempre había estado dispuesta a ver el mundo arder, si yo era quien sostenía el fósforo.
El interior del Schwarzlicht era una mezcla de abandono y provocación. Oscuro, húmedo, con paredes cubiertas de terciopelo negro y taxidermia falsa iluminada por luces ultravioleta. Desde el techo industrial colgaban pantallas antiguas, todas reproduciendo la misma película en blanco y negro: Frantz.
La pista de baile era pequeña, apretada como una caja de secretos mal cerrada. A un lado, la barra larga de madera negra, brillando bajo los tubos fluorescentes como el ataúd de un mafioso elegante, poderoso.
En el fondo, al compás de Du Riechst so gut, de Rammstein, vibraba contra mis costillas, mezclándose con los latidos acelerados de mi propio pecho y mis botas altas temblaban contra el suelo junto a mí.
Lo sentía a el, todo era tan él, olía a él. Es como una electricidad estática, como un susurro al borde del oído, como una herida que aún sangra aunque ya no esté abierta.
A un metro, dos tipos con camisas abiertas esnifaban cocaína directamente sobre la barra. En el rincón más oscuro, una pareja disfrazada practicaba sexo con una falta de pudor casi artística. La mujer, vestida de la Reina Blanca, cabalgaba sobre el regazo del hombre como si no existiera el mundo exterior. Como si la noche no fuera más que un espejismo decadente, gritando éxtasis para deleite de su compañero. Alrededor todo seguía su curso, era como si nada de lo que hacían en el entorno existiera.
Me senté con Katia en los taburetes altos de la barra. El cuero de mi falda se pegaba a mi piel como una segunda capa de pecado y lujuria.
—Schwarzlicht es la personificación de Sam —murmuré sin pensar—. Oscuro. Miserable. Raro. Pero malditamente hermoso.
Katia me lanzó una mirada afilada, mientras se pasaba la lengua por los labios como si saboreara el ambiente. Su peluca rojiza, estilo Mujer Bonita, le daba un aire de actriz porno retirada y peligrosa. Sopló el humo de su cigarrillo electrónico en dirección a un grupo de turistas japoneses.
—Sera hermoso para ti. Sam es un imbécil por ponerte en la lista negra —dijo, como quien da una sentencia divina.
—Sam es un imbécil por muchas razones. Y prohibirme la entrada es la más suave de todas —repliqué, con la voz cargada de algo que no era rencor. Era más sucio, más triste y aún más crudo.
—¿Crees que lo hizo porque sos la hermana de Felix?
Negué lentamente.
—No. Lo hizo porque le recuerdo todo lo que quiere olvidar. Estoy segura.
Y ahí estaba la verdad desnuda, sin disfraz ni peluca. Fue la noche que nos cruzamos, la que el me encontró, el beso que me dio, la conversación a mediados de la noche, más rota que yo.
Fue todo raro, rápido, salvaje, algo sin consciencia tal como yo en ese lugar ahora, disfrazada en un club donde no puedo ingresar, disfrazada como llevo mi vida.
Cuando paso lo que paso al momento que nos conocimos, Sam nunca pensó que volvería a verme de nuevo, yo no estaba en sus planes no era parte de ellos. Y lo que no está en sus planes... debe desaparecer.
Por eso me trató así: con una indiferencia quirúrgica, una piedra quitada del riñón, con una crueldad que no gritaba, pero que dolía. No quería volver a saber de mi, porque mi entorno no permitía que nos conociéramos. Siempre que compartíamos una habitación, fingía que yo no existía, o se iba apenas me viera. Pero al final yo no podía fingir, necesitaba cruzarlo, sentir su aroma así que ingresé de vuelta en su territorio. Vestida de deseo y resentimiento.
Me puse una peluca corta y platinada, con lentes de sol, lápiz labial rojo escarlata, minifalda rosa y un top blanco recto, sosteniendo lo que tengo dentro, más bien parecía una prostituta, pero la idea era parecer a una actriz de la película de esas orientales donde sirven té en paños menores.
Pedí dos vodkas con energizante. La camarera me miró un segundo más de lo necesario. Tal vez me reconocía. Tal vez sólo le molestaba mi peluca.
Me concentré en no llorar en la bebida, la música seguía latiendo. El alcohol quemaba suave. Y yo no sabía si quería encontrarme con él esta noche o si simplemente quería que me viera y no dijera nada, como siempre lo hacía.
Últimos capítulos
#116 Oscuridad y Ceninzas
Última actualización: 9/22/2025#115 La boda del pecado
Última actualización: 9/22/2025#114 Ella y yo
Última actualización: 9/21/2025#113 El precio de Berlín
Última actualización: 9/21/2025#112 Sin máscaras
Última actualización: 9/22/2025#111 Cerca del corazón
Última actualización: 9/22/2025#110 Sala de espera
Última actualización: 9/22/2025#109 Lágrimas que arden
Última actualización: 9/19/2025#108 Herida de silencio
Última actualización: 9/19/2025#107 Interrupción
Última actualización: 9/19/2025
Te podría gustar 😍
Cómo No Enamorarme de un Dragón
Por eso fue más que un poco desconcertante cuando llegó una carta con mi nombre ya impreso en un horario de clases, una habitación en el dormitorio esperándome y las materias elegidas, como si alguien me conociera mejor de lo que me conozco yo misma. Todo el mundo conoce la Academia, es donde las brujas afilan sus hechizos, los cambiaformas dominan sus formas, y toda clase de criatura mágica aprende a controlar sus dones.
Todos menos yo.
Ni siquiera sé qué soy. No hay cambio de forma, ni trucos de magia, nada. Solo una chica rodeada de personas que pueden volar, conjurar fuego o sanar con un toque. Así que me siento en las clases fingiendo que encajo, y escucho con atención cualquier pista que pueda decirme qué es lo que llevo escondido en la sangre.
La única persona más curiosa que yo es Blake Nyvas, alto, de ojos dorados y, definitivamente, un dragón. La gente susurra que es peligroso, me advierten que mantenga las distancias. Pero Blake parece decidido a resolver el misterio que soy, y de algún modo confío en él más que en nadie.
Tal vez sea imprudente. Tal vez sea peligroso.
Pero cuando todos los demás me miran como si no perteneciera a este lugar, Blake me mira como si fuera un acertijo que vale la pena resolver.
Emparejada con su Instructor Alfa
Semanas después, nuestro nuevo instructor Alfa de combate entra al salón. Regis. El tipo del bosque. Sus ojos se clavan en los míos, y sé que me reconoce. Entonces el secreto que he estado ocultando me golpea como un puñetazo: estoy embarazada.
Él tiene una propuesta que nos ata más que nunca. ¿Protección… o una jaula? Los susurros se vuelven venenosos, la oscuridad se cierra sobre mí. ¿Por qué soy la única sin lobo? ¿Es mi salvación… o me arrastrará a la ruina?
Esta Vez Él Me Persigue Con Todo
Afuera del salón de baile, ella se acercó a él mientras fumaba junto a la puerta, con la intención de, al menos, darle una explicación.
—¿Todavía estás enojado conmigo?
Él tiró el cigarrillo y la miró con abierto desprecio.
—¿Enojado? ¿Crees que estoy enojado? Déjame adivinar: Maya por fin descubre quién soy y ahora quiere "reconectar". Otra oportunidad ahora que sabe que mi apellido viene acompañado de dinero.
Cuando ella intentó negarlo, él la interrumpió.
—Fuiste algo pasajero. Una nota al pie. Si no hubieras aparecido esta noche, ni siquiera me habría acordado de ti.
Las lágrimas le escocieron en los ojos. Estuvo a punto de hablarle de su hija, pero se detuvo. Él solo pensaría que estaba usando a la niña para atraparlo y quedarse con su dinero.
Maya se lo tragó todo y se marchó, segura de que sus caminos nunca volverían a cruzarse... pero él continuó apareciendo en su vida, hasta que fue él quien se rebajó, rogándole humildemente que lo aceptara de vuelta.
El Amor No Dicho del CEO
Antes de que pudiera responder, se acercó más, de repente alzándose sobre mí, su rostro a centímetros del mío. Sentí que mi respiración se detenía, mis labios se separaban por la sorpresa.
—Entonces este es el precio por hablar mal de mí con otros —murmuró, mordisqueando mi labio inferior antes de reclamar mi boca en un beso real. Comenzó como un castigo, pero rápidamente se transformó en algo completamente diferente cuando respondí, mi rigidez inicial derritiéndose en cumplimiento, luego en participación activa.
Mi respiración se aceleró, pequeños sonidos escapando de mi garganta mientras exploraba mi cuerpo. Sus caricias eran tanto castigo como placer, arrancando estremecimientos de mí que pensé él sentía reverberar a través de su propio cuerpo.
Mi camisón se había subido, sus manos descubriendo más de mí con cada caricia. Ambos estábamos perdidos en la sensación, el pensamiento racional retrocediendo con cada segundo que pasaba...
Hace tres años, para cumplir el deseo de su abuela, me vi obligada a casarme con Derek Wells, el segundo hijo de la familia que me había adoptado durante diez años. Él no me amaba, pero yo lo había amado en secreto todo el tiempo.
Ahora, el matrimonio contractual de tres años está a punto de terminar, pero siento que algún tipo de sentimiento se ha desarrollado entre Derek y yo que ninguno de los dos está dispuesto a admitir. No estoy segura de si mis sentimientos son correctos, pero sé que no podemos resistirnos físicamente...
Déjalos Arrodillarse
Expulsada por su manada. Olvidada por los licántropos.
Vivía entre humanos —callada, invisible, oculta en un pueblo en el que nadie se fijaba dos veces.
Pero cuando su primer celo llega sin previo aviso, todo cambia.
Su cuerpo se enciende. Sus instintos gritan. Y algo primitivo se agita bajo su piel—
invocando a un gran y temible Alfa que sabe exactamente cómo apagar su fuego.
Cuando él la reclama, es éxtasis y ruina.
Por primera vez, cree que ha sido aceptada.
Vista.
Elegida.
Hasta que él la deja a la mañana siguiente—
como un secreto del que nunca se debe hablar.
Pero Kaelani no es lo que ellos creían.
No carece de lobo. No es débil.
Hay algo antiguo en su interior. Algo poderoso. Y está despertando.
Y cuando lo haga—
todos recordarán a la chica a la que intentaron borrar.
Especialmente él.
Ella será el sueño que él no dejará de perseguir... lo único que alguna vez lo hizo sentir vivo.
Porque los secretos nunca permanecen enterrados.
Y los sueños tampoco.
Vendida al Señor de la Noche
Falso Matrimonio con el Poderoso Enemigo de Mi Ex
Hasta que descubrí que Niall, guapísimo alfa de la manada vecina, era mi pareja destinada. Por fin llegaba mi turno de ser elegida.
Dios, qué ingenua fui.
Cuatro años de compromiso infernal. Teñiéndome el pelo de rubio para complacer sus gustos. Metiéndome en vestidos ajustados, haciendo de su sirvienta personal… solo para oír que serviría más como empleada que como pareja.
Todo porque su corazón le pertenecía a mi hermana.
Esa noche, tiré sin querer el portarretratos con su foto. Me abofeteó. Fuerte. Dijo que nunca estaría a su altura.
Así que lo abofeteé de vuelta, hice pedazos su foto y acepté su rechazo.
Creí que ahí terminaba todo. Hasta que los encontré en el club, riéndose de lo patéticos que habían sido mis cuatro años de intentos. Todo el compromiso había sido su juego enfermo.
Borracha y furiosa, hice algo imprudente con mi misterioso vecino. El alfa Hudson, rostro esculpido por los dioses, peligro en cada línea perfectamente hecha a su medida.
Lo más importante: es el némesis de mi ex.
¿Y qué? El mejor sexo de mi vida.
Pensé que sería un simple encuentro de una noche para olvidar.
Me equivoqué otra vez.
Es más rico que Niall, más poderoso que mi familia e infinitamente más peligroso.
Y no piensa dejarme ir.
Esta vez, no voy a ser la segunda opción de nadie.
Paraíso Cruel - Un Romance Mafioso
Llamar por accidente a tu jefe...
Y dejarle un mensaje de voz subido de tono cuando estás, eh... «pensando» en él.
Trabajar como la asistente personal de Ruslan Oryolov es un trabajo infernal.
Después de un largo día satisfaciendo cada capricho del multimillonario, necesito liberar estrés.
Así que, cuando llego a casa esa noche, eso es exactamente lo que hago.
El problema es que mis pensamientos siguen estancados en el imbécil de mi jefe que me está arruinando la vida.
No pasa nada; porque de todos los muchos pecados de Ruslan, ser guapísimo podría ser el más peligroso.
Esta noche, fantasear con él es justo lo que necesito para llevarme al límite.
Pero cuando bajo la mirada hacia mi teléfono, aplastado a mi lado,
Ahí está.
Un mensaje de voz de 7 minutos y 32 segundos...
Enviado a Ruslan Oryolov.
Entro en pánico y lanzo mi teléfono al otro lado de la habitación.
Pero no hay forma de deshacer el daño causado por mi muy sonoro orgasmo.
Entonces, ¿qué puedo hacer?
Mi plan era simplemente evitarlo y actuar como si nunca hubiera pasado.
Además, nadie tan ocupado revisa sus mensajes de voz, ¿verdad?
Pero cuando programa una reunión a solas conmigo de exactamente 7 minutos y 32 segundos,
Una cosa es segura:
Lo.
Escuchó.
Todo.
La última oportunidad de la luna morbosa
Pero todo cambió el día que me dijeron que mi loba se había quedado dormida. El doctor me advirtió que si no marcaba o rechazaba a Alexander dentro de un año, moriría. Sin embargo, ni mi esposo ni mi padre se preocuparon lo suficiente como para ayudarme.
En mi desesperación, tomé la decisión de dejar de ser la chica dócil que ellos querían que fuera.
Pronto, todos me llamaron loca, pero eso era exactamente lo que quería—rechazo y divorcio.
Lo que no esperaba era que mi antes arrogante esposo un día me rogara que no me fuera…
Elegida por el Rey Alfa Maldito
—Pero yo sobreviviré.
Lo susurré a la luna, a las cadenas, a mí misma—hasta que lo creí.
Dicen que el Rey Alfa Maximus es un monstruo—demasiado grande, demasiado brutal, demasiado maldito. Su cama es una sentencia de muerte, y ninguna mujer ha salido viva de ella. Entonces, ¿por qué me eligió a mí?
La omega gorda e indeseada. La que mi propia manada ofreció como basura. Una noche con el Rey despiadado se suponía que acabaría conmigo. En cambio, me arruinó. Ahora ansío al hombre que toma sin piedad. Su toque quema. Su voz manda. Su cuerpo destruye. Y sigo regresando por más. Pero Maximus no ama. No tiene compañeras. Él toma. Él posee. Y nunca se queda.
—Antes de que mi bestia me consuma por completo—necesito un hijo que tome el trono.
Qué lástima para él... no soy la chica débil y patética que tiraron. Soy algo mucho más peligroso—la única mujer que puede romper su maldición... o destruir su reino.
Mi profesor vampiro
De hecho, era hábil y muy sexy. Dejé efectivo y me escapé a la mañana siguiente.
Más tarde, me topé con el «chico de compañía» en mi clase y descubrí que, de hecho, era mi nuevo profesor. Poco a poco, me di cuenta de que había algo diferente en él...
«Olvidaste algo».
Me regaló una bolsa de la compra delante de todos los que tenían cara de póker.
«Qué...»
Empecé a preguntar, pero ya se estaba alejando.
Los demás estudiantes de la sala me miraban fijamente, preguntándose qué me acababa de entregar.
Eché un vistazo al interior de la bolsa y la cerré al instante, sintiendo que la sangre salía de mi cuerpo.
Era el sujetador y el dinero que había dejado en su casa.
El Arrepentimiento del CEO: Los Gemelos Secretos de Su Esposa Perdida
Aria Taylor despierta en la cama de Blake Morgan, acusada de seducirlo. ¿Su castigo? Un contrato matrimonial de cinco años—su esposa en papel, su sirvienta en realidad. Mientras Blake presume a su verdadero amor, Emma, en las galas de Manhattan, Aria paga las facturas médicas de su padre con su dignidad.
Tres años de humillación. Tres años de ser llamada la hija de un asesino—porque el coche de su padre "accidentalmente" mató a un hombre poderoso, dejándolo en coma y destruyendo a su familia.
Ahora Aria está embarazada del hijo de Blake. El bebé que él juró que nunca querría.
Alguien quiere matarla. La encerraron en un congelador, sabotearon cada uno de sus pasos. ¿Es porque su padre está despertando? ¿Porque alguien tiene miedo de lo que él pueda recordar?
Su propia madre intenta desconectarlo. La perfecta Emma de Blake no es quien aparenta ser. Y esos recuerdos que Aria tiene de salvar a Blake de un incendio? Todos dicen que son imposibles.
Pero no lo son.
A medida que los ataques se intensifican, Aria descubre la traición definitiva: La mujer que la crió podría no ser su verdadera madre. El accidente que destruyó su vida podría haber sido un asesinato. Y Blake—el hombre que la trata como propiedad—podría ser su única salvación.
Cuando su padre despierte, ¿qué secretos revelará? ¿Descubrirá Blake que su esposa lleva a su heredero antes de que alguien la mate? Y cuando él sepa quién realmente lo salvó, quién realmente lo drogó, y quién ha estado cazando a su esposa—¿se convertirá su venganza en su redención?












