
Regresando a los brazos de mi ex
Yeliana Palacio · En curso · 199.7k Palabras
Introducción
Huye de vuelta al único lugar del que alguna vez escapó: oscuro y peligroso. Allí está él, esperando como si el tiempo no hubiera pasado: Alexander Di Napoli, el mafioso esculpido por los dioses y forjado en el infierno, su primer amor y su mayor pecado. Al cruzarse de nuevo, el aire arde
Herida y furiosa, Maggie jura que nadie volverá a reírse de ella. Alexander, que nunca dejó de desearla, le hace una propuesta imposible de rechazar: únete a mí y te daré el poder para destruirlos a todos…
Capítulo 1
Maggie se mira al espejo, su melena larga, rubia y sedosa. Su piel blanca reluciente, sus gruesos labios rosados provocantes, un cambio físico muy diferente al de años atrás. Se analiza al ver su reflejo y puede ver una mujer diferente: vestimenta elegante, peinado en ondas perfecto y maquillaje profesional. ¿Pero su mirada?En sus ojos cafés intensos hay algo en el cual no se siente totalmente convencida de haber tomado otro rumbo en su vida. Tocan la puerta de su habitación y es una de las empleadas. Ya sabe a qué viene, así que se miró una vez más, soltando un largo suspiro y esbozando una sonrisa falsa.
Al abrir la puerta, la empleada le hace una pequeña reverencia. No es necesario para ella, no para una chica que viene de abajo.
—Señorita Maggie, o más bien futura señora Carter
—¿Y él señor Lucas?
—Hace poco llegó, pero se está organizando en su habitación
Maggie se muerde el labio inferior. Están a punto de hablar de su matrimonio y resulta que ni siquiera duermen juntos por reglas de la señora Carter. Ya llevan cuatro meses de relación y, aunque él es atento y detallista, Maggie no se siente totalmente plena.
—Bien, no hay tiempo que perder— dice sonriendo. Las conversaciones con la madre de Lucas son algo aburridas y se las aguanta solo por él.
Al llegar a la sala de estar, ahí está la madre de Lucas, refinada como siempre, junto a una diseñadora de vestidos de boda, una organizadora de bodas y un fotógrafo profesional.
—Maggie, toma asiento— ordena la señora Carter, y Maggie lo hace. Debe sentarse como toda una dama porque cualquier error que cometa es criticado. —Contraté a los más profesionales para la boda. Tú solo debes estar aquí para escuchar, querida, yo me hago cargo de todo
—Pero... es mi boda, al final soy yo quien se va a casar— dice frunciendo un poco el ceño porque le parece exagerado e injusto que ella no pueda opinar sobre el día más importante de su vida.
—Querida, soy yo quien pagará la boda. Tú aún estás aprendiendo, solo escucha y aprende para que veas lo que es ser una Carter. Aquí no escatimamos en gastos, además, hablamos de la boda de mi único hijo, no quiero errores
Maggie se tensa, esa señora la hace sentir menos.
—Por lo menos... déjeme hablar con Lucas
—Él está de acuerdo con mis decisiones, querida. ¡Ahora silencio, por favor! Estas personas necesitan hacer su trabajo lo más pronto posible, no olvides la educación
La chica una vez más tensa su mandíbula, su sangre hierve, y cada petición de su suegra hacia los organizadores era abrumadora para ella. Maggie recuerda su vida pasada, cuando era libre por las calles, una chica corriente que salía a bailar, compraba lo que quería y que vivía en un apartamento tan pequeño, pero lleno de paz, a diferencia de lo que vive hoy en día. Solo una situación, la que más la marcó, la conlleva a tomar un rumbo distinto, pensando que era una gran oportunidad.
—El vestido de boda será de color blanco sin lugar a duda— comenta la señora Carter.
—Puede tener algo de color— Maggie no se aguantó. —No me gustaría que fuera totalmente blanco, ya que... no es mi fuerte
—¡Ay, por favor!— La señora Carter se ríe a carcajadas. —No le presten atención, ella es excelente bromeando, ¿cierto, Maggie?— la mira de forma determinante.
—Yo... creo que necesito un poco de aire fresco
—Pero es de mala educación, estamos organizando tu boda y la de mi hijo
—Usted la está organizando, señora, con su permiso— se coloca de pie y sube a la segunda planta, dispuesta a buscar a Lucas.
Maggie está furiosa. Cuando lo conoció, él le prometió el cielo, y aunque vive como una reina, no hay lo que ella realmente busca: una familia de verdad, no la gran farsa en la que vive. En cuanto llega, abre la puerta y su cuerpo se paraliza.
—¡Lucas!— lo menciona estupefacta. —¿Qué... ¿Qué es esto?
—¿Qué haces, Maggie? ¡Sal, por favor!— dijo, y la empleada que le estaba haciendo sexo oral se puso de pie y mira a Maggie con cara de burla.
—¡No! ¿Qué rayos estás haciendo tú?— pregunta a gritos, gritos que logra escuchar la señora Carter.
—¿Qué tiene de malo? No me vengas a hacer reclamos, aún no nos hemos casado. Ella solo me está sirviendo. Cuando nos casemos y consumamos el matrimonio, no estaré con otra mujer
—¡Es increíble que me estés diciendo esto!— lo señala muy enojada. —¡Eres igual que todos los hombres!
—A ver, Maggie— la menciona y se coloca el pantalón con tranquilidad. —Yo a quien amo es a ti, nena. No entiendo por qué tanto problema— se coloca la camisa. —Es solo sexo oral. Mejor no hagas escándalo. Mira, tú eres una mujer ya usada, una mujer… ¿que quién va a tomar en serio?— La mira y Maggie empuña sus manos. —Eres una mujer corriente y yo te estoy dando la oportunidad de ser una mujer de ciudad, una mujer elegante, con todos los lujos. Así que bájale el tono. Recuerda que soy el hombre de la casa—
—¡De esta chica corriente te habías enamorado! ¡Según tú!— lo señala con determinación.
—¡Ay, ya, señorita Maggie! ¡Deje el escándalo!— interviene la empleada Amber. —Yo hago lo que usted no: atender al señor
—¿Atender? ¡Eres una zorra!— Maggie siente que va a colapsar, ¡tantas cosas que ha guardado todo este tiempo!
—Uish, se le está saliendo lo 'gata'. La señora Carter tiene razón, eres una gata disfrazada y haciéndose la gran cosa, pero no dejas de ser 'gata' aunque te vistas como ricachona— arquea una ceja.
—Ahora entiendo por qué tus malditas indirectas. Si yo soy una 'gata', lo soy y lo admito— dijo Maggie sulfurada, y se quitó el collar de perlas. Este se rompe por el jalón y todas las perlas caen al suelo. era un collar que Lucas le había regalado —Pero no soy una p*ta como tú
—¡¡Maggie, tus palabras!!— la reprende Lucas.
—¿Qué está pasando aquí?— pregunta la señora Carter.
—¡Todos a calmarnos!— interviene Lucas. —¡Ya ha sido suficiente show!
—¿Entonces tu maldita infidelidad es un show de mi parte?— pregunta Maggie, mirándolo con su furia, un ardor en su pecho.
—¡¿Qué es esto, por Dios!? Estás retrocediendo, niña. Así no se comporta una mujer de sociedad
—¿Qué piensa usted de que su hijo me esté engañando con esa zorra?— mira a la señora Carter, quien sonríe.
—Mi hijo es hombre y puede hacer lo que quiera. Deja el escándalo, me avergüenzas. Todos están escuchando
—Vea, señora Carter, me hubiera elegido a mí. Yo sí sé complacer a mi señor y ser toda una dama, no como ella— señala a Maggie. —Una pobretona, una 'gata'— La empleada Amber lo dijo con desprecio, y Maggie mira a Lucas, quien no la defiende ni nada, y eso endureció su corazón, luego de haberlo intentado pensando que podría encontrar un hombre diferente.
—¡Todos ustedes van a lamentar lo que me han hecho! Porque me llamo Maggie Bell, ¡y lo pagarán!— Maggie sale casi corriendo, antes de volverse más loca y que conozcan a la verdadera Bell que lleva por dentro.
—¡Maggie, espera! ¡No puedes irte!— Lucas intenta alcanzarla.
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