
EXTRA MARITAL
Maria Pulido · Completado · 134.5k Palabras
Introducción
A sus 32 años, Enzo Cavalli quería un hijo, una familia para formar y herederos que dejar, cuestión que su mujer no aceptaba por el simple hecho de no dañar su figura.
En un momento de una fuerte presión, Antonella utiliza todas sus armas contra su fiel y dulce asistente, Gianna Ricci, porque decir que le debe hasta el alma, es quedarse bastante corta.
“Quiero que me alquiles tu vientre”, esto más bien se escuchó como una orden, y teniendo la casa de sus padres hipotecada, y un montón de deudas por atender, a Gianna no le quedó de otra, que sucumbir a un trato oscuro que tenía muchos sucesos ocultos, entre ellos, una cercanía irreparable con Enzo, de la que ella no iba a poder escapar…
Capítulo 1
—Abigail… mi vida… —todo el salón se quedó en silencio cuando Mashal pidió a la orquesta que se detuviera para dar unas palabras.
Los invitados se sentaron en sus mesas mientras las sonrisas se gestaban en el rostro de todos los presentes. El lugar de la recepción era impresionante; con manteles en toldos y un jardín a su alrededor haciendo que todo se viera regio y refinado, eso, sumado a la iluminación opaca en algunos lugares y candente en otros.
La noche fue el momento perfecto para darle el toque final a la ceremonia espléndida que Abby y Marshal querían para su día especial, así que nada en el mundo podría opacar este momento que tenía el corazón de Abby en un galope. Abigail Hunson, o, mejor dicho, Abigail Hayes.
Porque ahora ella estaba oficialmente casada, con el amor de su vida.
Los ojos de la chica se iluminaron cuando Marshal asomó su mano para invitarla a pasar al frente. Mojó sus labios, se levantó de la mesa donde anteriormente conversaba con su familia, y dio unos pasos mientras sus mejillas se ruborizaban. Todos tenían los ojos sobre ella ahora, y Marshal sostenía en su mano un micrófono que había sido adaptado en cuestión de segundos para él.
—Quiero que la gente sepa lo mucho que te amo —Continuó Marshal Hayes y ella se encogió de hombros—. Quiero agradecer al cielo por tu vida, Abby querida, por nacer en este tiempo, y por estar aquí en el presente conmigo… por hacerme hoy el hombre más feliz de este mundo, y, sobre todo, por elegirme a mí como tu marido… y en el futuro… el padre de tus hijos…
Todos aplaudieron al unísono, entonces el hombre acortó la distancia y tomó el rostro de Abby en sus manos dándole un beso cálido en los labios. Una lágrima se deslizó por la mejilla de ella, e intentó pasar el nudo que se le hizo en la garganta por la felicidad que no cabía en su pecho. Nada podía ser más perfecto y maravilloso que esto, y por nada del mundo quería que este instante extraordinario se desvaneciera.
La chica de 21 años enredó sus manos en las del novio, y reprimió los ojos mientras el hombre llevó su boca a su frente deteniéndose en otro beso. Los flashes se activaron en desmedida, y luego alguien vino a darles dos copas decoradas para que brindaran con sus familias y amigos, que ahora estaban delante de ellos mirándolos con felicidad.
Abby tomó la copa entre sus manos y con la otra rodeó el cuerpo del que ahora era su esposo. Juntos alzaron la copa y todos chocaron los cristales enviándoles bendiciones con gran regocijo.
Mas aplausos vinieron mientras que Abigail probó de su copa y tomó solo un sorbo, el alcohol no era de sus cosas favoritas, pero había hecho una excepción en este día. Llevó los ojos a la mesa donde estaba su familia, y no pudo dejar pasar la alegría que era muy notoria en el rostro de sus padres. Ahora mismo la miraban con los ojos brillosos mientras tenían abrazada a su pequeña hermana Ivy, de 7 años, y su adolescente preferido, su hermano Ansel, que tenía 14 años.
Ella envió una sonrisa sincera y luego sintió un apretón en su cintura. Giró rápidamente en dirección del rostro de su esposo y recibió de su parte una gran sonrisa.
—Te amo… te amo y estaremos juntos en esta vida y en la otra —las palabras de Marshal de alguna forma crearon un escalofrió en su cuerpo, uno que la hizo sentir que ahora pertenecía a esta persona, y de alguna forma le agradó.
—Y yo te amo a ti, Marshal. Te amo para siempre —expresó la chica con sinceridad, y su esposo dio un asentimiento satisfecho para volver a besarla.
El festejo era todo un éxito, los invitados estaban siendo atendidos sin comparación alguna y la orquesta que estaba tocando en vivo, solo sumaba a que las personas se encendieran cada vez más en la fiesta. Las mesas estaban separadas por familias y amigos, tanto los conocidos de Marshal como de Abby, y algunos, de ambas partes, ya que la pareja estaba unida no solo en una relación sentimental, sino en una alianza empresarial.
Aunque la celebración estaba en su pleno auge, el cuello y la espalda de Abby comenzaron a pasarle factura.
Fueron meses de preparación, y eso aunado a que hace medio año había terminado su carrera en contaduría y finanzas.
Su carrera universitaria por supuesto que fue influenciada por su padre, Ezra; y aunque no se arrepentía, de alguna manera hubiese deseado estar un poco lejos de los negocios de su familia que ahora estaban pasando cuenta en su cuerpo.
Ella levantó a Ivy de sus piernas y echó una mirada al salón; sus amigas estaban en una mesa riendo de forma desenfrenada, sus padres estaban en un círculo de empresarios y su esposo, bueno… él parecía muy divertido con sus amigos fuera en el jardín con varias botellas vacías a su alrededor.
Abby le dijo a la pequeña que buscara a su hermano, estaba dispuesta a pedirle a Marshal que se fueran del festejo, además, los novios acostumbraban a dejar la velada a la mitad, si bien estaba ansiosa por saber para dónde la llevaría Marshal, ella deseaba tocar una cama suave y descansar todo el fin de semana.
Caminó dando sonrisas por donde pasaba hasta que llegó a la parte del jardín.
Parecía que decían algo muy secreto entre los cuatro amigos de su esposo, porque en cuanto la vieron de reojo aparecer, ellos hicieron silencio de inmediato, haciendo que su marido se girara rápidamente hacia ella.
Aunque la chica le asomó una sonrisa, él no se la devolvió, entonces decidió acercarse y tocar su hombro.
—Cariño… estoy cansada, es mejor que nos vayamos, yo…
De un momento a otro su mano fue quitada del hombro, y él parecía un poco incómodo con su aparición repentina.
—No será ahora Abby, estoy disfrutando de la fiesta… Te... avisaré cuando nos vayamos —refutó Marshal, pero Abby supo que estaba ebrio por su forma de hablar.
Así que ella volvió a intentarlo, era mejor que se lo llevara ahora a que siguiera bebiendo. Justo cuando él se giró para volver al grupo, ella tomó su brazo dócilmente e insistió.
—Marshal, estás bebido… es mejor que nos vayamos, realmente estoy… —sus palabras se cortaron en su boca cuando Marshal le envió una mirada furiosa.
El rostro del hombre estaba pálido ahora, y ella vio de soslayo como su labio inferior tembló.
—Abigail… —Marshal deletreó la palabra junto con un apretón fuerte en su muñeca—. He dicho que nos iremos más tarde… ¿Entendido?
Abby abrió sus ojos impactada y los deslizó por su muñeca mallugada, el hombre la soltó de inmediato sin pedir una disculpa por su comportamiento y caminó en dirección de sus compañeros para decir: “Mujeres”, y luego proceder a una carcajada de burla que fue acompañada por sus amigos.
Ella tomó su muñeca y la apretó para quitar de alguna forma la sensación que había sentido segundos antes, aunque no podía creer lo que acababa de pasar, solo respiró y se dijo a si misma que ese no había sido el Marshal que ella conocía, la bebida debía estar haciéndole una mala jugada. Sin embargo, las lágrimas ya estaban en sus ojos.
Entró al cuarto de servició y abrió la llave para mojar su nuca, el momento colocó su cuerpo en tensión y dejó sus manos sudorosas. Abby trató de acompasar su respiración y luego se miró por un rato en el espejo.
—Solo es… él no es Marshal, Abby… está ebrio —cuando fue a limpiar sus lágrimas la puerta se abrió de golpe y una chica de su círculo de amigas, apareció asomando el rostro.
—Cariño, todas queremos hacer una sesión de fotos… ¿Por qué estás aquí?
La chica forjó una sonrisa y luego sacudió sus manos mojadas.
—Tengo calor, Diane … y estoy cansada… vine a refrescarme y…
—¿Estás bien? —su amiga preguntó entrando más al cuarto de servicio y frunciendo el ceño.
—Sí… por supuesto ¿Por qué lo preguntas?
—Mmm, porque estás aquí, sola, y eres la novia… ¿Está todo bien?
—Sí… vamos, solo me refrescaba…
Su amiga asintió y le envió una sonrisa. Se fueron juntas mientras Diane le relataba que sus amigas estaban locas por su marido y por lo apuesto que se veía esta noche.
Abby se sentó con todas sus amigas después de una larga sesión de fotos y extenuantes carcajadas por todo y por nada que ellas arrojaban en su estado, un poco subido de tono. El tiempo continuó, la fiesta prosiguió y después de unas horas más ella no tenía fuerza alguna para continuar.
Sintió una mano en su hombro cuando quiso cabecear y se giró de repente con un susto en su cuerpo.
—¿Abby? ¿Dónde está Marshal? ¿Cómo es que no se han ido?
Ella quiso escusar de alguna forma posible a su marido, pero vio que ya era tarde cuando las voces que se escuchaban en todo el salón abierto eran las de Marshal y sus cuatro amigos inseparables.
Su padre no esperó un segundo y caminó apresurado hacia el jardín, Abby se levantó de golpe y fue tras de él.
—Papá, espera…
Algunos invitados giraron en su dirección, y la familia de Marshal se puso en tensión al ver que algo no estaba bien.
—¡Marshal! —Ezra alzó el tono más de lo normal y el hombre se giró de golpe perdiendo un poco el equilibrio.
—Señor… —respondió un poco asombrado.
—¿Cómo es que sigues en la fiesta? Abby está agotada, sabes bien que esta última semana fue de trabajo extremo en la empresa y…
—¿Abby? —intervino Marshal tratando de parecer impactado—. Ezra, quise… yo le dije a Abby, pero ella quiso pasar el tiempo con sus amigas, no quería imponerle nada… yo…
El padre de Abby se giró hacia ella con el ceño fruncido tratando de entender por qué razón su hija quería quedarse. Sin embargo, ella no pudo gesticular una palabra, porque ahora sus ojos solo estaban encima de su marido preguntándose por qué había mentido y fingía de esta manera.
La chica sabía que, de cierta forma Marshal respetaba a su padre, y en que técnicamente Ezra era su jefe directo.
—Papá —ella envolvió la mano del hombre mayor y le pasó una sonrisa—. Es cierto, pero… ahora si me quiero ir, creo que sobrepasé mi límite, solo quería festejar un rato más.
Ezra suavizó sus gestos y puso la palma de la mano en el rostro de Abigail.
—Es mejor que se vayan, pediré un chofer —se dio la vuelta y observó nuevamente a Marshal con dureza mientras él estaba mudo esperando una orden—. Tu marido creo que no es capaz ni de sostenerse a sí mismo, y eso es una vergüenza que suceda, justamente en tu matrimonio.
Después de la acalorada situación, Abby estaba sentada atrás del vehículo que su padre asignó para ellos, mientras Marshal enredaba los dedos con los suyos. Con ademanes comenzaron a despedirse, la gente fuera del auto lanzaba flores y arroz hacia ellos despidiéndolos de la fiesta.
El chofer anunció que solo serían 15 minutos de recorrido, y luego de eso Abby sintió una punzada larga en su estómago. No había cruzado una sola palabra con su esposo después de haberle mentido en su propia cara, ahora lo que ocupaban sus pensamientos es que ésta era su primera noche, o madrugada, o casi mañana en que compartiría íntimamente con alguien.
Aunque fuese un tabú para algunos, la familia de la chica tenía principios morales muy arraigados, y una de las frases que su padre le había repetido durante toda su vida era: “Debes guardarte para tu esposo Abigail, ese es el mejor regalo que le podrás dar a un hombre respetable”
Y sí, Abigail era virgen en todo el sentido de la palabra, y aunque Marshal le insistió infinidades de veces durante su año de noviazgo, ella fue firme hasta el final, guardando la promesa que había hecho a su padre y a ella misma.
Sin embargo, ese orgullo ahora no le estaba sirviendo para nada, porque entendía que, en unos minutos, daría paso a una nueva experiencia en su vida y pasaría a ser la mujer del hombre que estaba a su lado, que aun no le dirigía la mirada.
En silencio llegaron a un hotel que era el lujo hecho realidad, a Abigail no le impresionaban esas cosas, pero ahora estaba realmente emocionada por todo lo que veía, mientas caminaba con la mano firme de Marshal.
Ella lo vio de soslayo pensando que el regaño de Ezra definitivamente había espantado un poco su embriaguez. Las personas de servicio los recibieron con todo el elogió posible, y fueron llevados a la parte más alta del edificio escoltados como si fueran una realeza.
La habitación fue abierta por un botones, y luego de unas felicitaciones, les invitó a que pasaran a su suite y cerró desapareciendo al instante.
Abigail soltó la mano de su marido y dio unos pasos gestando una sonrisa en su boca. Todo estaba bellamente decorado. Un jacuzzi incrustado en el suelo, que acababa en la enorme ventana de vidrio frente a una vista perfecta de la ciudad de Minneapolis. También había una barra con varios tipos de licor y una enorme bandeja de pasabocas, frutas y chocolates que hicieron agua la boca de Abby a pesar de la hora. Luego se giró hacia una enorme cama, donde los pétalos de rosas cubrían todo su esplendor.
Estaba emocionada, y todo el mal momento se olvidó de su cabeza cuando giró hacia Marshal.
—Esto es… maravilloso —acortó la distancia que los separaba y unió sus labios hacia él—. Gracias por esto cariño, es…
—No es mi regalo —dijo Marshal mientras comenzaba a ver sus hombros desnudos.
Abby parpadeó dejando caer sus brazos.
—¿Cómo? No entiendo…
—Esto lo hizo tu padre, Abby, él quería darte una noche perfecta… ya lo conoces… —Marshal volvió a acercarla y llevó las manos a su cuello para besarla impacientemente.
—Espera… ¿Cómo debía hacer esto mi padre, Marshal? Se suponía que eras tú…
—¡Ay Abby!, ya es suficiente, ven —la interrumpió mientras la haló hacia la cama y tiró de ella hasta que cayó directo en la orilla.
Abby retrocedió sumamente dolida dispuesta a quitarle las manos de encima, pero el hombre recostó su cuerpo en ella inmovilizándola por completo.
—Espera Marshal, despacio… —dijo cuando vio que la estaba desvistiendo rápidamente y sin tener el cuidado que ella pensó que debía tenerse la primera vez.
Pero, nada hizo detenerlo. El hombre quitó su vestido rápidamente y junto con eso, él también se quitó la ropa sin decoro. Por primera vez ella vio a un hombre desnudo y sintió que su garganta se apretaba cuando su panti fue bajado de un tirón, Marshal puso la mano en su pecho dispuesto a entrar en ella, sin siquiera decirle una sola palabra.
Ella trataba de acoplarse a la forma ordinaria, ruda y sin previo aviso de su esposo, no estaba preparada, ni en su cuerpo ni en su mente, ni tampoco estaba excitada como para querer que el acto comenzara. Anteriormente ellos se besaron mucho, y ella estuvo a punto de rendirse queriendo que Marshal se convirtiera en su hombre, sin embargo, ahora nada estaba sucediendo de la manera en que lo soñó.
Ese momento especial del que todas sus amigas hablaban en sus extensos cafés, no estaba presente a pocos minutos de unirse con su esposo, ese momento mágico del que todas hablaban, no estaba siento sentido en su piel, porque ahora solo podía sentir unas manos rústicas que mallugaban su piel y una respiración olorienta a alcohol que provocaban un poco de repudio a su propio cuerpo.
Cuando ella sintió la intimidad de Marshal cerca de la suya, dio un brincó llevando los hombros de su marido hacia abajo.
—Espera… creo que no estoy lista, Marshal, puede doler, lo he leído, ¡espera por favor! —suplicó agitada y asustada. Realmente estaba aterrada.
—No digas tonterías, no pasará nada… —las palabras del hombre salían entrecortadas, él ni siquiera la estaba mirando.
En cuestión de segundos Abby fue invadida de un solo tirón, la presión, la irritación y un profundo dolor la dejó sin aliento, ella no pudo sino soltar un quejido más una lagrima que se asomó en la esquina de sus ojos.
—Así es Abby, gime para mi… ¿te gusta rudo no es así? —después de la pregunta Marshal volvió a introducirse y esta vez mas áspera, haciendo que Abby lo tomara de los hombros y clavara sus uñas mientras sus lágrimas siguieron bajando por sus mejillas.
El sollozo se hizo más profundo, pero eso no fue suficiente para que su marido se detuviera, así que después de dos minutos de martirio, ella vio como Marshal aceleró las embestidas que estaban quemando su piel y luego soltó un bufido para luego recostar todo su cuerpo encima de Abigail.
Sus respiraciones chocaban, la mirada de su esposo se conectó con ella y luego rodó en la cama y se puso una sábana encima, dándole toda la espalda y acompasando su respirar.
El cansancio y el sueño de Abby ahora habían desaparecido, ella solo estaba mirando al techo con el corazón hecho una pasa pensando en cómo las cosas pasaron de esta manera. Desvió la mirada a la espalda de Marshal mientras sus lágrimas fueron cayendo irremediablemente. Le dolía, sentía un escozor enorme entre sus piernas, pero la opresión más grande ahora estaba en su pecho, ella sentía que se comprimía en miles de pedazos, y solo cuando fue a mover su muslo, se dio cuenta que estaba mojada.
Se sentó de golpe y se sorprendió en ver una mancha enorme como si tuviese la regla. Trató de levantarse rápido, pero una punzada se prensó en su vientre haciéndole sacar un quejido de su boca.
Rápidamente se fue a el baño para cambiarse y tratar de aliviar ese ardor que no se iba, como también tratar de entender cómo su primera vez había sucedido de esta manera.
Sentada en la tina recostó su cabeza entre las piernas mientras trató de llorar todo lo que pudo, había escuchado tantas historias, pero supuso que la realidad era diferente. Su hombre perfecto dio otra cara en solo una noche, y ella solo estaba rezando en este momento porque todo esto se debiera a lo mucho que había bebido en la ceremonia.
Después de secarse y de sacar algo de su maleta, trató de colocar algunas sábanas limpias encima, sin molestar a su esposo que literalmente estaba profundo. Se sentó con mucho cuidado y luego recostó la cabeza en la almohada tratando de dejarse llevar por el cansancio y sus ojos irritados.
—Ojalá esto fuera una pesadilla —susurró para ella misma—. Ojalá lo fuera…
La insistencia en su brazo más unos susurros que no podía entender cerca de su oído, hicieron que Abby parpadeara varias veces, al principio fue borroso, pero a medida que pasaron los segundos, ella divisó la amplia sonrisa que Marshal estaba ofreciéndole en ese instante.
Entonces su corazón latió con fuerza.
—Buenos días, amor… ¿Cómo amaneció la princesa de mi vida?, la reina de mi corazón —Marshal delineó su rostro con aparente ternura mientras le dio un beso cálido en la frente.
Sin embargo, Abigail solo podía estar asustada, una mezcla de sentimientos la envolvieron al ver que estaba frente a un hombre que definitivamente no conocía…
Últimos capítulos
#55 Capítulo 56
Última actualización: 3/4/2025#54 Capítulo 55
Última actualización: 3/4/2025#53 Capítulo 54
Última actualización: 3/4/2025#52 Capítulo 53
Última actualización: 3/4/2025#51 Capítulo 52
Última actualización: 3/4/2025#50 Capítulo 51
Última actualización: 3/4/2025#49 Capítulo 50
Última actualización: 3/4/2025#48 Capítulo 49
Última actualización: 3/4/2025#47 Capítulo 48
Última actualización: 3/4/2025#46 Capítulo 47
Última actualización: 3/4/2025
Te podría gustar 😍
Santos del Diablo - Darkness
Después de regresar a casa tras su tiempo en la Marina, llega al club de los Cajuns y encuentra a su Luz en el sofá. Justo cuando la encuentra, se entera de que ella está fuera de su alcance. Es la hija del presidente de un club de motociclistas hermano. Ella está prohibida.
Camille ha pasado la mayor parte de su vida sin encajar. Tiene un grupo de amigos muy unido, pero no mucho más. Ha pasado la mayor parte de sus años de secundaria viviendo en el Shack, el más grande de los clubes de los Santos del Diablo. Una noche en la que no podía dormir, conoció a un hombre que no vio a una rara, sino a una mujer hermosa.
Al mudarse a Luisiana, descubre que él es mayor de lo que pensaba. Tiene que mantenerse alejada del único hombre que desea. ¿Qué pasa cuando no pueden mantenerse alejados? ¿Cuando ambos quieren lo que está prohibido?
Darkness se sentó en el sofá junto a ella.
—Nunca supe tu nombre.
—Camille. —Sonrió y cerró el libro en el marcador—. Y tú eres Darkness.
—Lo soy. —Incapaz de contenerse, extendió la mano y tocó suavemente su mejilla—. Eres tan bonita como recuerdo.
Ella se sonrojó bajo su mirada, pero nunca apartó la vista. Darkness se inclinó y presionó sus labios contra los de ella. Mantuvo el beso ligero, temiendo que si no lo hacía, iría demasiado lejos.
Matrimonio Arreglado Con Mi Jefe
Estela una chica bastante reservada , tímida y tranquila pero sobre todo una chica sin experiencia con los hombres.
¿Dormir con su jefe ? Jamás lo creyó posible , muchos menos entablar algún tipo de conversación con el , pues él jamás se fijo en su presencia.
Lo que ella jamás pensó es que asistir a la fiesta de disfraces que realiza cada año la empresa donde trabaja le traería grandes consecuencias en su vida .
Doctor Gonzalo Daver
Sin embargo, Gonzalo no quiere reconocer sus sentimientos y sólo pretende convertirla en su amante.
Para él solo existen dos grandes pasiones, la medicina y el sexo.
Abigail se esfuerza y consigue ser médica, inspirada por la admiración y el amor secreto que le profiere.
La maldad y el egoísmo de terceros, intentarán separarlos, como en el pasado separaron al doctor Felipe Daver de otra mucama, Diana Soulé,tía de Aby.
¿Podrán dejar los prejuicios de lado?
¿Se dará cuenta a tiempo que esa atracción que él siente, se convirtió en amor?
El Arrepentimiento del CEO: Los Gemelos Secretos de Su Esposa Perdida
Aria Taylor despierta en la cama de Blake Morgan, acusada de seducirlo. ¿Su castigo? Un contrato matrimonial de cinco años—su esposa en papel, su sirvienta en realidad. Mientras Blake presume a su verdadero amor, Emma, en las galas de Manhattan, Aria paga las facturas médicas de su padre con su dignidad.
Tres años de humillación. Tres años de ser llamada la hija de un asesino—porque el coche de su padre "accidentalmente" mató a un hombre poderoso, dejándolo en coma y destruyendo a su familia.
Ahora Aria está embarazada del hijo de Blake. El bebé que él juró que nunca querría.
Alguien quiere matarla. La encerraron en un congelador, sabotearon cada uno de sus pasos. ¿Es porque su padre está despertando? ¿Porque alguien tiene miedo de lo que él pueda recordar?
Su propia madre intenta desconectarlo. La perfecta Emma de Blake no es quien aparenta ser. Y esos recuerdos que Aria tiene de salvar a Blake de un incendio? Todos dicen que son imposibles.
Pero no lo son.
A medida que los ataques se intensifican, Aria descubre la traición definitiva: La mujer que la crió podría no ser su verdadera madre. El accidente que destruyó su vida podría haber sido un asesinato. Y Blake—el hombre que la trata como propiedad—podría ser su única salvación.
Cuando su padre despierte, ¿qué secretos revelará? ¿Descubrirá Blake que su esposa lleva a su heredero antes de que alguien la mate? Y cuando él sepa quién realmente lo salvó, quién realmente lo drogó, y quién ha estado cazando a su esposa—¿se convertirá su venganza en su redención?
Una beta para el alfa.
Por otro lado, tenemos a Cole Turner, un alfa de veintitrés años que está envuelto en un drama familiar, el cual, lo ha orillado a mantener un compromiso con la hija adoptiva de su difunto tío, el antiguo alfa de una manada vecina.
Gracias a que el alfa de Raine, Alan Carter, es el mejor amigo de Cole, la joven loba se ve forzada a asistir a la fiesta de compromiso de Cole, donde, por desgracia, descubre que el novio, es su compañero.
Al encontrarse sus miradas, las chispas no tardan en surgir, mientras que las de Raine son de rencor, las de Cole no son más que de amor.
¿Podrá Cole hacer entender a su terca compañera que nada es lo que parece?
¿Podrá la propia Raine, resistirse a los encantos del alfa?
Sobre todo, ¿podrán llegar a confiar el uno en el otro para resolver los misterios sobre las desdichas de la familia Turner? ¿O las intrigas y las personas mal intencionadas triunfaran sobre ellos?
ATLAS EL ALFA CAUTIVO
—Lléname de ti, Atlas —suplicó abriendo los pantalones del hombre.
Un gruñido animal abandonó la garganta de Atlas, pero no pudo hacer nada. Simplemente, observó como Mica le acariciaba la dura verga.
Durante meses. Atlas Dravencor sufrió en cautiverio a manos de su enemigo. El alfa Aziel de la manada de Plata. Encerrado como una bestia, fue torturado para doblegarlo, pero fiel a sus principios y lealtades, no se dejó vencer. Hasta que llegó Mica, inocente y con intención de ayudarlo, terminó sucumbiendo ante ella. Solo para enterarse de que se trataba de la hija de su peor enemigo.
Traicionado, juró vengarse y, cuando finalmente es rescatado por su padre y su gente, Atlas no huye solo: arrastra a Mica con él, herida en el asalto. No la salva por piedad. La lleva con él como su botín de guerra. Como castigo y símbolo de su victoria.
Atlas está decidido a vengarse y hacerle pagar por su engaño; sin embargo, estar lejos de la joven omega le resulta imposible, sobre todo, cuando descubre que en su cuello lleva su marca y en su vientre, a su hijo.
Entre la sed de venganza y el deseo prohibido, Atlas deberá decidir si será un verdugo… o un alfa digno.
Maximiliano Fisterra
Maximiliano Fisterra es u verdadero nombre, pero todos lo conocen como "Bayá", el hombre más frío y calculador que pudiera existir y el cual, después de haber sido abandonado en el altar por la mujer que quería, decide dejar de creer en el amor.
No obstante, la incómoda y molesta condición que le pone su padre para heredar la mafia, lo lleva a buscar una esposa por contrato. Pero lo que nunca imaginó fue que aquella fuese una astuta y testaruda mujer; además de hermosa y dominante como él.
¿Qué pasará entre dos polos que se detestan a morir?
¿Será que con ellos sí se podrá decir que "del odio al amor, hay un solo paso"?
Descúbrelo en la candente y apasionada historia de Merlí y...
Maximiliano Fisterra.
La herencia del rancho.
En allí, Margarita conoce a Ryder, un vaquero que la atrae desde el inicio y con agrado descubre que el sentimiento es mutuo. ambos cargan con un pasado turbio, y lo suyo fue demasiado rápido, ardiente. Margarita descubre que está embarazada, ahora, las cosas han cambiado y no solo por el exnovio de Margarita aparece y para empeorar todo, su padre y madrastra también.
Se enfrentan a las hormonas de una joven embarazada y la pasión abrazadora de un hombre que sabe montar toros y domar caballos salvajes.
Una semana para el amor
Vicenzo (quien realmente se llamaba Leo) vive su propio tormento en su casa después de haber contraído matrimonio, hace 19 años, con Norka, una mujer que aceptó casarse con él por interés, pero quien mantiene una relación clandestina con uno de los mejores amigos de su esposo.
¿Cómo podría cruzarse las vidas de dos personas atormentadas como Lorey y Leo (por quienes consideraron al amor de sus vidas) en el momento exacto y en el lugar preciso?
Descúbrelo en…
Una semana para el amor...
No Juzgues La Portada
Reclamado por el Alfa
—¿Qué pasa? —le pregunta Alex.
—¿Es ella su compañera? —pregunta Alex, curioso.
—¡Buena suerte con eso, con Lara son inseparables! —responde ella.
—¡No! Pero, ¿cómo puede su compañera aceptarlo cuando siempre está con otra chica? —se burla.
Matthew, el futuro Alfa de la manada Luna de Sangre, tiene una vida perfecta. Tiene éxito en todo y las chicas caen en sus brazos. Pero la única que quiere es a su compañera y sabe que no está lejos, ya que ya la ha olido dos veces. Ella se está escondiendo de él y le gustaría saber por qué.
El Alfa Malvado Me Marcó
Pero una cacería sale mal, cambiando el curso de su vida para siempre.
Saviour ha esperado a su compañera toda su vida, pero no tanto como su madre. El día que atrapan a la cazadora, Saviour sabe que todo está a punto de cambiar, pero está decidido a controlar el rumbo del barco que se hunde rápidamente que es su vida. Primer hijo de tres, nacido del Rey Alfa Raphael. Pero necesitará una compañera para tomar el trono y restaurar el lugar de su madre como ‘compañera más valorada’.
¿Cómo puede hacer eso cuando su compañera es una rechazada?
Raven pronto se da cuenta de que está en un mundo lleno de secretos y mentiras. Uno en el que debe desempeñar un papel significativo.
De cazadora a cautiva, y de cautiva a reina.
—Invadiste nuestras fronteras con la intención de matar a nuestros hombres, mujeres y niños. Eres una traidora que no merece vivir. Es misericordioso que el Rey Alfa te perdone la vida. Pero siempre caminarás en la piel que odias. Obligada a vivir como uno de nosotros, una cautiva de Darkwaters.












