Reescribiendo el Guion del Destino
831 Vistas · En curso · Dayana Ediciones Simone La Belle
—La familia es lo más importante, Eron.
Estoy harto de escuchar esa frase todos los días sin falta.
Quieren incluirme en la imagen estándar donde lo único que importa es la felicidad de los demás; la felicidad de los que te rodean. Es típico pensar que debes preocuparte por aquellos que, según las reglas de la sociedad moderna, te aman más. Pero, ¿tener la misma conexión sanguínea hace la conexión afectiva entre las personas? Quiero saber si soy el único que está equivocado.
No siento ese calor en el pecho que se supone debería sentir.
¿Tienes algo que quieras hacer?
Miro los papeles arrugados hechos una bola en la esquina de la habitación, junto a mi piano. Me muerdo fuerte el labio inferior, sin importarme que esté reseco por el verano y pueda agrietarse.
¿Realmente está ahí?
No voy a mentir; lo extraño. La razón por la que mi piano acumula polvo veinticuatro horas al día desde hace ciento ochenta y dos atardeceres está siempre presente en mi alma. Ese recuerdo se aferra a mi memoria sin intención de soltarse y dejarlo libre. Lo único que persiste es este vacío que causa mi malestar.
Estoy harto de escuchar esa frase todos los días sin falta.
Quieren incluirme en la imagen estándar donde lo único que importa es la felicidad de los demás; la felicidad de los que te rodean. Es típico pensar que debes preocuparte por aquellos que, según las reglas de la sociedad moderna, te aman más. Pero, ¿tener la misma conexión sanguínea hace la conexión afectiva entre las personas? Quiero saber si soy el único que está equivocado.
No siento ese calor en el pecho que se supone debería sentir.
¿Tienes algo que quieras hacer?
Miro los papeles arrugados hechos una bola en la esquina de la habitación, junto a mi piano. Me muerdo fuerte el labio inferior, sin importarme que esté reseco por el verano y pueda agrietarse.
¿Realmente está ahí?
No voy a mentir; lo extraño. La razón por la que mi piano acumula polvo veinticuatro horas al día desde hace ciento ochenta y dos atardeceres está siempre presente en mi alma. Ese recuerdo se aferra a mi memoria sin intención de soltarse y dejarlo libre. Lo único que persiste es este vacío que causa mi malestar.


















































